sábado, 26 de mayo de 2012

Minutos: Friends - 'I'm His Girl' (2011)

He tenido una semana que muchos calificarían de clara tendencia homosexual, nos pongamos como nos pongamos: así la tildarían según los tópicos, teniendo en cuenta que he estado escuchando el último disco de Najwa de manera bastante insistente (otro día explicaré qué me ha parecido Donde Rugen Los Volcanes y por qué me ha reconciliado con aspectos puntuales de la producción musical de Nimri que me habían gustado tiempo atrás) y con un ojo puesto en las proyecciones de la filmografía de Pedro Almodóvar que han empezado hace nada en la Filmoteca de Catalunya. Subyugado por tales placeres he llegado al sábado, un mal día para actualizar porque es de sabiduría popular que cualquier blog tiene más visitas entre semana y durante la jornada laboral (pero qué diablos). 

La cuestión es que me he tomado unos minutos para echar un vistazo a los horarios -laberínticos como siempre- de ese Primavera Sound que está al caer y al que tan poca atención anticipada he prestado este año. Sonando de fondo, una lista recopilatoria que un anónimo ha configurado amablemente llena de nombres que por lo que a mi respecta tanto podrían ser de grupos como de canciones, estando como estoy, cada vez más perdido en música de tiempos añejos. Ante mí, en la pantalla, una hoja de Excel para colorear a los imperdibles, a los sacrificados y a los que despiertan todo el interés que pueden habiendo escuchado solo una canción suya y, como mucho, habiendo visto la portada de su disco. Click-click; avanzo entre los nombres que aún me faltan, de manera aleatoria y en muchas ocasiones con prisa, a sabiendas de que eso que suena no me va a gustar. Le doy a la canción de Friends y ahí ocurre algo, hay algo que me engancha al instante. Y no, no es una canción que me redima de esta semana petarda; más bien le pone un lazo de encaje.

Leo que Friends son un quinteto de Brooklyn que va a aterrizar en España con un par de singles y un primer disco largo que sale a principios de junio. 'I'm His Girl' es la cara A de un vinilo de siete pulgadas que editaron el pasado mes de octubre, y la configuran una serie de ingredientes que la hacen irresistible: un ritmo esquelético de hip hop que va mutando en algo disco con los diferentes añadidos de percusión, el robusto pulso funky del bajo, la sensualidad levemente distorsionada de la voz principal y de los coros y jadeos que la apoyan... A penas tres minutos para un tema redondo e instantáneamente tarareable.

Guarda parentesco con el esplendor bailable y callejero que manejaban Tom Tom Club en 1982, con el descaro de la Neneh Cherry de 'Buffalo Stance', con los Yeah Yeah Yeahs que acariciaron el plástico y el almíbar en su último disco (de hecho, la fragilidad relativa con la que canta Samantha Urbani es reminiscente de los flirteos de la Karen O más mansa). ¿Y la letra? Una oda al compromiso sin ataduras ni restricciones en pareja, inevitablemente feminista: "Si me ves caminando por ahí con él, no soy solamente otra tía, soy su chica / (...) No quiero poseerle ni controlarle / (...) Hago exactamente lo que me da la gana, cuando estoy con él y cuando no"


'I'm His Girl' dio nombre a un single de Friends
publicado por Lucky Number en octubre de 2011






jueves, 17 de mayo de 2012

Imperdible: Garbage - "Garbage" (1995)



















La toma de conciencia de la verdadera identidad de los reyes magos, en mi caso, fue relativamente tardía. A los nueve o diez años aún estaba ahí-ahí, intentando aferrarme a lo bonito de creer que había algo más. No es que fuera tonto. Lo mismo que cuando empezaron a salirme los primeros pelos en el bigote era reacio a afeitarme, por pudor y porque significaba aceptar que crecía, lo de los reyes -y otras historias como la del ratoncito Pérez- es de algún modo lo mismo. Te desvelan un primer misterio y a partir de ahí empiezas a entender cómo funciona la vida adulta y todas sus trampas. 

El caso es que una vez revelada la verdad, la magia fue reemplazada por la más brusca realidad. Y ahí estaba yo, con mi madre, mis tíos y su presupuesto en pesetas unos días antes de la Navidad de 1996 (doce años tenía yo), subiendo las escaleras de Discos Satchmo para comprar en mi presencia todos los cd's que había listado. Cayeron todos los publicados por PJ Harvey hasta entonces menos uno que ya tenía, junto a Smashing Pumpkins, Green Day, No Doubt y Garbage. Hacerlo así fue absolutamente contraproducente: aún recuerdo abrir el armario de la habitación del medio de mi casa, y sacar la bolsa de los regalos de entre las mantas antes de que tocara para poner en el reproductor de cd trozos de Rid of Me, y volverlo a guardar emocionado pero con remordimientos por estar estropeando lo que pudiera quedar de sorpresa. 

Las adquisiciones de esas navidades corrieron muy distinta suerte en mis manos: de los discos de Harvey nunca he dejado de aprender y, aunque esté largas temporadas sin tocarlos, están entre los más arrebatadores que he escuchado jamás; ese disco doble de Smashing Pumpkins creo que nunca llegué a escucharlo entero; y tanto Green Day como No Doubt ardieron rápido, no llegaron a conocer qué aspecto tenía yo a finales de ese mismo año. El debut de Garbage se quedó en algún lugar entre lo válido y lo desechable, aunque le pagué con la moneda de la indiferencia durante un largo tiempo, en que a penas le dediqué atención. Me he sorprendido recuperándolo esporádicamente en los últimos años y puedo concluir diciendo que suena más palpable, carnoso y misterioso de lo que recordaba.

Será que me creí y se me atragantó el mito de Garbage: "un sonido de diseño estudiado al milímetro y de eficacia aprobada", "la respuesta futurista a la saturación nihilista de la era grunge", "una inaudita fusión de tecnología y pop-rock"... Un puñado de eslóganes que más que vender a un grupo acaban haciendo de él una parodia y restándole verdad. Lo curioso es que en eso mismo se convirtieron con el paso de los discos: Version 2.0 (1998) era tan petulante que aguantarlo de un tirón sin un dolor de cabeza era prácticamente imposible; su continuación Beautiful Garbage (2001) limpiaba lo machacón de los arreglos en favor de un pop que, sin embargo, parecía perder toda personalidad (basta con recordar el single 'Androginy', bien delineado para ser devorado por la FM americana de la época, que podría haber interpretado cualquiera). Por algún motivo, lo fortuito y tenso de su encuentro inicial (los tres artífices del sonido -Butch Vig, Steve Marker y Duke Erikson, afincados en Wisconsin- dieron con la escocesa Shirley Manson tras verla una madrugada cualquiera en MTV en un video-clip de su anterior banda Angelfish) arrancó de ellos algo bastante especial que luego no se repitió.

A la coartada moderna le restaremos importancia: lo que suena en Garbage es tan nuevo como 'Soon' de My Bloody Valentine, publicado cinco años antes. Sí es cierto que llegó en un momento oportuno y efectivamente fue recibido como algo no habitual y fresco por los medios masivos que ya habían hinchado todo lo posible el concepto "rock alternativo" como moda. El mundo pop había exprimido todo lo que desató Nirvana tras Nevermind (1991) y necesitaba renovación. Garbage era de repente el grupo de fin de siglo perfecto para llevar la bandera del mainstream alternativo, con su énfasis en la combinación formulaica de samples, programaciones de resabio industrial y guitarras ruidosas pero domesticadas, procesadas hasta parecer el zumbido persistente de un motor.
La evidente manipulación del sonido y la estructuración matemática de las composiciones -el cerebro parece imponerse al sentimiento en la materia prima- bien puede producir una primera sensación de asepsia y artificio, de que el buscado aspecto apocalíptico y urgente se queda en algo superficial que no deja heridas, pero sus múltiples capas esconden cascotes en bruto que cortan y ensucian el látex blanco de laboratorio. Eso por un lado. Luego, manchándolo todo y dejando un sabor agridulce, están los espesos trazos de pintalabios bermellón de Shirley Manson, auténtica responsable de que estas doce canciones se impregnen de una hechizante perversión no reñida con la vulnerabilidad. Las letras, alimentadas por sus inseguridades, sus pensamientos turbios y los recuerdos de la niña pelirroja y huesuda que señalaban con el dedo en el instituto, no mienten: en el fraseo de Manson se adivinan el rencor y el deseo, las ganas de venganza y la seducción, entregadas con esa voz conservada en alquitrán y envasada al vacío.

El inicio no es tan efectivo como efectista: 'Supervixen' avanza el paso alternando susurros sensuales y jolgorio urbano; se dan parones inesperados y explosiones sintéticas pero el plástico le puede a la carne, y el experimento funciona mejor más adelante en 'My Lover's Box', más dramática, uno de los temas que más herramientas coge prestadas de la caja de Kevin Shields -aunque el carácter siniestro que le imprimen es algo sin duda propio-. En 'As Heaven is Wide' la vocalista nada entre una recia línea de bajo y programaciones bailables como un caballo de mar en agua envenenada (malos sentimientos tras un engaño: "Si la carne pudiera gatear, la piel se caería de mis huesos y huiría de aquí / tan lejos de Dios como grande es el cielo"), y el agua de la vindicta se revuelve aún más en la resentida y abrasiva 'Vow' ("Estoy delante de tu puerta otra vez / como Juana de Arco volviendo a por más / Casi morí"), pero cuidado porque las mordeduras más incisivas se las reserva para ella misma: envueltas en el ambiente gélido y calado de los teclados, el canto de sirena 'Milk' ("Soy leche, soy una cocina al rojo vivo / (...) Te estoy esperando") y 'A Stroke of Luck' ("Colgando de hilos de plata pálida / me podía haber quedado así para siempre / (...) ¿Sabías que estaba perdida hasta que me encontraste?") exponen a una persona insegura y a la sombra en las relaciones amorosas. 'Queer', en cambio, supone un bofetón a esa parte de su carácter más cobarde y enclenque al tiempo que entra en comunión con todo el que se haya sentido solo y marginado alguna vez; y 'Stupid Girl' lamenta el juego de la sumisión y el abandono de esos rasgos excéntricos de su personalidad para ser aceptada por un entorno que al fin y al cabo ni le importa. No es causalidad que estas dos piezas crujan con texturas más orgánicas que el resto, y que en ellas Shirley gobierne debatida entre la crueldad sin empatía de una dominatrix y la capacidad de seducción de una femme fatale.

Se trata, en fin, de un disco lleno de turbulencias atractivas y ganchos (no puedo olvidarme de mencionar 'Only Happy When it Rains' y 'Fix Me Now'), aderezado con algunos ingredientes que quizás rechinen al oyente según sus gustos, que han caducado mejor o peor después de más de quince años, pero en general muy bien resuelto.

Para escuchar en Spotify:
Garbage - Garbage



viernes, 11 de mayo de 2012

Multi-Track Suggestion: Islaja - "Keraaminen Pää" (2010)




















Como en cualquier ejercicio artístico, en el juego de la composición musical pesa la intención del artista pero no más que otros factores como el entorno o el azar, elementos con tal poder insospechado que las propias canciones pueden convertirse en resolutivas quimeras que saben (y por lo tanto exigen) qué necesitan comer, qué es lo que quieren de su creador. La finlandesa Merja Kokkonen, el pálido rostro de Islaja, se tomó su tiempo y se paseó por tres continentes durante tres años, tiempo durante el cual los temas de Keraaminen Pää (“Cabeza de cerámica” en finés) fueron arrastrando a su paso con pequeños trozos de metralla y espuma marina hasta darle a su chasis el encofrado necesario. Aún así, escribiendo con las manos heladas mientras escucho de nuevo el disco, no puedo dejar de pensar que estas canciones estaban solo medio-entusiasmadas de dar vueltas por el mundo y por eso se emperraron en recoger solo bonitos cascotes que les remitieran al clima que realmente añoraban: el gélido frío invernal de Helsinki habita en su corazón, por mucho que ella no resida ya en la ciudad, y así se palpa en la proyección de sus sentimientos en esta música. 

Una rápida ojeada a su dossier de prensa nos mostrará repetidas veces los nombres de Björk o Nico, referencias que imagino serán válidas si te preguntan por su música subiendo al metro y tienes que responder a quien se queda en el andén antes de que se cierren las puertas (tres segundos), pero las melodías de Kokkonen no son ni tan coloristas ni tan rígidas, parecen más bien influidas por el folclore de su tierra natal y, hasta cierto punto, por elementos de la cultura oriental. La libertad atmosférica y libre de metrónomo, arreglos como el saxofón distante y el bajo trémulo, bien podrían situarla cerca de exploradores vanguardistas como fueron en su día Tuxedomoon o Laurie Anderson. No importa si es el piano dolorido y delicado de 'Suzy Sudenkita' o 'Yövalo', o los sintetizadores marcando el ritmo desestabilizador de 'Dadahuulet' y 'Joku Toi Radion'; es el retrato de un lugar solitario e introspectivo, el hálito en la oscuridad de quien busca respuestas a los sinsentidos emocionales que nos perturban (escalofriante la letra de la que escogió el título: "Sobre la brillante mesa finalmente lo vi / estaba a tu servicio y servir era mi vida / (...) Estaba en medio de una niebla y me manejaba otra persona / era una cabeza de cerámica sobre hombros de madera").

*Esta reseña apareció originalmente en el número de noviembre de 2010 de la revista I Like.

Para escuchar, cortesía de Grooveshark 





miércoles, 2 de mayo de 2012

Minutos: Cristina Lliso en ocho piezas


"Vuelve". Hasta hace unos días esa palabra hubiera sido una súplica acorralada entre signos de admiración -acompañada de un "por favor"- cada vez que cruzaba mi mente Cristina Lliso. "¿Por qué llevará callada, ausente tantos años?". Es una alegría poder decir hoy que Cristina vuelve, en presente de indicativo, aunque queden unas semanas para que su retorno discográfico sea algo oficial. 
La noticia ha sido algo discreta hasta ahora; yo, sin ir más lejos, me enteré por un casual, aunque uno de esos que pareció ser dirigido por los astros: hace unos doce días, sonó su voz en un viaje en coche y volví a pensar en su ausencia. Este fin de semana, buscando un enlace en Spotify de otro tema suyo que quería que escuchara la misma persona que me acompañaba ese día en la carretera, me di cuenta de que había tres canciones fechadas en 2012 y firmadas con su nombre por primera vez. Tuve que parpadear incrédulo dos veces, hasta que di con una recién estrenada página que lo confirmaba todo.

A parte de colaboraciones muy puntuales (Mastretta, Javier Álvarez), la que fuera voz de los añorados Esclarecidos no ha publicado material nuevo desde 1999. Ese año apareció Bajo el Sauce, el último ep extraído del primer y único álbum que dio Lliso, el proyecto emprendido junto a Alfonso Pérez (batería y letrista de Esclarecidos) y Suso Saiz en forma de spin off de la banda madre que tomaba su apellido como nombre. Spin off es una definición tan buena como inevitable: la huella de Cristina es única allí donde participa y Suso Saiz había sido una figura clave en los últimos discos de Esclarecidos, sobre todo en el último publicado en 1996, La Fuerza de los Débiles. Gracias a él, por fin dejaron atrás el sonido algo desnutrido de sus trabajos inmediatamente anteriores -un mal para muchas bandas a finales de la década de los ochenta y principios de los noventa- e hincaron el diente a texturas tiznadas que les insuflaron renovada vida, aunque con su separación al año siguiente (por un malestar personal insolventable) decir eso sea una paradoja. En Lliso desarrollaron esos hallazgos acentuando los adornos electrónicos y las turbulencias rasposas pero siempre manteniendo el equilibrio, sin enterrar el calor de la voz y el chasquido acústico. A pesar de la buena acogida, no volvieron a grabar juntos.

Esclarecidos, en cambio, tuvieron un largo recorrido de más de quince años desde su formación en 1981. Singulares incluso en un panorama tan concurrido como el de la nueva ola madrileña, su propuesta quizás estuviera algo contagiada de la locura cínica e intelectual de bandas como Derribos Arias al principio, cuando Cristina se desgañitaba en títulos como 'Música para Convenios Colectivos' y 'Emoción en el Canódromo' o la banda creaba ambientes cubistas y sugerentes sobre cajas de ritmos de cristal en 'Manila Girls' o 'Aeropuerto Internacional' (sintonía que compusieron para el programa de Radio 3 Diario Pop), pero a la altura de su segundo disco, el meditado y básico Esclarecidos 2 (1985), quedó claro el material del que estaban hechos los cimientos de lo que construirían: una elegancia compositiva no reñida con cierta canallesca irónica, toques decadentes que no sé si me los inspira la sección de viento o esa humedad en la producción, pop que se acerca tanto a la canción de autor como al jazz, letras arrebatadoras con las palabras bien elegidas, y esa voz que Cristina Lliso fue madurando desde el entusiasmo estridente inicial a la cadencia agradable como un soplo suave al oído de más adelante. Se convirtió en una trovadora que narraba lo cotidiano desde un lugar lo suficientemente extraño.

Ocho selecciones (seis de Esclarecidos y dos de Lliso) que suman treinta minutos para recordar su capacidad de seducción y salivar con anticipación antes de que se publique Si Alguna Vez el día 12 de junio. Pueden escucharse al final del artículo en una lista de Spotify.


Esclarecidos - Estoy Esperando a Mi Amor 
(La Fuerza de los Débiles, 1996)
Una canción de amor enredada en la soledad y el desconsuelo por el paso del tiempo (un ligero tic-tac se oye a lo lejos) que se acomoda a nuestro lado sigilosamente, sin molestar ni avisar, consiguiendo que con la guardia bajada acabemos ablandados: "Estoy esperando a mi amor / mientras bailo con tristeza / (...) Cohen está mas triste que nunca y lento / el tiempo pasa y no soy joven". Las cuerdas de la acústica con restos de greda, el aliento de la voz en ese tono grave que tan bien le sienta... Los teclados y la batería avivan el cuadro al final, pero no lo alegran.

Esclarecidos - No Hay Nada Como Tú (Soberbia)
(Rojo, 1991)
Haber escuchado un disco entero de Esclarecidos con el mismo envoltorio de esta canción, cuarteto de cuerda y acordeón, hubiera sido un placer inmenso. Me encanta la palabra "Soberbia" añadida entre paréntesis al título; hace que la partitura y lo que dice Cristina adquieran un tono menos nostálgico y más neurótico y resentido. El recuerdo agridulce de alguien que ya no está pero que muchas veces tampoco podías soportar que estuviera, y el arduo curso del olvido, con tiernas recaídas en los recuerdos: "No hay nada como tú / probablemente nada como tú / si te quieres ir / adelante, vete si te quieres ir / Yo no sé qué haré, me vendaré el corazón / Espero que el parador no cierre los inviernos"

Lliso - Bajo el Sauce
(Lliso, 1998)
Dos notas de contrabajo en bucle, un sampler de drum'n'bass como el eco traído por una brisa ensuciada o el ruido blanco de un canal desintonizado. Un escenario irreal ("Voy a comprarme una montaña / la llenaré de televisores") para describir una ausencia inquietante, quizá el repentino abandono de alguien a una persona que sentía devoción por él ("Desde las pantallas tú me miras / (...) Cuando llegue el día / en que sin pena se apague tu imagen / romperemos los cristales / y ya no me miras"). Lliso no necesita más que un pequeño mantra para arrebatarnos.

Lliso - El futuro
(Lliso, 1998)
Recuperando el pulso más sardónico que también la caracteriza, en esta canción se burla de las conjeturas, de la hipocondría y el miedo a la muerte, de lo absurdo de preocuparse por algo más allá de lo que esté sucediendo ahora: "Un huevo frito quiero cenar si mañana me voy a morir / un huevo frito quiero cenar si faltan cien años para el fin". Musicalmente es mejor ejemplo de cómo en Lliso el reto sónico subió el listón, con diversas capas de textura arenosa conviviendo con un estribillo pop.

Esclarecidos - Muertos
(La Fuerza de los Débiles, 1996)
Cuando sugirieron que Esclarecidos se acercaban en su último disco al trip-hop debió ocurrírseles mientras escuchaban esta canción. El traqueteo del ritmo y las líneas mareantes de guitarra en el estribillo, además de la oscura crónica de la letra ("¿Quién explica a un rico la pobreza? / ¿Quién acostumbra a un vivo a morir?"), ciertamente pueden remitir a los ambientes de Tricky a mediados de los noventa. Un buen ejemplo de las ideas acertadísimas y bien ejecutadas que guarda La Fuerza de los Débiles.

Esclarecidos - Bajo la Nieve
(Esclarecidos 2, 1985)
"Me gusta borrar la nieve, pero no la puedo tocar / y yo sé que en ella está la información de un turbio crimen pasional / (...) En mayo todo se sabrá". Historia truculenta para una de sus canciones más ligeras y pop, en el mejor sentido. La sección de viento aún tenía aquí un marcado protagonismo. Mezclado con esas acústicas que descienden como copos de agua helada y la interpretación entre delicada y enérgica de Cristina, nada tenían que envidiar a bandas de pop británico de nueva hornada ese mismo año.


Esclarecidos - Estás Acabado
(Unas Congas y un Café, 1987)
Otra pieza en la que el sentimiento se beneficia de la desnudez, en este caso de un piano reverberante y majestuoso. Un toque de atención doloroso a alguien estancado y desinspirado ("Te sientas a escribir / ya nada pasa por ti / siempre las mismas palabras") desenvuelto con la misma elegancia de una Tracey Thorn (Everything But the Girl), que debería hacer llorar de impotencia al destinatario reconociendo su situación descrita de manera tan directa y recitada con tal solemnidad. Cara B de un single que se publicó luego en la edición en cd de Por Amor Al Comercio


Esclarecidos - Arponera
(Esclarecidos 2, 1985)
Desasociar esta canción de la figura de Cristina Lliso resulta imposible. No destacarla cuando se hace un repaso a su trayectoria, ni que sea uno tan breve como éste, también. La unanimidad al respecto de la excelencia y lo emblemático de esta composición, eso que ha hecho que no falte en ninguna recopilación colectiva que trate el pop español de los ochenta, no es gratuita. Una melodía memorable y una letra más inolvidable si cabe: "Arponera / yo quiero ser arponera y pescar tus sentimientos / (...) Muchas noches me verán en la frontera de Gibraltar / toda la línea conocerá que el tabaco y oro es para ti / y traeré el ámbar gris de un cachalote". A ritmo de vals, romanticismo y (de nuevo) devoción; nunca al uso, siempre especial.




Para escuchar en Spotify: