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El despiece: Tamaryn

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"Si te pasabas por Resurrection en Nueva York a principios de los 2000, probablemente te atendió una hermosa doble de Anais Nin-Mariska Vera con el pelo negro (pista: de fondo estaría sonando Shocking Blue). Su nombre es Tamaryn Brown , y es también la voluptuosa cantante de la banda psicodélica Tamaryn. Nos ha enviado un enlace al vídeo de su nueva canción, 'Return to Surrender', y estamos totalmente rendidos ante la esencia ensoñadora de su voz". ( Resurrection Vintage , marzo de 2009). Así empezaba una breve entrada en el blog de la tienda de Manhattan donde solía trabajar la vocalista de Tamaryn , de los únicos textos en la hemeroteca que menciona su apellido. Sumado al toque exótico del enigmático nombre de pila, hace que muchos ignoren u olviden que bautizó a su proyecto musical con su propio nombre, guardándose el derecho a someterlo a las transformaciones que ella necesitase, según sus inquietudes, en cualquier instante. Nunca lo ocultó y hace unas se...

Minutos: Tamaryn – ‘Dawning’ (2010)

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Suelo tener la apariencia de alguien muy tranquilo, sobre todo en las primeras impresiones o ante esas personas con las que no llegas a sobrepasar un nivel muy superficial aunque las veas reiteradamente. Mi silencio puede ser interpretado como escrutiñador, no sé si incluso podrá verse como el mutismo de alguien arrogante o desinteresado, y menudo disparate sería ese. Solo hace falta adivinar esos ojos que no aguantan las miradas directas durante muchos segundos, o cómo doblo cincuenta veces y reduzco a trizas las etiquetas de una botella de cerveza si la tengo a mano. Habitualmente me están pasando muchas cosas, demasiadas, por la cabeza aunque se materialicen en ese bloqueo formal. Soy un manojo de nervios, en definitiva. Cuanta energía desperdiciada por aturdimiento. Rara vez puedo remover esa inquietud de mi ser; a veces, eso sí, es prácticamente indetectable, pero otras me sume en un estado de abstracta expectación. Es como una cacerola llena de agua sobre un fogón manejado...

Escenarios: Primavera Club (Barcelona), 24 al 28 de noviembre de 2010

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Reviso mi informe sobre el Primavera Club del año pasado y me doy cuenta de que decidí destacar solo seis conciertos, si la memoria no me falla prácticamente los únicos que vi en condiciones. Este año, a priori, no había en el cartel nadie que me entusiasmara tanto como podían hacerlo Scout Niblett o Tara Jane O’neil sobre el papel; pero contra toda previsión (fuera por pillarme más despierto o más curioso) el recorrido por este cartel plagado de nombres que había ido investigando los últimos días ha acabado cundiendo más que el de 2009: todo lo bueno y todo lo malo ha conducido a algo, y las características de una banda me han llevado a entender a otras y viceversa. Profundizando en eso, si de algo me ha servido el Primavera Club es para confirmar mi predilección por la suciedad en la música, una cualidad sutil y para nada literal que se me antoja difícil de describir pero que me supone un problema cuando en un grupo brilla por su ausencia. Ese ‘algo’ quebradizo que hace que lo que s...