martes, 18 de diciembre de 2012

Por el atajo: Anna Domino - "East and West" / "Rythm" (1984)















El otro día vi Absolute Beginners (Julien Temple, 1986), en un cine y por segunda vez, cosa que poca gente puede (quiere) afirmar: es un film bastante recóndito (los propios implicados lo han enterrado tras su fiasco en taquilla) y además es, bueno, un bodrio. La película, que retrata a los jóvenes londinenses a finales de los años cincuenta, transcurre entre el absurdo más llano (una relación de amor idílico entorpecida) y el comentario social más cándido (la tensión entre negros y blancos en Notting Hill) mediante sonrojantes -y muchas veces injustificables- números musicales. Sade de seductora cantante de club nocturno, Ray Davies como cabeza de una disparatada familia, David Bowie en el papel de un empresario sin escrúpulos... La banda sonora (de la que recordamos sobre todo el tema homónimo firmado por Bowie) se nutrió de los sofisticados sonidos que habían empezado a brotar en el panorama de pop anglosajón con naturalidad: The Style Council, Working Week o la misma Sade no tuvieron que forzar mucho su estilo para recrear el clima musical cálido y jazzy de los años cincuenta; ya jugaban con esos añejos referentes y mal que les pesara se les hizo abanderados de una corriente etiquetada que incluía a muchos más, desde Everything But the Girl y Weekend a Simply Red y Carmel.

Hay un momento en Absolute Beginners en el que Patsy Kensit, con los labios pintados de rosa hielo y vestida de amarillo, canta un sinuoso tema llamado 'Having it All'. Invita al chasquido de dedos y a las miradas juguetonas, pero a pesar de las percusiones y los arrumacos del piano, su aguda voz nasal lo sitúa en el polo norte. Resulta demasiado artificial. Me acordé entonces de Anna Domino; ¿qué no hubiera hecho ella con una cancioncilla como esa? A Domino también se la vinculó momentáneamente a esa corriente de renacida y suave sofisticación, pero como cantante y compositora siempre se mantuvo en un segundo plano de la luz pública, siendo alguien completamente insular e individual, aunque en Europa disfrutó de una notable popularidad a mediados de los '80. Ella podía darle una lectura más gélida y racional a partituras salpicadas de ritmos latinos y jazzies, pero nunca frívola. Su planteamiento transformaba la tórrida materia prima en un producto que tanto la acercaba a los vanguardistas establecidos en los Estados Unidos (Tuxedomoon o Laurie Anderson) como a las cantantes europeas que adornaban su música con sambas y bossa-novas y que en España conocíamos gracias al sello Grabaciones Accidentales, por ejemplo Isabelle Antena. Domino también combinaba los sintetizadores con los instrumentos orgánicos y en sus composiciones prevalecía la atmósfera sobre la estructura convencional de canción pop (de hecho, algo que caracteriza a sus temas es la repetición circular).



















La compañía independiente belga Les Disques du Crépuscule tuvo el privilegio de dar a conocer el trabajo de Anna Domino a finales de 1983. Antes de grabar su primer trabajo, y habiendo dado ya varios tumbos por Sudamérica y Europa, Domino se encontraba instalada en Nueva York. Allí había sido integrante de las primeras formaciones de grupos posteriormente destacados como Polyrock y Bush Tetras, aventuras útiles (ahí tocó por primera vez la guitarra y el bajo) pero que no la satisfacían, así que se dedicó a diseñar ropa y sombreros al tiempo que registraba maquetas de sus composiciones en el cuatro pistas de un amigo. Michel Duval -uno de los directores de Les Disques du Crépuscule- estaba de visita en la ciudad y una conocida de Anna Domino le pasó una de esas cintas como quien no quiere la cosa. No pasaron muchos días antes de que Duval contactara con ella para ofrecerle un billete de avión a Bruselas, donde grabaría su primer mini-lp East and West, publicado en enero de 1984 y precedido por un single derivado de las mismas sesiones, Trust, In Love / Repeating.

Son cinco temas llenos de detalles y aún así sobrados de espacio abierto, algo propiciado por su estructura espiral y el carácter minimalista de las melodías y los arreglos que intervienen. En 'With the Day Comes the Dawn' uno puede estar concentrado en la minúscula línea de guitarra que asciende y desciende en el auricular izquierdo, luego distraerse con la profusa percusión que acompaña al ritmo programado y dejarse arrastrar por la sección de viento hasta que entra la voz de Anna, entonando una historia sensual de escapismo: "El destino no sabe que estoy aquí / si soy tan ciega que no se me puede ver". Para 'Review' acelera un poco el tempo y con el añadido de la guitarra acústica y las pinceladas de violín (cortesía de Blaine L. Reininger, de Tuxedomoon; también co-productor) su synth-pop vira hacia el folk psicodélico. Hay una rumia cantada para ella misma (la delicada 'Everyday, I Don't') y una canción de aire más metropolitano, 'Trust, In Love' (bajo recio y guitarra delgadísima, como algo que tocaría Viv Albertine de The Slits), pero entre todas ellas destaca 'Land of My Dreams', una versión de Aretha Franklin envuelta en nocturnidad húmeda y melancólica (aquí podemos oír los lejanos ecos de lo que hacen ahora bandas como Beach House). No puedo dejar de mencionar 'Repeating', cara B de su primer single recuperada en ediciones posteriores del disco: una excitante inmersión en las influencias asiáticas más acaloradas pasadas por el filtro de la perfidia.



















A los pocos meses publicó otro EP en el que siguió revelando su talento. Rythm (1984) tiene un sonido menos casero e intimista que su predecesor, y ambas caras del vinilo dividen literalmente el repertorio con toda la intención. En la cara A (producida junto a Dan Lacksman y Marc Moulin) encontramos dos temas arraigados en ese jazz que tan bien ilustra escenas de escondites, espionaje y tensión sexual para los que consiguen el sonido de una banda propia del género aunque manteniéndola a raya, sin excesos. Las notas graves de piano que dirigen 'Rythm' y el contoneo de 'Sixteen Tons' (versión de un tema de Merle Travis fechado en 1946), mediante trompeta con sordina y batería tocada con escobillas, recuerdan a experimentos similares llevados a cabo por grupos como Tones on Tail o Yello y aprueban con nota. La voz de Domino, además, tiene más cuerpo y seguridad manejándose en un registro más bajo. Para la cara B se reserva dos temas co-producidos por ella y Gilles Martin (ingeniero de sonido en East and West), que con arreglos más audaces ahondan en su vertiente más sombría (irresistible fraseo en 'Half of Myself') y urbanita ('Target'), dando énfasis al uso de los sintetizadores (de hecho, 'Target' recuerda un poco a las producciones de Sly and Robbie para Grace Jones).

Verdaderos discos del crepúsculo que, lamentablemente, a menudo han encontrado un lugar tan cómodo como injusto en la oscuridad del olvido.


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