domingo, 10 de julio de 2011

Imperdible: The Cardigans - "Life" (1995)



En la publicidad de los años 50 y 60 encontramos algunas de las representaciones más memorables y arrojadas -con un subtexto de perversión y sátira- sobre la vida cotidiana de la sociedad contemporánea, la adulta y la más juvenil; siempre la más acomodada, claro. Pienso en la publicidad porque es donde impera la felicidad empachada de artificio e idealismo, algo que relacionamos directamente con esa época y no solo al acordarnos de los anuncios: está en los coquetos parpadeos y en los exagerados arrumacos de las películas; en las enceradas sonrisas de "buenos días", sombrero en mano, y en los bajos de los pantalones; en las manos que rodean cinturas y en las que sostienen con la misma elegancia copas de White Russian como sartenes. Está ese espléndido estrés discordante entre el deseo de maldecir a alguien y el autopiloto de tener que saber estar; la imagen de la pulcritud y la corrección, siempre estilizada, cubriendo la desidia y el enojo de verse atrapado en una vida tan ceñida.

La ingenuidad de cara a la foto aunque consciente de su absurdidad es la esencia de la música que hicieron The Cardigans entrados en los años 90; un ejercicio retro, anómalo y pelín envenenado que se ganó un lugar notorio en medio de un panorama musical dominado por el britpop dentro y fuera de Gran Bretaña. Precedió a toda una corriente de bandas de lounge y easy listening que tendrían sus quince minutos de fama pero que nunca destacarían como ellos por tener un repertorio de pop perfecto, ejecutado con excelencia y encanto. El quinteto sueco había publicado un primer disco en su país en 1994, Emmerdale (que también se editó a finales de ese mismo año en Japón con notable repercusión), y esperó poco para publicar una continuación que supusiera su debut a nivel mundial.

No es extraño encontrarse con declaraciones de los miembros de The Cardigans renegando de su primera etapa (la que cierra su tercer disco, First Band on the Moon [1996]) si hacemos un poco de trabajo de hemeroteca, algo sorprendente e incluso ofensivo que se podrían ahorrar. Podrían haber pretendido ser dos bandas diferentes con el mismo nombre y actividad consecutiva y no tendrían que hablar nunca más de ese pasado que tanto parece avergonzarles y que -esto sí que es extraño- no consideran a la altura de sus progresos en el mundo del pop-rock más estéril, mainstream y pretendidamente serio de los últimos años de su trayectoria. Gran Turismo (1998) es uno de los reproches más escandalosos que se le puede hacer a ese OK Computer (1997) de Radiohead que tanto modificó el panorama musical más alternativo, iluminando a músicos que de repente veían una cuestión de vida o muerte dirigir su rumbo hacia la búsqueda del golpe efectista más experimental. Para The Cardigans fue el inicio de la americanización dinosáurica de su sonido, que pasó por el endurecimiento de la expresión de Nina Persson (voz), los corsés rockeros, la incorporación de los presuntamente ineludibles detalles electrónicos a finales de los 90 y la posterior auto-confirmación de madurez artística mediante un disco de baladas largas y fotografías de grupo en la penumbra.

















Pocos dirían que los amigos Peter Svensson (guitarra, principalmente) y Marcus Sveningsson (bajo) estaban en bandas de hardcore y heavy metal antes de fundar The Cardigans junto a la mencionada Persson, Bengt Lagerberg (batería) y Lars Olof-Johansson (teclado, principalmente). Su transición hacia las sutilezas de alta costura con semejante saber hacer es de impresión. Life (1995) es el reflejo de una banda joven y muy consciente del color y de la estética de su música. Al valorar lo que dio de sí musicalmente la última década del siglo XX, yo tendría a Life en la misma consideración que se tiene a cualquier disco de una banda que por consenso se tiene por influyente, como Stereolab, grupo con que quizás no compartan el gusto por lo experimental en absoluto pero sí por los arreglos multi-instrumentales pensados con imaginación e intelecto (vientos, teclados analógicos, cuerdas) y por el esplendor melódico de peso pegadizo.

El álbum tuvo tres vidas simultáneas: en Suecia se publicó como una colección de 11 nuevas canciones, pero en Europa y América aparecieron ediciones distintas donde algunos de los mejores temas de su primer disco (en su versión original o regrabada) sustituían algunos de los más recientes, un acierto que convierte concretamente a la edición europea en un pequeño clásico. Llegaron los perfumes, los cosméticos y las telas: de los chicos que paseaban por el campo con ropa de diario en Emmerdale al pelo moldeado y la ropa entallada propia de la época a la que tanto remitían (basta con mirar la portada para entender la ironía que manejaban) pero, por supuesto, la sofisticación empezó en la música, ensalzando los detalles de las partiduras y perdiendo la timidez más pastoral de su debut. Hay una imagen fantástica de Nina en el video-clip de ‘Carnival’ -peinada y vestida como Twiggy en 1967-, cantando apoyada sobre la mesa del jurado de un concurso, mirando a los miembros y a la cámara alternativamente, y es con esa pose como cabe imaginársela cantando el repertorio de Life, un puñado de historias sobre detectives, fiestas en jardines, viajes por Europa y por el más allá mientras se piensa en una vida idílica junto a otra persona… Asomos a un universo colorista y libre, europeo y de los 60 convertido en kitsch. Estiloso, sin duda, pero kitsch.

El sonido que consiguió el productor Tore Johansson es deliciosamente añejo y orgánico, seco. Cada instrumento aporta texturas impermeables respecto a los demás. Tres canciones son rescatadas en sus versiones originales de 1994 (‘Sick and Tired’, una joya acústica y trotona adornada con flauta y vientos que ciertamente no necesitaba revisión alguna; la bonita y reflexiva ‘After All…’; y la versión de Black Sabbath titulada ‘Sabbath Bloody Sabbath’) mientras que la hedonista ‘Rise and Shine’ y el precioso retrato de una chica que guarda el misterio de su atractivo en ‘Celia Inside’ son regrabadas para el disco aportándoles matices, músculo y encanto veraniego a la altura del resto del cancionero, y menudo cancionero: destaca en la estructura de las canciones la atención a esos pequeños giros inesperados que cogen por sorpresa y las hacen tremendamente seductoras e irresistibles; desde la marcada rítmica y los arreglos de cuerda de la inicial ‘Carnival’ al guiño a los grupos de chicas de ‘Tomorrow’ (vientos al frente), el flirteo en casa ajena de ‘Gordon’s Gardenparty’, las vacaciones en coche ajeno de ‘Daddy’s Car’ (particularmente exquisita en los fraseos de guitarra), el plantón tontorrón de ‘Hey! Get Out of my Way’ o el alborozo provocado por el enamoramiento más casto y primerizo de ‘Fine’.

No sé si el final del video-clip para ‘My Favourite Game’, el primer single del disco que inauguró su nueva etapa en 1998, sería una metáfora de lo que ocurrió con la banda. Breve recapitulación: Nina Persson conducía sola en un descapotable de manera temeraria y acababa colocando un pedrusco en el acelerador para poder chocar de frente con otro vehículo, estando ella de pie y con los brazos en cruz en el asiento de atrás. Efectivamente, la muerte de The Cardigans como les conocíamos.


Para escuchar en Spotify: