martes, 30 de septiembre de 2014

Caso abierto: Tanya Donelly - "Lovesongs For Underdogs" (1997)



















Me he pasado el verano leyéndome Facing the Other Way: The Story of 4AD, el libro donde el periodista Martin Ashton se relaja -más de lo que pueden algunos de los personajes a quienes entrevista, expuestos a revisar muchos recuerdos agridulces- para contar los logros e infortunios del sello discográfico británico 4AD en su época más significativa e iconográfica, dos décadas en que el gusto de su fundador Ivo Watts-Russell fue una guía exquisita para dar a conocer a artistas únicos. Los números de catálogo de los discos se suceden en los capítulos -divididos por años- a la vez que se retrata el nadir y el deterioro de muchas relaciones personales entre músicos, creativos y amigos. Tanya Donelly, por ejemplo, había estrenado la década de los 90 dejando primero Throwing Muses (el primer fichaje americano de 4AD) y luego The Breeders, en ambos casos porque estaba determinada a iniciar un proyecto propio ya que empezaba a sentitse más cómoda en el papel de cantante y se estaba volviendo más prolífica componiendo. Formó entonces Belly pero la banda no llegó a las Navidades de 1995, desintegrándose tras un año de vuelcos estomacales y daños irreparables. Tras cinco años de cambios y en este contexto, como ella explicó, se lanzó a probar en solitario más por un sentimiento de derrota que por la necesidad de ver su nombre coronando la portada de los discos.

En el capítulo que trata el año 1997 Ashton me sorprendió con una afirmación muy positiva sobre el primer disco en solitario de Tanya que jamás se me hubiera ocurrido y que no se asemeja a nada que haya leído sobre Lovesongs for Underdogs en todos estos años: “El nuevo disco de Donelly emulaba el debut de Belly y, en gran parte, lo mejoraba”. En general, probablemente incluso para sus seguidores más incondicionales, esta es una afirmación poco popular. Star, el primer álbum de Belly publicado en 1993, se considera la cumbre creativa de Tanya en su juventud, la consolidación del estilo que dejó entrever en las pocas canciones que encajó en los discos de Throwing Muses y que vibraba ahora en Belly entre rayotes de polvo escarlata, retales de musgo y cucharadas de luna helada. Era recurrente hablar de cómo sus canciones suponían un suspiro agradable al lado de las de Kristin Hersh, pero la inclinación pop de Tanya no era nada ortodoxa. Acordes reconocibles aquí y allá y una mayor concisión melódica, sí, pero redondeada por una imaginería enigmática, perversa en ocasiones, e instrumentación húmeda por fuera e inmunda por dentro.
















La primera reseña que leí sobre Lovesongs For Underdogs, cuando tenía 13 años y a penas sabía quién era Donelly, la firmaba Miguel Martínez en el número de noviembre de 1997 de Rockdelux y decía cosas como ésta: "Neuróticas canciones de amor para un menú de sacarina y espinas que mata el hambre, pero, como dicen los abuelos, no alimenta. (...) hay momentos en que 'Mysteries of the Unexplained' llama a la puerta de ¡Roxette!: menos mal que da la vuelta antes de que la abran". No era el único que consideró que Tanya debutaba por su cuenta con un disco que tenía poca sustancia y menos intriga. Otra reseña cogida al azar, firmada por Jim Wirth en NME, llegaba a afirmar que su ablandamiento se debía a que se había casado el año anterior con el músico Dean Fisher: "Un disco para adultos sin las partes groseras. De hecho no hay ninguna parte sucia; los versos y las notas están tan impecablemente pulidos como un mueble de IKEA (...) y desdentados como una gallina". La decepción de muchos ante el inesperado final de Belly aún se mascaba, pero hoy han pasado diecisiete años y el bagaje de Tanya no tiene ningún peso encima de este disco; está libre de su contexto original, no tiene que acomplejarse por faltar a una impuesta credibilidad alternativa y ahora cabe preguntarse: ¿era tan terrible? Es exactamente la cuestión que disparó en mi mente Martin Ashton destacándolo en su libro.

"Cuando empezó el declive de Belly hubo un par de años de pánico en los que me centré en mantener mi posición (en el mundo musical), hasta que de repente me di cuenta de que no sabía por qué (risas), no tenía una buena respuesta y las que tenía no tenían nada que ver con la música, así que di un paso atrás". Lo explicaba Tanya Donelly en una entrevista radiofónica de 2002, confirmando que Lovesongs For Underdogs había sido su último intento de exponerse a un mainstream para el que lo alternativo era un rescoldo residual pasado de moda y que para rellenar su estrecha parcela de artistas femeninas no veía más allá de autoras al estilo de Alanis Morissette y Sheryl Crow, a quienes vendían como mujeres a la altura de los hombres,  profesionales y fuertes. Aún así, era un campo de juego donde la discográfica americana de Donelly pretendía arrojarla esperando repetir a su nombre la cifras que Belly consiguió con Star (casi un millón de copias vendidas entre 1993 y 1994). La selección del repertorio final fue moldeada con dichas intenciones: a finales de 1996 tenía grabadas un total de 21 canciones que configuraban la colección más ecléctica de toda su carrera -algunas precedieron al álbum en el EP Sliding & Diving (1996)- pero muchas de las que daban rodeos estilísticos perdieron favoritismos frente a las que podían atar un disco más agradable y accesible.























Las muestras de esa inquietud latente que según los críticos más condescendientes y jaraneros no había quedado representada en Lovesongs For Underdogs pueden encontrarse en los singles Pretty Deep y The Bright Light, que recogen los descartes de las sesiones. Escuchados juntos dan para un álbum muy distinto: 'Life On Sirius' mezclaba un arpegio de guitarra reminiscente de Felt con una caja de ritmos y un coro de voces etéreas que la emparentaban con las producciones de Robin Guthrie para Lush; 'Morna' y 'How Can You Sleep' bebían de su pozo más turbador e impreciso; 'Bury My Heart', tiesa y marcial en las estrofas, florecía en un melancólico vals más tarde. Había pop efectista ('These Days' con sus despistes rítmicos), ligero ('Influenza', 'Vanilla') y paródico (el western drama trotón de 'Spaghetti'), todo ello producido por Wally Gagel, un ingeniero que había trabajado con bandas como Superchunk, The Folk Implosion, Come o Steve Wynn. Pero fue la propia Tanya quien decidió orientar el concepto del disco hacia algo más inmediato. 

Para equilibrar el total de piezas que marchaban sobre sonoridades más acústicas registró otras cuatro canciones con su manager y co-productor Gary Smith -contando con David Narcizo a la batería- que aportaron al conjunto más nervio y pegada, tres de ellas abriendo en bloque el álbum rebosando electricidad. ¿Se podía reprochar a Donelly que abrazara el pop-rock más estándar en 'Pretty Deep' y 'The Bright Light'? No era más que la refinación de lo que venía haciendo hacía años, repuntado por unas letras que seguían siendo insólitas en las emisoras de FM; en la primera, despachaba los versos: "Creíste que habías visto un muerto en la playa / cuando nos acercamos era solo una llanta / y te decepcionaste, me di cuenta"; en la segunda, se entregaba encantada a la abducción alienígena. 'Landspeed Song' celebraba al ritmo de un rockabilly recortado fuera de los márgenes su consolidado y aún efervescente romance, y 'Breathe Around You' la parte más animal del mismo. 'Lantern' había sobrevivido a la selección entre el repertorio más experimental producido por Wally Gagel  (un crudo riff de guitarra al borde del desafine aderezado con lapsus y distracciones varias), pero el resto de temas (a excepción de 'Clipped', que mantenía una tensión de aires fronterizos hasta dar con un estribillo de los suyos) daban fe del momento de estabilidad que estaba viviendo Tanya por primera vez en su vida. Por la vía intimista podía pasarse de caramelo ('Manna', 'Mysteries of the Unexplained') pero también ser sublime, como demuestran 'Goat Girl' (un retrato jocoso de su reconocida torpeza, en forma de country-folk), 'Swoon' y 'Acrobat' ("Hay que ser acróbata para tocarla donde pueda sentir algo"), ésta última resolviendo magistralmente su oscuridad con los arreglos de cuerda y unas chocantes onomatopeyas aviares.

Solo el tiempo ha podido demostrar que este paquete de composiciones ni desluce ni está tan desligado de su pasado como se determinó apresuradamente. Lovesongs For Underdogs es un disco de pop ameno y digerible que funciona también como puente entre el ayer y los trabajos que han definido su madurez: desde la serenidad exquisita de Whiskey Tango Ghosts (2004) al riquísimo eclecticismo con que ha sorprendido a lo largo del último año entregando los cinco volúmenes de Swan Song Series a través de su página web y Bandcamp, una variedad que se refleja directamente en espíritu e ímpetu con la de esa Tanya Donelly que se lanzó a la piscina sola en 1996 y que podía haber tirado por cualquier lado. Cuando viajó a Gran Bretaña para presentar su segundo disco en 2002 ya ironizaba sobre el sitio que había elegido ocupar: llamó a la gira Preaching the Converted (Predicando a los Convertidos).




Para escuchar en Spotify:


Y debajo la selección de canciones descartadas
de las sesiones del disco, publicadas en el EP
Sliding & Diving en 1996 y en los posteriores
singles extraídos de Lovesongs For Underdogs.










1 comentario:

jn dijo...

Muy interesante la entrada! No sabía nada de sus discos en solitario ni de su relación con esas bandas. Suena muy bien, gracias por el descubrimiento.