sábado, 8 de enero de 2011

Minutos: Cat Power - 'Colors and the Kids' (1998)



Recuerdo todas las veces que sentí ese impulso natural, siempre súbito, que hacía que me condujera hacia la guitarra o el teclado casi como quien es dirigido por hipnosis o sonambulismo, colocar los dedos encima del instrumento y dar con algo que por alguna razón tenía sentido. Preparaba entonces alguna cinta -habitualmente no virgen; llegué a borrar hasta viejas cintas originales de Héroes del Silencio de mi madre- en el radiocassette de doble pletina para grabar todo lo que pudiera suceder. Play, rec. Los acordes y arpegios repitiéndose en bucle durante siete, diez minutos; la melodía brotando silvestre y desconocida; fonética arbitraria mezclada con palabras reales que con los debidos pespuntes acabarían en la letra. La emoción de rebobinar y escuchar algo que no sabías muy bien de dónde había venido, y el extraño alivio al haberte sacado algo del tórax, fuera lo que fuera. Lo echo mucho de menos. Ahora, lo que me alegra y lo que me duele, todas mis metáforas y mi sensibilidad, las regalo escribiendo sobre la música de los demás.

En enero de 1998, en plena mezcla del disco Moon Pix, cuarto de Cat Power, el ingeniero Matt Voigt se encontraba escuchando las pistas finales para darle forma a la secuenciación del álbum, en principio ya acabado. Chan Marshall se puso a jugar en el piano del estudio de grabación hasta acomodarse en una simple variación de La y Re, e inesperadamente se vio inmersa en el maravilloso proceso improvisado que he narrado antes y que ella habrá vivido centenares de veces, aunque me pregunto cuántas con la claridad y la seguridad que irradia 'Colors and the Kids'. La leyenda cuenta que en determinado momento, habiendo encontrado cuatro ideas para las palabras, pidió al ingeniero que pulsara el botón y que lo que escuchamos en Moon Pix es esa primera toma, seis minutos y medio que podrían ser el doble sin que nos diéramos cuenta ya que en esos simples dos acordes Marshall ampara un cálido sentimiento de morriña.

"Podría quedarme aquí, convertirme en alguien diferente
podría quedarme aquí, convertirme en alguien mejor
Es tan duro pasear por la ciudad
porque le quieres decir 'Hola' a todo el mundo
es tan duro pasear por la ciudad
porque le quieres decir 'Te quiero' a todo el mundo"

La yuxtaposición de la terrible soledad llegada la vida adulta con los recuerdos alegres que guarda de tres personas (dos de sus mejores amigos y su sobrina) erigen una sensación de deseo por recuperar el brío despreocupado de los días de infancia y adolescencia ("¿Me encontrarás en la playa? / podemos arremangarnos los tejanos para que la marea no nos pille por debajo de las rodillas") y de tener cerca a quienes quiere, a los cuales solo puede evocar mediante el bullicio de los niños ("Deben ser los colores y los niños lo que me hace sentir viva / porque la música me aburre hasta morir").


'Colors and the Kids' apareció en el disco Moon Pix,
publicado en septiembre de 1998