sábado, 18 de octubre de 2014

Minutos: Los Romeos - 'Arañas Mi Piel' (1992)









No ha llegado a convertirse en un hábito (lamentablemente no hay tanto material a revisar), pero llevo una temporada descubriendo los vídeos de las apariciones de Los Romeos en televisión con cierta fascinación. En 1990 se hartaron de acudir a TVE, introducidos por impagables prólogos de habituales de la caja tonta como Miriam Díaz-Aroca en su Cajón Desastre; de una joven Raquel-Estrenos de Cartelera-Revuelta acompañada por un futuro comentarista del corazón a quien no podríamos poner nombre; e inevitablemente de Beatriz Pecker ("una cantante muy sexy, ahora lo vais a ver"), la directora del programa musical de absoluta referencia en esa época, Rockopop. En todos estos años de internet, YouTube me ha echado por tierra la imagen de muchos artistas a quienes nunca había visto moverse sobre un escenario o intentar poner una mínima expresión en un videoclip. Ver a Patrizia Escoín (voz) acompañando sus exhalaciones vocales de Marilyn con gestos que de tan bruscos y excesivos remiten a la candidez de una actuación de fin de (cuarto) curso, por algún motivo, conforma una imagen estupenda, acorde con el chicle que se masca en la música. Patrizia, además, iba siempre luciendo tipo con mucha sapiencia.

Más allá de que les asociasen a la hornada de grupos de power-pop con chica rubia surgida en América e Inglaterra a finales de los años 80, el lugar de Los Romeos en el clima post-Movida del panorama musical español era bastante singular, como el de Los Sencillos o Lions In Love, bandas que mostraban indicios de renovación en la carta de referentes y colores antes de que llegase la generación noise-pop e hiciera hervir los canales alternativos en nuestro país. Aunque había unas ligeras ganas de quitarles el crédito mencionando a Primitives y a Transvision Vamp, la banda de Castellón encandiló fácilmente con las inmediatas canciones  de su primer disco, que iban del raca-raca ramoniano ('Dónde Estás', 'El Demonio Está Dentro de Mí') a un romanticismo ensoñador marca Blondie pero entonado por la Rosenvinge de Alex & Christina ('Mi Vida Rosa') y aproximaciones al pop sesentero ('Por Qué, Por Qué'). Las letras concienzudamente picarescas ("Muérdeme en el trasero, donde a mí me gusta más") tenían gracia y eran más auténticas que el melodrama churretoso que montaban Alberto Comesaña y Cristina del Valle para acabar echando un polvo en las canciones de Amistades Peligrosas.

"Con 'Arañas Mi Piel' teníamos un reto: hacer una canción de baile, pero que no fuese 'máquina', porque ya se sabe cuál es la fama 'bakaladera' de esta zona [Castellón]. Hemos conseguido un tema de baile que se puede pinchar en discotecas y además es guitarrero. Ha sido la única canción en la que hemos trabajado con samples y tecnología de ese tipo".
(Los Romeos en Rockdelux, diciembre 1992)

El single de presentación de su segundo álbum, Sangre Caliente (1992), como ellos mismos explicaban, era algo que sobresalía en su repertorio. Cuando conocieron a Patrizia, los tres malotes que la flanqueaban en el escenario -antes integrantes del grupo Morcillo el Bellaco y los Rítmicos- ya habían visto cumplidas sus intenciones de arrimarse más al pop, pero con 'Arañas Mi Piel' - firmada por el bajista Pedro López y producida por Paco Trinidad- empujaron ese objetivo más allá, tanto que parecía la más efervescente de sus composiciones nuevas. Para ello fijaron la vista en la psicodelia ácida y bailable que desde finales de los 80 emitía señales desde Manchester y saturaba de guateques los clubes de Inglaterra; no faltaba ni un detalle: la apertura con unos sitares remolones, un punteo de guitarra con wah-wah, el ritmo programado y un estribillo paradisíaco que seguía siendo todo anhelo ("Quiero tenerte my despacio / mientras tú, mi dulce amor, arañas mi piel"), pero se notaba que Patrizia cantaba con más presencia y menos jueguecitos. Rastros indudables de Happy Mondays y 808 State, pero también de Curve (que fueron a su vez el patrón de lo que harían Garbage más adelante) y hasta de los U2 reciclados a principios de esa década. Un single redondo, de esos que están más perdidos de lo que deberían (habrá quien en cambio sepa entonar 'Desesperada' de Marta Sánchez), merecedor de una revisión que bien seguro le hará ganar un lugar en el reproductor de más de una biblioteca digital (no lo busquéis en Spotify ni en iTunes: EMI les ha borrado del mapa).



'Arañas Mi Piel' apareció en el disco Sangre Caliente,
publicado en otoño de 1992, y fue publicada
como single precediendo al álbum.



Y habiéndolo escuchado entero mientras escribía, queda
recomendada también la revisión de su disco de debut,
todo jarana, melodía, encanto y sorna; se puede 
escuchar, y podemos dar gracias, en Grooveshark:








martes, 30 de septiembre de 2014

Caso abierto: Tanya Donelly - "Lovesongs For Underdogs" (1997)



















Me he pasado el verano leyéndome Facing the Other Way: The Story of 4AD, el libro donde el periodista Martin Ashton se relaja -más de lo que pueden algunos de los personajes a quienes entrevista, expuestos a revisar muchos recuerdos agridulces- para contar los logros e infortunios del sello discográfico británico 4AD en su época más significativa e iconográfica, dos décadas en que el gusto de su fundador Ivo Watts-Russell fue una guía exquisita para dar a conocer a artistas únicos. Los números de catálogo de los discos se suceden en los capítulos -divididos por años- a la vez que se retrata el nadir y el deterioro de muchas relaciones personales entre músicos, creativos y amigos. Tanya Donelly, por ejemplo, había estrenado la década de los 90 dejando primero Throwing Muses (el primer fichaje americano de 4AD) y luego The Breeders, en ambos casos porque estaba determinada a iniciar un proyecto propio ya que empezaba a sentitse más cómoda en el papel de cantante y se estaba volviendo más prolífica componiendo. Formó entonces Belly pero la banda no llegó a las Navidades de 1995, desintegrándose tras un año de vuelcos estomacales y daños irreparables. Tras cinco años de cambios y en este contexto, como ella explicó, se lanzó a probar en solitario más por un sentimiento de derrota que por la necesidad de ver su nombre coronando la portada de los discos.

En el capítulo que trata el año 1997 Ashton me sorprendió con una afirmación muy positiva sobre el primer disco en solitario de Tanya que jamás se me hubiera ocurrido y que no se asemeja a nada que haya leído sobre Lovesongs for Underdogs en todos estos años: “El nuevo disco de Donelly emulaba el debut de Belly y, en gran parte, lo mejoraba”. En general, probablemente incluso para sus seguidores más incondicionales, esta es una afirmación poco popular. Star, el primer álbum de Belly publicado en 1993, se considera la cumbre creativa de Tanya en su juventud, la consolidación del estilo que dejó entrever en las pocas canciones que encajó en los discos de Throwing Muses y que vibraba ahora en Belly entre rayotes de polvo escarlata, retales de musgo y cucharadas de luna helada. Era recurrente hablar de cómo sus canciones suponían un suspiro agradable al lado de las de Kristin Hersh, pero la inclinación pop de Tanya no era nada ortodoxa. Acordes reconocibles aquí y allá y una mayor concisión melódica, sí, pero redondeada por una imaginería enigmática, perversa en ocasiones, e instrumentación húmeda por fuera e inmunda por dentro.
















La primera reseña que leí sobre Lovesongs For Underdogs, cuando tenía 13 años y a penas sabía quién era Donelly, la firmaba Miguel Martínez en el número de noviembre de 1997 de Rockdelux y decía cosas como ésta: "Neuróticas canciones de amor para un menú de sacarina y espinas que mata el hambre, pero, como dicen los abuelos, no alimenta. (...) hay momentos en que 'Mysteries of the Unexplained' llama a la puerta de ¡Roxette!: menos mal que da la vuelta antes de que la abran". No era el único que consideró que Tanya debutaba por su cuenta con un disco que tenía poca sustancia y menos intriga. Otra reseña cogida al azar, firmada por Jim Wirth en NME, llegaba a afirmar que su ablandamiento se debía a que se había casado el año anterior con el músico Dean Fisher: "Un disco para adultos sin las partes groseras. De hecho no hay ninguna parte sucia; los versos y las notas están tan impecablemente pulidos como un mueble de IKEA (...) y desdentados como una gallina". La decepción de muchos ante el inesperado final de Belly aún se mascaba, pero hoy han pasado diecisiete años y el bagaje de Tanya no tiene ningún peso encima de este disco; está libre de su contexto original, no tiene que acomplejarse por faltar a una impuesta credibilidad alternativa y ahora cabe preguntarse: ¿era tan terrible? Es exactamente la cuestión que disparó en mi mente Martin Ashton destacándolo en su libro.

"Cuando empezó el declive de Belly hubo un par de años de pánico en los que me centré en mantener mi posición (en el mundo musical), hasta que de repente me di cuenta de que no sabía por qué (risas), no tenía una buena respuesta y las que tenía no tenían nada que ver con la música, así que di un paso atrás". Lo explicaba Tanya Donelly en una entrevista radiofónica de 2002, confirmando que Lovesongs For Underdogs había sido su último intento de exponerse a un mainstream para el que lo alternativo era un rescoldo residual pasado de moda y que para rellenar su estrecha parcela de artistas femeninas no veía más allá de autoras al estilo de Alanis Morissette y Sheryl Crow, a quienes vendían como mujeres a la altura de los hombres,  profesionales y fuertes. Aún así, era un campo de juego donde la discográfica americana de Donelly pretendía arrojarla esperando repetir a su nombre la cifras que Belly consiguió con Star (casi un millón de copias vendidas entre 1993 y 1994). La selección del repertorio final fue moldeada con dichas intenciones: a finales de 1996 tenía grabadas un total de 21 canciones que configuraban la colección más ecléctica de toda su carrera -algunas precedieron al álbum en el EP Sliding & Diving (1996)- pero muchas de las que daban rodeos estilísticos perdieron favoritismos frente a las que podían atar un disco más agradable y accesible.























Las muestras de esa inquietud latente que según los críticos más condescendientes y jaraneros no había quedado representada en Lovesongs For Underdogs pueden encontrarse en los singles Pretty Deep y The Bright Light, que recogen los descartes de las sesiones. Escuchados juntos dan para un álbum muy distinto: 'Life On Sirius' mezclaba un arpegio de guitarra reminiscente de Felt con una caja de ritmos y un coro de voces etéreas que la emparentaban con las producciones de Robin Guthrie para Lush; 'Morna' y 'How Can You Sleep' bebían de su pozo más turbador e impreciso; 'Bury My Heart', tiesa y marcial en las estrofas, florecía en un melancólico vals más tarde. Había pop efectista ('These Days' con sus despistes rítmicos), ligero ('Influenza', 'Vanilla') y paródico (el western drama trotón de 'Spaghetti'), todo ello producido por Wally Gagel, un ingeniero que había trabajado con bandas como Superchunk, The Folk Implosion, Come o Steve Wynn. Pero fue la propia Tanya quien decidió orientar el concepto del disco hacia algo más inmediato. 

Para equilibrar el total de piezas que marchaban sobre sonoridades más acústicas registró otras cuatro canciones con su manager y co-productor Gary Smith -contando con David Narcizo a la batería- que aportaron al conjunto más nervio y pegada, tres de ellas abriendo en bloque el álbum rebosando electricidad. ¿Se podía reprochar a Donelly que abrazara el pop-rock más estándar en 'Pretty Deep' y 'The Bright Light'? No era más que la refinación de lo que venía haciendo hacía años, repuntado por unas letras que seguían siendo insólitas en las emisoras de FM; en la primera, despachaba los versos: "Creíste que habías visto un muerto en la playa / cuando nos acercamos era solo una llanta / y te decepcionaste, me di cuenta"; en la segunda, se entregaba encantada a la abducción alienígena. 'Landspeed Song' celebraba al ritmo de un rockabilly recortado fuera de los márgenes su consolidado y aún efervescente romance, y 'Breathe Around You' la parte más animal del mismo. 'Lantern' había sobrevivido a la selección entre el repertorio más experimental producido por Wally Gagel  (un crudo riff de guitarra al borde del desafine aderezado con lapsus y distracciones varias), pero el resto de temas (a excepción de 'Clipped', que mantenía una tensión de aires fronterizos hasta dar con un estribillo de los suyos) daban fe del momento de estabilidad que estaba viviendo Tanya por primera vez en su vida. Por la vía intimista podía pasarse de caramelo ('Manna', 'Mysteries of the Unexplained') pero también ser sublime, como demuestran 'Goat Girl' (un retrato jocoso de su reconocida torpeza, en forma de country-folk), 'Swoon' y 'Acrobat' ("Hay que ser acróbata para tocarla donde pueda sentir algo"), ésta última resolviendo magistralmente su oscuridad con los arreglos de cuerda y unas chocantes onomatopeyas aviares.

Solo el tiempo ha podido demostrar que este paquete de composiciones ni desluce ni está tan desligado de su pasado como se determinó apresuradamente. Lovesongs For Underdogs es un disco de pop ameno y digerible que funciona también como puente entre el ayer y los trabajos que han definido su madurez: desde la serenidad exquisita de Whiskey Tango Ghosts (2004) al riquísimo eclecticismo con que ha sorprendido a lo largo del último año entregando los cinco volúmenes de Swan Song Series a través de su página web y Bandcamp, una variedad que se refleja directamente en espíritu e ímpetu con la de esa Tanya Donelly que se lanzó a la piscina sola en 1996 y que podía haber tirado por cualquier lado. Cuando viajó a Gran Bretaña para presentar su segundo disco en 2002 ya ironizaba sobre el sitio que había elegido ocupar: llamó a la gira Preaching the Converted (Predicando a los Convertidos).




Para escuchar en Spotify:


Y debajo la selección de canciones descartadas
de las sesiones del disco, publicadas en el EP
Sliding & Diving en 1996 y en los posteriores
singles extraídos de Lovesongs For Underdogs.










martes, 19 de agosto de 2014

Minutos: Billy Idol - 'Eyes Without a Face' (1983)








En la casa donde crecí había cintas de cassette de mis padres que escuchaba de manera obsesiva, otras que quería escuchar pero no había manera (recuerdo que llegaba un punto en que la cinta de Wave de Patti Smith no giraba, y ahí se quedaba), unas sobre las que grababa encima desconsideradamente y otras que no despertaban mi interés en absoluto, como Deep de Peter Murphy o Whiplash Smile de Billy Idol. Ni siquiera recuerdo que ellos las pusieran demasiado, pero ahí estaban las cajas de las cintas originales, dando vueltas por el comedor y por el coche. Eso es todo lo que yo conocía de Billy Idol siendo un crío a principios de los 90: una foto en tono sepia de un tío que para mí era como Marie Fredricksson de Roxette poniendo la mueca que le pedirían a un niño que posara para un catálogo de ropa infantil de inspiración motera; o para el papel de crío endiablado que hace la vida imposible a una adolescente que se estrena como canguro en una serie como Padres Forzosos.

El estilo de Billy Idol adoptó unas maneras tan típicamente californianas (a pesar de que fue a Nueva York donde se trasladó para empezar su carrera en solitario) que jamás se me hubiera ocurrido pensar que era británico, pero sí que lo era, y también miembro de la pandilla que seguía a los Sex Pistols a todos los conciertos a finales de los 70. Idol formó parte del grupo Generation X durante unos años y utilizó una de las mejores canciones de éstos, 'Dancing With Myself', para realizar la transición de miembro de la banda a solista (le pasó la pulidora para hacerla más accesible, la volvió a publicar y acertó), pero no fue hasta la edición de su segundo álbum Rebel Yell (1983) cuando consolidó su éxito a un nivel realmente mayoritario.

Para entonces su imagen ya era la caricatura que complacía a la MTV. Una mañana, grabando videoclips del programa de Canal + Buenos Días, Buenos Clips cuando las cadenas privadas todavía se sintonizaban mal en mi casa, apareció Billy Idol en la pantalla, su rostro iluminado por un foco y el resto todo oscuridad. Era la primera vez que escuchaba 'Eyes Wihout a Face', y debo añadir que verle a él marca la diferencia. Para peor, por supuesto. Toda la sutileza que uno pueda apreciar en una canción que ya es algo inusual en su repertorio queda esfumada ante un muestrario de histriónicos semblantes de enfado y siluetas de mujeres vestidas con lencería de cuero. Quizás, dada la hipersensibilidad recogida en la interpretación vocal y en la letra, Idol necesitaba dejar claro que aunque hablase de cómo le habían embaucado y engañado, él seguía siendo un tipo duro que ante todo estaba furioso.

Quizás lo que me fascina de este tema es que (casi, casi) no es propio de lo que solía hacer Billy Idol musicalmente. El título lo sacó de la película francesa Les Yeux Sans Visage (1960), aunque nada tiene que ver con la escalofriante historia de un cirujano que secuestra a varias chicas para poder reconstruir el rostro de su hija -desfigurado en un accidente- con su piel. Idol le canta a quien le ha timado, pero el resentimiento no es tan fuerte como la vulnerabilidad expuesta, por muchas caras que ponga: "Cuando esté lejos de casa / no me llames por teléfono / para decirme que estás sola / Es fácil embaucar / fácil dar esperanzas / pero difícil soltarse". Un coro femenino (en realidad la voz doblada de la que era su novia, Perri Lister) repite con anhelo el título de la canción en francés. Los "ojos sin cara" o el recuerdo afilado de alguien que nunca se dio a conocer. 

Billy Idol suena tan tierno como si fuera Frankie Avalon cantándole 'Beauty School Dropout' a Frenchy de Grease en un club de nuevos románticos de Birmingham... Hasta que entra una sección terrible después del segundo estribillo que demuele la mística de la canción a golpe de guitarra hard-rockera (la cuota californiana). Lo peor es que dura poco más de un minuto, quizás demasiado para el oyente antes de regresar al vaporoso synthpop del principio. Lo mejor es que en el videoclip esa parte fue correspondida con vulgaridad a la altura: Idol haciendo poses al lado de un guitarrista fantoche, chicas de espaldas usando sus traseros -cubiertos en medias de rejilla- como percusión, un heptágono de fuego custodiado por una decena de encapuchados... Y la MTV dando su aprobación, nominando al videoclip como candidato a los premios a mejor edición y mejor cinematografía (no se llevó ninguno, eso sí).

Para escuchar sin prejuicios. Y con una cara sin ojos.



'Eyes Without a Face' apareció en el disco
Rebel Yell, publicado en noviembre de 1983,
y posteriormente se editó como single en 1984


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