viernes, 25 de abril de 2014

Minutos: 10,000 Maniacs - 'Like the Weather' (1987)


Llega el mes de abril y la astenia primaveral es una buena etiqueta -consensuada, asumida- para cualquier mala reacción, altibajo físico o anímico que acontece en ese impasse durante el cual dejamos atrás el invierno. Te lo dicen mucho y da igual que no te muestres convencido: "Eso es astenia primaveral", sugiriendo con ello que tengas paciencia porque ocurre cada año en este cambio de estación. Lo que no me ocurre todas las primaveras es quedarme sin trabajo como ahora -estaría bueno-, pero las últimas veces ha coincidido que ha sido en esta época del año y la mezcla de ambas cosas -el buen tiempo tras el frío y la incapacidad de llevar el parón forzoso con serenidad- sí que deriva en una situación explosiva. De repente, la idea de la astenia te puede suponer un alivio maravilloso; utilizar la palabra puede ser incluso una disculpa resultona para todo lo que te pasa que se resume, como dicen las abuelas, en que "estás como el tiempo".

"el color del cielo, por lo que veo desde aquí, es gris
levanto la cabeza de la almohada y vuelvo a dejarla caer
se me estremecen los huesos solo de pensar en el tiempo
mis labios tiemblan como si fuera a llorar"

Leído es aplastante. Nadie sospecharía que el lienzo sobre el que se escriben estas palabras está hecho de masa de crépe y pintado con sirope. 10,000 Maniacs, una banda que pocas veces se recuerda hoy, vieron en 1986 cómo su principal compositor (el guitarrista John Lombardo) se marchaba por problemas personales y frustración artística en medio de un ensayo, dejándoles con la incógnita de si serían capaces de componer por su cuenta. Natalie Merchant (voz desde 1981 a 1993) empezó a colaborar con el resto de miembros de la banda en lo que resultaron ser las canciones de In My Tribe (1987) y en la cálida reacción de público y crítica tuvieron la respuesta. Como R.E.M. o Everything But the Girl en la misma época, 10,000 Maniacs bordearon la línea entre el college rock, el indie y el pop para las masas (incluso de enfoque más adulto) y Merchant le cogió el gusto a la fórmula consistente en mezclar letras serias, de comentario social o político, con la música naturalmente jovial y desenfadada que creaba el grupo. En In My Tribe su estilo narrativo la muestra en su momento más equilibrado y afinado, ya que para el disco Blind Man's Zoo (1989) la sugestión se había transformado en predicación y aleccionamiento.

'Like the Weather' es una composición que firma únicamente Natalie Merchant. Hace años cuando la escuché por primera vez creí que el personaje era un anciano al que no le apetecía salir de la cama porque era dificultoso para él y que, absorbido por la melancolía ("ha pasado mucho tiempo desde mis mejores días / rezo cada noche para que esto pase"), deseaba la muerte. La yuxtaposición de una música alegre y contagiosa -aupada por esa línea de guitarra ascendiente, las congas y el teclado- y esa descripción de la falta de voluntad (y agallas) para dar la cara consigue vender una historia bastante seria de forma sorpresivamente satisfactoria. Ahora es mi canción del paro primaveral: el hastío, la apatía, los cambios de humor, la promesa de ser más disciplinado y más activo quedándose pendiente para el día siguiente, y el siguiente... Y esa música, que es el sonido del aire cálido y la hierba recién cortada, buscándote las cosquillas aunque te parezca que no tienes ningún motivo para estar contento.


'Like the Weather' apareció en el ábum In My Tribe
de 10,000 Maniacs, publicado en julio de 1987.
Fue extraída como single en 1988.



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viernes, 11 de abril de 2014

Escenarios: Cristina Lliso - Sala Luz de Gas (Barcelona), 8 de abril de 2014


La sonrisa que tuvo en el rostro Suso Saiz (guitarra, bajo, coros) durante el transcurso de la actuación de Cristina Lliso el pasado martes, duplicada en el rostro de ella cuando se miraban entre estrofas como si de un espejo se tratara, debe ser la mejor ilustración de las ganas que tenían de volver a coincidir sobre un escenario. La presentación en directo de Si Alguna Vez (2012) -el primer disco de Cristina en solitario- se ha demorado un par de años, pero su regreso a las salas de conciertos se ha producido tres lustros después de dejar su carrera en unos puntos suspensivos desoladores tras la publicación del único álbum de Lliso, un proyecto también compartido con Suso Saiz donde añadieron enteros de ruido y contraste a los experimentos iniciados en la última etapa de Esclarecidos.

La ubicación del concierto de Cristina Lliso dentro del Festival de la Guitarra de Barcelona me hizo pensar en ocasiones cuando artistas como Suzanne Vega o Sinéad O'Connor han sido programadas en contextos similares, rodeadas de un montón de nombres que a diferencia de ellas carecen del gusto por la textura y el dinamismo en sus planteamientos musicales. Sin querer o sin pensarlo, se las clasifica así en una vertiente musical adulta en el sentido más insulso del término, una lamentable equivocación. Rara es la vez que se menciona a Lliso sin hacer referencia a su intrínseca y perenne elegancia, pero no menos reivindicables son las heterodoxas decisiones que toma al respecto de cómo suena lo que hace. La que fuera voz de Esclarecidos podría haberse presentado con un guitarrista, desgranar sin esfuerzo y en acústico un repertorio que con el único roce de sus cuerdas vocales nos hubiera dejado en una nube, pero en lugar de eso sigue teniendo las ganas de hacer de la música algo mutable, crudo y vivo. Nada tuvo que ver lo que oímos con un concierto de cantautor cómodo y al uso.













Pensando en todo esto, la recogida intimidad de la sala Luz de Gas se me antojaba injusta. Me preguntaba por qué entre el público no había ninguno de los rostros de nuestros grupos de nueva hornada que de cinco años para aquí mencionan a Esclarecidos como influencia y les incluyen en las playlists que les piden los blogs musicales y de tendencias; grupos que con sede en Barcelona no son pocos. Nimiedades que se esfumaron de mi mente cuando desfilaron los músicos precediendo la entrada de Cristina, que se acomodó en un taburete -vestida de negro, incluidos esos guantes que la hacen inconfundible- y en la atmósfera de un acorde en clave menor que mutó en una envolvente versión de 'Bajo el Sauce', del disco de Lliso; la canción más oscura y críptica de la noche abriendo el repertorio de forma magistral, un detalle que resume el planteamiento aventurado que comentaba antes. 'Bajo el Sauce' fue disipándose como la niebla enlazada con 'La Duna de Pyle'. En la primera mitad del set, Suso Saiz y Pachi Alis sentaron la base con las guitarras acústicas mientras Emilio Saiz llevó el peso de una expresividad rugosa y excitante desde la eléctrica, desgañitándose sin contención en los pasajes que lo requerían. Asomaron, seguidos, los tres primeros rescates de Esclarecidos aplaudidos a rabiar: 'El Detalle', 'Cielo' (la versión de 'Heaven' de Talking Heads que grabaron para el recopilatorio Un Agujero en el Cielo, de 1993) y 'No Hay Nada Como Tú (Soberbia)', traducida de cuarteto de cuerda a trío de guitarras y dirigida por una voz limpia y emotiva como veinte años atrás. Dice Cristina Lliso que temía volver a cantar, pero que en los ensayos vio que llegaba más alto de lo que creía que podría. Que no tenga manías porque suena natural y espléndida.

Para el segundo segmento se eliminaron las guitarras acústicas. Alis se sentó a la batería y Suso Saiz se calzó el bajo para reinventar otro puñado de temas recientes y antiguos vía un crepitar eléctrico que llenó de vitalidad a 'Hola Amor', goteó con nostalgia sobre 'En Otro Mundo', se entrometió quizás demasiado en la soledad de 'Estoy Esperando a Mi Amor' (otro bonito e inesperado rescate) y recrudeció lo justo 'Arponera' y 'Tucán', que finalizó el grueso del set antes de que volvieran a salir Suso y Cristina entre aplausos, interpretando versiones acústicas de 'Suerte' ("ésta la grabamos como salió, era la primera vez que la tocábamos, y ahora es la tercera") y la cálida 'Mirar la Luna'. La cara de una moneda a la que se dio la vuelta cuando regresaron al escenario Emilio Saiz y Pachi Alis: 'El Club de los Inocentes' en una acertada versión garage rock (sucia como debía ser: Suso se dejó llevar tanto que perdió las notas y Emilio tuvo que sacar los ojos de las órbitas y mostrarle en qué traste estaban) y cierre con el cinismo ácido de 'El Futuro' ("Un huevo frito quiero cenar si mañana me voy a morir"), el single con el que se dio a conocer el proyecto Lliso en 1998. El futuro no existe, pero a veces depara grandes sorpresas como presenciar algo tan raro (por sospecharlo imposible tras tantos años) y valioso como este concierto. 

Setlist:

Bajo el Sauce / La Duna de Pyle / No Viajas Sola / El Detalle / Cielo / No Hay Nada Como Tú (Soberbia) / Entre Copas // En Otro Mundo / Para Qué Prometes / Hola Amor / Estoy Esperando a Mi Amor / Arponera / Tucán // Suerte / Mirar la Luna / El Club de los Inocentes / El Futuro