jueves, 24 de enero de 2013

En el trastero: Carmel - "Storm" / "Carmel" (1982)























"Lo que me pasó con [la presentadora de televisión] Selina Scott fue lo peor. Estaba sentada a su lado esperando a que me entrevistaran en Breakfast TV cuando dijo: "¡Y ahora ha llegado el momento de entrevistar a la nueva Piaf!". Noté como me temblaba la mano aguantando mi taza de té y pensé "Eh, ¡eso son muy malas noticias!" (...) A lo mejor en cinco años dirán que alguien suena como yo, ¡y que yo también sigo sonando igual! Ahora mismo me da miedo no gustarle a la gente que aprecia a Edith Piaf o Billie Holliday -nombrándolas podrían pensar que les copio. ¡Y de todas maneras yo no creo que suene como ellas!".
Carmel McCourt 
Melody Maker, 20 abril 1983


Me ocurría algo con Carmel, y es que a partir de las pocas referencias que se habían cruzado en mi camino me había fabricado a medida (a medida para no acercarme, pensaréis) una idea de lo que debía ser: conocía una canción (la que lanzó definitivamente su carrera comercial en 1986, un número de soul desenfadado titulado 'Sally'), había visto las portadas de sus discos alguna vez en las tiendas, sabía que les habían incluido en el saco del movimiento jazz-pop británico a mediados de los ochenta... Con estos inputs mínimos y dispersos estaba convencido de que lo suyo debía ser música pretendidamente sofisticada y aséptica, con una producción caduca al estilo de Vaya con Dios, un grupo más vulgar para el que sin duda abrieron camino. Una noche, hojeando un ejemplar viejo de Rockdelux (febrero de 1988) reparé en la reseña que había hecho Ferran Riera de su disco Everyone's Got a Little... Soul (1987), y llamó mi atención una frase que hablaba de cómo el combo partía "de unos presupuestos musicales mínimos" y remarcaba que "al principio solo sonaban la voz, el contrabajo y la batería". Esa pequeña definición de su estilo, insinuando su minimalismo y crudeza, llamó poderosamente mi atención. Podía estar perdiéndome algo interesante.

En efecto Carmel se refinaron muchísimo con los años (también se abrieron y experimentaron con varios géneros musicales, cada vez con una mayor profusión instrumental), y a pesar de ser especialmente firmes en sus principios cedieron ante algunas de esas exigencias del mundo del pop y en particular  de su compañía discográfica, interesada en vender el producto según un guión: la cosa fue desde acatar con retrasos "prudenciales" en la publicación de sus discos y permitir que la imagen de Carmel McCourt (voz) fuera la única en las portadas (algo que siempre atribuyeron al racismo de la época, pues los otros dos miembros son negros) hasta acabar adaptando ella la apariencia cliché de una cantante retro que el público de MTV pudiera identificar con la música. 























Sus desarraigados inicios resultan mucho más estimulantes. En 1980, la irlandesa McCourt era una estudiante de bellas artes en Manchester cuando conoció a Jim Parris (contrabajo; por entonces cursando psicología), que tenía una banda llamada Bee Vamp junto a su primo Gerry Darby (batería, percusión). Fue Parris quien le dijo a Carmel que debería ser más ambiciosa y aprovechar mejor sus cualidades vocales, ya que por entonces cantaba en un grupo de pop (Thunderboys) que para él limitaba sus inquietudes. Le tomó la palabra y empezaron a tocar los tres juntos en 1981, esbozando canciones para acotarlas dejando amplios márgenes para la improvisación. A todo el mundo le chocaba que una chica rubia del norte de Irlanda se juntara con dos chicos de color para interpretar un jazz indómito que ella dirigía con una voz incansable, y a la vez no era nada extraño: eran los años del post-punk en Gran Bretaña y el espíritu del "todo es posible" que dejó el punk como legado hacía que una propuesta como la de Carmel tuviera una repercusión sin precedentes y que además no rechinase al lado de nada.

Ahora cuando una chica blanca intenta abusar de potencia o rasca la garganta como una cantante de color (pienso en las candidatas a los concursos de talentos) lo suele hacer para ganar enteros de credibilidad, pero consigue un efecto contrario: falta de naturalidad, clara revelación de que no tiene suficiente técnica vocal como para alcanzar las notas y, al final, hastío y desconfianza por parte del oyente. Es de mal gusto. Nada que ver con el trabajo de McCourt, familiarizada con la cultura africana desde niña gracias en parte a las historias de una tía suya que trabajo allí una larga temporada. Carmel aprendió pronto que allí no se ponía sobre un pedestal al que cantaba como en nuestra cultura, y a apreciar el carácter espiritual de la música. Creo que si alguien comparaba la voz de Carmel con la de Piaf o Billie Holliday es porque buscaban algo que como referente evocara ese carácter bruto y crudo de la música que esas damas hacían en su día. Ella tenía un instrumento perfectamente afinado cuando quería, pero no le temía a dejarse llevar por los crescendos de Jim y Gerry si era necesario, aunque eso supusiera perder el control y no modular perfectamente. 






















Storm y Carmel, single y mini-LP, son las dos primeras referencias del trío, publicadas por el sello Red Flame en la primavera y el otoño de 1982 respectivamente (e inencontrables hoy en día). Las registraron en directo en los estudios Cargo de Rochldale, Manchester (con Colin Richardson como ingeniero y para la segunda vez sumando a Paul Ablette como productor), una decisión sabia pues si algo define a estas grabaciones es su lozanía y su alborozo. El placer de los tres interactuando, las miradas y las señales para ir hacia arriba o hacia abajo en una canción, se hacen tangibles solo escuchándoles. El crujido del vinilo (no hay posibilidad de escucharlas de otra forma) y el hecho de que su creatividad llevada al límite en este formato de raspas y espinas suene como suena, me lo ponen difícil para no imaginarme un pequeño local de jazz en una noche de micrófonos abiertos, en los años '50. Se respira ese espíritu celebrador entre iguales, muy espontáneo y nada pulido. 

Presentarse en sociedad con una canción como 'Storm', un lamento vespertino que pasaba de la sutileza vocal que anuncia una tormenta hasta la misma tormenta desatada, era un gesto subversivo en sí mismo. En la cara B esculpían con maneras tribales el 'I Can't Stand the Rain' popularizado por Ann Peebles en los años setenta, prescindiendo incluso del contrabajo. Lo mismo ocurre en una salvajada titulada 'Thunder' en el mini-LP, erguida a partir de unos tom toms frenéticos ("Confundido y furioso", repite Carmel) y recordando inevitablemente al trabajo de Siouxsie Sioux y Budgie en su proyecto The Creatures. A dúo con las cuerdas de Parris, McCourt se luce en una reinterpretación de 'Guilty', un standard que ya habían cantado Johnny Desmond o Ella Fitzgerald, y seduce en una hipnotizante y acalorada recreación de 'Tracks of My Tears', firmada por Smokey Robinson; la canción hierve a la temperatura que ella quiere en cada momento mientras Jim y Gerry crean un fondo repetitivo de congas y contrabajo. Cuando en 'Love Affair' se respira el aire limpio de un nuevo comienzo y suena el traqueteo del tren que se lleva a la chica lejos de su amante, me doy cuenta de que en las piezas que firman ellos es como si cogieran una sensación muy concreta (Carmel además es muy concisa con las palabras que canta) y la expusieran de la manera más pura, como esa sorna y descaro caprichoso-matriarcal de 'Sugar Daddy'. Vale la pena verles interpretarla en el programa The Old Grey Whistle Test cuando se editó el mini-LP para entender, aún con todas sus imperfecciones, el potencial que tenían en esos primeros días.

Inexplicablemente, los dos discos se quedaron fuera del programa de reediciones que la discográfica Drumfire llevó a cabo el año pasado con todos los discos de Carmel a partir de The Drum is Everything (1984), quizás porque son los únicos que publicaron en la independiente Red Flame y haya algún problema de licencias. Causas ajenas a la burocracia me parecerían, repito, inexplicables.

Pueden escucharse ambos artefactos aquí debajo, 
cortesía de Grooveshark



Inencontrables encontrables tras el click:
Carmel - Storm (1982), descatalogado
Carmel - Carmel (1982), descatalogado