Momentum: Nina Hagen - "Nina Hagen Band" (1978) / "Nunsexmonkrock" (1982)

Hay una historia que he explicado cien veces; uno de los primeros recuerdos que guardo de mi vida -sin duda uno del que no tengo duda sobre si ocurrió realmente o fue un sueño, como pasa con tantas imágenes que con el paso de los años parecemos construir a través de anécdotas que nos han explicado y cosas que no ubicamos bien. Cuando tenía unos tres o cuatro años, allá por el año 1987 u 88, uno de mis pasatiempos favoritos era escuchar música con un walkman Sony WM-F5 -amarillo, con los botones de goma; irrompible: se me llegó a caer por el balcón del primer piso donde vivíamos y aún así siguió funcionando. Me acurrucaba en una recurrida butaca de escay marrón con los auriculares puestos y una caja de zapatos donde guardaba tres cintas: Through the Looking Glass, de Siouxsie & the Banshees; Big Science, de Laurie Anderson; e In Ekstasy, de Nina Hagen, todas sin sus correspondientes cajas. Creo que nunca he preguntado a mis padres si eligieron esas por alguna razón, si las consideraron accesibles o extrañamente educativas. Siouxsie me resultaba seductora, me embelesaba; Laurie, con su voz calmada, me narraba sutilmente pequeñas instrucciones y reflexiones de las que no podría adivinar todo su peso hasta al cabo de muchos años; y Nina... Nina jugaba con ventaja, porque el videoclip de 'Universal Radio' (1985) estaba grabado en una cinta de VHS donde se mezclaban series de dibujos y trozos de programas culturales como Metrópolis, así que era la única que había visto. Larga melena postiza de color fucsia, incontables muecas, una braga de la que colgaba la cara de un animal de peluche con la lengua fuera. Ah, sí: escuchar a Nina Hagen daba miedo. Era como si a través de su garganta diese voz a una decena de personajes endemoniados y para un niño eso puede resultar tan fascinante como terrorífico.

Lo desconocía pero In Ekstasy, esa cinta de la que solo escuchaba la cara 2 (porque siempre me enganchaba exclusivamente a la mitad de cualquier álbum), había cerrado la época más productiva y de mayor popularidad de Hagen. Era el último trabajo que gozó de la repercusión que asociarías a uno de los personajes más originales e insoportables del pop-rock de la década de los 70 y los 80, primero en Europa pero luego también en América. Para entonces ya había trabajado con Giorgio Moroder y había mezclado de formas más o menos desagradables el pop de sintetizadores fluorescentes con el rock duro y el funk, siempre cómoda en el kitsch pasado de vueltas. Los dos discos que voy a destacar hoy no están exactamente desconectados de todo eso, algo imposible por su naturaleza veleidosa, pero la impresión que dejan no es la de frivolidad. Hija de artistas nacida en 1955, Nina Hagen empezó a cantar de casualidad imitando a las compañeras de reparto de su madre, Eva, en los ensayos de una representación teatral de My Fair Lady, desarrollando con agilidad una técnica vocal versátil que empezaría a explorar a partir de entonces. Aunque el punto cero de su carrera discográfica suele situarse siempre en su debut bajo el nombre de Nina Hagen Band, no puedo dejar de destacar una serie de grabaciones que realizó entre 1974 y 1976 en Alemania del Este con grupos como Automobil y Fritzens Dampferband, recopiladas en 1992 bajo el título de Rock aus Deutschland: Nina Hagen, donde esa voz intrépida y juvenil se enmarca en pequeñas y jueguetonas composiciones de pop-rock picaresco con la huella del cabaret germano. En 1976, Nina y su madre abandonaron Alemania del Este a causa de la expulsión de su padrastro Wolf Biermann (cantautor anti-sistema y activista contra el govierno, al que concedieron un permiso para dar un concierto en Colonia y después no permitieron regresar a su hogar). Instalada en Hamburgo, a Hagen la contrató la discográfica CBS y le aconsejaron que pasara una temporada viajando para empaparse de la cultura occidental. Lo hizo: viajó a Londres y tuvo la oportunidad de ver en directo a los Sex Pistols, a The Clash y a entablar amistad con Ari Up de The Slits. A la vuelta, en Berlín, buscó a los músicos que darían forma a las canciones de su primer álbum bajo el nombre de Nina Hagen Band.

Para entrar en el universo que encierra Nina Hagen Band (1978) es necesario ir más allá de la impresión escéptica que uno puede llevarse en las primeras escuchas; hay que sobrepasar esa coraza de rock clásico anticuado y encorsetado en una sobredosis de testosterona. Aunque suele considerarse uno de los discos surgidos de la oleada de punk-rock europeo, no se trata desde luego del punk primitivo y anguloso que Nina conoció en Londres, sino que más bien entronca con el rock robusto del Radio Ethiopia de Patti Smith. No es tan poético como ese, pero puede compartir discurso subversivo y sensible en su forma de manifestar su feminidad. Repasando las traducciones de estos primeros textos no es de extrañar que con una obra como esta se alzara como un icono y un referente sólido dentro del reducido número de mujeres que se dedicaban activamente al rock por aquel entonces. Como líder carismática y con recursos, como intérprete y vocalista con registros extremistas, Nina Hagen es incomparable, basculando entre la provocación, el sarcasmo y la chuería, siempre con un punto teatral en el tono y el matiz. Abre con 'TV-Glotzer' (interpretación libre del 'White Punks on Dope' de The Tubes) explicando el asco y confort simultáneo que le produce recurrir a la televisión cuando está deprimida, y al siguiente tema ('Rangehn', uno de los más desenfadados) deja claro que va a ser ella quien tome la iniciativa con un chico que le atrae en una discoteca. Pasando por el acalorado reggae 'Heiss' y haciendo oídos sordos a los agudos solos de guitarra que aparecen aquí y allá -tics de rock setentero que afectan a la estética del repertorio- pueden apreciarse estructuras influenciadas por el glam y la new wave, como en 'Auf'm Bahnhof Zoo' (un flirteo entre pintalabios y tacones de aguja en el baño de chicas de la estación del Zoo de Berlín, cuya música bulliciosa es tan fiel a lo que cuenta como una fotografía) y la declaración pro-aborto de 'Unbeschreiblich Weiblich' ("Me quedé embarazada / Tenía ganas de vomitar / (...) ¿Por qué debería cumplir con mi deber como mujer? / ¿Por quién? ¿Por ellos? ¿Por ti? ¿Por mí? / (...) Marlene no hizo esa escena / Simone Beauvoir dijo 'Au revoir'"), donde el recuerdo a 'Ask the Angels' de Patti Smith es incuestionable.

Destacan dos momentos vulnerables: 'Naturträne', donde Nina despliega sus dotes como cantante de ópera sobre un delicado arpegio de guitarra acústica, y 'Der Spinner', un medio tiempo en clave menor y con un recitado apasionado (ambos tratan de la angustia sin origen determinado, de lágrimas vertidas e inquietudes no resueltas); y en el sentido estrictamente opuesto, queda 'Pank', una declaración de autonomía de apenas minuto y medio escrita a medias con Ari Up cuando The Slits aún no habían ido más allá del punk acelerado. Intocable o frágil, Hagen se expone sin reparos y consigue transmitir una imagen real, astuta; la de alguien que no se deja manejar. Nina Hagen Band fue muy bien recibido por el público alemán (más de 250.000 copias vendidas), pero ni siquiera tal éxito y la obligada entrega de un segundo LP a CBS según contrato podían frenar a una Nina Hagen ambiciosa, sin ganas de anclarse en el rock. Para Unbehagen (1979), última referencia a nombre de la banda (que incluye su primer hito en Europa, 'African Reggae'), los músicos grabaron sus partes en Berlín y Nina las suyas en California, por lo que el grupo estaba prácticamente disuelto. A partir de entonces ella iría por libre y ellos iniciarían otro proyecto llamado Spliff.

Aunque siempre se la consideró imprevisible y excéntrica, nada podía presagiar el rumbo que tomarían sus inquietudes musicales a partir de entonces, materializadas en su debut estrictamente en solitario, el más anómalo y vanguardista de su carrera y el primero que desconcertó seriamente a prensa y público. Más allá de la libertad artística y su vocación experimental, en el inicio de la década de los 80 topamos con una Nina Hagen iluminada y transformada para siempre a raíz de dos acontecimientos clave que trastocarán su discurso, su motivación artística y su filosofía de vida: por un lado, afirma ser testigo de la visita de un ONVI en una playa de Malibú estando embarazada; y por el otro el nacimiento de esa hija, a quien llamó Cosma Shiva, en mayo de 1981. La comunicación con dios -su dios, más allá de la religión- y la limpieza de espíritu provocada por esa experiencia paranormal (el ONVI, no el parto) se convierten en sus recurrentes musas. No importa: más allá de las arengas, las inocentes consignas y el encomendamiento a dios ocasional, Nunsexmonkrock (1982) es un trabajo fascinante, abstracto y brusco, surrealista; aventurado en todos los frentes. Las formas rock clásicas de antaño (presentes aún en temas como 'Future Is Now' o la densa 'Dread Love', con ese falseto propio del heavy metal) son ahora un ingrediente más para una vocalista puesta al servicio de una serie de historias y personajes a quienes dota de voces histriónicas, monstruosas o eufóricas según la ocasión, conviviendo en ambientes igualmente eclécticos: 'Antiworld', que ilustra el encuentro de Jesús con un hombre poseído por el diablo, es épica utilizando acordes de flamenco y melodías de influencia oriental; flirtea por primera vez con la música disco de contagiosa guitarra rítmica en 'Cosma Shiva' (canción dedicada a la recién nacida) y en una 'Smack Jack' de pesadilla (la historia de un yonki con los días contados, claustrofóbica y desesperada en el estribillo); se mofa (¿o celebra?) las profecías de los tarotistas en una 'Taitschi-Tarot' envuelta en una música estrestante y minimalista; y 'Born In Xixax' se cimenta en un primitivo riff punky resultando en el momento más asequible y pegadizo del repertorio. En los canales de estéreo se agolpan varias capas vocales a la vez y Nina se manifiesta libremente, lanzando mensajes que azarosamente llegarán al oyente o se quedarán en un barullo ininteligible.

Entrar en Nunsexmonkrock despierta el hambre de la curiosidad por saber qué va a aparecer detrás de cada esquina, pero a la vez provoca repulsión y angustia ante las sensaciones caóticas que emanan de piezas como la cacofónica 'Iki Maska', donde se apropia de la línea de guitarra del 'Planet Claire' de The B-52's, la repite en un loop y desorienta cantando por encima estrofas de cosas como 'O Sole Mio', 'Ziggy Stardust' de Bowie o 'Vindictive' de The Slits en lo que parece la representación de una catástrofe futurista. 'Dr. Art', donde se autoproclama la profeta elegida por dios, y 'UFO', que cierra el disco, son piezas introspectivas que se sostienen en una fría caja de ritmos casi balsámica después del viaje y acaban de afianzar el amplio terreno experimental y esquizofrénico por el que Nina Hagen pisa en este disco. Una de las obras que con su carácter vanguardista sin barreras zarandearon y enriquecieron el mundo musical de los años 80. Es, no obstante, un reconocimiento que yo le concedo pero para nada consensuado en el mundo musical, donde como tantas otras artistas es ninguneada su influencia o, si más no, su obra y su discutible trascendencia.


Para escuchar en Spotify:
(Nina Hagen Band no está disponible actualmente)

Comentarios

roberto daste ha dicho que…
vi a Nina en 13 conciertos distintos y en directo...que una peña y yo le siguiamos vámos...Y sin duda Unica entre las unicas no, Unica entre artistas de rompe y rája!!!musicasa!!! iompresionante, genuina, hermosa...y yo tb estuve con eun OVNI y millones de personas tb...y la cia lo sabe y tienen priebas que se reservan...Nina Hagen ! es Absolutaménte genial haga lo que le de la gána!! Roberto Daste "Rishi"