miércoles, 15 de junio de 2011

Minutos: Talking Heads - 'I'm Not in Love' (1978)


"Amor". Tremendo asunto. Particularmente, no pienso ya ni en afecto cuando leo estas cuatro letras juntas, que en español siempre me han parecido poco atractivas a la vista: sobre el papel, es una palabra que para mí no tiene armonía, y no es una provocación. Desde siempre, he relacionado las palabras con los colores de una manera muy instintiva; no sé con exactitud cuándo empecé a hacerlo pero era algo para mí intrínseco en los vocablos, y bastante lógico además. Esa "A" y esa "M" juntas me hacen visualizar un verde oscuro como el de las hojas de una planta de plástico; un color al que no recurriría muy a menudo de estar en mi caja de Plastidecor.

Cuestionar su significado sin que te tomen por alguien "amargo" que no ha "superado los desengaños del pasado" y que "cree estar más seguro si es determinante diciendo que no se va a enamorar jamás" es harto complicado. Yo a esta palabra no le veo más que los compromisos que se le han ido cosiendo a base de mal uso, igual que se cosen las chapas en el chaleco de una niña exploradora que vende galletas en Massachussets. No es una ñoñería lo que ha acabado significando "amor", no; es algo bastante serio. Para empezar, de manera bastante automática se relaciona con la idea de lo conyugal, de ser dos. Como sentimiento, al engullir tantos otros de cuestionable positividad (a saber: posesión, dependencia; también artes como la dramaturgia) es algo bastante abominable. Y habrá quien se ría por ahí detrás. No me entra en la cabeza.
El otro día estaba en el supermercado, en fila tras una pareja heterosexual esperando para pagar. Les tenía demasiado cerca, en el pasillo de los vinos y el alcohol fuerte; me estaba tragando todo lo que hacían. En un momento determinado, él le mordió la nariz dejándosela toda babeada. Tiraron también un bote de salsa romescu entre risas y apelativos como "cariño". Yo entornaba los ojos y me leía las etiquetas de las cosas, no tenía ni el triste iPod para entretenerme, y me noqueó con fuerza esa desconexión de todo lo demás que tanto caracteriza a las parejas: todo foco recae en la otra persona, algo que se acepta en plenitud de facultades. Si la cesta no hubiera estado hasta los topes, creo que hubiera huido.
¡Qué obscenidad!

Luego están las ganas que tiene tu entorno de que te enamores, y que lo hagas en el sentido que lo estoy explicando yo ahí arriba, barriendo todos los añadidos para casa. En general, ya hay prisa por ir en serio con alguien; pero cuando ya es prisa ajena y de pasatiempo, es muy curioso. La convivencia en pareja sigue siendo un objetivo (por mucho que de puertas a fuera y en soltería muchos digan cuán antiguo es y suenen esos "el hombre nace solo y tiene que aprender a estar solo" de manual) y se respeta poco a quien pretende hacer las cosas de manera diferente, o no hacerlas en absoluto. Te despachan con dos justificaciones autovalidadas que a ellos se lo explique todo: o resulta que la persona no te gusta lo suficiente y por eso no te mojas hasta donde ellos consideran que deberías; o que ahora estás en una fase de negación transitoria previa a caer invitablemente en el noviazgo. Y esperan que te lo creas. "Esperar" como en "desear".

Mis divagaciones (este texto tiene tantas cursivas, cinismo e ironía que solo puede representarme como un caricato, muy a mi pesar) no vienen solas, y es que todo este escepticismo y cuestionamiento, como tantas otras cosas, ya tuvo hace más de treinta años su preciso e impecable resumen en la voz de David Byrne. Yo digo más, sí, pero el título de esta apremiante canción de Talking Heads lo dice todo: 'I'm Not in Love'; 'no estoy enamorado'. A Byrne se le conocen otras interpretaciones espasmódicas y entrecortadas, más en esta primera época de la banda, pero el discurso musical sobresale en esta ocasión teniendo en cuenta lo que explica. En las estrofas quedan manifiestos los nervios y la sensación de pérdida de control que le provoca la aceleración de un encuentro, todo ello dirigido por un riff de guitarra funky y una batería que no da tregua: "¿Qué es? ¿Algo nuevo? Bueno, no es así como te veo yo / Vas a tocarme enseguida pero eso no es lo que quiero hacer". Todo ello conduce a un pequeño puente hacia el estribillo que parece sacudirse como los gestos bruscos de quien intenta explicarse en una discusión que ya dura demasiado rato ("Somos dos extraños, podríamos no habernos conocido nunca / Podemos hablar eternamente, ya he entendido lo que has dicho"), antes de desinflarse con la aplastante conclusión: "No estoy enamorado / ¿Qué hace falta para enamorarse? / ¿Lo hace realmente la gente?". Se hace el silencio y vuelven los espasmos del inicio, como quien sigue rumiando y aún tiene algo más que soltar, lo que le hace acabar con lo más osado:

"Contestaré a tus preguntas si no manipulas lo que diga
por favor, respeta mis opiniones

serán respetadas algún día

pero yo no necesito amor

llegará un día en el que no necesitemos amor

creo firmemente que no necesitamos amor"


Lo último que oímos de David Byrne al micrófono es un quejido roto y alargado de impotencia y frustración. Hay que entenderle. Se ha acabado llamando "querer" a todo lo demás. ¿Debería añadir interrogantes a la última frase?


'I'm Not in Love' apareció en el disco More Songs About Buildings and Food, publicado en julio de 1978.



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