jueves, 9 de junio de 2011

Imperdible: Laurie Anderson - "Big Science" (1982)



Debo decir que todas las figuras musicales que me rodeaban en mi infancia me fascinaban pero también me aterraban. Igual que me entusiasmaba el Super-Cinexin pero me daba miedo seguir dándole a la rueda cuando aparecían los créditos; los créditos podían pararme el corazón: los Snorkles de excursión y, de repente, las letras rodando hacia el blanco vacío. Se me hacían insoportablemente siniestras. Lo de los músicos quizás sea porque en la cinta de videoclips que rondaba por casa no había precisamente nada de Miguel Ríos o Duran Duran. Nina Hagen con el pelo rosa y un mini-pene colgando en 'Universal Radio'; The Cure ahogándose dentro de un armario que se caía por un acantilado; John Lydon besando un televisor con la imagen de Reagan, con el hocico y los dedos pringados del aceite anaranjado de unas gambas. En 180 minutos de VHS había sitio para mucho. Otra que asomaba era Laurie Anderson; 'Language is a Virus', un videoclip creado a partir de lo que era su último montaje en aquel momento y que llevó al cine, Home of the Brave (1986). Laurie a oscuras, con su iconográfica imagen de pelo chispeante y con una bombilla dentro de la boca que le iluminaba los dientes como si fueran de pergamino. Laurie disparando mi imaginación.

Todos los cuentos que recuerdo de pequeño son los que leí en una colección roída de clásicos de Disney y los que me imaginé escuchando Big Science, disco que como ya he contado otras veces, tenía en la famosa caja de zapatos en la que guardaba un walkman y unas pocas cintas escogidas. Es gracioso porque al crecer he entendido sus letras, su contexto, y con ello he imaginado cosas nuevas, más serias, más conmovedoras; pero sigo reteniendo en la memoria todas las historias que brotaban en mí sin entender su lenguaje. Pero ¿no es su voz de narradora imperturbable y avispada, y su universo sonoro -tan plural y gráfico- un lenguaje en sí mismo? Claro que lo es; lo fue para un crío. Con esa voz acogedora, trabajando en el espacio abierto de la cronista que explica y que tiene en la excelencia de su narración el mejor retrato de su opinión, contando con la complicidad del oyente y partiendo de la idea de que es una conversación de igual a igual, Anderson introdujo en la cultura popular un montón de conceptos y reflexiones acerca de la ansiedad latente en la sociedad moderna (especialmente de la americana), de la relación entre el hombre y la cada vez más impresionante y desarrollada tecnología, de los conflictos políticos y de las deudas morales. Bandera de su actividad como artista multidisciplinar e inquieta, Big Science está formado por nueve selecciones de un proyecto mucho más complejo y ambicioso, el espectáculo United States -que estrenaría en Brooklyn en 1983-, en el que se ampliaban muchas de las ideas expuestas en estas piezas.

Producido junto a Roma Baran de manera prácticamente doméstica, en él se percibe esa armonía y tensión simultáneas entre lo analógico y lo electrónico, lo humano y lo robótico, la vanguardia y la sabiduría que no conoce tiempo ni espacio, lo hogareño y lo universal, lo futurista y la memoria colectiva. Un viaje fascinante que arranca en 'From the Air' de la manera más enervante: urgente loop de vocoder, vientos aristados y Laurie en el papel de un comandante de vuelo que informa a los pasajeros de que "vamos a estrellarnos todos juntos". Hay otros momentos coloridos y teatrales, como 'Sweaters', un cómico manifesto de desamor a hombros de las gaitas ("Ya no amo el color de tus jerseys / Ya no amo la manera que tienes de coger tus bolígrafos y lápices") o 'Example #22', un breve intermedio pop extraterrestre intencionadamente histriónico.

En la noctámbula pieza que titula al álbum aúlla un lobo y avanza a un suave ritmo tribal, un entorno que remite a la naturaleza para hablar precisamente de su ausencia en las urbanizaciones modernas y criticar a la sociedad de consumo: "Grandes ciudades / y largos coches en largas filas y enormes señales y todas dicen: Aleluya, Yodellayheehoo", esto último dicho con una falta de entusiasmo reveladora. 'O Superman (For Massenet)', inspirada en un aria del autor que cita en el título, es otra de las canciones que más pueden remover la psique y uno de los tantos más perversos y subversivos que puede apuntarse Anderson: en 1981, precediendo al álbum, este tema de más de ocho minutos, sostenido sobre un corto "ah" en bucle, mencionando a los aviones americanos y aludiendo a un triste sentimiento de derrota, de incomprensión y de búsqueda de afecto, se coló en el número 2 de la lista de singles más vendidos en Gran Bretaña, y fue lo que le consiguió un contrato por 7 discos con Warner Brothers.

Las parejas de canciones que cerraban ambas caras son prueba fehaciente de la conceptualidad del disco, pues se trata de variaciones de una misma composición, apoyada en un ritmo creado con golpes de marimba y palmas y alterada según la historia. En la preciosa 'Walking and Falling' ("Andas, y no siempre te das cuenta pero siempre te estás cayendo") es a penas un murmullo metálico y distante bajo la voz; 'Born, Never Asked' enfatiza un arreglo de cuerda arrebatador. 'Let X=X' e 'It Tango' se funden y suenan a aurora, épicas y positivas, recreándose en el sintetizador con pellizcos de viento y percusión, pellizcos que arrullan un final hermoso: "Tus ojos. Hace falta un día entero de trabajo para mirarlos".


Para escuchar en Spotify: Laurie Anderson - Big Science
(tracklist de Big Science creado a partir de selecciones del álbum incluidas en la antología Talk Normal y tomas en directo recogidas en United States Live, ya que el disco como tal no está disponible)