domingo, 24 de noviembre de 2013

Por el atajo: Pale Saints - "Flesh Balloon" (1991)



















Julio de 1993. El sello británico 4AD cumple trece años de andadura y organiza un festival en el Institute of Contemporary Arts de Londres bajo el nombre de 13 Year Itch, inspirándose en el título de la película de Billy Wilder donde a Marilyn Monroe se le levantaba el vestido por sorpresa. Durante cinco días organizan eventos especiales, como una exposición del trabajo gráfico de Vaughan Oliver y su empresa v23 para las cubiertas de los discos y sobre todo conciertos únicos por varios motivos: Brendan Perry de Dead Can Dance da el primer recital en solitario de su carrera; Kristin Hersh presenta canciones del que será su primer disco a su nombre, que aún tardará seis meses en publicar... Es ahí también donde el 19 de julio Ian Masters (voz, bajo) se sube por última vez al escenario como integrante de Pale Saints.

"Estuvimos girando por América unas cinco o seis semanas, y era bastante obvio que Ian se había hartado mucho de ir de gira. Para él se convirtió en una repetición y no le llenaba en absoluto tocar en directo. Iba en una dirección diferente al resto de la banda, y sus ideas creativas también". 

Lo declaraba Meriel Barham (guitarra, voz) a la revista 3D World (septiembre 1994). Ella entró como segunda guitarrista a tiempo completo a finales de 1990 (cuando el grupo  ya había publicado su primer disco, The Comforts of Madness) y llevaba la voz cantante ocasionalmente, pero la conclusiva ausencia de Ian Masters -miembro fundador y voz principal- le deparaba un reto que no podía presagiar: Meriel pasó a ser la cara visible de Pale Saints cuando decidieron seguir a pesar de todo, aunque no por mucho tiempo. Desalentada por la tibia acogida del único disco que publicaron en esa etapa y agotada por la creciente tensión con los demás miembros, les comunicó su marcha a finales de 1995 y el grupo se disolvió definitivamente. Una última vuelta de tuerca en un recorrido que no hubieran podido imaginarse los tres jóvenes de Leeds -Graeme Naysmith (guitarra) y Chris Cooper (batería) además de Masters- que lo formaron en 1987. 

Flesh Balloon, EP aparecido en junio de 1991, es la primera referencia que publicó la formación siendo oficialmente un cuarteto. Por entonces la prensa británica había dicho que Pale Saints, junto a Lush, era el mejor fichaje de 4AD desde que debutaran Pixies y Throwing Muses. Este EP es una recomendable introducción a su discografía porque se alza en forma de tetraedro de plexiglás, siendo cada canción uno de sus lados, y cada uno de ellos le devuelve al oyente un golpe de luz singular que sintetiza un aspecto de su química y sus habilidades.

















"Llenos de misterio y romance, nuestros discos", declaró Chris Cooper al semanario NME en 1992. Era justamente él quien se mostraba más abierto a que las composiciones siguieran una línea de puntos que resultara en una forma accesible si así lo requerían, pero narraba con cierta preocupación que a veces parecían estar todos demasiado empecinados en complicarlas, un comodín que querían hacer equivaler a originalidad pero que podía convertirse en un viejo truco rápidamente para ellos. El vocalista Ian Masters tenía fama de complejo y de torturado por sus declaraciones a la prensa (mostrándose a veces confrontacional, a veces deliberadamente escéptico e irritante) y, acorde con eso, en Pale Saints era también quien más a menudo iba a buscar agua al pozo de la funebridad y quien más apostaba por esquivar a toda costa lo fácil. Ese choque de sensibilidades entre miembros cimentaba la esencia de una banda que estéticamente parecía ser un cruce entre la vertiente más afligida del after-punk y la corriente de pop embrutecido de mediados de los ochenta, con una confección melódica excelente. Se intentó meter a Pale Saints en la etiqueta shoegaze por proximidad temporal pero se desentendían de ella de manera natural: ellos desarrollaban los ambientes con delicadeza y no sofocaban la manifestación de su energía con láminas de cristal de culo de vaso.

Primer lado del tetraedro: 'Hunted', pura ambición. Resolver una pieza con varios giros ambientales llenos de detalles era uno de sus fuertes. Masters habla sobre como algo (¿la ineludible mala conciencia?) persigue a un personaje ya debilitado hasta que se rinde ("Las manos de un cirujano / el único modo / de librarle / del que ruega que desaparezca / Se siente libre cuando duerme / pero no hay tal paz / espera a que se despierte / se ríe en su cara"). Las notas limpias de guitarra al principio son el auspicio del trémulo temor que se refleja a continuación, también en la etérea voz de un vocalista que tenía la pureza propia de una voz blanca. Para cuando cambia el ritmo por un martilleo y entran en escena una nerviosa pandereta y la distorsión, la sumisión al cautiverio es evidente, y eso que no todo acaba ahí. El segundo lado quizás sea el menos llamativo, un instrumental llamado 'Porpoise' que destaca por ser la pieza más muscular y corporal, elaborada (caja de ritmos, capas de guitarras acuáticas, teclado vacilante) y directa. En tercer lugar está el subyugante pop sin rodeos: una versión en voz de Meriel del picaresco 'Kinky Love' popularizado por Nancy Sinatra (censurado en varias radios americanas a mediados de los setenta por ser demasiado sugerente), del que mantuvieron esa guitarra filtrada por un pedal wah-wah pero que transformaron ralentizando el tempo y haciendo de lo picante algo ensoñador (Meriel suena tan dulce como segura) que encaja en su universo a la perfección y además es un agradable y necesario respiro en este disco.

Ian Masters retoma el control para el último tema, una versión primeriza y abreviada de una canción que incluirían en su segundo disco In Ribbons (1992). La maqueta de 'Hair Shoes' (la única pieza no producida por Hugh Jones) muestra su cara más expresionista y quebradiza, siguiendo con el tortuoso estado anímico expuesto en 'Hunted'. Parece una hermana secreta de 'No More Sorry' de My Bloody Valentine, desde el planteamiento sonoro por supuesto, pero también desde la congoja de una persona abusada por otra que despide el EP con unas inquietantes palabras: "Tus alas están encima mío / si tuviera la fortaleza / para intentar / esconderme / Mira cómo me rompo / pero deja que conserve mi corazón, mi corazón".


Para escuchar en Spotify:
Pale Saints - Flesh Balloon









lunes, 18 de noviembre de 2013

Minutos: Sonic Youth - "Secret Girl" (1986)










En algún momento de la adolescencia, y sin que se tratara de una determinación meditada y madura (más bien un patrón de conducta espontáneo por acorralamiento), decidí vivir en la retaguardia. Que nadie me viera, que nadie supiera que estaba ahí. Creía que podía disolverme hasta ser imperceptible si no miraba a los ojos de la gente y no abría la boca. Sin molestar a nadie en un rincón. Pero con los matones en miniatura no se trata de que te calles sino de lo hagan ellos, por lo que no contraatacar y no devolverlas pronto se revela como la peor de las estrategias. Ser tímido y además una nenaza pone nerviosa a mucha gente. En el mismo momento que decidí deslizarme como un gusano por todos los lugares para no llamar la atención me causé un daño irreparable aún hoy: quería pasar inadvertido y acabé teniéndole pánico a la propia vida. 

Antes de esa época nunca había querido ser invisible, más bien todo lo contrario. Hacía coreografías y pretendía que las viera gente continuamente. Cantaba encima de discos de Sade en público. Eso es raro, pero los bullies no lo sabían. ¿Cómo molesté yo a los bullies? (Pensativo, me rasco la cabeza despeinándomela). Cinco años después era un chaval aturdido y que se sentía muy solo, pero dentro de ese pánico a existir y a conocer el día de mañana había empezado a educarme seriamente consumiendo cada vez más discos. La música que descubrí es lo más leal que conocí durante esos años. Recuerdo ponerme EVOL (1986) de Sonic Youth un sábado de madrugada que no podía dormir. Subí la cortina (la persiana aún estaba subida; era lo último que hacía al meterme en la cama, si no había entrado mi madre a hacerlo antes) y lo escuché con auriculares alternando las vistas de la oscuridad de mi habitación con las del trozo de cielo, eléctrico y opaco, que veía por la ventana a través del patio interior. La música me mantenía despierto pero también era la ansiedad de no comprender nada de lo que ocurría a mi alrededor. Era de esas primeras veces que sientes que la música te alivia, que está articulando exactamente lo que es en realidad intangible. 

"Mi madre solía decir: / 'Eres el chico / que puede gozar / de la invisibilidad' / Soy el chico / que puede gozar / de la invisibilidad". Supe mucho más tarde que estas primeras líneas eran un guiño a la novela Ulises (1922) de James Joyce, en concreto al primer episodio, en el que el protagonista y supuesto alter ego del autor recuerda a su madre fallecida. Esas palabras forman parte del texto de un pequeño musical popular a principios del siglo XX en Dublín llamado Turko the Terrible, en el cual un rey llamado Turko canta sobre cómo va a utilizar el poder de la invisibilidad que le ha concedido una rosa. En el libro se insinúa que la madre del protagonista iba a ver esos espectáculos en secreto.

En 'Secret Girl' Kim Gordon (voz) se apropia de unos versos que en la obra de Joyce se citan casi arbitrariamente, los transforma en una especie de bendición dicha por la madre y luego desarrolla el resto del texto como una especie de advertencia fantasmal por parte de la misma a su hijo. Los efectos ambientales del primer minuto van de lo ligeramente terrorífico al tipo de tensión que te impide tragar saliva cuando ya se escuchan esos golpes rítmicos que acaban entregándonos de la mano a la pieza musical principal. Un piano simple que suena con el siseo de una cinta de cassette; falsamente manso, más bien urgente, hermoso por encima de todas las cosas. Kim recita con ese tono insistente que parece rogar que escuche lo que dice y que tantas veces ha vuelto a utilizar en otras canciones de Sonic Youth. "Atraviésate / mírate / grita una vez más / arrástrate por el suelo / arde por dentro entre dos paredes". Eso era exactamente la angustia juvenil, y así es también ahora. Parecía lo más sano aislarse para evitar un dolor que me sobrepasaba pero en realidad el encierro equivalía a frustración. "Los anuncios dicen que el placer es eterno / debo estar muerto y en el cielo / ven y tócame aquí / para que sepa / que no estoy / allí". Estos últimos versos resumen esa tristeza e impotencia: todo el mundo vive su vida y tu estás desapareciendo de la tuya. La invisibilidad de la que hablaba la madre al principio, destacada al niño como si le dijera que tiene un poder especial y mágico, acaba siendo utilizada por él de la manera equivocada. O debería decir por mí.

Llevo unos siete años viviendo solo y la ciudad que me acoge ha visto cómo me crecía el maxilar inferior. Pero estoy conectado a esta canción por un cordón umbilical eterno. 'Secret Girl' también soy yo escondido en la vida adulta aún en tantas ocasiones. Hoy mismo. 


'Secret Girl' apareció en el disco EVOL de
Sonic Youth y en la banda sonora de la
película Made In USA, estrenada en 1986

Para escuchar en Spotify