domingo, 8 de enero de 2017

Minutos: John Cale - 'Buffalo Ballet' (1974)

En mi último viaje a tierras de secano, con el inevitable pretexto navideño, mi padre y su pareja alquilaron un coche y el plan era ir directamente a la residencia de ancianos donde está mi abuela, recogerla y salir a comer. Casi me olvidaba de lo que es viajar en coche hacia esos parajes en pleno invierno; cuando quedan aproximadamente cincuenta kilómetros para el destino, la niebla se manifiesta sólida ante ti, como la ampliación imposible de un collage de algodón espeso pegado sobre chapa; casi impenetrable. Mi abuela vive en dicha residencia hace algo más de un año y, aunque sigue tan presumida y particular como siempre, algo ha hecho mella después de la caída que truncó su hasta entonces exuberante e intocable independencia. Fue difícil verla recortada sobre un decorado que no fuese el de la cocina donde nos habíamos hecho confidencias durante toda mi vida, y aceptar que así sería a partir de ahora. Y para ella, aunque siempre esté conforme con todo y nunca vaya a admitirlo, también lo sería. Está más callada.

Cuando llegamos, en la entrada nos dijeron que la abuela debía estar haciendo gimnasia, pero en el gimnasio nos dijeron que en realidad estaba en la peluquería. Así era, de espaldas a la puerta y oculta dentro del secador de pie. Le di un beso como pude. Mi padre nos hizo una foto mientras nos saludábamos: estando yo inclinado con las manos sobre mis rodillas como quien le hace una monería a un bebé y ella mirándome a través del plástico tintado del secador, ahí en la composición había algo kitsch retrofuturista. Esperamos un poco hasta que estuvo lista, con el moldeado que ella llama "de Marilyn Monroe".

Una vez estuvimos los cuatro dentro del coche para marcharnos, la pareja de mi padre, que conducía, le pidió que buscase algo de zarzuela o algún bolero para escuchar y así estimular a mi abuela por el camino. Sonó primero una versión de 'Dos Gardenias' a cargo de Buena Vista Social Club e inmediatamente después, 'Piensa En Mí' de Luz Casal. Se dio una situación almodovariana espontánea que de tan obvia tuve que soltar la observación en voz alta: el coche circulando por una carretera comarcal, a ratos imposible, yendo de un pueblo de 2000 habitantes a otro, separados por a penas cinco minutos de recorrido; la niebla inclemente, los campos de conreo a lado y lado; Luz sonando en los altavoces; y un guiri (el conductor) y una mujer de 83 años (nuestra madre de madres) cantando encima. Tuve que mirar a mi derecha para comprobar que a mi lado estaba mi padre y no Marisa Paredes.

Hace ya diez años que me fui de casa y que vuelvo a casa, y volver siempre es algo distinto, alterado tanto por el paisaje exterior como por el interior. He vuelto a casa con nostalgia, con pánico, servicial y activo, con pereza y obligado. Determinadas sensaciones y escenarios donde leías familiaridad y refugio han sido desvalijados progresivamente, y cada vez es más difícil regresar sin cierto estrés que te hace atender a cualquier cosa de pasada, porque estás un pelín incomodo y desde luego demasiado conmovido para confrontar la realidad sobre la dirección de los lugares, las personas y las cosas que se desvanecen; que sin que te des cuenta, se están despidiendo o se han despedido ya.



















Se acomoda entonces en mi cabeza 'Buffalo Ballet', una composición de John Cale que forma parte del álbum Fear (1974). En ella, que en concierto ha presentado varias veces diciendo que es "la visión europea de un western", se recoge la historia de la pequeña ciudad de Abilene (en Kansas). A principios del siglo XIX el terreno estaba habitado por los indígenas americanos, pero unas décadas más tarde, constituido el condado de Dickinson dentro de Kansas, en Abilene -bautizada así en 1860- se empezaron a construir vías de ferrocarril en sus llanuras y se convirtió en un punto importante para gestiones comerciales relacionadas con el ganado, liquidando sin aprensión la pureza y la libertad de la que disfrutaba el lugar antes de la llegada del capitalismo.

En esta balada, quizás el modelo de canción que mejor le sienta a la voz de John Cale, consigue recoger un aire de desconsuelo llevado con estoicismo, simbolizado con la mención en el título del búfalo y embelleciendo su proceso de resistencia con el añadido del "ballet". El búfalo duerme de pie a pesar de los brutales cambios, aunque las últimas estrofas dan fe de que el dinero y los soldados acaban llevándose por delante a los humildes y resignados opositores. El coro de voces interviniendo cada vez que se canta la línea "Durmiendo al sol de mediodía"; las cuerdas en el giro del puente; el piano y la guitarra acústica... Tocan el espíritu de la misma forma que un réquiem. Sientes la pérdida de algo cuyo control estaba fuera de tus manos. No la elijo frívolamente como banda sonora de la transformación de mis lazos afectivos y de los escenarios que los cobijan. Sé que solo tengo reproches para el paso del tiempo y la incomunicación, pero son pequeñas tragedias que también se abren paso salvajemente entre la pureza. La mente es extrañamente sabia para identificar la música ambiental perfecta; de hecho, la canción no la he elegido yo.


'Buffalo Ballet' apareció en el álbum Fear
de John Cale, publicado el 1 de octubre de 1974

Para escuchar en Spotify


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