lunes, 21 de enero de 2013

Minutos: Opus III - 'It's a Fine Day' (1992)








Ir a casa de mi madre de visita, alargándose la estancia a dos o tres días cuando se da el caso, se ha convertido con los años en un ejercicio de nostalgia que me baja irremediablemente por la garganta, como las cucharadas de horrible puré de bistec que ella misma me forzaba a engullir cuando tenía cuatro años. Cuando dejas de vivir en la que ha sido siempre tu casa para empezar a hacerlo por tu cuenta y no regresar, las primeras veces que vuelves es como si no te hubieras marchado, no sientes nada especial por ese entorno. Pero conforme avanzan los años y se archiva el primer lustro de ausencia empiezas a sentir que hace muchísimo que no pasas tiempo con tus cosas. Cada vez que voy ahora, me sorprendo quedándome unos segundos sentado al borde de la cama pensando en qué voy a revisar; qué caja abriré, qué libro hojearé, qué VHS me pondré, ni que sea durante quince minutos.

La última vez me dio por escuchar varias cintas de cassette con canciones que grababa de la radio, cuando tenía entre ocho y nueve años. Es algo que copié de mi padre, por supuesto; cintas como esas rondaban por casa y yo quería tener las mías. La verdad, tenía un gusto muy variado, muchas veces terrible. Tuve que buscar en internet las letras de varios temas porque no los había vuelto a oír desde 1993, desde canciones disco de los '70 como 'The Best Disco in Town' de Ritchie Family a singles recién estrenados por entonces como 'Good Stuff' de The B-52's, 'Divine Thing' de The Soup Dragons o 'Don't Talk Just Kiss' de Right Said Fred (una destacada horterada). Visualizaba perfectamente la escena: yo pulsando play y rec en el radiocassette de mi abuelo, en la cocina o el comedor según localizara la frecuencia con la antena, y si me iba a otra casa la cinta venía conmigo por si podía grabar desde otro aparato.

Estaba siendo divertido, pero entonces en la cara B de la primera cinta que saqué del baúl empezó a sonar algo que realmente me cautivó más allá del bochorno. ¿Cómo se me había borrado de la mente esa canción todo este tiempo? ¿Le puse especial ahínco en mi etapa de "integridad indie-rockera" de la adolescencia? Entre aérea y machacona, 'It's a Fine Day' de los británicos Opus III se me hizo irresistible, y la he escuchado muchas veces estas últimas semanas. Lo mejor es que creía que estaba aprobando, veinte años después, la vertiente de mi gusto por un estilo musical bailable que para muchos sería kitsch y barato, pero mi gozo en un pozo: cuando me pongo a investigar resulta que lo que hicieron Opus III fue versionar una canción de 1983 cantada por una tal Jane y publicada por el sello Cherry Red, casa de la saga Marine Girls/Everything But the Girl, entre otros. Supongo que en mi mente ya puedo cerrar un círculo de aprendizaje musical.

'It's a Fine Day', como el 'Tom's Diner' de Suzanne Vega que remezcló con éxito DNA, era un tema idóneo para colorear. Acreditado a Jane Lancaster y el poeta Edward Barton, el original era una pista de voz limpia a capella cantada por ella, con todo el margen imaginable para inventarse un apoyo musical que podía ir en cualquier dirección. La canción se basta de dos líneas melódicas sencillas y básicamente perfectas como gancho, así que los productores Kevin Dodds, Ivan Munro y Nigel Walton contaban con una materia prima excelente de partida. El colchón sonoro no difiere mucho del estándar techno-house de la época, un ritmo que hemos oído en innumerables temas dance aderezado con teclados ambientales y acordes de piano postizo. La mezcla de eso con la cualidad etérea de la melodía, que tan bien recreó la cantante Kirsty Hawkshaw, funciona a la perfección y hace que al final tenga un ADN ambiguo que tanto le permite encajar en recopilatorios de canciones discotequeras de los noventa (firmadas por one-hit-wonders como Sin With Sebastian, Whighfield, 2Unlimited o Me & My) como resultar atractivo para el que siente debilidad por Saint Etienne, Dubstar, el Erotica de Madonna y sus remixes o el 'Big Time Sensuality' de Björk.

Representa que ahora este tipo de placer puntual techno-dance se lo suministra al gran público esa colección de divas del pop musicalmente intercambiables que tenemos, que han incorporado a su estilo mucho sintetizador chusco y ritmo maquinero y presuntamente cubren lo que antes cubrían estos one-hit-wonders siempre relegados al mercadillo, pero qué diferencia. Quizás la última vez que me interesó de veras un producto similar fue algo cantado por Sophie Ellis Bextor.


'It's a Fine Day' fue publicada como single en
febrero de 1992 y apareció el mismo año en el
disco Mind Fruit de Opus III


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