jueves, 19 de marzo de 2009

Al Revés: Belly

















Qué corta fue su trayectoria, lamentablemente, pero Belly queda como una banda insignia -destacada, querida; también oculta para muchos, como debe ser- de las surgidas en los años inmediatos a la eclosión de Nirvana en las listas de éxitos de medio mundo, hecho que provocó que las discográficas multinacionales vieran un gran potencial en lo que hasta entonces era una música alternativa (cero rentable) al pop-rock de masas, fuera eso Madonna, Guns'n'Roses o Michael Bolton. En un periodo aproximado de unos tres años el mainstream masticó el chicle de lo alternativo hasta dejarlo quebrado y de un blanco sucio con la despedida del año 1995. Solo en ese espacio de tiempo, mientras duraron los dulces, puede entenderse que una banda como Belly tuviera el apoyo necesario para vender más de un millón de copias de su primer disco solo en los Estados Unidos.

Belly es un eslabón clave del árbol genealógico que comparten Throwing Muses y Pixies, un esquema que al empezar la década de los noventa brotó en tantas direcciones que las sorpresas empezaron a ser lo habitual. Tanya Donelly (voz y guitarras), a la cabeza de los Muses junto a su hermanastra Kristin Hersh desde que eran adolescentes, satisfizo su primer deseo de escarceo formando The Breeders en 1988 junto a Kim Deal (bajista de Pixies), que anhelaba tener un proyecto donde desarrollarse como compositora, algo que en Pixies le era imposible hacer. Tanya tenía un poco más de margen en la banda de Kristin Hersh (dos canciones por disco, una si éste era un EP), pero le ocurría lo mismo. La huella singular de Deal dominó el imprescindible Pod (1990) porque suyas eran las canciones. La idea era que el siguiente disco de The Breeders estuviera íntegramente formado por composiciones de Donelly, pero la absurda burocracia discográfica modificó los planes: Throwing Muses habían fichado por Warner/Sire en los Estados Unidos y su contrato no permitía a Tanya ser la cantante ni compositora principal de ningún otro proyecto. La etiqueta que leía "Breeders" en una cinta donde había grabado una decena de maquetas perdió de repente todo sentido. Tampoco iban a entrar en el repertorio de Throwing Muses: ya grabando el disco The Real Ramona, publicado en primavera de 1991, había comunicado a la banda que se marcharía, pero acordaron no decir nada hasta que el álbum estuviera en la calle y acabasen la gira de promoción. A Tanya empezaban a acumulársele las canciones y ahora tampoco podía darles salida en The Breeders, así que contribuyó lo mínimo al EP Safari (1992), hizo algunas fotografías promocionales y abandonó definitivamente con el propósito de empezar algo por su cuenta.

Tras jugar con la idea de lanzarse en solitario finalmente optó por volver a formar un grupo, que acabaría llamando Belly, en una primera formación que completaron los hermanos Tom (guitarra) y Chris Gorman (batería) y el último bajista que habían tenido Throwing Muses, Fred Abong. Si bien Tanya Donelly acentuó su deje más intimista y un enfoque pop más edulcorado cuando emprendió su carrera en solitario en 1996, en los inicios de Belly ahondó en esa cualidad suya entre compleja y asequible, deliciosamente perversa y engañosamente inocente que ya se vislumbraba en las composiciones regaladas a su primera banda, como 'Reel' o 'Honeychain'. La sensibilidad melódica y la simplicidad estructural de sus canciones resaltó siempre en el contexto del lenguaje de Kristin Hersh, pero escuchadas en bloque uno se da cuenta de que Donelly era misteriosa e intrincada a su propia manera.






















El cuarteto publicó su EP de debut, titulado Slow Dust, en junio de 1992 (a penas un par de meses después de que saliese Safari de The Breeders). Cuatro temas auto-producidos por el grupo con la ayuda de Tracy Chisholm entre los que encontramos versiones en crudo de 'Dusted' (un spaghetti western alumbrado con urgencia en la inmundicia) y 'Slow Dog', en tomas más contundentes y secas que las regrabadas para el álbum Star (1993) -a ésas el productor Gil Norton les aportó un brillo metálico y precioso- y una 'Low Red Moon' radiografiada en tinta negra, prescindiendo de la batería y el tenebroso Hammond de la versión de Star, con el crujido eléctrico y escalofriante de una toma desnuda y sin pulir. 'Dancing Gold', exclusiva en este EP, es dulce y enigmática; como una fruta de cuerpo perfectamente simétrico, helada y suspendida en el éter. Un nuevo EP aparecería en otoño, Gepetto (1992; relanzado en 1993 con una remezcla de la canción titular que trae al frente las guitarras acústicas), que ya nos avanza el húmedo refinamiento de su primer álbum, sobre todo notable en la sinuosa versión de 'Hot Burrito #1' (escrita por Gram Parsons y Chris Ethridge, rematada aquí con unos coros de Juliana Hatfield) y 'Sweet Ride', la pieza más afectada de Tanya hasta entonces. 'Sexy S' es otra muestra de su vertiente más agreste y eléctrica, con la curiosidad de que el estribillo fue rescatado de parte de la canción 'Raise the Roses', una de las aportaciones de Donelly a una maqueta de Throwing Muses de 1985.

Feed the Tree (enero de 1993) supuso el lanzamiento del grupo en Estados Unidos, el single que advertía de la publicación inminente de Star y que les hizo definitivamente visibles. Las caras B (en las que ya no figura Fred Abong como bajista, tarea que se reparten Dylan Roy y Leslie Langston) no bajaban el nivel: la versión de 'Trust in Me', tema de la banda sonora de El Libro de la Selva,  se arrastra con un tono persuasivo y malicioso, vampirizado de una forma que ni Siouxsie Sioux cuando la interpretó en 1987; 'Dream on Me', una balada resentida con el toque justo de electricidad; y una versión alternativa de 'Star', que si en el disco al que daba título era un breve pieza desoladora de voz y guitarra (“Para una estrella es difícil / (…) No puedo ganar nunca / con este cuerpo en el que vivo”), aquí aparece desarrollada por la banda al completo. En 1993 destaparon un par de versiones más (recogidas ambas en el EP  Moon, editado exclusivamente en América), un 'Are You Experienced?' de Jimi Hendrix del que se apropiaban sin eludir la vía más rockera y el 'It's Not Unusual' de Tom Jones, que suena a broma aunque probablemente fuera elegido con menos ironía de la supuesta.




















La entrada de Gail Greenwood como bajista permanente a finales de año, con un estilo instrumental más contundente y una actitud más descontrolada de la que hacia gala sobre todo en los conciertos (no en balde se uniría más tarde a L7), fue definitiva para el giro en el sonido que darían y que capturaría su segundo y último álbum, King (1995), unido a la decisión de Tanya de hacer de Belly un grupo de verdad y democratizar las decisiones (sobre todo en el área de composición) más que antaño. Para grabar la secuela de Star contaron con Glyn Johns, productor de rock clásico que había trabajado en los años setenta con The Rolling Stones, The Beatles o The Who, dando como resultado un trabajo de indie rock servido mediante una fórmula más convencional, menos misteriosa y singular, de la que no hay que culpar al productor pues escuchando las tres maquetas que acompañaban a una de las ediciones especiales de King podemos comprobar que los arreglos y las mezclas no varían en exceso del resultado final. El grupo traía las ideas claras de casa. 

Las caras B de este periodo son más dispares: el single Now They'll Sleep (enero de 1995) traía consigo 'Thief', una bonita canción cimentada sobre la guitarra acústica escrita a medias con Tom Gorman, con aires country y una letra que se ha especulado si trataría sobre un momento determinado de la relación de Tanya con Kristin Hersh (“Quiero saber / por qué los monstruos que te hacen tanto daño / no se parecen a las cosas que combatimos hace tiempo / Creía que había cumplido con mi parte cuando te saqué de allí / Esa noche dejaste marcas de golpes en mi pared”) y 'John Dark', que recupera el poso críptico y oscuro de las letras de Star y musicalmente es de las más inquietantes de esa era. 'Baby’s Arm', la única donde no está Glyn Johns tras los mandos, está (sobre)producida por el tándem bostoniano Sean Slade y Paul Q. Kolderie (que ya habían encargado de su versión de Jimi Hendrix), guitarras abrumadoras, batería sofocada y una inaudita súplica de Tanya: "Destrípame a través de mis vaqueros". Los singles Super-Connected (1995) y Seal My Fate (1995; remezcla de la pieza titular en lugar de la pista que aparece en King) comparten los temas añadidos, al editarse simultáneamente en distintos territorios. Se trata de tres canciones grabadas expresamente en los estudios Fort Apache de Boston, dos inéditos de Tanya Donelly ('Spaceman' y 'Diamon Rib Cage', navegando en un pop-rock que se guarda un extraño as en la manga pero cada vez más apegado a lo convencional) y otra de sus versiones con aires paródicos, en esta ocasión del 'Think About Your Troubles' de Harry Nilsson.

La mala relación entre los componentes del grupo empeoró durante las distintas giras que hicieron en 1995 y para el año siguiente habían decidido no continuar. Prestaron 'Broken', una canción grabada por Paul Q. Kolderie que no había entrado en King, a las bandas sonoras de Mallrats y Twister; y más de un lustro más tarde pudimos escuchar 'Lilith', un descarte de las sesiones con Glyn Johns de 1994 que apareció en la retrospectiva póstuma que publicó la que era su compañía discográfica en el Reino Unido, 4AD. Tanya Donelly estrenó en otoño de 1996 su primera referencia a su nombre, el EP Sliding & Diving.


Los artefactos discográficos mencionados, y otros que los complementan, 
son inencontrables encontrables tras el click.









martes, 10 de marzo de 2009

Imperdible: PJ Harvey - "To Bring You My Love" (1995)



Hay álbumes sobre los que se ha escrito tanto que puede parecer inútil intentarlo una vez más, por mucho que cada individuo perciba la música de una manera y nada sea definitivo. En mi lista mental de discos que me han marcado y que considero obras maestras desde el punto de vista conceptual, musical, lírico y estético, si hubiera tenido que elegir un álbum de PJ Harvey hasta hace poco habría optado por Is This Desire? (1998) o el reciente White Chalk (2007). Hace diez años hubiera sido Rid of Me (1993), como documentan varios top 10 perdidos en las páginas de libretas garabateadas durante mi adolescencia. Sin embargo, hace unos días me he dado cuenta de que quizás por su asumido estatus de "disco clave" estaba mirando a To Bring You My Love (1995) de refilón, negando un poco el valor histórico que de hecho tiene también para mí.

A ella la vi por primera vez en un especial sobre la ceremonia de los Brit Awards de 1994 de un programa que emitían los fines de semana en Canal +, El Gran Musical, pero apenas le presté atención al lado de una más llamativa Björk, junto a la que deconstruyó 'Satisfaction' de The Rolling Stones. Tuvo que pasar un año para que volviera a encontrarme con ella frente a la pantalla de un televisor. Lo recuerdo perfectamente: un mediodía como otro cualquiera, en casa de mis abuelos, echado encima de la colcha rosa de su habitación para ver los cuatro videoclips diarios de Los 40 Principales mientras se acababa de hacer la comida. PJ Harvey se coló entre los estrenos de la primavera de 1995 con el video de 'Down By The Water' y en mi cabeza para siempre. 

PJ Harvey empezó como un trío cobijado bajo el nombre de su líder, una banda que completaban Rob Ellis (batería) y Steven Vaughan (bajo), aunque Harvey siempre ha asegurado que nunca quiso limitarse y que precisamente el hecho de haber utilizado su nombre desde el principio significaba que era su proyecto y que todo podía variar según sus inquietudes como artista. Con esta formación grabó Dry (1992), un disco de debut lleno de piezas frescas que habitan en algún lugar entre el pop, el punk, el rock y el blues; y Rid of Me, un trabajo mucho más violento y opresivo (en tan solo un año, PJ ya no suena jovial y la textura que el productor Steve Albini consigue para su voz sabe a neumático restregado contra neumático hasta arder). Las limitaciones del formato y las crecientes fricciones entre ella y Rob Ellis hacen que Harvey rompa el grupo y se plantee algo completamente nuevo para su próximo trabajo. 

Contando con la ayuda en la producción de Flood y de John Parish (antiguo compañero de ella en el grupo Automatic Dlamini) la concepción de To Bring You My Love no dejó ni rastro de la PJ en blanco y negro y de los dolorosos golpes de Rid of Me. Ésta debía ser una obra mayor y más ambiciosa, no en balde envuelta en rojo escarlata y verde intenso, símbolos del poder atrayente y seductor de unas composiciones inauditas viniendo de su autora, así como del poder de la misma PJ, convertida en un personaje de rasgos teatrales y dramáticos acentuados por el maquillaje, los postizos y los vestidos de estrella de los sesenta en decadencia. Un concepto acertado en todos los frentes que hace del disco algo más que un trabajo musical. La riqueza en arreglos no implica necesariamente que estemos ante una obra de fácil escucha, si bien cuenta con algunos momentos claramente accesibles en forma de sonoridades acústicas, pero frente a la dinámica monocromática de guitarra-bajo-batería de sus trabajos hasta entonces resulta llamativo su triunfo a la hora de conseguir una atmósfera muy particular para cada tema y aún así dar forma a un disco coherente y fascinante.



Más allá del sentido del humor o del dolor más o menos contenido de anteriores entregas, To Bring You My Love destaca por ser sobre todo romántico y pasional de una manera arcaica y aún así vigente. Arranca con el repetitivo riff de la pieza titular, sobre el que Harvey se presenta ante el oyente con voz grave asegurando que ha cruzado el desierto, las aguas y el infierno para entregarle su amor a su amante. La cadencia lenta del tema y el leve colchón de teclado sitúan su discurso entre la declaración de amor y el reproche amenazante, explotando hacia el final a golpe de voz distorsionada, repitiendo "Para traerte mi amor, para traerte mi amor". El tema se desvanece como si la entregada protagonista siguiera su viaje. Acto seguido, un par de episodios más hedonistas: en 'Meet Ze Monsta' PJ no puede negar su entusiasmo ante un encuentro sexual ("Estoy lista para conocer al monstruo esta noche / Monzón grande y negro / Llévame contigo"), sobre un ritmo que suena como si se picara piedra con un martillo. En 'Working for the Man' la producción seca y enmudecida transmite (en la voz baja propia de un secreto confesado con aires de misterio) lo que parece ser una historia de humor negro sobre alguien que vaga por las calles en su coche, buscando presas a las que matar ("¿Aún no sabes quién soy? / Trabajo duro para el hombre / Me doy vueltas, me va bien / Saco fuerzas del Dios que está ahí arriba"). 

El concepto de la maternidad aparece varias veces y mediante distintos enfoques: 'C'mon Billy', un medio tiempo arreglado con guitarras acústicas y cuerdas, es la súplica de una mujer a la que ha abandonado su amante estando embarazada; 'I Think I'm a Mother' es quizás la canción más perturbadora de todas, un blues que suena tal y como lo oiría la criatura desde el útero de la madre, aunque sea ella la que habla de la paranoia y el agobio que le produce el embarazo; y en 'Down By The Water', en medio de una atmósfera perversa (maracas, cuerdas serpenteantes) y electrizante como el leve zumbido de la luz eléctrica, la protagonista vive una confusa y viciada historia en la que pierde a su hija bajo el agua.

Dejando al margen la contundente y vengativa 'Long Snake Moan' ("¿Está funcionando mi vudú?"), el anhelo por un amante idealizado que ya no está es el tema que ocupa a las canciones más intensas del disco. A la mitad del álbum, 'Teclo' tiñe ese aire de luto sobre un lento rasgueo de blues que bien podría ser el fatal desenlace de la historia del tema titular del álbum. Para el tramo final, la percusión medieval y las guitarras acústicas de 'Send His Love To Me' dan forma a otra canción épica ("¿Cuánto tiempo he de sufrir? / Dios, he cumplido con lo mío / este amor es mi tortura / este amor, mi único crimen"), prólogo al cierre estelar de To Bring You My Love con 'The Dancer', adornada con unos arpegios de guitarra que parecen fluir como el agua de un oscuro río, donde Harvey habla de un caballero vestido de negro que fue a verla cabalgando como un fénix salido de las llamas y que nunca regresó. Su voz acaba en un quejido roto: "Tráele paz a mi negro y vacío corazón / Ahhh....". Tras ese llanto final, después de haber sido espectador de diez historias apasionadas y apasionantes, en la imaginación solo cabe hacer bajar un telón grueso de terciopelo, cómo no, de color rojo escarlata.


Para escuchar en Spotify:
PJ Harvey - To Bring You My Love