jueves, 5 de abril de 2012

Momentum: Neneh Cherry - "Homebrew" (1992) / Colaboraciones con Tricky (1995-96)















14 de julio de 1996. Última jornada de la primera e insólitamente estimulante edición del Doctor Music Festival en Escalarre. A las seis de la tarde en el escenario grande, precediendo a la reaparición de Patti Smith, está programada una actuación no menos esperada, la de Neneh Cherry presentando las canciones de su primer disco en una larga temporada (Man, que se publicaría pasado el verano). Altas expectativas para una artista que había transgredido todas las etiquetas a base de mezclar estilos (rap, pop, hip hop, rock, jazz) y que había manejado su carrera con sabiduría y calma, desatendiendo esos compromisos artísticos y formales que se dan por sentados cuando uno se convierte en un personaje de primera línea del pop de masas, como le ocurrió a ella tras publicar el álbum Raw Like Sushi (y más concretamente el single Buffalo Stance). 

En el amanecer del año de gloria del trip hop (un monstruo del que ella fue pionera y que creció en su ausencia), tras cuatro años de noticias intermitentes y confusas ('7 Seconds' con Youssou N'Dour, 'Trouble Man' para un disco tributo a Marvin Gaye, un bochornoso 'Love Can Build a Bridge' junto a Chrissie Hynde y -glups- Cher) pero con el aval de las acertadas decisiones que le llevaron a parir sus discos anteriores, se esperaba que Neneh Cherry diera una vuelta de tuerca al aventurado cruce de estilos que la hacía única. Nada más lejos de la realidad, su actuación en Doctor Music fue chocante por todas las razones equivocadas: se subió al escenario ataviada con vestimenta militar y se dedicó a hacer estallar las canciones a base de guitarrazos setenteros, versión de 'Crosstown Traffic' de Jimi Hendrix incluida. El desconcierto puso a todo el mundo en guardia, y cuando apareció Man al cabo de un par de meses, a pesar de tratarse de un correcto disco de pop-rock, la reacción fue tibia. Aunque ha seguido inquieta, formando parte de proyectos como CirKus o colaborando con el grupo de jazz experimental The Thing en un disco que verá la luz en junio, Cherry no ha vuelto a publicar un álbum a su nombre desde entonces.























Era solo un paso en falso, un movimiento a medio gas para una mujer que había sorprendido a todos sobreviniendo el repentino éxito de su debut con un silencio discográfico que no rompería hasta 1992, alejándose de la vivacidad urbana, agitada y combativa que había hecho de ella toda una figura de vanguardia en el mundo del pop en 1989. Su relevancia quedó patentada con su contribución al disco benéfico Red Hot + Blue (1990), el primer proyecto musical en beneficio del avance en las investigaciones para la cura del SIDA, para el que se apropió libremente del 'I've Got You Under My Skin' de Cole Porter convirtiéndolo en un tema oscuro y tenso que recogía perfectamente toda la angustia y el miedo que se tenía a la imparable enfermedad. Tras ese single, recogió los bártulos junto a su marido y fiel colaborador Cameron McVey y sus hijos, y se dirigió a su Hässleholm natal (en Suecia) para alejarse del alboroto mediático en el que había estado nadando dos años.

La domesticidad marcaría ampliamente la naturaleza de Homebrew (1992), empezando por su grabación en la misma casa donde Neneh se había criado de pequeña y rematándolo con el envoltorio de Jean Baptiste Mondino para el disco (esa foto de ella en la portada al lado de un cochecito, el nombre bordado encima con hilo). Donde su primer álbum era salvaje y experimentaba con una electrónica y unos sintetizadores más fríos y a la postre más anclados en los últimos años de los ochenta, aquí se respira la quietud de la tranquilidad de espíritu fuera de la urbe. Se vuelve a dar una fusión de estilos, vuelven a sonar scratches y samples, pero con un encofrado recrudecido, orgánico, en el que la cantante puede permitirse sonar más suave y campechana. Como muestra un botón, al principio de 'I Ain't Gone Under Yet': su hija pequeña le reclama y, con el fondo de una guitarra empezando a sonar, Cherry le dice "Estate callada cariño, déjame cantar solo esta canción, no voy a tardar ni un minuto". La pieza coge enseguida un cuerpo jazz con el añadido de la batería y acto seguido recita un rap sobre su derecho a decidir cómo vivir su vida y su negación a hundirse, sin ninguna agresividad pero sin dejar indiferente en absoluto. Lo espontáneo, íntimo y minimalista tiene un peso crucial; es música con mensaje pero también con mucho espacio.

'Money Love' (con su discurso anti-materialista) fue el primer single no en balde, pues es una canción de aire pendenciero (esa guitarra eléctrica, ese estribillo instantáneo) que puede recordar a los días de Raw Like Sushi, pero el resto del repertorio se aleja de esa agitación excepto en contadas ocasiones: 'Buddy X', otra carta ganadora melódicamente y construida sobre atractivos loops, podría machacar más su estribillo, pero se diluye antes de llegar a los tres minutos como una jam que no le apetece alargar más; 'Trout' (que habla de la educación sexual en los colegios) cuenta con la colaboración vocal de Michael Stipe (R.E.M.), creciendo a partir de un crepitante riff de guitarra que es esponja de esparto y un ritmo hip hop fulminante; y 'Sassy', junto al rapero Guru, es la que más se arrima al hip hop metropolitano pero sin perder la cadencia jazz y el misterio femenino ("Nunca has visto a una chica así en la vida / porque es caradura y completamente segura", dice Guru).

En 'Somedays' reconocemos la tristeza solemne y la rugosidad formal de Geof Barrow dos años antes de debutar con su proyecto, Portishead. La madurez y las reflexiones quedan expresamente retratadas en los medios tiempos como éste, especialmente en los dos que concluyen el álbum. 'Peace in Mind', entre campanitas y teclados ambientales, es auto-explicativa des del título ("Conseguí algo de paz mental en el cariño de un extraño / como pasa con el amor entre buitres, cogimos el uno del otro"), y 'Red Paint' -dedicada a su madre- ahonda en el sentimiento de necesitar un hogar y sentirse a salvo en él, de no olvidarse de las raíces ("La insensibilidad se apoderó de mí, y sentí como me pintaba de azul por dentro / y me marché, cogiendo una parte tuya / como pintura roja en la suela del zapato", dice; su madre es pintora).














A partir de ahí, Neneh Cherry podía haberse decantado por cualquier cosa. La muerte de su padrastro -el legendario trompetista Don Cherry- en octubre de 1995 le hizo enfocar el álbum Man desde una perspectiva más sentimental y musicalmente convencional. Nadó y guardó la ropa, y entre esa ropa se quedó una opción que hubiera podido haber hecho de ese disco algo mucho más estimulante. Se trata de una serie de colaboraciones con Tricky, el hombre más buscado de 1995 gracias a lo sorpresivo de su primer trabajo Maxinquaye y en absoluto un desconocido para Cherry: ahí estaban los dos, en 1990, contribuyendo al esencial Blue Lines de Massive Attack (que se grabó en la residencia londinense de Neneh).

En algún momento de 1996 llegó a correr el rumor de que iba a publicarse un EP a nombre de los dos, pero en cuanto Man salió al mercado sus colaboraciones fueron desvelándose como temas añadidos a los singles que se fueron extrayendo del disco (Woman, Kootchi y Feel It), haciendo que hoy sean de ese tipo de rarezas que lamentablemente son demasiado inaccesibles. El mismo Tricky se sorprendió al saber que Neneh iba a utilizar tan poco de la docena de canciones que registraron entre 1995 y 1996. Solo una de esas piezas al alimón, 'Together Now' -con su seductor y juguetón traqueteo-, acabó en los discos de ambos (en el caso de él, en su proyecto puntual Nearly God). Para los seguidores de Tricky, y en especial para los que siguen fascinados con sus hallazgos en esa primera etapa de su carrera, los resultados de estas sesiones con Neneh (exceptuando quizás la inacabada 'I Wanna Know') son interesantes añadidos a su discografía: 'Crack Baby' está literalmente intoxicada de la droga que menciona en el título, envuelta en claustrofobia y polvo espeso -samples de tos asmática y voz de bebé, el sonido de un mechero que intenta ser encendido nerviosamente sin éxito-, y 'Had You in Me' contiene capas divergentes que acaban causando una sensación similar, caótica y alterada. 'Devotion', en cambio, podría llegar a poner roja de envidia a Martina Topley-Bird: todo sosiego y suavidad ("Ahógame con emoción / abandóname con devoción / ¿por qué no estamos hablando?"). Con el habitual desfile de sonidos tribales, chasquidos y humareda, cualquiera de ellas podría ser un número de peso en el aclamado Maxinquaye del artista de Bristol, y a Cherry la sitúa en una senda de rugosidades y riesgo que de haberla seguido con mayor seguridad (apostando por ella) nos habría brindado una continuación más acertada de Homebrew.



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