jueves, 28 de junio de 2012

Multi-track Suggestion: Najwa - "Donde Rugen los Volcanes" (2012)

















En música no puedes dar nada por sentado, porque lo más probable es que en algún momento te tragues tus palabras. Un artista puede resultarte interesante en un momento dado y después decepcionarte con sus decisiones hasta que le haces cruz y raya, con un margen de error y de faltas variable según el apego que le tienes (el permiso y la paciencia pueden durar tres, dos, un disco) y siempre según tu criterio. La firmeza y la urgencia a la hora de definirte ("esto no me gusta y ya no me gustará nada suyo a partir de ahora; lo sé") se anteponen a una flexibilidad más madura que te permitiría acercarte al siguiente trabajo del artista defraudador partiendo de cero, valorándolo por lo que es, apreciándolo o rechazándolo por lo que escuchas, pero sin el terrible lastre de tener que ser consecuente con los inexorables "nunca más" que pregonaste en voz alta sin que nadie te lo pidiera. Así de pasional te hace sentir la música, al fin y al cabo.

Donde Rugen los Volcanes ha sido una de esas sorpresas, con la que he hecho las paces con Najwa Nimri. Su trayectoria parecía alejarse de mis gustos de forma natural e irreconciliable: la electrónica  más intrépida de su primer disco en solitario, Carefully (2001), se fue suavizando en cuanto a arrojo en las dos siguientes entregas (aún así, buenos momentos y buenas canciones de pop en Mayday (2003) -un disco quizás demasiado ecléctico, sin unidad- y Walkabout (2006) -más homogéneo y conseguido, mezclando sonoridades acústicas con una electrónica más refinada), pero no entendí su reencuentro con Carlos Jean en 2008 -Till it Breaks, plagado de clichés rockeros y envoltorio vulgarizado- y luego se me hizo extraño escuchar sus primeras canciones en castellano hace dos años, cuando se volvió a rodear de una banda más cercana al pop-rock estándar en El Último Primate, aunque debo decir que este último es un disco con piezas a descubrir tras haber hecho la agradable digestión del que acaba de publicar. 

De la misma manera que opino que junto a Carlos Jean ha hecho sus trabajos peor acabados e irregulares en conjunto, tras escuchar Donde Rugen los Volcanes puedo afirmar que cuando colabora con Raul Santos (que ha producido y compuesto junto a ella el repertorio del disco, además de con el guitarrista Huma en algunos casos) se da una química ingrávida y mágica que los dos deberían tener muy en cuenta para no volverse a separar durante tanto tiempo. Da la sensación de que han conseguido lo que pretendían con su primera colaboración hace más de diez años, como si este álbum cumpliera con la promesa y las intenciones de Carefully de forma sublime. Escuchado ahora, aquel disco quizás suene más agreste y menos potente de lo que recordábamos; Björk y Howie B estaban en mente y tanto los arreglos de cuerda como el ADN de las canciones eran lo suficientemente especiales como para cautivar, pero entre todo el potencial había arbustos que podar. Trabajaron juntos de nuevo en los años inmediatamente posteriores, pero en una dirección de pop más directo que dejó esa palpitación inicial en stand by hasta ahora. 

Najwa definió ese primer álbum como un disco "feliz, pero siempre con el hombre del saco detrás". Su madurez ha pasado por dejar atrás ese miedo prudente y molesto para describir un lugar íntimo y recogido, el que cada uno se edifica y habita al margen de una sociedad que le engulle sin entender cómo. Diez años no han pasado en balde: romper la barrera lingüística, sustituir la mezcla de imágenes surrealistas e incorrecciones gramaticales en inglés por una cuidada selección de palabras gráciles en castellano ha sido algo clave para que aquí oigamos cantar a una mujer mucho menos tensa y más sincera con ella misma y por lo tanto con los demás. Musicalmente, decisión acertada de economizar medios: una gama cromática cerrada de sintetizadores y la voz de Najwa, con la que se juega sin complejos pero que en general suena más próxima y nítida que nunca. Junto a Raul ha dado forma a un puñado de canciones que parecen resbalar en un panorama plastificado y por estrenar, decorado con hologramas temblorosos de representaciones gráficas del sonido. Cada beat parece accionarse mediante pequeños botones de goma, los trayectos de las líneas de teclado (como en 'Mi Cama') parecen cintas infinitas de luz, como las de un proyector de diapositivas en una habitación oscura. 

Donde Rugen los Volcanes (titulado así a partir de una historia que le explicó un amigo sobre la idea fantasiosa de que los volcanes conectaran el Sol con la Tierra) suena relajado y, extrañamente, individualista y altruista a la vez. Hay un par de momentos convulsos que llaman la atención entre el resto porque lidian con rencillas personales más conflictivas ('Nunca Estuve a Salvo', con esas notas de sintetizador que se derriten en disonancias, y 'A Ver Si Me Das', la más urgente y bailable) pero lo enigmático tiene el verdadero peso en estas canciones y es lo que las conecta con las de Carefully, desde la introducción ambiental y tribal que es 'Nada Nos Puede Pasar' y la rítmica minimalista de la pieza titular a la oscuridad subyugante de 'Somos Su Nuevo Invitado' ("Desnuda este tejido dorado / hasta donde alcance mi mano / (...) Agárrame el pelo, atraviésame nadando"); desde la paz incorpórea de 'Pájaros de Mal Agüero' y 'Lenguaje Verde' (un tema embelesador construido sobre un loop vocal que se repite como un mantra) a los momentos más intimistas ('Mi Cama', la extática y tierna 'Oigo el Zumbido') que culminan con el aliento noctámbulo de 'En Esta Noche', una pieza romántica ("Una flecha de cristal alumbrándome el camino / (...) Quiero sentir que es la primera vez que miro") en la que cada verso de Najwa se ve respondido por su propia voz reproducida al revés, creando un efecto sedante y hermoso.

Nimri ha descrito un lugar irreal y utópico pero lo ha configurado a partir de los roces, las caricias y los tirones. Entre los rayos de luz lisa o entrecortada de los sintetizadores hay un sentimiento cálido y verdadero. Creo que así de placentera nos vendían la realidad virtual. 


Para escuchar en Spotify




jueves, 21 de junio de 2012

Minutos: Patti Smith - 'Looking For You (I Was)' (1988)


El mundo no estaba preparado, en 1988, para encontrarse de frente con una Patti Smith de rostro sereno, reflexiva y enamorada. Llevaba retirada de la vida pública y de su carrera musical nueve años, felizmente centrada en la escritura y entregada a la vida doméstica. Grabando los dos últimos discos del Patti Smith Group a finales de los años setenta ya andaba algo distraída, con la mente ausente. Había conocido a Fred 'Sonic' Smith (guitarrista de MC5), el hombre con el que formaría una familia y al que adoraría con verdadera devoción, y la posibilidad de galopar sobre ese intenso sentimiento a tiempo completo se convirtió en una prioridad que le ayudó a perder la motivación constante que había encontrado en la música.

Muchos no podían entender cómo una mujer de su naturaleza abandonaba todo lo que había conseguido a cambio de una vida convencional en la que asumiría el papel de ama de casa sin más, pero no fue solo a causa de una iluminación amorosa. De repente su banda se había profesionalizado y pasado a formar parte del establishment rock que ella pretendía derruir en sus inicios, así que turbada por el significado que había adquirido su trabajo y antes de confirmar el retiro ya preparó un mensaje velado de despedida en el disco Wave (1979), que se traza desde la canción que lo abre ('Frederick', la bienvenida al amor) hasta la que lo cierra ('Wave', el adiós al mundo musical).

Según mi punto de vista, el tiempo ha situado a Dream of Life (1988) en el digno lugar que merece, sobre todo cuando lo evaluamos al lado del trabajo que ha facturado después (junto al que se entiende mejor que comparándolo con su producción en los setenta), pero cuando se publicó fue recibido con extrañeza: salió de la nada (la misma Smith aseguró más tarde que ella y Fred se pusieron a componer porque los años de tranquilidad trajeron consigo dificultades económicas y tenían que comer) y planteaba una tesitura musical a primera vista más inofensiva, cortés y de pop-rock convencional que viniendo de su autora se interpretó como un gratuito giro comercial. Las críticas parecían centrarse en lo que se habían imaginado que pariría Smith en vez de valorar sus nuevas perspectivas. Con la tibia acogida, el disco no tuvo continuidad, y Patti no volvió a dejarse tentar hasta que Fred Smith murió en 1994.

'Looking For You (I Was)' es una composición prácticamente ignorada de su repertorio, incluso por ella misma, que únicamente la ha rescatado en directo en un puñado de fechas de 2001. Subestimada en un disco tristemente infravalorado, esta canción escrita a medias con su difunto marido es la pulcra celebración de un amor exultante y esperado con anhelo a la vuelta de cada esquina, con los sentidos puestos en las constelaciones estelares y en las señales más o menos poéticas que nos avisan sobre nuestro sino.

ser tu destino era todo lo que perseguía
podía ver las vistas desde las alturas
pero mi corazón oscureció la visión 
te buscaba a ti

(...)  te reflejabas en todo lo que veía
en la torre de oro, en la rueda y el ala
agarrando mis sentidos como una afirmación antigua

De la misma manera que la emblemática 'People Have the Power', en el mismo disco, aplaude la capacidad del pueblo para provocar los cambios que se proponga, 'Looking For You (I Was)' festeja con optimismo y sin complejos el incontenible sentimiento del amor recién encontrado y las corazonadas que nos pueden dirigir a él. Smith ya había flirteado con el pop más directo en otras ocasiones ('Kimberly', 'Because the Night'), pero en esta canción lo hace de manera sublime y clara: accesible sin rodeos y no por ello menos destacable. Las estrofas mantienen la tensión mediante un mismo acorde (una delicia escuchar cómo Patti sostiene el primer verso "En medio de la noche medieval...") que se va relajando hasta que brota el estribillo, coros mediante. ¿Y el mundo se perdió esto por no aceptar que una década separaba a la Patti Smith que conocían de la que era en 1988? A veces es mejor encontrarse las cosas sin saber nada de su historia.


'Looking For You (I Was)' apareció en 
el disco Dream of Life, public ado en junio de 1988.
También se publicó como single ese mismo año.

Looking for you (I was) by Patti Smith on Grooveshark

También en Spotify.


martes, 19 de junio de 2012

Minutos: Revolution 9 - 'You Don't Know What Love Is' (1994)


Conforme uno crece, se va dando de bruces sentimentalmente infinidad de veces, una detrás de otra, separadas entre sí por un espacio de tiempo aleatorio. Los encuentros fortuitos y las revelaciones equivalen a sorpresa, y no menos el desgaste y final de las relaciones. Algunas de esas veces, sobre todo las primeras, nos retorcemos en una escena dantesca de dolor y autocompasión que no deja de ser una mezcla de gusto enfermizo por el romanticismo aprendido según los estereotipos y miedo a la soledad tras haber saboreado las mieles de la vida compartida, al parecer tan sabrosas que nos harían cerrar los ojos, taparnos la nariz y tragar con los desagradables acompañantes sin rechistar. Cuando cuentas ya con unas cuantas decepciones y abandonos, resulta que el desvanecimiento del amor ya no se te asemeja a una desgracia insalvable; es más bien como un corte en la yema de un dedo: la sangre es un escándalo, si agitas la mano porque escuece lo salpicas todo, pero las consecuencias son irrelevantes y la cura rápida.

Uno puede ganar en cinismo y en madurez e intentar guardar el significado de "amor" en un paño únicamente sucio por fuera, rechazando como parte de él todos los sentimientos que van entorpeciendo, a la larga, su esplendoroso desarrollo inicial. Es protección y aprendizaje, pero es también negar la mayor: el amor es algo inevitablemente lastimoso, que puede engullir en un instante algo tierno y devolverlo como algo virulento por capricho. Dejarse tentar por la parte más mórbida del amor es sencillo porque su intensidad es brutalmente magnética, y si hace tiempo que no permites que te ocurra quizás sientas que te estás perdiendo algo con tanta cordura de por medio cuando escuches una canción tan certera y con las palabras tan bien elegidas como 'You Don't Know What Love Is'.

No debería haberme sorprendido al descubrir que el autor de este tema no era John Moore, voz y guitarra de Revolution 9, un trío que completaban Katie Hecker (percusión) y David Barbenel (bajo, violonchelo) que tuvo una corta andadura a mediados de los noventa, cuando contribuyeron a la escena musical independiente conreando en una parcela modesta su folk vespertino, regado por aspersión con agua mineral teñida de azul eléctrico. 'You Don't Know What Love Is' abrió el cancionero de su único disco, You Might as Well Live (1994) y fue el tema principal de un single que grabaron para el sello Acuarela, pero no era una composición suya. Es en realidad un tema del cancionero tradicional americano compuesto por Don Raye (letra) y Gene de Paul (música) que han interpretado desde Chet Baker y Billie Holiday a Marvin Gaye y Diamanda Galás. Debería haberlo sospechado, porque hay algo en las canciones que se escribían en esa época (1941) que las hace únicas; dicen toda la verdad de una manera limpia, preciosa y aún así sin adornos superfluos. 

Revolution 9 la plantearon de la mejor manera posible. Frágil. Los derretidos arpegios de la guitarra y los golpes de triángulo dirigen la escena mientras el chelo aparece tímido al fondo; los tres minutos transcurren en un vilo místico. La voz de John Moore suena abatida, en ocasiones las palabras codifican un aliento temeroso que habla de lo que jamás hubiera querido aprender: 

"¿sabes el miedo que tiene un corazón perdido
ante el simple pensamiento de recordar?
¿y cómo labios que saben a lágrimas
pierden el gusto por besar?
no sabes cómo arden los corazones
por un amor que no puede vivir
y aún así nunca muere
hasta que has visto cada amanecer
con los ojos del que no duerme
¿cómo puedes saber lo que es el amor?"



'You Don't Know What Love Is' apareció en el disco 
homónimo, ambos publicados en 1994


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lunes, 11 de junio de 2012

El despiece: Saint Etienne (enamorándome de)


¿Qué sabía yo de Saint Etienne? Y sin embargo tenía la vaga y absurda sensación de que lo sabía todo. Este despiece no puede ser como los anteriores, ocasiones en las que desarrollo sobre todo mi faceta de documentalista para destacar (o rescatar, en algunos casos) la trayectoria de un artista o una banda que he estudiado de manera natural y relajada en los años inmediatamente anteriores. Necesito aparcar lo estrictamente intelectual, los hechos históricos. Necesito derrochar chispas de bengala, resbalarme en hierba húmeda y descorchar una botella de champán para explicar la agitación que me ha producido pasarme la última semana destapando las cartas (equivalentes a dos, tres barajas y sumando) de la discografía del trío británico, sintiéndome cada vez más irremediablemente tentado. 

Cuando se revela de repente ante ti el recorrido de una banda que tiene más de veinte años de canciones a sus espaldas, te preguntas en qué momento te saltaste la verdad y el contenido y te perdiste en un desafortunado juego del teléfono en el que te llegó solo la información superflua, tergiversada y minorada. En el caso de Saint Etienne, si no te molestas en husmear a fondo, todo se reduce a que si Sarah Cracknell (voz) y su boa de plumas (a estas alturas harán de ello un referente estético inseparable de la banda como los gorros de Devo); que si lo petardo y Eurovisivo de sus canciones; que si el gusto por lo kitsch. También tuve pistas certeras y no las seguí: puede que la primera canción que escuchara de Saint Etienne fuera 'He's on the Phone' a los doce años, como mucha otra gente, en un momento en el que con un tema de ese género podían tocar el cielo y luego perderse entre los one-hit-wonders del eurodance de mediados de los noventa; pero el recuerdo más vívido que tengo de ellos es el de una banda en uno de sus momentos más sofisticados, la interpretación en directo de la canción 'Lose That Girl' en el Festival de Benicàssim de 1998 que programó durante unos meses el programa Sputnik en el Canal 33. Cómo adoraba esa canción... y sin embargo no busqué más. 

A veces la música te depara desencuentros inexplicables como estos y luego lo enmienda con una cita a ciegas como la de hace unos días en el concierto que dieron la última jornada del Primavera Sound. Era nuestro momento, supongo. Ya les había visto en 2009 y, aunque no me desagradaron en absoluto, no consumamos. Esta vez los singles de siempre entre los temas de su más reciente Words and Music by Saint Etienne se me hicieron irresistibles y al día siguiente no podía dejar de pensar en ellos.

Hasta ahora a penas debía tener una decena de canciones suyas en mi memoria, troceadas; esta semana habré escuchado más de sesenta, fascinado. No sabía ni que en la primeriza versión de Neil Young con la que saludaron al mundo en 1990, 'Only Love Can Break Your Heart', no cantaba Sarah Cracknell, sino Moira Lambert, y que la intención inicial de Bob Stanley (sintetizadores, teclados, etc) y Pete Wiggs (sintetizadores, teclados, etc) era contar con cantantes diferentes para cada tema hasta que dieron con Sarah, con la que compartían gusto por la música pop de los años sesenta y referencias estéticas de todo tipo. El contagioso ritmo hip hop grapado con las notas de un piano cercano al house de ese primer single situó a Saint Etienne en la pista de baile, lugar en el que han madurado algunos de sus frutos más jugosos, pero si algo define a su larga carrera es la sublimación de la canción pop melódica que se arrima a los géneros que necesita sin perder su personalidad y sin atrancarse. 

Ha sido su secreto magistral: pertenecer, en un momento dado, a universos tan dispares como los del sonido Manchester, el acid-house, el synth pop melancólico y suave de The Beloved y Pet Shop Boys; no desentonar al lado de Burt Bacharach, The Shirelles, Pulp, Lush, Stereolab (otros grandes investigadores del mundo pop por la vía más heterodoxa) o los grupos escandinavos de mediados de los noventa como los primeros The Cardigans; tampoco al lado de Betty Boo, Kylie y de los nombres anónimos que llenan los recopilatorios de dance europeo, de los que les separa su ineludible exquisitez. 

Colores relumbrantes por doquier: la espléndida y optimista 'Nothing Can Stop Us Now' y el despertar primaveral de las flautas en el bullicio urbano de Londres; la yuxtaposición de la suavidad transparente en la voz de Cracknell y la extroversión de los ritmos en 'People Get Real' o 'Mario's Cafe', con ese arreglo de cuerda en el estribillo que arrulla (el dream pop era esto); la electrónica más contenida de 'Finisterre' ("Me gusta sentirme ligeramente perdida / (...) Finisterre, para derribarlo y volver a empezar") y 'Heart Failed (in the Back of a Taxi)'; el aliento desperezado del folk melancólico y preciosista de 'Former Lover' y 'Marble Lions' (ambas de un Tiger Bay (1994) que descolocó a la prensa cuando se publicó pero que aguanta el tipo con dignidad en su discografía); la sensualidad seductora y magnética de 'Spring' ("Solo es primavera / eres demasiado joven para decir que ya no quieres saber nada del amor"); la reflexión más madura a ritmo de bossa-nova de 'Side Streets'; 'Postman', 'Erica America' o la antes mencionada 'Lose That Girl' ("Debería haberte dicho que te dejaras perder a esa chica / debería haberte dicho que ese mundo no es el tuyo") vistiendo de largo su faceta más estilosa y profusamente sesentas (algo ya abordado antes en canciones como 'You're in a Bad Way' o la balada 'Hobart Paving'), que ganaba protagonismo en el repertorio del álbum Good Humor (1998), para el que tomaron la acertada decisión de contar con el productor Tore Johansson y dejarse envolver en papel de seda y algodón, dando lugar a un disco suave y elegante con pizcas de easy-listening y sonidos retro. 

Me he encontrado con un sinfín de canciones compuestas y tratadas con mimo, con un fondo conmovedor en la mayoría de las ocasiones, divertido o deliciosamente sarcástico en otras; una receta sublimada y alterada con los años según sus intereses y necesidades, vertida caliente en moldes de distintas formas, todos únicos, de edición limitada y numerada. Ha sido un repaso extraño, lo sé; inabarcable y, al fin y al cabo, indescriptible. Vivirlo de golpe produce sensaciones fuertes, es como un tesoro que esconde infinitos misterios, pero haber crecido con ellos hubiera sido toda una suerte, y hasta educativo. Insisto como nadie lo hizo conmigo: ponga a Saint Etienne en su vida.

Para escuchar en Spotify:

01.Only Love Can Break Your Heart  02.Nothing Can Stop Us  
03.Spring  04.People Get Real (Foxbase Alpha, 1991)
05.You're in a Bad Way  06.Mario's Cafe (So Tough, 1993)
07.Former Lover  08.Marble Lions (Tiger Bay, 1994)
09.He's on the Phone (1995)
10.Woodcabin  11.Lose That Girl  12.Postman (Good Humor, 1998)
13.Heart Failed (in the Back of a Taxi) (Sound of Water, 1999)
14.Finisterre (Finisterre, 2002)
15.Teenage Winter (Tales from Turnpike House, 2005)
16.Burnt Out Car (London Conversations, 2008)
17.When I Was 17 (Words and Music by Saint Etienne, 2012)