Escenarios: Rebecca Gates + Ted Leo - Heliogàbal (Barcelona), 28 de septiembre de 2012

No contagiarse de cierta expectación desde que Rebecca Gates y Ted Leo aterrizaron en Madrid a mediados de septiembre para iniciar su gira europea ha sido bastante difícil, y particularmente complicado para quienes asistimos el pasado viernes a la velada en la sala Heliogàbal. No solo porque tras el primer tercio de la gira viéramos cómo abandonaban el país para pasearse por Francia, Gran Bretaña, Alemania e Italia antes de regresar y ponerle un lógico colofón en Barcelona (cuna del sello que les mima, La Castanya), sino porque en su ausencia fuimos siguiendo el hilo del entusiasmo que han levantado en cada una de las ciudades visitadas, reflejado en reseñas, mensajes y entrevistas vistas en la red en los últimos días. Con todas las entradas vendidas, en Heliogàbal no hubo más remedio que prescindir de la habitual hilera de sillas y butacas delante del escenario. Ambos artistas se presentaban sin sus bandas de acompañamiento (ella sin The Consortium, él sin The Pharmacists), recrudeciendo sus composiciones y robusteciendo la comunicación con un público ante el que parecían tener retos distintos. Para Rebecca Gates era como una presentación, un recordatorio de su vigencia tras once años sin publicar disco y priorizando otras disciplinas artísticas, aunque teníamos reciente su etéreo concierto en el Minifestival de 2010. Para Ted Leo, en cambio, era un baño de multitudes entre un público cómplice y fiel que deseaba adivinar cada canción tras el primer par de acordes para cantarla al unísono. Podían parecer situaciones incompatibles (la quietud de ella, los acelerones de él), pero en realidad se complementaron admirablemente.

En una de sus cómicas intervenciones habladas mientras afinaba la guitarra entre canciones, Rebecca Gates dijo algo con lo que prácticamente me escribió su reseña. Yo habría vuelto encantado a casa, intentando darle vueltas a algo que definiera lo intangible, esa calidez esencial, pero no me dio tiempo a pensar. Mencionó esa cosquilleante sensación de enamoramiento veraniego como constante fuente de inspiración para su trabajo, y creo que eso es lo que recoge mayoritariamente su música: esa tensión entre un sentimiento de ternura extática y la certeza de que va a tener una caducidad inminente, revisada desde una melancolía ya otoñal. A Gates le gustan los acordes abiertos, esos que combinan notas agudas y minúsculas con dos o tres cuerdas sueltas, y con ello consigue simultáneamente transmitir intimidad y expansión. Su voz arenosa serpenteó entre esos acordes con naturalidad y calma, tanto en el cancionero que estrenaba (especialmente emocionante el inicio fuera de micrófono de la envolvente 'Rose') como en los rescates de la banda que manejó en los 90, The Spinanes ('Azure', 'For No One Else' o 'Sunday'; esta última, dijo, "una petición").

De The Spinanes fue guitarrista Ted Leo poco antes de que el grupo se desintegrara definitivamente (lo cual certifica su añeja amistad con Rebecca), y la verdad es que cuesta imaginar cómo debía controlar su aparente hiperactividad participando en canciones tan pulidas como las de ella. Desde el momento en que se calzó la guitarra en el rincón rojo de Heliogàbal, si algo se le suponía imposible a Leo era mostrarse comedido o simplemente quieto. En cierta manera dio el espectáculo de un showman (algo que propició el apoyo incondicional del público) aunque lo digo sin pensar en artificio ni histrionismos; más bien por su expresividad interpretando y por su carácter campechano hablándole a la audiencia entre tema y tema (a la que se dirigió siempre que supo en catalán) con una sonrisa contagiosa. Por un lado, encandiló sin esfuerzo como persona, pero como mensajero de esas canciones que van a la velocidad del trueno (su herencia hardcore) pero que tienen una complejidad estructural considerable y no descuidan el tintineo sentimental en la melodía, estuvo también impecable. Ted también presentó muchas canciones aún inéditas entre las reconocidas y coreadas ('Me and Mia', 'Where Have All the Rude Boys Gone?') y estando donde estaba, acabó el set principal tocando 'La Costa Brava', para la que se animó a hacer coros espontáneamente Rebecca Gates (que hasta entonces había estado medio escondida tras la barra del bar sirviéndole copas a Ted y viéndole actuar). El respeto a los vecinos acortó el bis a tres canciones (entre ellas, versión tabernera de 'Soy Así' de Los Salvajes) y, como nadie quería dejarle marchar aún, consiguieron hacerle cantar una pequeña canción tradicional irlandesa a capella para despedirse. No le tengan en cuenta esta delicadeza: la cantó con el mismo fervor, y luego siguió pinchando discos de grupos como The Slits, Crass o MC5 el resto de la noche en la misma sala.



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