miércoles, 8 de julio de 2009

Imperdible: The Breeders - "Pod" (1990)



Habrá miles y miles de personas que, como yo, descubrieron a los Pixies a los trece años. En mi caso eso fue a finales de 1997 cuando se publicó el primero de sus recopilatorios, Death to the Pixies, que encontré en una edición limitada muy bonita y que compré a pesar de no conocer casi nada del grupo. Cuando me hice con él, solo había visto varias veces el videoclip de 'Debaser' que lo promocionaba, había leído una entrevista extremadamente seca al respecto con Frank Black (voz, guitarra) en la difunta revista Factory y había escuchado uno de los conciertos que dieron en España a principios de la década, dentro de las repeticiones que programaba Jesús Ordovás en Radio 3 siempre que llegaban las navidades. En esa misma época tuve mi primer grupo. Lo llamo así aunque al fin y al cabo siempre fue cosa de dos personas; yo grababa unas baterías (bombo y caja que me habían dejado prestados) y sonaban en una cinta de cassette debajo de nuestras vergonzantes versiones de Nirvana, Hole y The Killer Barbies. Gracias a Pixies pronto tuve algo más jugoso que llevarme a la boca, algo más estimulante que un adolescente tuviera el deseo de imitar, y lo más importante, tirando del hilo del árbol genealógico de la banda pronto cayeron bajo mi radar Throwing Muses, Belly y por supuesto, quien nos ocupa: The Breeders.

Si bien es cierto que me adapté bien al mundo sónico de Pixies, en aquella época era 'Gigantic', único tema en la voz de Kim Deal en Death to the Pixies, el que para mí destacaba de una manera especial, al igual que todos sus apuntes melódicos por debajo de Black Francis en canciones como 'Dig For Fire' o 'Gouge Away'. Descubrir que Kim llevaba el peso vocal y compositivo en The Breeders (y por extensión, en The Amps) fue una alegría, y pronto encontré escondido en una tienda Last Splash (1993), el disco que encumbró al grupo en lo alto del estrellato alternativo de la quinta 93-94 gracias al atino con el que creó Deal el single 'Cannonball'. Last Splash, aunque es un buen disco, siempre me ha parecido una obra regular, admirable en su búsqueda de texturas dispares en el sonido de todos los instrumentos pero perdida en un eclecticismo de retales sin cohesión. Su disco de referencia siempre será para mí su debut, Pod (1990), que me descubrió mi compañero de grupo gracias a una cinta de cassette de su hermano y que me fascinó rápidamente.

Aunque Kim Deal (guitarra, voz) y su hermana Kelley ya habían actuado como dúo bajo el nombre de The Breeders a finales de los setenta, la idea de la banda que conocemos surge una noche de 1988 en un pub, durante la gira conjunta de Throwing Muses y Pixies por Gran Bretaña y Europa, cuando Kim y Tanya Donelly (guitarra, voz; miembro de Throwing Muses) pactan componer juntas una canción de música disco, hazaña en la que admiten fracasar pero que propicia la formación de una banda donde pudieran dar cabida a su creatividad con más libertad de la que gozaban en sus respectivos grupos madre (Deal ya empezaba a tener problemas de comunicación con Francis, y Donelly no colaba nunca más de dos canciones en cada disco de los Muses). Con la ayuda de un total de cuatro baterías y la colaboración puntual de Carrie Bradley (violín) y Ray Holliday (bajo) graban una docena de temas en los estudios Fort Apache de Boston, de un marcado carácter entre naïf, acústico y con toques country que nada hacía sospechar el vuelco hacia el pop-punk anguloso que darían en poco tiempo. Sin embargo, la sola idea de una colaboración entre Deal y Donelly entusiasma al sello 4AD, que quiere publicar un disco cuanto antes. Con la incorporación oficial de la británica Josephine Wiggs como bajista (entonces también en Perfect Disaster), pero todavía sin un batería, The Breeders programan la grabación de su primer disco para diciembre de 1989 en Escocia de la mano de Steve Albini, que había producido el debut largo de Pixies, Surfer Rosa. Es él quien les recomienda contar con Britt Walford (de la banda Slint) como batería, que aparece en los créditos del álbum como Shannon Doughton para preservar el mito de la intención original de Kim Deal (formar una banda íntegramente femenina que fuera "como las Bangles del infierno"). La grabación dura apenas dos semanas según el método habitual del señor Albini: primeras tomas que capturan el sonido de una banda en directo, conservando las rascaduras y el polvo propio de una impulsiva tajadura y utilizándolo en beneficio de la vitalidad de la música.














Lo que desprende Pod es una sensibilidad endurecida y enmarañada, nunca carente de vulnerabilidad pero precisa como el trayecto de una bala que acierta en pleno blanco. 'Glorious' es el pistoletazo de salida, una pieza sustentada en una tenebrosa línea de bajo sobre la que Kim narra con ese deje  sarcástico el placer de tener tiempo libre (no sé si leer un guiño a la tensión en Pixies: "Contener la respiración tres años más / estar por mi cuenta los sábados / es glorioso"). La mezcla de Albini es homogénea durante todo el disco, dejando el bajo y la batería contundentes en el centro, y el rasgado de las guitarras bien diferenciado de manera alternativa entre el canal izquierdo y el derecho: por un lado, la sucia guitarra acústica de Deal, puntualmente llevada al borde del feedback; y por el otro, un soberbio trabajo de expresionismo por parte de Tanya Donelly, que siempre sorprendió con su capacidad inventiva en Throwing Muses y que tiene en este disco la primera muestra seria de su evolución: sus punteos, en vez de confundir con múltiples y frenéticas partes, definen de manera concisa su naturaleza melódica, algo que depuraría aún más en el próximo álbum de los Muses, The Real Ramona (1991).

Deal envuelve las letras en un cripticismo simultáneamente mugriento y rebosante de belleza, situando a las canciones en un territorio seco y perverso donde el sentido del humor es utilizado con fines desestabilizadores, y que oculta además retorcidas referencias sexuales. Pod es una rareza que atrae al oyente con los elementos que deberían repelerle. Juntos conviven el pulso pop de la breve 'Fortunately Gone' y la ilógica estructural de' Doe'; la placidez de 'Oh!' (donde el violín de Carrie Bradley tiene un papel primordial para darle ese olor a musgo en una tarde primaveral) y su dura y caótica lectura del 'Happiness is a Warm Gun' de The Beatles; la montaña rusa de enfermiza diversión que es 'Lime House' y el ágil e inmediato trotar de 'Hellbound' (busquen en sus palabras la historia de un aborto) o 'When I Was a Painter'. 'Iris' es, de algún modo, la pieza central del álbum, consiguiendo un clímax épico entre las turbadoras disonancias de Donelly antes del estribillo, la voz al límite de Kim y los pasajes de calma contemplativa de las estrofas, sostenidas sobre un acorde. El feedback pantanoso del final se funde con el inicio de 'Opened', una pieza bañada en una opacidad espesa, o lo que sería la transcripción sonora del vuelo de un pájaro ciego y enloquecido. 'Metal Man', colaboración compositiva entre Kim Deal y Josephine Wiggs, pone punto y final al disco en una nota estudiadamente espontánea: entre la naturaleza acústica del tema y la conversación que tienen dos personas al fondo, suena a grabación a traición, pero no lo es más que el resto.

En Pod nada es obvio. Sus formas son pronunciadas, claras, breves y minimalistas, pero la configuración de su lenguaje esconde goteos de sustancias desconocidas en todas las esquinas. Una cumbre creativa por parte de una formación que jamás volvió a funcionar en la misma ecuación (Donelly abandonó después del EP Safari [1992], donde ya apareció de forma casi simbólica en los créditos, y entró de manera permanente Kelley Deal como guitarrista).


Para escuchar en Spotify:
The Breeders - Pod



1 comentario:

le22bar dijo...

Aunque "Last Splash" se llevó el reconocimiento, estoy de acuerdo que "Pod" fue todo un acontecimiento. La versión que hacen del tema de Beatles es impresionante, como todo el disco.
Conocí a Kim Deal en el Karma, una vez que vinieron a tocar con The Amps; me pidió chocolate, y como no tenía, la acabé invitando a una cerveza. Encantadora...