Imperdible: Ainara LeGardon - "Res-cue. The Archive in the Mouth" (2020)
“¿Soy yo?”. El interrogante sorprendió a Ainara LeGardon en uno de los cuadernos que revisó durante el estudio que ha culminado en este proyecto. Esa pregunta corta pero en realidad compleja, anotada mientras volvía a escuchar una grabación doméstica en la que no lograba reconocerse, se convierte hoy en crucial para abreviar la búsqueda interior que ha tenido lugar para llegar a Res-cue y, a la vez, para sugerirnos la amplitud de la misma. Para cualquiera que haya sentido una mínima curiosidad por la labor de trastienda que un músico lleva a cabo durante el proceso creativo, este trabajo supondrá una revelación que le acercará a sus aspectos más artesanales mediante una mirada ávida por entender los más inexplicables. Ainara nos confía detalles de su metodología con profesionalidad (a destacar cómo de forma intuitiva y para ella necesaria siempre ha documentado apuntes, instrucciones, reflexiones, imágenes o grabaciones de audio como parte de su rutina de trabajo, no solo por alimentar su archivo histórico), pero el grueso de la exposición gira en torno a su inquietud por resolver si una idea no desarrollada en su día puede tener otras vidas más adelante y, de ser así, descifrar qué (se) lo hace posible.
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“¿Soy yo?”. Una observación que sobre el papel parece técnica y privada se convierte inadvertidamente en algo trascendental, que resuena en el sistema nervioso y resquebraja una superficie helada bajo nuestros pies. Cuando eso ya ha ocurrido, Ainara nos orienta en una excursión emocional -enmarcada en la lógica cuando se lo permiten los misterios intangibles del arte- mientras ella misma descubre sobre la marcha la profundidad de las aguas y lo que estas ocultan. Con el precedente que sentó su álbum homónimo de 2017, donde colaboró estrechamente con el artista e investigador sonoro Xabier Erkizia para abrir su música a vías más instintivas, Res-cue no podía conformarse con ser un acercamiento de carácter conservador a su archivo de bocetos. La minuciosa catalogación de más de 100 cintas, 20 cuadernos, decenas de Polaroids y archivos de vídeo haría las delicias de cualquier comisario de museo pero este proyecto nació para subvertir la revisión, la recopilación y la simple muestra de aquello que es antiguo para, en cambio, enfrentarse al material reunido, hurgar en él y estudiar cuál es ahora su respuesta a lo que desechó en su momento. ¿Qué puede brotar de la Ainara LeGardon de hoy si dialoga con la Ainara que dio por errada diez o quince años atrás? Esas conversaciones se han sucedido durante las escuchas que han ido modelando la exploración, e incluso han sido capturadas en dos valiosos poemas.
En Res-cue se disuelven prejuicios sobre el origen de las musas y sobre la pureza del arte, como la opinión ligeramente peyorativa de que si un artista recurre a un banco de ideas cultivado en el pasado, es porque carece de inspiración en la actualidad y le será más sencillo reanimar un boceto de un periodo más fértil; o que la inevitable disección de la materia en un trabajo de investigación y teoría como este acabará despojando de emoción a la obra artística. Ainara prueba erróneas ambas afirmaciones: la primera, arrojándose a crear algo nuevo estimulada por lo que no terminó de convencerla en su día, que no es lo mismo que reproducirlo tal y como lo concibió; y la segunda, argumentando a lo largo de la lectura cómo en la composición musical intervienen importantes decisiones (técnicas, estéticas) movidas por el juicio que, al fin y al cabo, pesan como los gestos impulsivos y la emoción indómita, porque pueden informarla o incentivarla. Un artista se enfrenta a menudo a la tensión entre dejarse llevar y elegir, pero rara vez se presta a un ejercicio así, que destapa (y nos traslada) miedos y valientes reflexiones sobre lo mudable de la identidad y la memoria. Nunca es impúdica, pero con cada trabajo es más humana.
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“¿Soy yo?”. Las divisiones temporales no funcionan con la música. Podemos pretender ubicarlas en el pasado, el presente o proyectarlas para un futuro, pero las canciones escapan el tiempo lineal más allá del cronómetro porque en ellas siempre podemos interpretar algo nuevo, sujeto a nuestra evolución como seres humanos. A muchos autores sus propias canciones les parecen proféticas, porque les da la impresión de que han puesto música a sus vivencias años antes de que ocurriesen, aunque, ¿podría ser que no hayan sabido interpretar sus intenciones hasta más adelante? ¿Y si, en lugar de eso, lo que es indescifrable hoy es lo que te parecía blanco y negro ayer, y no hay más remedio que reinventar? Res-cue viene subtitulado por un verso de Peter Gizzi, “El archivo en la boca”, que evoca una imagen tremendamente física de lo que significa encontrar vigencia y frescura en una idea que fue descartada. El contenido del ensayo se ilustra con dos mixtapes de aproximadamente 30 minutos cada una; la primera, un muestrario de grabaciones originales sacadas del archivo, realizadas con distintos dispositivos; la segunda, una serie de experimentos y creaciones nuevas que han partido de bocetos que se quedaron sin desarrollar (y que solo algunas veces se corresponden con la selección de la primera parte). Cuando aísla el armonio de una canción prácticamente acabada en su día, como si hoy lo reconociese como el órgano vital, y lo utiliza para explicar la amnesia sensorial que siente por el resto; cuando superpone tres grabaciones distintas de una misma pieza instrumental consiguiendo que las imaginemos proyectadas en la pared, viendo cómo se dividen y coinciden fortuitamente; o cuando reimagina una composición titulada 'Montblanc' como 'Montenegro' y hace que suene más blanca y vaporosa que la original, comprendemos las dimensiones de sus hallazgos.
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“¿Soy yo?”. Las posibilidades creativas que se le presentan a partir de ahora son amplísimas. Con Res-cue ha caminado por el gran paisaje del pasado advirtiendo parcelas fecundas para el futuro, y la riqueza implícita en esa conclusión transforma lo que entendemos como una idea desechada: apartada o irresuelta, sí, pero no obsoleta. Tiene todo el sentido imaginarlo como un proyecto de vida, pues el diálogo siempre podrá producirse bajo nuevos enfoques que hoy son una incógnita (como hasta ahora lo han sido los que recoge Res-cue). Ainara LeGardon decía en la pieza 'Como Lobos': “No sabes hablarte. Mira dentro”. ¿Puede uno descodificar su yo de hoy escuchándose desde otra época? Res-cue dice que no hay otra manera.
Hoja de prensa escrita expresamente para el lanzamiento del proyecto,
escucharse algunas piezas seleccionadas por Ainara LeGardon.
Foto principal de Rafa Rodrigo.
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