sábado, 22 de octubre de 2011

Minutos: My Bloody Valentine - 10 canciones que no están en "Loveless"



Y llegó el año 2000, y empezaron las revisiones de lo mejor de la década pasada. En los diez primeros puestos de las listas de discos destacados de los noventa se repetían nombres en las publicaciones especializadas: Massive Attack, PJ Harvey, Nirvana, Beck, Björk, Tricky. My Bloody Valentine: Loveless (1991). Estaba en todas las listas. Fui a la biblioteca y cogí ese cd de portada fucsia flamante y otro que también se había llevado lo suyo en los repasos, Bandwagonesque de Teenage Fanclub, publicado también en 1991. Fue la primera y última vez que cogí prestados cd's de la biblioteca, por algún motivo.

No entendí Loveless ni todos los halagos que llevaba recibiendo durante casi diez años, ahora ya veinte. Su retorcido tobogán de magma y luz, sus fotogramas de imágenes encendidas y disueltas en aguarrás me descolocaron; no conecté con su abstracción. Kevin Shields (voz, guitarras, sampler) prácticamente enloqueció durante su creación y lo mismo le ocurrió al intentar darle una continuación, un disco que aún no se ha materializado y sobre el que se lleva especulando todos estos años sin que él pueda verle una salida. Una obsesión que le engulle y le vampiriza, que detiene el tiempo y por la que se autodestruye. A Shields, con la creación le pasa un poco lo que nos explicaba Arrebato de Iván Zulueta.

Nunca escuché otro disco de Teenage Fanclub, pero algo retuvo mi interés por My Bloody Valentine -sumemos a Bilinda Butcher (guitarra, voz), Debbie Googe (bajo) y Colm O'Ciosoig (batería)-, aunque permaneció adormecido durante años. Fue precisamente cuando me adentré en su obra entre 1988 y 1991 (un disco largo y una ristra de ep's impecables) que llegué a ver un poco más clara la belleza de Loveless (aún así, sigue sin ser mi favorito del grupo irlandés). Su trabajo cimentó el rock alternativo de los noventa tanto como el de Sonic Youth, afirmación que avalan cientos de bandas discípulas o directamente de fotocopia, y en la música de este periodo ya hay claros precedentes del estilo que consolidaron y con el que fascinaron (esa humedad, esa fiebre), pero el desenfoque onírico no le come tanto terreno al nervio y a lo tangible. Aquí, pues, diez canciones destacadas que no están en el laureado Loveless:

'Don't Ask Why' (Glider, 1990)
Ni una guitarra acústica puede sonar de manera obvia en sus manos. Aquí los golpes de muñeca se suceden amortiguados y acuosos, y hacia el final se mezclan con esa corriente ingrávida de lava tan reconocible. Percusión escueta y fibra sensible para convencer a alguien de que se olvide de una discusión y se centre en los buenos sentimientos: "Estaba deseando que estuviéramos muertos / date la vuelta, no seas tonta, quién iba a creerse... / No preguntes por qué".

'Thorn' (You Made Me Realise, 1988)
Una de las composiciones más desvergonzadamente pop que se les conoce en este periodo en la voz de Kevin, trotona y explícitamente sexual: "Resbalo y me deslizo / siente el dolor, no es ninguna sorpresa / vigila, vigila / (...) me das flores cuando son espinas lo que yo te doy a ti".

'Lose My Breath' (Isn't Anything, 1988)
La contraposición del ahogo y la claustrofobia de la estrofa y la dulce tregua y el alivio con el que recompensa al final de cada estribillo hacen de esta canción una de las más fascinantes de su discografía. Bilinda suena seca y canta bajito; la guitarra acústica se abre paso con suavidad entre la neblina que enturbia los bronquios.


'Cigarette in Your Bed' (You Made Me Realise, 1998)
Otro buen ejemplo de algo muy característico de su sonido, la yuxtaposición de las sonoridades acústicas al frente y la electricidad enmarañada sonando cuatro pasos tras su espalda. Cuando hablan de la particular sensibilidad de My Bloody Valentine para retratar a la vez el deseo y la morriña se referirán a esto.

'Moon Song' (Tremolo, 1991)
¿Qué imágenes ve uno cuando escucha un flujo de guitarras espeso y mareante como éste, envolviendo una percusión enterrada? Dunas de arena fría, estado febril nocturno, alucinaciones de cosas y seres que no quieres desear. La necesidad de olvidar a alguien querido que vuelve con el cuerpo hecho de olas de electricidad en un sueño que es una pesadilla.

'Cupid Come' (Isn't Anything, 1988)
Una canción de amor tocada entre morralla; las progresiones de acordes y el anhelo de Shields en la interpretación hacen que como tema pop en medio tiempo sea redonda. No exenta de vileza, pesa su ternura: "Cupido, sal de la taza de café / (...) lámeme con tu fuego / lenguas de plata conectadas / nuestros labios a un lado / (...) olvida tu vanidad / ven Cupido, ven".

'No More Sorry' (Isn't Anything, 1988)
Bilinda Butcher nunca ha cantado una canción tan brutalmente triste y directa. Enmudecieron por completo la acústica sobre la que (puede intuirse) se basaba y le subieron el volumen a un zumbido desconcertante y doliente. Su voz surge sofocada. Una escucha incómoda pero deslumbrante. Una situación de abuso cortada de raíz: "Lava y cose tu corazón séptico y tu mano moribunda / me quisiste deprimida y triste / ni un 'lo siento' más".

'Off Your Face' (Glider, 1990)
Otra viñeta reflexiva de Butcher, esta vez bajo la piel de la despreocupación pop, una piel que oculta un tumulto que la divide: seguir adelante con una relación que no le llena o tener la valentía para enfrentarse a la ruptura.

'I Need No Trust' (Feed Me With Your Kiss, 1988)
Sobre un insistente golpe que se repite con parsimonia, Kevin Shields canta una apática y estrambótica canción de guerra con la ayuda de una guitarra acústica distante que gotea cloroformo. "La semilla de la avaricia se abre paso a través de mí / amor, amor, necesito tu amor / lujuria, lujuria, no necesito confianza".

'You Made Me Realise' (You Made Me Realise, 1988)
Arisca y endiablada, si os habéis quedado ensimismados escuchando alguna de las canciones anteriores, esta os despertará. La que más puede emparentarlos con sus contemporáneos Sonic Youth o Dinosaur Jr. Disonante, abrasiva en la sección de ritmo y en la voz distorsionada, y aún así conservando esa emotividad tan suya. Una de sus composiciones más musculosas y celebradas.

Todas ellas podéis escucharlas aquí abajo, cortesía de Grooveshark (en Spotify faltan varios ep's de esta época de la banda):





viernes, 14 de octubre de 2011

El despiece: Mazzy Star



'She Hangs Brightly', una obsesión hecha canción hecha obsesión. Línea de bajo que serpentea en círculo, guitarras de recorrido fugaz y fantasmal, jergón de batería y teclado concupiscente en el que bien podría recostarse Jim Morrison y que encierra, de manera más abreviada, una oscuridad de intenciones que no anda lejos de piezas del cantante de The Doors como 'The End'. Cuando me di cuenta de lo que significaban los primeros versos, que en principio me parecían plasmar una simple pero magistral imagen visual, me quedé helado, pero también empezaron a repetirse en mi cabeza en bucle; irresistibles, inquietantes: "Ella cuelga del árbol, resplandeciente / se pregunta qué es lo que me ha hecho / soy el ganador del juego / ven y mírame / mira cómo me vengo abajo". Hope Sandoval (voz, armónica, percusión) toma el papel masculino en un cruel juego de manejo emocional sobre otra persona que acaba llevándola al límite más escalofriante, la horca. Una venganza impulsiva y fría no exenta de un sentimiento nefasto de culpabilidad a posteriori.

Desde que apareciera su primer disco en 1990, los californianos Sandoval y David Roback (guitarra, teclado), Mazzy Star, sembraron siempre (probablemente a su pesar) una neblina de misterio a su alrededor. Difícil es encontrar una entrevista a ambos en la que el periodista no describa la incomodidad de sus silencios, sus monosílabos o su desinterés en explicar su música más allá de lo que se escucha. Difícil también es leer una reseña de un concierto en la que no se detalle la estricta oscuridad bajo la que se mueve una tímida e incomunicativa Hope, alguien que considera que se sube a un escenario a cantar y no a actuar.
Prácticamente siempre con un flujo de distorsión más o menos acentuado al fondo, Mazzy Star crearon todo un estilo apropiándose de la psicodelia más oscura y arrastrada y manifestándola con trazo quebradizo, folkie. Su trabajo recoge sus filias y sus fobias. No sería un grupo que destacaría por la versatilidad y la regular renovación de sus objetivos artísticos, sino que fácilmente podemos descifrar cómo barajan una serie de cinco, seis plantillas base que se corresponden con las caras que quieren enseñar, con los sentimientos y los colores de los que están colgados. Muchos solo conocen la faceta más sensible y delicada, la que (también a su pesar) les hizo vender más de un millón de copias solo en los Estados Unidos gracias a (a causa de) el single 'Fade Into You', y se pierden la riqueza -borrosa, retorcida- del resto.

Sus tres discos han medrado en vertical como los tres lados de un triángulo, siendo espejos, que reflejan imágenes los unos de los otros y se dan respuestas: 'She Hangs Brightly', la canción de la que hablaba al principio, tiene parentesco lóbrego y circular con 'Mary of Silence' o 'Umbilical', jams nocturnas que escarban en el éter del malestar con sosiego y sensualidad, cualidades intrínsecas de las interpretaciones de Hope, hundidas en reverb. Tanto se pasean por el blues (añejo en 'I'm Sailin'', contoneándose en 'Wasted', eléctrico y enervante en 'Ghost Highway') como entregan con toda naturalidad esos medios tiempos de raíz folk y gancho pop que siempre sirvieron de carta de presentación de sus discos: 'Halah', 'Ride it On', 'Blue Flower' (el momento con más nervio de toda su discografía), la invernal (esa armónica) 'Flowers in December' o la húmeda 'Look on Down from the Bridge'. Baladas flirteantes como 'Blue Light' o 'Bells Ring' conviven con reflexiones que transitan sobre un fuzz onírico ('Disappear', 'Happy'). A veces basta una guitarra y un violonchelo para crear un paisaje que para el tiempo ('Into Dust': "Como dos extraños convirtiéndose en polvo / (...) podía sentir cómo me volvía más fría / por debajo de tu destino") o que hace del paisaje algo irreal ('All Your Sisters': "Haré que el diablo se sorprenda / Todas tus hermanas quieren volar en mi cielo dorado"); otras son capaces de evocar el fantasma de The Velvet Underground con maestría (los arreglos de cuerda y la cadencia melódica de 'Rhymes of an Hour' y 'Before I Sleep' parecen de John Cale para Chelsea Girl, con Nico cantando al alba; 'So Tonight That I Might See', mantra de guitarra oxidada y percusión, parece salido del disco de Andy Warhol).

No he seguido un orden cronológico en este despiece porque no es necesario para entender una música que con el paso del tiempo siempre fue diferente pero igual.

"Somos las mismas personas haciendo diferentes canciones en distintas épocas. Es lógico que todas nuestras canciones se parezcan. Son como una persona; te puedes cortar el pelo, engordar o envejecer, pero sigues siendo el mismo. Eres reconocible".
(Rockdelux, enero 1997)

Las pistas a la trastienda hay que encontrarlas, pues, en los hechos extra-musicales que se sospechan. Hipotéticamente, She Hangs Brightly (1990) sería el encuentro entre Hope y David y el inicio de su relación amorosa; So Tonight That I Might See (1993), la narración del distanciamiento; y Among My Swan (1996) los sentimientos post-ruptura.

De manera sorprendente, cuando a finales de la semana pasada me preparaba para escribir este artículo, un fan del dúo se percató de que el 31 de este mismo mes se publica el primer single de Mazzy Star en quince años, algo en lo que nadie confiaba a pesar de que Sandoval siempre había mantenido que había un disco acabado pero que no sabía cuando vería la luz, declaraciones que permanecían inmutables fuera el año 2000, 2005 o 2009. Finalmente, se confirma que se publicará en 2012.

Para escuchar en Spotify:

1. Look on Down From the Bridge (1996) 2. Blue Flower (1990)
3. Into Dust (1993) 4. She Hangs Brightly (1990)
5. Before I Sleep (1990) 6. I'm Gonna Bake My Biscuit (1993)
7. Flowers in December (1996) 8. Halah (1990)
9. Rhymes of an Hour (1996) 10. She's My Baby (1993)
11. Happy (1996) 12. All Your Sisters (1996)
13. Blue Light (1993)




domingo, 9 de octubre de 2011

Minutos: Galaxie 500 - 'Final Day' (1990)



En tiempos difíciles, lo superficial nos irrita por caprichosamente absurdo y el enfado y la intranquilidad nos devuelven escupidos al sentimiento nihilista y, por proximidad, tremendista. Hay muchos tipos de crisis e innumerables canciones que, de manera bastante explícita u obvia, tratan sobre ellas; pienso en el reflejo de malestar en las composiciones de la primera hornada de punk británico a mediados de los años setenta o en la sorna ("Oferta, demanda, valores en alza / suben y bajan, acciones de banca / (...) Crimen, robo, extorsión, rapto / atraco, violación, adulterio, herpes / (...) Guerra, misiles, bombas, torpedos / Crisis") de una canción que nos toca más de cerca, titulada justamente 'Crisis', del disco Canciones Profanas (1983) de Dinarama + Alaska.

Capturar el sentimiento de fondo, que no deja de ser de tristeza y decepción ante unas circunstancias adversas e injustas que tiran de ti en círculos como el desagüe absorbe el agua, es un tanto que solo se apuntan algunos. Stuart Moxham, principal compositor en el trío Young Marble Giants, escribió 'Final Day', tema que dio título a un single del grupo en 1980. La urgencia de ese original, un fondo minimalista -como de costumbre en sus discos- creado con una guitarra enmudecida, un teclado al fondo y pequeños golpes de bombo en caja de ritmos, recoge el estrés y la incertidumbre de la década que empezaba.

Tuvo que venir otro trío diez años después para darle la vuelta y enfocarla desde una perspectiva más sentimental y apocalíptica si cabe. Galaxie 500, formado por Naomi Yang (bajo, voz), Dean Wareham (guitarra, voz) y Damon Krukowski (batería, guitarra, coros), grabaron su versión para el programa de radio del británico John Peel el 30 de octubre de 1990. Ni rastro de la convulsión del original: subiéndole el tono, codificándola en acordes mayores de guitarra acústica y ralentizándola, suavizándola con la dulce voz de Naomi y con los punteos eléctricos que dejan leves rastros por los rincones mediante el delay, hicieron de ella un patético y solemne himno que subraya cierta resignación redentora; el día final llegará para todos y todo este sufrimiento carece de sentido:

"cuando los ricos mueran los últimos
huyendo como los conejos
de un pasado afortunado
lleno de astucia frívola
y el mundo se encienda para el día final
seremos todos pobres, habiendo dado nuestra opinión

pon una manta sobre la ventana
cuando llore el crío, canta otra vez una nana
mientras se apaga la luz en el día final
para la gente que nunca dio su opinión

hay tanto ruido
hace demasiado calor
y el suelo viviente te hace caer
mientras llega la noche del día final
fuera hay paz, en la angosta luz"


'Final Day' apareció en la recopilación Peel Sessions, publicada en noviembre de 2005. Ese mismo disco se añadío como extra a la reedición del álbum On Fire en 2010.

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