miércoles, 4 de julio de 2012

Minutos: Vanessa Paradis - 'Be My Baby' (1992)

A los ocho años, cuando empecé a grabar de manera regular video-clips de los programas musicales que emitían en abierto en Canal Plus y canciones de la radio moviendo el dial en cuanto ya tenía una sin ser fiel a ninguna emisora, no creo que me pusiera a pensar demasiado en lo diferentes que eran unos artistas de otros. Grababa a quienes conocía y a quienes me parecía que me gustaban más o menos inmediatamente, pero supongo que a esa edad no percibes verdaderos abismos entre Annie Lennox, Deee-Lite, Sade, The B-52's, Depeche Mode, Prince, Jordy, Björk, Roxette o The Beloved, por citar solo algunos de los que registré en VHS para la posteridad.

Es años después cuando puedes apreciar cuál de esas canciones era especial y única en medio de muchísimas que no aportaban nada al vacuo mundo de los superventas. Un mediodía, durante la cuenta atrás de Fernandisco en 'Del 40 al 1' -en la que se programaban unos seis u ocho video-clips del total de cuarenta candidatos al número 1-, salió en pantalla Vanessa Paradis, que había colocado 'Be My Baby' en algún lugar entre los diez primeros. Escuchándola ahora, imaginándola en el entorno de la radiofórmula de 1992, es bastante obvio que esta canción era algo completamente a parte: un homenaje ya desde el título -compartido con el single estrella de The Ronettes- a los grupos de chicas de la década de los sesenta, con el sonido cuidadosamente reconstruido (incluso se opta por mono en vez de estéreo, con lo que todo suena por el canal central) y adaptado a la merced de la voz pueril de Paradis. Toda una anomalía entre los chubascos grunges y el pop-rock suave u orientado al dance que saturaba las ondas por entonces que, evidentemente, no pasó desapercibida. La naturalidad con la que se desarrolla el tema me hace pensar en lo excesivamente forzados que han sonado algunos de los intentos de emular ese estilo que hemos escuchado en la década pasada. Hace que piense de Duffy que tiene la cara demasiado ancha y poco más.

'Be My Baby' y el disco que la incluía, Vanessa Paradis, supusieron el lanzamiento internacional definitivo de una cantante francesa que ya había grabado un disco con Serge Gainsbourg, que era imagen de Coco Chanel y que había ganado un premio César a la actriz revelación por su provocativo papel en la película Noce Blanche (1989), donde interpretaba a una estudiante de instituto que inicia un idilio con su profesor de filosofía. Hoy no le podríamos creer gurú de nada y rechinará al decirlo, pero fue ni más ni menos que Lenny Kravitz (que, dicho sea en su favor, en esa época firmaba cosas como ésta o el 'Justify My Love' de Madonna) el que vino y se imaginó a Vanessa como una chanteuse de un pop entre sexy y cándido, de marcado carácter retro, no reñido ni con el funk ni con el soul, con un pie en los sesenta y otro en los setenta, pero siempre envuelto en un velo de chanson francesa. La relación sentimental que surgió entre el músico y su musa le sirvió como soberbia inspiración para escribirle el repertorio de prácticamente todo el álbum.

Kravitz comparte la autoría de 'Be My Baby' con Gerry DeVeaux, y con el encanto inherente que aporta Paradis transcienden fácilmente el ejercicio de estilo. Sobre un ritmo insistente al estilo de 'Stop' de The Supremes -dirigido por la batería ligeramente distorsionada- y los coquetos arreglos de cuerda, se explica una historia más vieja que el mundo, esa inquietud que siente el principiante en el amor cada vez que se separa de la persona que le ha robado el corazón; mitad celos, mitad puchero en busca de recompensa inmediata en forma de compromiso. En el disco hay unas cuantas gemas más ('Sunday Mondays', 'Natural High', 'Your Love Has Got a Handle On My Mind'). Búsquenlo.


'Be My Baby' se publicó como single en septiembre de 1992
y formó parte del álbum Vanessa Paradis
que aparecío en octubre del mismo año

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