jueves, 14 de marzo de 2013

Escenarios: Beach House + Marques Toliver - Apolo (Barcelona), 13 de marzo de 2013



¿Qué buscas cuando vas a ver a un artista en directo por quinta vez en menos de cuatro años? Para empezar, es muy probable que las citas precedentes hayan sido satisfactorias, algunas particularmente memorables y conmovedoras, así que está el deseo muy consciente de experimentar de nuevo alguno de esos breves instantes que por sorpresa te obsequian con esa hormigueante sensación, cálida y familiar, siempre demasiado efímera pero inolvidable. Por ejemplo, ayer volvió a ocurrirme de manera matemática durante 'Real Love', la canción con la que Beach House abrieron el único bis: subió el volumen mientras Victoria Legrand (voz, teclado) decía "En la habitación negra, la luz / mira como cae la gaviota / el amor verdadero te encuentra en cualquier sitio y tú le estás dando la espalda" y como es habitual, despegó como un proyectil tras el interludio a capella que dura a penas cinco segundos. Cuando concluyó ("Te conocí a ti") volvió a embalarme con mimo y magia y a enviarme quién sabe dónde.

También anhelaba, esta vez, volverles a ver sin las distracciones que me ensombrecieron su último concierto en Barcelona, en la pasada edición del festival Primavera Sound. En esa ocasión la magnitud del espacio y la incalculable lejanía física de la banda (el espacio del foso de fotógrafos sumado a su colocación al fondo del escenario y la oscuridad del montaje lumínico) me supusieron un lastre insalvable. La de ayer en Apolo era la primera fecha en sala de Beach House fuera del marco de un festival en la ciudad condal y a mí se me hizo evidente que es en el espacio cerrado y reducido donde mejor puede desarrollarse el ambiente que crean Legrand y Alex Scally (guitarra, voz, programaciones), paradójico ya que su música tiene una indescriptible cualidad -expansiva y fulgurante- que parece que no pueda contenerse en ningún cuerpo, en ningún lugar.

















Si podía parecer que el telonero tenía un papel difícil, él mismo se encargó de quitarle hierro al asunto desde que subió a escena. Marques Toliver, elegantemente vestido de traje, se calzó su violín y nos sirvió su repertorio entre bromas y quitándose importancia, incluso cuando a mitad de la tercera canción la sala se quedó a oscuras y él continuó tocando con dignidad, un traspiés técnico que tardó en solucionarse mientras la intensidad de las luces oscilaba entre máximos y mínimos sin tenerle en cuenta a él. Toliver construyó su cancionero a base de loops con el violín, y supongo que es tan válido como poco original describirle como el hombre que ha escrito el disco perdido de soul y r&b de Owen Pallett, pero eso parece; fondos orquestales deliciosos que recuerdan al compositor canadiense, sin duda, pero enmarcados en la música de raíces negras. Su entrega vocal fue desigual pero tenía un positivismo contagioso y la  media hora de set se hizo corta.

El dúo de Baltimore (ampliado por el fiel batería Daniel Franz) apareció puntual respaldado por una nueva y versátil escenografía de elaboración propia, formada por varios paneles vestidos con hilos verticales entre los que se filtra la luz y sobre los que se proyectan perfiles parpadeantes que acompañan, nunca anulan, a la figura de Victoria Legrand, algo que de todos modos es imposible: a cortas distancias pude darme cuenta de que más allá del flequillo enredado, Legrand no canta cerrando los ojos o abstraída, sino que mira firmemente a la audiencia, resultando a la vez extrañamente intimidante y sexy. Si puedes verla de cerca, no te hace falta nada más que ese ojo al descubierto y dos notas de esa voz para sucumbir. No fue hasta una ensimismante 'Silver Soul', en pleno ecuador del concierto, que Victoria dio la primera patada en el aire y se soltó literalmente la melena, bromeó un par de veces con el público y pareció más irreverente; hasta entonces el set transcurrió con placidez y se mostró más comedida en sus gestos e incluso incómoda para alcanzar algunas notas (en 'Gila', único y celebrado recuerdo a Devotion, se hizo claramente palpable). Si las canciones de Bloom (2012) parecían menos llamativas y más uniformes respecto a las de Teen Dream (2010) cuando se publicó, escucharlas salteadas en el repertorio tras un año de paseo demostró que ya se les ha adjudicado una identidad igualmente marcada, haciendo de títulos como 'Wild', 'Other People' o 'Lazuli' puntales del setlist que se reciben con la misma buena disposición que 'Used to Be' o 'Norway', canción esta última que siempre sigue sonando enigmática y nueva y que destacó en la primera parte. También fue agradable escuchar cómo desempolvaban 'Apple Orchard', de su primer álbum homónimo, una pieza que no tocaban hacía años.


















Quien les haya visto otras veces en esta gira reconocerá giros infalibles en la estructura del setlist que se mantienen más o menos inamovibles. Hacia el final, 'Zebra' resulta ser el clímax en forma de cántico celebrador que da paso al último segmento, en el que lo místico y lo íntimo se van sublimando hasta tomar la forma de una línea fina y resplandeciente, desde 'Wishes' pasando por 'Take Care' y acabando con esa canción que sorprendió por poco agresiva en el contraste de color cuando sirvió de adelanto de Bloom, pero que se revela como una composición con cualidades que trascienden la inmediatez melódica de otras; la lumbre de 'Myth' prende lento y dura mucho, y a mí me costó darme cuenta. '10 Mile Stereo' (un viaje espacial acelerado en blanco nuclear que ya he descrito otras veces) y la majestuosidad de 'Irene' (la misma nave espacial al ralentí, el cuerpo flotando en ese "extraño paraíso" que se menciona repetido como una oración) marcaron el final de la primera de dos fechas en Barcelona, algo (el hacer doblete) que solo ocurrirá en otra ciudad, Londres.

setlist (gracias Magda):

wild / gila / norway / other people / lazuli / used to be / silver soul / the hours / apple orchard / new year / zebra / wishes / take care / myth // real love / 10 mile stereo / irene

Más fotografías en El Dedo Índice 
(Marques Toliver aquí y Beach House aquí).



1 comentario:

Viola Tricolor dijo...

que maravilla estanis, ayer leí una crónica que me agobió porque la gente en los comentarios decian que ellos iban con el piloto automatico puesto, que habian tenido problemas de sonido....bueno un agobio me entró.
asi que me alegro de haber leído tu crónica antes de mi concierto.

que chulas las fotos, me encanta el montaje que tienen.

Comparto contigo lo mucho que me gusta beach house. A mi me hace mucha ilusión este concierto por ser de gira aunque veo que no se alargan mucho. Yo si disfrute muchísimo del concierto del primavera. Entiendo lo que te pasó pero no se les quedó el escenario grande para nada en mi opinión.
Me he ido poniendo las canciones a medida que iba leyendo y me ha encantado. Ademas con lo desastre q soy yo para los títulos ... me gustó mucho en el primavera como fueron engarzando las canciones. Yo soy muy fan de Bloom y para mi la prueba es que mezcladas sus canciones con las de teen dream no desmerecen nada y me alegro tanto que terminen con Irene... Lo que me hizo sentir esa canción en barna es ya inolvidable. Pero si le veo una pega al concierto y es que no toquen mas canciones antiguas, con eso sería perfecto y que alarguen la magia más minutos. Un concierto de 2 horas hubiera sido algo sublime. Al final es un concierto como el de los festivales con 3 canciones más. Muy cierto lo de expansiva y fulgurante, sus conciertos son de esos que no hay manera de explicar lo que se siente físicamente. a ver que tal hoy!!
Un beso.