Tarde o temprano: PJ Harvey - "I Inside the Old Year Dying" (2023)
Hay un puñado de artistas para las que sigo manteniendo el ritual de saber poco del disco que van a publicar; escucho quizás un único avance del montón que ahora se suele destapar en los meses previos e incluso espero a tener el artefacto físico para una primera escucha completa. PJ Harvey siempre se ha contado entre ellas, desde que las navidades de 1996 me pusiese al día pidiendo que me regalasen toda la discografía previa a To Bring You My Love (1995) y a partir de ahí intentase hacerme con cada nuevo álbum en la fecha de salida, si era posible. Esto fue así hasta el verano de 2023. De repente, ese agosto me di cuenta de que I Inside the Old Year Dying llevaba un mes en la calle y yo no me había molestado en buscarlo, pero tampoco había oído hablar de él en esas semanas; como si estuviese prácticamente invisibilizado en los medios comparado con sus trabajos anteriores y nadie en mis redes se animase a comentar algo sobre él, dándose un anticlímax que no creo haber vivido desde que la sigo. Un disco de PJ Harvey suele ser un acontecimiento más allá de las tendencias y se promociona solo. Pero no me hacía falta buscar explicaciones que señalasen a terceros; yo mismo me quedé sin reaccionar y tampoco fui corriendo a buscarlo cuando pensé en todo esto. Solo lo constaté y confié en que llegaría el momento de necesitar descubrirlo de manera natural, porque la música a veces es una medicina que no tomas si no te hace falta. Así que pasó cerca de un año hasta que me vi en casa sin planes una noche de sábado, el primer fin de semana de junio; en Barcelona, fin de semana de Primavera Sound. Me di cuenta a tiempo de que iban a emitir en directo el concierto de PJ y me metí a esperar en un canal de Twitch, como si fuera un centennial, cuando la hora vespertina ya se estaba tornando oscura. Era de los pocos días que lloviznaba aquí desde que la sequía se hizo oficial y sentí melancolía pensando que ya hacía 10 años que no había vuelto a pisar el festival, iluminado por la pantalla del ordenador en el sofá. Apareció la banda con Harvey al frente, y cuando pinchaban la cámara que grababa desde un lateral parecía que alfileres de lluvia cromada invadiesen el escenario. Tres canciones de I Inside the Old Year Dying escenificadas y ya me sentía atraído e intrigado, como siempre solía ser. Tan anonadado me dejó durante el streaming que al día siguiente estaba convencido -hasta el punto de rebatírselo a alguien- de que entre los temas antiguos había tocado 'C'mon Billy', cuando en realidad fue 'Send His Love to Me'; un lapsus que hasta hoy sigo sin explicarme.
La primera colección de canciones de PJ Harvey en esta década, siete años después de la anterior (su marco temporal más largo entre discos hasta entonces), venía de nuevo presentada en el blanco que ha dominado la estética de su catálogo desde hace ya un tiempo; una monocromía que inconscientemente relaciono con la progresiva intención literaria que ha querido (necesitado) imprimir a su trabajo desde que dejó de sentirse estimulada componiendo música sin más aliciente. Sus pesquisas en Let England Shake (2011) y The Hope Six Demolition Project (2016), como ocurre con las letras negras en las páginas de un libro, capturaron sobre lienzos limpios el rojo de la sangre derramada en las guerras, los súbitos dibujos de la pólvora, el rastro úrico del dinero corrompido, el marrón de las pisadas de quienes hacen turismo de pobreza y de los que vagan entre los escombros al otro lado, la sal de las lágrimas vertidas por los antepasados y la humedad de un hálito de esperanza esparcido con pulverizador. Si bien es cierto que White Chalk (2007) fue el álbum que inició una nueva etapa en su carrera, con el piano como instrumento principal por primera vez y un espíritu translúcido como el de un fantasma haciendo de motor, es en esos siguientes trabajos donde empieza a cobrar vida la PJ Harvey cronista que nutre su música de historia y trabajo de campo, estudiando conflictos añejos que tienen sus paralelas en el mundo contemporáneo. Para The Hope Six Demolition Project, además, viajó con el fotógrafo Seamus Murphy a Afganistán, Kosovo y Washington D.C., haciendo del proyecto algo multimedia: filmaron un documental, escribió un libro de poemas en el que basó las letras y convirtió la grabación del propio disco en una instalación artística dentro del Somerset House londinense, donde los visitantes podían ver el progreso del trabajo en sesiones de 45 minutos. Harvey maduró en los 2010 desapegándose del ego como materia prima de su arte y poniéndose al servicio de emociones que manifestasen algo más amplio sobre nuestra humanidad, a la vez que sus colaboraciones salteadas en el ámbito audiovisual y teatral ratificaban que quiere seguir explorando la idea de crear música que trascienda la autoexpresión; que resuelva un desafío desde la empatía.
![]() |
PJ Harvey fotografiada por Steve Gullick en 2023. |
Con todo esto, quizás no es tan raro que el tiempo entre discos cada vez se demore más. Ahora Harvey lo invierte implicándose en esos proyectos de otras disciplinas, ejercitando su escritura y observando con atención aquello que pueda despertar su interés para impulsar una nueva obra. En esta ocasión, además, explicó que acabada una larga gira en 2017 y acercándose a cumplir los 50, necesitó darse un margen para valorar si seguía teniendo la pasión necesaria para dedicarse a la música, que se resolvió con una respuesta positiva. I Inside the Old Year Dying nació de sus continuados estudios para escribir poesía como alumna del poeta escocés Don Paterson, que cuando revisó los primeros poemas que PJ le enseñó escritos en el antiguo dialecto de Dorset -su lugar de nacimiento- la animó a seguir por ahí. El disco es la traslación musical del libro Orlam (2022), cuya sinopsis ayuda a situarnos perfectamente en lo que vamos a escuchar: "Ira-Abel Rawles, de nueve años, vive en la Granja Hook, en el pueblo de UNDERWHELEM. Junto a la granja se encuentra Gore Woods, el santuario de Ira, supervisado por Orlam, el ojo de cordero que todo lo ve, su guardián y protector. Aquí, inspirándose en los rituales, canciones infantiles, cánticos y supersticiones del oeste rural de Inglaterra, Ira-Abel crea el reino gemelo a través del cual puede comprender un mundo cada vez más confuso y aterrador. (...) El tema general es, en última instancia, el amor, portado por el Cristo personal de Ira, el fantasma-soldado Wyman-Elvis, que sangra constantemente y es portador de «La Palabra»: Love Me Tender". Puede que, precedido por la información de que estuviera basado en el libro, el álbum fuese acogido con poca predisposición por parte de los incondicionales, muchos de los cuales echan en falta a la PJ que hablaba del deseo y las bajas pasiones; un poco como le ocurre a Björk, cuyos últimos discos son menos inmediatos y más conceptuales que los clásicos de su discografía y las reacciones, más tibias. Pero lo cierto es que la PJ Harvey de I Inside the Old Year Dying vuelve a atravesar la corteza de lo personal alejada de la geopolítica.
Echando un vistazo a la meticulosa recopilación de material que Harvey ha compartido de cada una de las piezas del álbum -ilustraciones, versiones primerizas, notas- uno puede hacerse una idea de todo el trabajo que hay detrás de lo que acabamos escuchando. "Siempre he sido una persona que dibuja y crea música, y a medida que me he ido haciendo mayor cada vez me resulta más natural que todo vaya unido", le contaba a Ann Powers. "Si estoy un poco atascada en un poema y no sé por dónde va, suelo pasar tiempo dibujándolo para entender mejor lo que quiero decir. También es posible que lo toque al piano, que «toque» el sentimiento. Así que este trabajo se transformó en dibujos y luego también en música". Una periodista de The Guardian se burlaba de que PJ afirmase que para este disco había encontrado una voz con la que no había cantado nunca todavía ("Me la imagino poniéndose el White Chalk de 2007 para confirmar sus sospechas de que sí, que ya ha usado esa voz antes"), pero creo que haciéndolo estaba siendo más maleducada que perspicaz. Harvey ha explorado la cualidad aérea del falsetto en el pasado y ha admitido que para escribir sobre cuestiones políticas sin sonar moralizante tuvo que adoptar la mirada puramente observacional que tendría un niño, pero prestar aquí su voz a una niña de nueve años aporta matices frescos a su interpretación.
![]() |
Soonere Child in Great Ink Field, dibujo de PJ Harvey relacionado con la pieza 'Prayer at the Gate'. |
Para dar vida a ese paisaje híbrido entre lo rural y lo fantástico donde la pequeña Ira-Abel da un estirón de madurez volvió a contar con Flood y John Parish, cómplices de los que en tres décadas solo se ha separado en la primera mitad de los 2000. Si en Let England Shake se alzó como una trovadora con la autoarpa colgada y en The Hope Six Demolition Project el saxofón fue el emblema que dio una voz grotesca a todo lo corrompido de su narrativa, I Inside the Old Year Dying tiene un colchón de teclados eléctricos que chirrían y de sintetizadores que suenan como la luz del sol en las distintas estaciones, envolvente y frágil. Por supuesto, también hay arpegios de guitarra, percusión seca y contenida o grabaciones de campo, pero es el punto onírico salido de las teclas lo que a mi parecer define al disco y lo hace único en su discografía, a caso remitiendo puntualmente a los momentos más austeros de Is This Desire? (1998) y sus caras B. Lo inusual del dialecto, las alusiones a Hamlet, Juana de Arco, el poeta inglés John Keats o el hecho de que la imagen del soldado venerado por la protagonista cante 'Love Me Tender' de Elvis Presley juegan al despiste con nosotros y, como en el buen folclore, confunden nuestra noción para situar la historia en el tiempo, aunque en las versiones primerizas de algunos poemas PJ la ubicó a finales de los '70, en la misma época que ella tuvo nueve años.
Acompañando a Ira-Abel a lo largo de un año en el que vive un hecho traumático que le arrebata la inocencia (en Orlam es agredida sexualmente en un cobertizo), Harvey consigue conjurar aquello que define el universo de una niña que se mueve a sus anchas con todo por descubrir: la curiosidad mezclada con el peligro, la libertad mezclada con el miedo, la soledad con su inevitable tristeza. 'Prayer at the Gate' es una introducción maravillosa a la imaginación de la protagonista, un vals etéreo y enrarecido, mientras en otras canciones la música recoge un espíritu aventurero ('Autumn Term', o 'Seem an I', que empieza a capela tal y como cantaría cualquier niño explorando su entorno a solas en el campo). 'The Nether-Edge', con el rugoso vaivén del teclado y la percusión repetitiva, tiene el aire intrigante de estar espiando donde no debes, mientras 'A Child's Question, August' avanza en una nube de óxido nitroso y su melodía acaba instalada en tu cabeza, mimándote como un analgésico. El latido sofocado de 'All Souls', hechizante bajo la voz cristalina de PJ, parece certificar la irreversible transformación de Ira-Abel y su entierro espiritual tras la agresión, un contraste que también se da en la sublime 'August' y esa guitarra eléctrica que cruje a la par que un claqueteo insistente. 'I Inside the Old Year Dying' es una breve y rotunda pieza de folk, solemne como las canciones de guerra de Let England Shake pero codificada aquí con un dolor de peso íntimo, mientras en 'I Inside the Old I Dying' se da un ambiente melancólico que de nuevo sabe a elegía; la despedida de quien quizás todavía no entiende todo lo que le ha pasado, pero que siente en las tripas que no podrá volver a encender las fantasías que la reconfortaban.
"Entre el sueño, la vigilia y el dolor de estómago, cada camino sin sanar y bloqueado", dice en la concluyente 'A Noiseless Noise', donde las disonancias en los acordes y las borrascas de ruido le dan oportunidad de aliviar el revés inesperado que no sabe articular. Siento como si, quizás por su propia intención poética, este disco tuviese infinitas capas por descubrir y en las que perderte, algo que todos los detalles que acompañan a las letras -las traducciones de las palabras en dialecto, las referencias- avalan sin duda. Al final de la reseña siento que a penas he rascado la superficie de uno de sus mejores trabajos. Me hago cruces pensando en que viví de espaldas a este álbum un solo día.
Comentarios