jueves, 24 de marzo de 2011

Minutos: Laura Veirs - 'I Can See Your Tracks' (2010)


Últimamente parezco tener una fijación con las canciones que hablan de la expectación o del temor a lo que va a pasar; me hablan muy directamente y enseguida me pongo trascendental y sensible como un crío. Será que tengo una sensación de inmovilismo y cambio de manera simultánea, que es muy rara. También será que tiendo a agarrarme con fuerza a lo que no puede ser, a algo que sigo mirando con ojos brillantes pero que se aleja. Hay una parte de mí que sigue muy conectada a la conducta que tenía los primeros días que mi madre me llevó a la guardería: se ve que cuando estábamos a punto de llegar a la puerta, solía vomitarme encima y tenía que llevarme a casa a cambiarme. Evidentemente no tenía aún ni el conocimiento ni la astucia para actuar con alevosía, pero veo ahí un precedente de ese miedo al mundo real y del intento por rascar unos segundos más de la calidez y la seguridad de estar cobijado en los brazos de una figura afectuosa. Sin duda más una necesidad visceral que un capricho.

Mediante el uso de elementos que habitan en parajes marinos y oceánicos, campestres y agrestes, Laura Veirs lleva haciendo de su fascinación por la naturaleza y la riqueza implícita en sus imágenes todo un lenguaje que contagia a su música y la hace muy genuina, configurando una lectura del folk que respira utilizando pequeños arreglos portadores de un entorno sonoro vivaracho, silvestre y húmedo como las criaturas y las condiciones meteorológicas que se desarrollan en sus palabras. ‘I Can See Your Tracks’ abría su último trabajo hasta la fecha, July Flame, pero más que dar inicio a un disco y basta, recoge la sensación de nuevo comienzo con mayúsculas. Desprende el aroma de la aurora primaveral en pleno bosque y late, bajo corteza de árbol y trementina, con una ternura no lejana a la que entendemos en las historias de Maurice Sendak. En la letra Veirs es alguien consciente de que debe mirar adelante y aceptar una ausencia, y en cada una de las tres estrofas sobre las que se construye la canción la vemos tentada por los recuerdos pero resolviendo ese escozor con firmeza antes de pasar a la siguiente:

“Oh, puedo ver tus huellas
pero no las seguiré,
desearé que llueva o que se desate un viento enloquecido
para borrarlas, sumirlas en el olvido”

Es una manera bellísima de expresar en palabras la certeza de que uno debe crecer y aprender a estar solo, a desligarse de quien le daba su afecto o le suponía la imagen de alguien protector, o simplemente cómplice. La cadencia de la música, en acordes mayores, le da a la historia el sentimiento justo de coraje y confianza en que superar eso no será nada terrible, como la aventura de un cuento. En esos primeros versos se hace referencia a preferir no saber hacia dónde se está dirigiendo la vida de esa otra persona; en la segunda, lo sabe pero no se permite que le flojeen las rodillas (“Puedo oler el humo de tu hoguera / pero te dejaré en paz / y dormiré en esta cueva solitaria”); y en la última acepta que debe aprender a protegerse sola y a seguir con su vida (“Puedo oír a las serpientes / arrastrándose en la escena / tiemblo con las botas puestas / pero tú no me oirás gritar / ya estás camino de Nueva Orleans”).

La producción del habitual Tucker Martine es todo un acierto: de la misma forma que en otras ocasiones parece que podamos ver una sucesión colorista de peces saltando fuera del océano, en ésta se opta por centrarse en el arpegio de la guitarra y la balsámica voz (con el justo reverb) de Laura, a la que acompaña una acertada armonía vocal de Jim James que interviene brevemente antes de la última estrofa.

Un alivio para los que bregamos (muchas veces con nosotros mismos) para crecer, o no podemos evitar colgarnos de la nostalgia más de lo aconsejable. Para los que llevamos muy cerca del tejido del corazón a los que están lejos.


'I Can See Your Tracks' apareció en el disco July Flame,
publicado en enero de 2010