sábado, 15 de agosto de 2009

Imperdible: Hope Sandoval & the Warm Inventions - "Bavarian Fruit Bread" (2001)



Vi por primera vez una foto suya en un Rockdelux de finales de 1996, mucho antes de que pudiera escuchar su música. Hope Sandoval (voz, guitarra, glockenspiel, teclado, armónica) con los ojos cerrados, ante un fondo metálico junto a su compañero en Mazzy Star, David Roback, todo ojeras; una imagen extrañamente magnética ilustrando una entrevista difícil de pasar por alto como me pasaba con otras muchas en la época. Lo que pude sacar más en claro del texto, aparte de las coordenadas musicales del duo y su calidad sublime, fue su personalidad esquiva; la dificultad extrema del entrevistador para sacarles algo más que monosílabos, la tensión de esos silencios incómodos, la oscuridad casi absoluta sobre el escenario en sus conciertos, en los que por supuesto no se dirigen en ningún momento al público. Mazzy Star tenían un aura de enigmáticos, quizá tímidos e introvertidos, sin duda poco dispuestos a entrar en el juego del negocio musical, al menos en todas sus vertientes. No en balde, sus apariciones en directo siempre fueron escasas y, aunque nunca se han separado oficialmente, guardan silencio discográfico desde ese lejano 1996.

Con tanto enigma, el seguidor entregado de Hope Sandoval nunca sabe a qué atenerse; tan pronto oye su voz de manera inesperada y puntual en discos de The Chemical Brothers, Death in Vegas o Vetiver como se hace a la idea de que va a retirarse, para luego aparecer de la nada una noticia como la que me sorprendió a principios del mes pasado: este mes de septiembre se publica Through the Devil Softly, la segunda entrega de Hope Sandoval & the Warm Inventions ocho años después de su debut. Una noticia para la que no ha habido calentamiento alguno y que te golpea casi como infactible. Por suerte, no lo es.

El primer disco de Hope Sandoval & the Warm Inventions, Bavarian Fruit Bread, vio la luz en 2001 de manera casi tan inesperada como ahora. Durante el descanso indefinido de Mazzy Star, -aunque desde el año 2000 siguen diciendo, cuando se les pregunta, que están trabajando en un álbum que “saldrá cuando salga”- Sandoval comenzó a componer junto a Colm Ó Cíosóig (guitarra, bajo, teclado, batería; instrumento éste último que tocaba My Bloody Valentine) y el resultado, aún siendo continuista respecto a la trayectoria de Hope (contrariando el concepto habitual de “proyecto paralelo experimental”), es quizás su verdadera obra maestra hasta hoy, el disco en el que más que nunca los diferentes elementos se han conjugado a la perfección, con una claridad y riqueza sonora que hace que sus anteriores aventuras con David Roback parezcan demasiado claustrofóbicas. No es que Mazzy Star no tuviera momentos de belleza inmediata (los singles 'Fade Into You' y 'Flowers in December', sin ir más lejos, o preciosidades como 'Rhymes of an Hour' o 'All Your Sisters'), pero junto a los Warm Inventions ésta parece florecer de manera más sensual y profusa.



Abriéndose paso tras las primeras notas de guitarra acústica y glockenspiel en ‘Drop’, la apabullante personalidad de Hope retoma al oyente desde donde le dejó la última vez, con ese registro único, delicado y susurrante, que nunca necesita soportes –pocas veces se dobla la voz- más allá de la justa reverberación, ese truco que le sienta tan bien. La secuencia de canciones nos pasea por habitaciones de claroscuros y otras en las que las cortinas están corridas para que entre sin trabas la tenue luz del amanecer. A la primera esfera pertenecerían los dos temas que tienen nombre de chica: ‘Suzanne’, sostenida en dos acordes y el tintineo del glockenspiel en bucle, es básica pero lo suficientemente explícita como para comprender la naturaleza de un ser inquietante y fraudulento que se sale con la suya porque “tiene el aspecto de mi hermana / pero la siento como si fuera mi amante”; y ‘Charlotte’, que constituye el retrato de un personaje errático y quebradizo que no aprende de los golpes y persiste en su actitud bondadosa con quien le rodea, mientras gotean las notas de guitarra polvorienta. En cambio, los arpegios de ‘Butterfly Mornings’ remiten al despertar de un domingo ocioso, dando pequeños tumbos sobre la cama; 'Around My Smile' flirtea con el deseo equivocadamente inocente ("Alrededor de mi sonrisa / y tengo un sentimiento desconsiderado dentro de mí / ¿Por qué no te llevas a un amigo / entre las sombras?..."); y ‘On the Low’, con ese paso ligero y decididamente sexy (golpes secos de guitarra, una insinuante armónica, coros masculinos) es el momento más desenfadado y seductor del disco.

Son diferentes juegos formales dentro del familiar estilo de Sandoval, arropada por una excelente banda que la rodea de sutilezas. Ella suena igual de convincente con los mínimos recursos y sobre escenarios tan dispares como los creados por la placidez orquestal que la acompaña en 'Feeling of Gaze' (ese moderado hedonismo: "Voy a poner mi canción favorita / voy a ponerla toda la noche / (...) Me siento viva contigo / Siento cómo un pecado se desvanece / Celebrémoslo") y en el desarrollo en espiral de 'Clear Day', una pieza contemplativa que parece nacer tras una estruendosa tormenta, cuando todo sigue mojado y los insectos sacan la cabeza de nuevo con cautela; poco a poco sube en intensidad como si las nubes se despejaran totalmente del paisaje.

Resulta acertado que 'Bavarian Fruit Bread' dé título al disco, pues prestando atención es fácil que te deje huella. En ningún otro tema muestra Hope tan rotundo contraste entre la candidez habitual de su interpretación y lo turbador de sus palabras, dirigidas a alguien a quien intuye desenamorado de ella: "Tengo un nuevo set de ruedas / Voy a conducirte directamente hacia las lágrimas / Voy a gastarme todo mi dinero / haciéndote llorar". El fondo de despecho es claro, pero su manera de atacar es recitada con una conmovedora vulnerabilidad que hace que su intención sea más efectiva. Para el cierre, Sandoval hace justicia a los adjetivos "narcotizante" y "lánguida", tan recurridos para referirse a su voz y a sus canciones durante toda su carrera, despidiéndose con la pieza más abstracta del lote, susurrando con resignación y sobre una guitarra emborronada con alcohol eso de "Ella es la flor de tus ojos ahora / Qué corazón tan tonto".

Superarlo es difícil; afortunadamente, para comprobar si es posible ya falta muy poco.


Para escuchar en Spotify:







1 comentario:

Eduardo Figueroa Teuber dijo...

Excelente artículo. Acabo de comprar su último disco "Through The Devil Softly", sin duda una sublime inspiración.