lunes, 27 de julio de 2015

Escenarios: Björk - Poble Espanyol (Barcelona), 24 de julio de 2015



















Fotografía de Francesc Fàbregas

Habitualmente, cuando sé que voy a escribir la reseña de un disco recién publicado o de un concierto que he visto, evito leer las crónicas que aparecen en los medios y en modestos blogs como éste para escucharme y concentrarme en cuáles han sido mis sentimientos. Escapar a las opiniones de una visita publicitada y esperada con anticipación como la de Björk a Barcelona el pasado viernes no es tarea fácil, no obstante, y aun sin leer el cuerpo de texto de ninguna noticia, los titulares y los comentarios de varios asistentes me han permitido entender hasta dónde ha dividido opiniones la presunta inflexibilidad exhibida en el Poble Espanyol por la islandesa. Es cierto; se mostró inexorable ante la posibilidad de que sonase alguno de los singles de su época más estimada y popular (el único fue 'Wanderlust', del relativamente reciente Volta) y ahora se muestran tercos como ella muchos, que encuentran imperdonable esa selección de repertorio que les impidió gozar de un espectáculo que a fin de cuentas asombró por la entrega, la elegancia y la emoción con la que se ejecutó.

Repescar 'Hyper-Ballad', 'Hunter' o 'Possibly Maybe' hubiera dibujado un pico romántico altísimo entre público y artista, es innegable, y parece ser que también hubiera supuesto una codiciada recompensa para quienes no pudieron penetrar en el elaborado guión que tenía el concierto, al que se ha tildado de exigente y difícil. No he mencionado esos títulos añejos al azar. Todos han sonado en conciertos de Björk hace a penas dos semanas y prescindir de ellos en Barcelona lo ha asemejado a un castigo. Pero basta con hacer un pequeño análisis lógico: solo los ha interpretado en festivales, donde cualquier artista es muy consciente de que la audiencia es casual y el entretenimiento debe condimentarse un poco, y aunque el del Poble Espanyol es un escenario al aire libre y con una capacidad importante de público, no se trataba de ningún festival; este era un recital propio donde Vulnicura (2015) iba a ser presentado con el directo analógico que concibió originalmente, el mismo que se pudo ver en Nueva York en marzo y abril. Barcelona ha sido la segunda ciudad (antes estuvo Lyon) donde la gira ha retomado su noción inicial después de los excepcionales setlists articulados en eventos como el Colours of Ostrava (República Checa) o el Manchester International Festival. ¿Significa eso que le ha negado a sus seguidores más fieles un hueso con el que sí ha honrado a una audiencia aleatoria? Personalmente, y por mucho que yo también eche en falta a la Björk más inmediata e icónica de hace veinte años, ni salivé por ese hueso antes del concierto ni me lamenté por no haberlo podido roer después.
















La última vez que vi a Björk en directo fue desde una grada muy alejada del escenario en la Plaza de Toros de las Ventas de Madrid, en 2007. Allí el repertorio seguía estando plagado de singles salteados y la intención era pretendidamente colorista, pero Volta era un álbum disperso en el peor sentido y ella parecía cansada en los conciertos; carente de energía, con las cuerdas vocales exhaustas, algo que acabó en 2012 (cuando canceló su actuación en el Primavera Sound) con una operación de garganta que le devolvió -según lo impecable de la interpretación del viernes- su frescura y vigor esencial. No visitaba Barcelona desde que publicara Greatest Hits y pasase por el festival Sónar en 2003, un concierto servicial que hubiese puesto de rodillas a quien se enfadó en el Poble Espanyol y a cualquiera que siga arropándose esporádicamente con los discos de la primera etapa de su carrera. Aún no lo sabíamos, pero esa recopilación no resumía en balde, sino para dar paso a una segunda década mucho más imprecisa y alejada del pop que de momento ha culminado en la intimidad a voces, sentida, de Vulnicura. Si en disco ha regresado una Björk más humana y menos científica, sobre el escenario tuvimos el equivalente físico, viendo a una intérprete impetuosa. Vulnicura versará sobre sujetos dolorosos como la desintegración de su longeva relación con el artista visual Matthew Barney y la angustia por la consecuente alteración del núcleo familiar, pero hacía tiempo que no cantaba sobre un sentimiento de amor tan fuerte, y la pasión se nota.

Al escenario también han regresado los instrumentos de cuerda (quince músicos nada más y nada menos, agrupados bajo el nombre de The Heritage Orchestra), que tan bien subrayan en las terminaciones nerviosas lo que la voz ya está pulsando en la carne. El primer segmento reunió las que quizás sean las mejores canciones de su último trabajo, empezando por esa 'Stonemilker' que remite extrañamente a 'Unison' (Vespertine, 2001) aunque florece en el extremo opuesto a ésta: hace quince años hizo crónica de cómo sus sentimientos se acompasaban con los de otra persona; ahora, describe la desincronización irremediable. Cuando dibujó la primera melodía ascendiente de la noche al pedir "Muéstrame respeto emocional", lo hizo con ternura. 'Lionsong' y 'Notget' sonaron más complejas y diseminaron agitación y angustia, mientras las texturas gélidas de 'History of Touches' -para la que se acercó a Arca, productor del disco a cargo de las programaciones en directo- desnudaron las palabras hasta lo más impúdico. De vértigo fue también interpretar 'Black Lake' al tercer tema, un lamento estirado hasta los diez minutos de tímido crescendo que escondía el momento más descaradamente bailable de la noche. La revisión de catálogo estuvo al servicio de la paleta cromática de Vulnicura, sorprendiendo al reivindicar la poco usual 'Harm of Will', deconstruyendo la desarmante 'Come To Me' y embruteciendo 'All Neon Like' con raros acentos en el compás rítmico, dirigido por Manu Delago desde esa percusión electrónica que a veces se desintegra a lo bruto. Delago también tocó el hang, un instrumento metálico que dio un toque exótico a 'I See Who You Are'.

En ese contexto de temas introspectivos y a veces enrevesados, solo se asemejaron a concesiones entre las repescas 'The Pleasure Is All Mine' (majestuosa) y una celebradora 'Wanderlust', canciones que hablan sobre la generosidad y la importancia de seguir hambriento por descubrir cosas que sin duda deben ser curativas para Björk en estos momentos. Fuegos artificiales dentro y fuera del escenario durante 'Mouth Mantra' anticiparon el final del set principal con una 'Mutual Core' (de Biophilia, 2011) explosiva y catártica. Hubo un único bis, lo suficientemente emotivo: Manu Delago volvió a sentarse con el hang en el regazo y materializó por la vía minimalista 'One Day', el segundo recuerdo a la inocencia de Debut (1993); quizás el más alentador de los finales después de todo lo escuchado. A penas le veíamos los ojos, pero la máscara de insecto que llevaba Björk reveló todas sus sonrisas. Se adivina en su entrega y en las señas veladas de complicidad que interpretar frente a una audiencia está siendo regenerador para ella. Silbó por última vez la pequeña melodía de la coda, con gesto travieso mientras el público la seguía como tantas otras veces durante el concierto; estoy seguro que no subestima ninguno de los aplausos que interrumpieron espontáneamente el repertorio. Fue un placer verla y escucharla en este momento; con un espectáculo sólido y cerrado a cal y canto según su criterio. Oyéndola cantar lo que necesita cantar.



Setlist:
Stonemilker / Lion Song / Black Lake / History of Touches / Family / Notget / Come To Me / The Pleasure Is All Mine / I See Who You Are / Harm of Will / All Neon Like / Quicksand / Wanderlust / Mouth Mantra / Mutual Core // One Day




2 comentarios:

Pereiro dijo...

Yo la vi hace tres años y me dejó frío, frío (Como el aire de Islandia en febrero) También es verdad que hace mucho tiempo que no me gustan sus discos

Estanis Solsona dijo...

Si la hubiera visto en 2012 no la hubiera disfrutado como ahora, porque prácticamente ignoré "Biophilia" cuando salió y ya venía de haberme decepcionado "Volta"; estuve una larga temporada pensando que Björk había acabado para mí, que no volvería a conectar con lo que expresase en un futuro. Pero luego, recuperando el año pasado los discos que sí me gustan todavía y habiéndome conmovido el último por sorpresa, me he reecontrado con ella.