viernes, 29 de abril de 2011

Multi-Track Suggestion: Ainara LeGardon - "We Once Wished" (2011)



'Before Waking Up', espeluznante penúltimo tema en la secuencia de We Once Wished -cuarto álbum ya de Ainara LeGardon-, ha estado dando vueltas durante una década hasta que ha encontrado su lugar en este trabajo, donde puede enraizarse entre ceniza húmeda y cascotes de níquel y florecer cual freesia de acero en un paisaje necesariamente monocromático, rígido e inclemente. LeGardon lo dejó primero fuera de In the Mirror (2003), trabajo integrado por diez fotografías con un mismo destinatario. 'Before Waking Up' era una instantánea de otro carrete, tomada con otros parámetros lumínicos y de sensibilidad.

La mención de su primera obra en solitario, el hilo de cobre con el que la uno al último, va más allá de esa anécdota de documentalista. Es como si la persona dolida y aún devastada por una relación sentimental que habla en ese disco de debut, con su visión nostálgica aunque siempre concisa de los hechos, tuviera voz de nuevo para narrar un estado posterior de madurez personal al respecto, que le permitiera mirar hacia atrás con una amargura y un dominio que no la dejara en una posición tan anhelante. Sin idealizaciones sentimentales, en We Once Wished todo te sacude en la cara. Flores entre metal quizás sea un eufemismo demasiado gentil y debería haber dicho que es, llanamente, un revolcón bronco.

Tajante es un buen adjetivo para describir el sonido inmediato de la colección de canciones más sucias, más rock, que ha publicado hasta hoy LeGardon. La distorsión, la persistencia del bajo (tocado en la mayoría de temas por ella misma) y la simplificación de los riffs de guitarra (ojo: sucesiones de acordes que no juegan tanto al despiste como otras veces, pero con la frescura que aportan los dedos colocados en sitios insospechados como siempre) le añaden a 'Hugs That Won't Last' o a la pieza que lo titula un subtexto sexual y abrasivo, firme ('You Gave Me') y agresivo sin concesiones (la sucinta 'Thirsty'). A penas un momento más delicado que remite al folk de otras entregas divide el disco ('Reason', aunque oculta un ansia encendida: "¿Te he dicho que tú eres la razón por la que no puedo hablar? / Hasta el día que no me pueda morder la lengua"), que se cierra como viene siendo costumbre con una pieza lo suficientemente inquietante y abierta.

Se ha dicho por ahí que es el disco que Ainara siempre había querido hacer. Dada la versatilidad mostrada hasta ahora, yo diría que es solo "uno" de los discos que habrá deseado alumbrar alguna vez (auguro muchas sorpresas futuras) y, además de eso, que es el que finalmente hace justicia (y magnifica) lo que han venido siendo sus conciertos los últimos años, donde el voltaje eléctrico y el nervio siempre han ganado enteros. En cualquier caso, la honestidad a la que siempre se hace referencia cuando se analiza su trabajo sigue intacta: de la misma manera que Forgive Me if I Don't Come Home to Sleep Tonight (2009) fue un disco tan incómodo y recogido como las vivencias que lo inspiraron (un complicado problema de salud entre ellas), We Once Wished es el perfecto reflejo de una autora que sigue hincando el diente a lo más íntimo pero con una renovada vitalidad y extroversión. La sangre hierve y la actuación es inmediata, sin filtros, sin excesiva reflexión; no esta vez.


Para escuchar en Spotify: Ainara LeGardon - We Once Wished
Descarga legal y gratuita aquí.





miércoles, 27 de abril de 2011

Imperdible: Manta Ray - "Manta Ray" (1995)



Mi primer recuerdo de Manta Ray se mezcla con el de una firma de Silvia Superstar y Billy King de The Killer Barbies en una camiseta. Mi madre nos llevó al compañero de clase con el que tenía un grupo y a mí a la Muestra Estatal de Discográficas Independientes de Balaguer. Catorce años, 1998. Ella se quedó con nosotros, aunque lejos de nosotros hasta que nos fuimos. Nada más llegar, a media tarde, Manta Ray ya estaban tocando en una carpa que con la perspectiva del tiempo veo demasiado pequeña, demasiado ridícula; más si recuerdo como, a penas un mes después de esa actuación, el grupo asturiano actuó en el escenario grande del Festival de Benicàssim entre Yo La Tengo y PJ Harvey y todo el mundo aplaudió su ubicación; su directo (algo extensible a su filosofía como banda) era aventurado y absolutamente ajeno a los complejos y falta de definición y de personalidad que tanto lastraba a muchas de las bandas de sus contemporáneos. A Manta Ray se les podía medir con la misma vara con la que se medía a los artistas forasteros más consolidados.
No puedo negar lo que pasó; abandonamos esa carpa al poco rato. Sinceramente no sé si fue porque pillamos el final de la actuación o porque sin conocer al grupo decidimos dar una vuelta por los stands (donde, como decía, conocí a The Killer Barbies). Pero lo que vi no me dejó indiferente: 'Sad Eyed Evil', una canción de su segundo álbum que quien haya escuchado solo en su contenida versión de estudio no tiene idea del monstruo en el que podía convertirse en esa gira.

La aparición de un grupo de raíces rock que no basara su trabajo en una mímesis anclada en Sonic Youth, Pixies, Pavement y sucedáneos era algo que se esperaba con ansia en 1995. Era la confirmación de que la dejadez que tanto caracterizaba a formaciones que empezaron a surgir en los noventa era una decisión, quizás una limitación técnica en algunos casos, pero en ningún caso una imposición. Si uno hace un poco de trabajo de hemeroteca y repasa las entrevistas y reseñas que se hicieron sobre Manta Ray a raíz de la publicación de su debut homónimo podrá comprobar el entusiasmo incondicional con el que fue recibido, por insólito en el paisaje rock de nuestro país de aquel entonces y por su sólida arquitectura musical y estética, lista para traspasar los confines de nuestro estado. En a penas un año, el que pasó entre su primer ep Escuezme! y la grabación de este disco, la banda asturiana definió sus intenciones y pulió el ruido desbocado, favoreciendo la concreción y el detalle en la traslación de la tensión lírica que ya tenía su música. Un estirón de impresión.

Jose Luis García 'El Rubio' (voz, guitarras), Nacho Álvarez (bajo), Juan Luis Ablanedo (batería) y Nacho Vegas (guitarras) entraron al estudio con Paco Loco, un productor versátil y muy solicitado por los grupos noveles de la época que gracias a él sacaban lo mejor que podían dar de sí cuando en España no había demasiados medios ni personal en los estudios capaz de comprender el deseo por un sonido atípico o sucio, ni de ceder en ningún aspecto para conseguirlo. La prensa empezó a soltar nombres, y no nombres cualquiera: Tindersticks, Nick Cave, Come, PJ Harvey. Por una vez no era por descifrar una plantilla sonora ni por señalar dedos y trastes manchados de carbón; se estaban buscando referentes a los que equiparar el apasionamiento recogido en la música.

Jose Luis (si se me permite el entusiasmo: qué voz, ¡qué voz!) lleva durante este disco gran parte del peso emocional que se rebajaría en sus futuras referencias al empezar a experimentar con estructuras más abstractas e instrumentales, más rítmicas y pelín más frías. Aquí despliega ampliamente la nitidez siempre rasgada a tiempo de sus cuerdas vocales, angustia reflexiva y soledad puntualmente enfurecida que suena llena de deseo; cartas que parecen cantadas en voz alta en un paisaje de exterior por el que no pasea nadie, pero por el que cabe la posibilidad que aparezca quien echamos en falta. Incluso su exposición narrativa de los sentimientos, algo a lo que ellos siempre restaron importancia, era inaudita por estos pagos.
Acordes menores y atmósfera enrarecida desde el instrumental 'Adamo', que lo abre, y que sirve de prólogo a lo que está por venir: la riqueza rítmica y repetitiva de 'Tin Pan Alley'; la aflicción de 'The Last Crumbs of Love', primer ejemplo serio de su excelente gusto en los arreglos (entran cuerdas y guitarra acústica en el crescendo final: "Ahora sé cómo hacerte daño, y el cuchillo será la herramienta / Te vi los ojos / Ahí estabas, llorando"); intimismo de cadencia arrastrada y blues ('I Send To You My Blues'), acústico ('Someone Else's Life') o de desarrollo más épico (siete minutos con giros de timón en 'Secrets'); nervio ('25 Sycomore' acaba con quejidos de recelo, 'Crazy Town' es directamente agresiva)... Emoción equilibrada, en definitiva, durante la totalidad del recorrido.

Manta Ray nunca volvió a hacer un disco como éste, pero es que nunca hicieron dos discos iguales. Cada uno de sus trabajos puede presumir de tener una personalidad muy marcada y, sobre todo, son el reflejo de una formación que decidió ahondar en una dirección y que fue perseverante y ambiciosa en sus progresos hasta su lamentada separación en 2008.

Lo bueno es que nunca me puse la camiseta de The Killer Barbies, por si se borraban las firmas al lavarla. Claro, eso es otra historia.

Para escuchar en Spotify: Manta Ray - 'Manta Ray' (reedición de 2004; el disco original hasta el tema 10)



martes, 19 de abril de 2011

Minutos: Peggy Lee - 'Is That All There Is?' (1969)



Me parece muy curioso cómo nos gusta ponernos nerviosos, vendernos experiencias desconocidas a bombo y platillo como si fuera a pasar algo gordo, sea bueno o malo. Si es lo primero, se agrandan los ojos, y es por la esperanza de que eso que aún nos es incierto sea algo único y, ya no que nos satisfaga, sino que nos sorprenda y nos fascine, que nos sobrepase su intensidad. Si es lo segundo, presagiamos una monstruosidad tan insoportable que nos va a hacer desgraciados, que va a meternos el miedo en el corazón sin que volvamos a caminar derechos. Con tal anticipación -en la que caemos muchas veces ayudados por influencia externa-, que las cosas pierdan su brío y acaben resultando una decepción se me antoja como algo de probabilidad formidablemente alta.

'Is That All There Is?' la conocí a los doce años en la versión que grabaron John Parish y PJ Harvey para su primer álbum conjunto Dance Hall at Louse Point (1996), una lectura vulnerable y decadente de lo que es uno de esos temas clásicos compuestos por el tándem Leiber & Stoller (autores de algunas de las mejores canciones de la música popular americana de los años cincuenta y sesenta, desde 'Jailhouse Rock' para Elvis Presley a 'Ruby Baby' de The Drifters). No fue hasta hace poco que me interesé por la interprete que la hizo popular en 1969, Peggy Lee, cantante y actriz desde principios de los años cuarenta que tuvo con esta delicia envenenada su último número uno en la lista de éxitos americana.
Y es que así era la música popular (la que entendemos que se alimentaba a las masas) en aquella época: sofisticada, inteligente y tan cómica como perturbadora. Lo primero que me llamó la atención de la interpretación de Lee en contraste con la familiaridad ya adquirida con la de Harvey fue su vitalidad y madurez. Lee le hace verdadera justicia al significado real de las estrofas precisamente por no sonar abatida o nostálgica.

La canción está estructurada de manera que la cantante le explica directamente al oyente -en un soberbio spoken word- tres experiencias que uno consideraría impactantes para una niña: el incendio de su casa y cómo su padre la sacó de allí entre las llamas, recuerdo infantil bien adornado musicalmente solo con piano y bonitas cuerdas; la primera vez que la llevaron al circo (misma exquisitez en el colchón sonoro: batería e instrumentos de viento para la ambientación circense); y la primera vez que se enamoró y el chico la abandonó, y vio como superaba sin más problemas lo que ella creía un amor tan intenso que la iba a matar. Lejos de marcarla, cada una de estas situaciones la dejan sumida en una enervante indiferencia y desilusión, y son rematadas por el refrán desencantado que se repite al final de cada una: "¿Eso es todo lo que hay? / Si eso es todo lo que hay, amigo mío, sigamos bailando / saquemos el alcohol y bailemos / si eso es todo lo que hay". Dentro de su corrección, tiene ese punto de falta de cordura, el mismo que ella debe pensar que tiene el mundo que la rodea. Para el final, se guarda un chiste, insinuando que la gente debe pensar que por qué no recurre al suicidio si tan insulso le parece todo, a lo que ella dice:

"Oh, no, yo no
no estoy lista para esa última decepción
porque sé, tan bien como que ahora estoy aquí hablándoos a vosotros,
que cuando llegue ese momento final,
y este respirando por última vez...
sé qué estaré diciéndome a mí misma:
'¿eso es todo lo que hay?'"

Y es que nada, nada en absoluto, es para tanto.


'Is That All There Is?' se publicó en formato single en 1969
y dio títuloa un álbum publicado el mismo año




jueves, 14 de abril de 2011

Por el atajo: Tu Madre - "EP" (2008)



La verdad es que no puedo decirlo con exactitud. Yo diría que debe hacer cosa de un mes; la semana que estuvo lloviendo continuamente en Barcelona. Estaba en el último vagón del metro y a una chica se le cayó el paraguas que sujetaba. El golpe seco que produjo en el suelo (era un paraguas de los buenos, con su mango de madera dura) me recordó al instante uno de los momentos más seductores que haya visto sobre un escenario, en este caso en la Plaça del Rei hará un par de años: Álex (o la Jangla; voz, teclado y guitarra de Tu Madre), en un vestido negro corto, soplaba una armónica con la eléctrica colgada; esa armónica reminiscente de la brisa mínima de una noche pegajosa que introduce 'El Viento'. La sopló tres veces, y mirando fijamente al frente la dejó caer al suelo con una despreocupación tan segura y sexy que si intento describirla más allá, las palabras la van a desvirtuar.

Debía ser la tercera vez que las veía en directo. A esas alturas ya te sientes un poco cómplice de su sentido del humor. La primera vez el impacto fue tremendo; era un concierto de cartel compartido con varios grupos y no sabíamos ni que era un grupo íntegramente femenino (junto a Álex, Líos -bajo y voz- y Elena Goliat -batería, voz). Bragas, estructuras deformes, piano, distorsión bruta, mucho sarcasmo, todo muy breve -demasiado. Durante mucho tiempo nos vimos limitados a machacar cuatro canciones colgadas en su Myspace, pero a mediados de 2008 publicaron finalmente este EP con Producciones Doradas (precioso formato: cd de tres pulgadas, digipack) que ellas mismas me vendieron y firmaron con un grito en la ineludible presentación en Fnac.

Estas seis canciones (dos sorpresas extra en la descarga digital) dan fe de lo inclasificable de la música que hace Tu Madre: rastros de post-punk esquemático y tétrico, sí, pero siempre soltado con esa agudeza sacada de su contexto más obvio. Igualmente cercanas en ingenio, actitud y libertad a unas The Casual Dots que a unos Glutamato Ye-Ye. 'El Puñal', en otras manos, podría quedarse en una historia de obsesión con intenciones siniestras sin más ("Te voy a clavar un puñal en las rodillas / te voy a escribir una carta de amor") pero al tambor le acompaña un vals al piano casi circense que le aporta una gran personalidad. Una gamberrada onomatopéyica con voz monstruosa y cortes abruptos ('Auua'); un hit instantáneo y tenso a ritmo de 'Baila Morena' ("Estaba tumbada en tu tumba / recordando el tacto de tu pelo / negro, largo"); sexo sin más ('El Viento': "Se pudre la fruta, se rompe la rama / el sudor se derrama entre mis nalgas"; jadeos y palmas sobre bajo y batería en 'Te Tengo', uno de los extras: "Estás, estás, estás / en la punta de mi lengua pero aún no estás aquí"); una de sus mejores letras (Líos toma el micrófono en 'Prematuro'); y un instrumental que parece que empiece a andar cojo pero que acaba convirtiéndose en un jolgorio de surf mortecino que, con un guiño a ese bizarro tan nuestro, parafrasea en medio uno de esos hits dance anónimos de discoteca pueblerina.

Casi tres años de silencio, pero la caída del paraguas que me remitió a la caída de la armónica fue toda una señal que no dudo que me enviaran ellas mediante conjuro de huesos con pelos y manzanas roídas: tras esa larga espera, hace a penas tres semanas las madres han vuelto con Valentina, la primera entrega de una trilogía las partes de la cual llevarán el nombre de la madre de cada una de las componentes.

Para escuchar y descargar: Tu Madre - EP




martes, 5 de abril de 2011

Muti-Track Suggestion: Agent Ribbons - "Chateau Chrone" (2010)


En el libreto que acompaña a este disco en formato cd, Agent Ribbons ceden la docena de páginas a varios amigos para que inventen mediante esbozos y palabras lo que para ellos sería la morada perfecta a la que escapar del mundo real, un concepto que ellas llaman “Chateau Crone” y que titula su segundo trabajo. Tomándolo al pie de la letra, el Chateau Crone en el que se cobija el trío (actualmente dúo de nuevo tras la marcha de la violinista Naomi Cherie) tiene elementos del coqueteo con cintura de avispa de los años cincuenta, de la actitud dominante y sagaz del cabaret de postguerra y de la inventiva más angular del indie-rock, un conjuro que lejos de resultar un gimmick rebuscado, elaboran con naturalidad y despachan con convicción.

Los trazos mejorados son apreciables y se resumen sobre todo en el hallazgo de un sonido no tan enjugado como en sus anteriores referencias, la guitarra agresiva pero nunca estridente entre el colorido puntual del acordeón, el xilófono o ese violín que parece entrar en las canciones como un vendaval que abre por sorpresa una ventana hasta que alguien vuelve a entornarla. Eso y la versatilidad del repertorio que forman estas diez canciones y de su intérprete (Natalie Ribbons, también principal compositora), capaz de evocar mediante una comedida teatralidad vocal a alguien como Lene Lovich ('Wood, Lead, Rubber' o 'I’ll Let You Be My Baby', que caldearía los ánimos del Ejército Soviético) y con el apoyo del resto, a las Raincoats (la estructura de 'Your Hands My Hands' y el violín saltarín) o a la Kim Deal que ha sorbido un poco de cloroformo (mezclada con una chanteuse de las que sonaría en un gramófono en los años cuarenta en 'Oh La La!') y que rasga el acorde insospechado entre parones y arranques (ninguna otra podía abrir el disco como 'I’m Alright'). Reconforta en las baladas que le dan una sana salida satírica al fracaso sentimental ('I Was Born to Sing Sad Songs', 'Rubik’s Cube'), emboba en la fragilidad de 'Dada Girlfriend' y te mantiene en tensión en la perfidia más abstracta de 'Grey Gardens' y 'Wallpaper of Skin'. Probablemente uno de los discos que pasaron más injustamente desapercibidos el último trimestre del año que acabó.
Publicado en España por Acuarela.

(Esta reseña debía aparecer en el número 13 de I Like Magazine)

Para escuchar en Spotify: Agent Ribbons - Chateau Chrone