jueves, 17 de noviembre de 2016

Escenarios: Emily Jane White - Antiga Fàbrica Damm (Barcelona), 15 de noviembre de 2016

Fotografía: iCat.cat

Acercándome a la mesa donde estaban expuestos los discos de Emily Jane White al finalizar el concierto, alguien le estaba preguntando si había sido su primera actuación en Barcelona. "Estuve en otra ocasión, hace años", respondía ella, sin dar con los datos concretos en su memoria, "fue en un festival". No pude resistir intervenir y decirle que ya hacía seis años largos de esa cita, en acústico y casi de incógnito, dentro del Minifestival celebrado en el Espai Fontana. En un cartel que tenía como obvios reclamos a Mark Gardner (Ride) y Luke Haines (The Auteurs), White -como Rebecca Gates, con quien compartió el turno de tarde- era un nombre más recóndito, su presencia inusual en estos pagos, y ver su set acabó siendo un pequeño privilegio teniendo en cuenta que después nuestros escenarios -incluidos los de los festivales más eruditos- la han esquivado durante más de un lustro.

No así en el resto de Europa. Una veintena de fechas en Suiza, Austria, Alemania y Francia (en Burdeos está la discográfica que publica sus discos, Talitres) habían precedido su llegada a España, y tras pasar por Italia pondrá el colofón a la gira con otro par de conciertos franceses. Los galos, como ocurre con Shannon Wright, entendieron desde el principio su trabajo con la sensibilidad que la cantautora californiana no podía encontrar entre la audiencia de su América natal. En Barcelona debemos agradecer su visita a Albert Puig, director del programa de radio Delicatessen en iCat, que con buen criterio organiza de manera intermitente dobles carteles (en este caso, junto al cantautor catalán Roger Usart) en la Antiga Fàbrica Estrella Damm, una sala con una acústica soberbia que ayudó a elevar el repertorio de Emily Jane White al escalón místico preciso.















Fotografía: Magda Martínez

Dos sílabas frente al micrófono, sentada al piano en la inicial y concisa 'Antechamber', y ya podíamos esculpir su nombre -sin orden jerárquico- junto al de voces como las de Victoria Legrand (Beach House), Chan Marshall (Cat Power), Natasha Khan (Bat For Lashes) o Tamaryn; voces de mujeres a quienes me doy el capricho de mencionar porque a uno siempre le emboba leer el nombre de sus amores platónicos, y como ellas, Emily Jane White enamora cuando articula las notas haciendo sonar el aliento arenoso, empapado en una reverberación que dispara su expresividad. Su discurso ofrece un extraño confort a base de indagar en el lado más sombrío de la vida. Se sucedió un primer bloque de temas del disco que está presentando, They Moved In Shadow All Together (2016), el que más evidencia el estirón que ha dado desde su anterior visita, y se acercó a ese mundo de dream folk tan onírico como helado de una forma ligeramente más física y minimalista que en el estudio, destacando una fantasmagórica 'Moulding' (esa aflicción con un punto resignado, arrastrándose), las manchas góticas de 'Frozen Garden' y el clasicismo más complejo de 'Rupturing', todas ellas repuntadas por la aguda voz de sirena de Laura Weinbach (bajo, voz), esencial, quien junto a Anton Patzner (violín, teclado) y Nick Ott (batería) integra una banda competente y prudente, al servicio de los ambientes.

Fue el violín de Patzner el que introdujo en solitario el segundo bloque, donde miró a Victorian America (2009) para recuperar la evocadora 'Liza' (primer momento de verdadero bullicio de la noche) y 'Stairs', una de sus canciones más cambiantes, que en cada transición a una nueva sección dejó al descubierto el poco respeto de esa parte de la audiencia que se pasa el recital haciéndose confidencias a oídos de todo el mundo. 'Nightmares On Repeat', también del último álbum, se desarrolló cautivadora y a flor de piel hasta que se fue apagando, dejando solo las voces de White y Laura a capella. Las repescas de Ode To Sentience (2010) fueron lo más pastoral del repertorio, 'Oh Katherine' (la vivacidad de ese arpegio que parece una tejedora de hilo en funcionamiento) y 'The Cliff', donde la banda volvió a soltarse con un tono más desenfadado que ya contagió a una 'The Black Dove' agitada desde los timbales. Dark Undercoat (2008), su primer disco, tuvo una insospechada presencia en el último tramo, cerrando el set principal con 'Wild Tigers I Have Known' (lanzó una sonrisa incontenible cuando se equivocó tocando el piano) e interpretando otros dos temas en el bis, 'Sleeping Dead' sola con la guitarra eléctrica, arrimada al blues de las murder ballads; y una 'Dagger' estremecedora (ese nuevo arreglo de violín), ya con la banda de nuevo en el escenario. 'My Beloved', con sus menciones al demonio y un nervio obsesivo, nos brindó un final encendido.

La reseña viene acompañada de algo especial y no habitual, y es el hecho de que ya puede escucharse en la web de iCat el concierto íntegro para ilustrar a estas palabras.


Setlist: Antechamber / Moulding / Frozen Garden / Hands / Rupturing / Liza / Stairs / Nightmares On Repeat / Oh Katherine / The Cliff / The Black Dove / Wild Tigers I Have Known // Sleeping Dead / Dagger / My Beloved