miércoles, 4 de noviembre de 2015

Por el atajo: Zola Jesus - "Valusia" (2010)



















Por azar, bajo las conversaciones en una cena empezó a sonar 'Diamonds', renombrado single de una de las voces sobre las que se ha sustentado el pop más mercantil de los últimos años, Rihanna. En lugar de voces podría decir cuerpos, caras o traseros y abrir por enésima vez un debate nunca concluyente sobre la sustancia y la verdadera valía cultural que hay detrás de performers como ella, a quienes el establishment -deslumbrado por las cifras- pone todo tipo de facilidades para ser consideradas réplicas modernas del concepto superestrella entendido como en los 80 y los 90, pero a cambio de muy poco. Si cuestionas el valor de groserías (es mi humilde opinión) como las que hacen ella, Miley Cyrus o Nicki Minaj, incluso de alguien tan previsible en su comedimiento y naïf en sus postulados feministas como Taylor Swift -coronada estrella íntegra y de calidad en el panorama que la rodea-, el ataque fácil es defender que no todo el mundo tiene que ser Bob Dylan y que no pasa nada si el pop se reduce a entretenimiento y a frivolidad; a sexo y a cálculo. Válido y cierto, pero creo que la falta de discurso, la manera de presentarlo cuando mínimamente lo hay o que éste sea descaradamente fraudulento, acabará pesando si se quiere trascender la anécdota y el porno. Aunque hay quien disfruta haciendo una burbuja de chicle, reventándola y relamiéndose del hocico los hilos resultantes para volver a empezar.

La cuestión es que en este 'Diamonds' algo no era familiar. Le faltaba la cualidad bombástica, esa estridencia a la que nos hemos ido habituando en las producciones actuales, y aún así no era una revisión hecha desde la ironía sino con cierta fidelidad al original, de algún modo. "Qué versión más rara", dijo alguien aún pensando en Rihanna. Claro. No era una remezcla extrañamente discreta de la canción, sino la versión que Nika Roza Danilova, mujer detrás de Zola Jesus, había aportado a la recopilación Todo Muere Vol. 3 (2013) y que grabó espontáneamente después de que un seguidor le hiciese la sugerencia, probablemente porque enseguida sintió que podía encajarle como un guante. Nika tiene una voz potente que puede rivalizar con las decenas de cantantes que emulan a figuras históricas del soul y el R&B en esa primera línea del pop comercial y, es más, su evolución vocal la ha afianzado más cercana a ellas que a Siouxsie Sioux o a Lydia Lunch, con quienes era comparada en sus inicios por una ilusoria cuestión contextual y estética. 




















La artista de Madison (Wisconsin) emergió en 2008 y se la incluyó en la facción dark wave que florecía simultáneamente en el underground estadounidense, donde resucitó la electrónica vinculada a tendencias gótico-siniestras y con el sonido lo-fi como estandarte. Algo así es lo que resume la actividad de Zola Jesus en sus principios, experimentando con la distorsión digital y las atmósferas angustiosas, incómodas para el oído y el ánimo. Cuando se cansó del ruido infecto, su vía para transgredir y retarse a crecer fue sofisticarse: abrirse, limpiar, ampliar. Primera muestra de ello fue el loado EP Stridulum (2009), que registró rápidamente cuando aún estaba estudiando francés y filosofía en la universidad. La posibilidad de darle a dicho EP una vida más larga al año siguiente, convirtiéndolo en un álbum con el añadido de canciones nuevas y dándole mejor distribución, la devolvió al estudio. Pretendía acabar de redondear las ideas presentadas en Stridulum, pero los cuatro temas registrados junto a Alex DeGroot -que también se publicarían por separado para no forzar a nadie a adquirir una reedición- fueron más allá. Juntos en el níveo Valusia (2010) ilustran el primer momento seriamente equilibrado en su ambición por casar el pop, la electrónica, un punto de industrial y otro de clasicismo (fue estudiante de ópera cuando era niña). 

Si pudiésemos reeducar el oído de las masas, o simplemente si los canales que las orientan no vivieran un momento tan conservador y mediocre (¿cómo asomarían hoy en las listas de ventas o en nuestros televisores, como hicieron en los 80, The B-52's, Talking Heads o Cocteau Twins?), música así podría ir regenerando el pop masivo por una vía estimulante. Conciliadora por la vía melódica con otras texturas y emociones no tan inmediatas, Zola Jesus retiene su faceta más rocosa y gélida en 'Tower', una excursión circunspecta y cautelosa hacia el futuro ("Da un gran salto adelante / y da ese viejo paso atrás / porque estamos al borde de algo / algo más grande de lo que nos pensamos") pero se muestra abiertamente emocional en la arrolladora 'Lightsick' (una pieza de piano y voz con un estribillo elegiaco, que desfila con una urgencia al principio inadvertida según se suceden las notas) y en 'Sea Talk', una composición más rítmica y completa aunque tenga corazón de torch song encendida por el duelo, que ya se conocía en la versión embrutecida del EP Tsar Bomba (2009). Para el final dejo el apabullante tema que abre el EP, 'Poor Animal', que acabó siendo canción estrella del mismo y quizás por ello no incluido en Stridulum II, quedando como algo especial y exclusivo en Valusia. Éste sí que hubiera subvertido a los oyentes del Top 40: una letra astuta que parece hablar sobre la pesadumbre del ser humano y su relativa importancia en la Tierra, presentada con un ritmo entre tribal e insultantemente bailable que en cualquier caso acaba en éxtasis: su voz indómita y unos sintetizadores profusos -algunos emulando instrumentos de cuerda- bastan para crear la ilusión de un espacio abierto vasto, helado y mágico que vamos descubriendo con el crescendo de la música. No me digan que el pop no es mejor con sustancia.


Para escuchar:

'Poor Animal' en Soundcloud
(no disponible en Spotify)

'Tower', 'Sea Talk' y 'Lightsick'