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Mostrando entradas de marzo, 2011

Autobombo: Deserter -"'Whale Room" (2011)

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Algunos no conocen demasiado mi faceta musical, y es que tampoco la he promocionado mucho por timidez y por eso que suele pasar de estar orgulloso de algo pero empezar a sentirse inseguro al cabo de un (muy poco) tiempo. Dicha faceta había estado prácticamente dormida estos últimos meses (siendo benevolente, por no decir... en fin), pero de la nada este fin de semana se han materializado dos canciones que se recogen en un nueva nueva entrega de Deserter, que es el nombre bajo el que hago las cosas desde 2005.

Teniendo en mente el clásico formato single de siete pulgadas, Whale Room tiene la pieza titular en la cara A, una extraña historia mezcla de insomnio, ansiedad y la yuxtaposición de una visita al museo de ciencias naturales con la idea de ser tragado por una ballena de verdad, en busca de refugio sin que sirva demasiado. El esqueleto de piano y la guitarra acústica inciden en su (triste) sensibilidad pop, algo de lo que no me puedo acabar de desprender, me temo.

La cara B la pla…

Minutos: Laura Veirs - 'I Can See Your Tracks' (2010)

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Últimamente parezco tener una fijación con las canciones que hablan de la expectación o del temor a lo que va a pasar; me hablan muy directamente y enseguida me pongo trascendental y sensible como un crío. Será que tengo una sensación de inmovilismo y cambio de manera simultánea, que es muy rara. También será que tiendo a agarrarme con fuerza a lo que no puede ser, a algo que sigo mirando con ojos brillantes pero que se aleja. Hay una parte de mí que sigue muy conectada a la conducta que tenía los primeros días que mi madre me llevó a la guardería: se ve que cuando estábamos a punto de llegar a la puerta, solía vomitarme encima y tenía que llevarme a casa a cambiarme. Evidentemente no tenía aún ni el conocimiento ni la astucia para actuar con alevosía, pero veo ahí un precedente de ese miedo al mundo real y del intento por rascar unos segundos más de la calidez y la seguridad de estar cobijado en los brazos de una figura afectuosa. Sin duda más una necesidad visceral que un capricho.

M…

Imperdible: Marina Gallardo - "Working to Speak" (2008)

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Un verano, teniendo unos diez años, estaba jugando al escondite con los hijos de nuestros vecinos y le tocaba contar y buscarnos a la hija pequeña, a la que solíamos tomar el pelo. Era una zona de las afueras del pueblo que en mi última visita estaba completamente irreconocible: tomada definitivamente por los ricos, el tambaleante caserón que nos alquilaron durante unos años había sido ya derribado y en las hectáreas de tierra y maleza que lo rodeaban había crecido el tipo de casa a la que aspira todo matrimonio conservador para sentir que puede mirar por encima del hombro a cualquiera. Observándola detrás de una esquina para saber cuán perdida estaba buscándonos, su hermano había metido los dedos en los agujeros de un ladrillo que, como el resto de toda la hilera de esa esquina, quedaba al descubierto. Al poco empezó a gritar y a agitar la mano; en uno de los agujeros había un nido de avispas y ante su intrusismo no habían tardado nada en defenderse. Su hermana nos encontró enseguid…

Minutos: The Creatures – ‘Killing Time’ (1989)

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Hace muchísimo tiempo decidí dejar de llevar reloj. Mi muñeca es huesuda y no me quedaba bien, y además ahora puedes leer la hora prácticamente en cualquier parte. Pero en cierto modo hubo también un punto de autocensura: mirar la hora compulsivamente, saber cuánto llevas ya y cuánto falta aún, se me cruzó como una fijación que empezaba a molestarme y que empeoraba esa (mi) leve intranquilidad ya intrínseca. Rara vez me suponía un alivio mirar el minutero cuando esperaba algo: si falta mucho, te impacientas más; si queda poco, te sobreexcitas ante la idea de la inminente caída del fruto del árbol. Todo esto, al fin y al cabo, no es más que una abreviación de algo que es en realidad mucho más impreciso: la espera no siempre es un recorrido con una última parada, ya sea llegar a un sitio, conocer los resultados de un análisis o comerse, al fin, la cena. Hay veces que sientes esa urgencia y no esperas nada concreto (o eso crees). Hay veces que escenificas una espera basada en la ensoñac…

Imperdible: Tones On Tail – “Pop” (1984)

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Muchas veces, como hace poco en otras colmenas, no explico íntegra la historia de cuál fue la base de mi educación musical porque no parece venir a cuento adentrarme en el ámbito familiar. El hecho es que mi padre diseña ropa desde mediados de los años 80 y en 1986 empezó a hacer desfiles variopintos para presentar su trabajo. Igual que sus primeros diseños, esos pases eran anárquicos e incorrectos: solían tener lugar en pubs y los vestidos los llevaban amigas y conocidas de diversa índole y grados de excentricidad, generalmente con buen tipo. A partir de los 4 o 5 años recuerdo la fascinación que me producía estar en uno de esos pubs como quien está en el set de rodaje de una película. Luego me encargué de magnificar todo eso viendo repetidamente las cintas de vídeo que los inmortalizaban. El amigo de mi padre que se encargaba de filmarlo todo y editarlo tenía un excelente gusto musical, y con la tendencia que había en la época de hacer que las modelos se pasearan veinte veces por l…

Minutos: Tamaryn – ‘Dawning’ (2010)

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Suelo tener la apariencia de alguien muy tranquilo, sobre todo en las primeras impresiones o ante esas personas con las que no llegas a sobrepasar un nivel muy superficial aunque las veas reiteradamente. Mi silencio puede ser interpretado como escrutiñador, no sé si incluso podrá verse como el mutismo de alguien arrogante o desinteresado, y menudo disparate sería ese. Solo hace falta adivinar esos ojos que no aguantan las miradas directas durante muchos segundos, o cómo doblo cincuenta veces y reduzco a trizas las etiquetas de una botella de cerveza si la tengo a mano. Habitualmente me están pasando muchas cosas, demasiadas, por la cabeza aunque se materialicen en ese bloqueo formal. Soy un manojo de nervios, en definitiva. Cuanta energía desperdiciada por aturdimiento.

Rara vez puedo remover esa inquietud de mi ser; a veces, eso sí, es prácticamente indetectable, pero otras me sume en un estado de abstracta expectación. Es como una cacerola llena de agua sobre un fogón manejado por a…

Imperdible: Nick Cave & the Bad Seeds – “The Boatman’s Call” (1997)

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¿Qué relación pueden tener Ray Loriga, Björk, porno de madrugada, Lars Von Trier y Nick Cave? Los recuerdos son extraños. En algún momento del año 1999 le presté a mi amiga Irene una cinta de vídeo de esas que había ido reutilizando varias veces, algo que juntado al hecho de que era de las más baratas hacía que todo se viera regular y se oyera peor. Lo último que había grabado era el debut cinematográfico de Ray Loriga, La Pistola de mi Hermano, un film que solo podría impresionar efímeramente a un adolescente y que quería que ella viera. Inmediatamente después aparecía una terrible película porno que tenía lugar en la consulta de un dentista y que recuerdo perfectamente (los tiempos en los que mi abuelo tenía Canal +: la única manera de ver algo de sexo explícito para mí entonces –sexo del que ni me ponía), y se cortaba más o menos hacia la mitad desvelando todo lo que había debajo: videoclips de Sputnik, básicamente. Irene se enamoró de ‘Isobel’, de Björk, y se convirtió en una seg…