jueves, 29 de agosto de 2013

En el trastero: The Motels - "Little Robbers" (1983)



















"Tienen que estar bromeando. Pero Martha Davis canta las baladas con tanto entusiasmo que el resultado es tan divertido como oír a Meat Loaf -tan 'sutil' que ninguno de los inocentes que se compren el disco podrá entenderlo". Lo dijo el reputado (a veces temido) periodista musical Robert Christgau sobre All Four One, tercer disco oficial de The Motels, en una escueta reseña de dos líneas. Hay más; un apunte tonto pero ilustrativo: Martha Davis (voz, guitarra) tiene su propia entrada en una perversa web llamada Am I Annoying en la que uno se puede dejar convencer de que es un personaje irritante con motivos como "Se quedó embarazada a los 15", "Tiene problemas de peso", "En 1998 reformó la banda bajo el nombre The Motels featuring Martha Davis". The Motels es una de esas bandas con detractores que hacen bastante ruido. Igual que quien vio Flashdance en su día y siente hoy apego por su banda sonora aún sabiendo que tiene ese toque ordinario, inconfundiblemente ochentas, yo me he planteado si me cuesta ser objetivo con este disco del grupo de Martha Davis, habiendo visto desde niño ese vinilo enfundado en amarillo y púrpura por casa (que aún conserva la pegatina con el precio -900 pesetas- en la portada). Si me decido a escribir sobre Little Robbers (1983), una vez revisada su discografía y comprendiendo perfectamente cuándo y por qué se les tachó de vulgares y mediocres, es porque dicho estudio me reafirma en la opinión que tengo sobre la validez y la inspirada cohesión de este disco frente a sus otros trabajos, más allá de mi apego infantil. 

Otra cosa es que en él The Motels consiguieran esquivar ciertos clichés y decisiones que pronto se quedaron caducas en cuanto a arreglos y producción, algo que en realidad tampoco pretendían en la época pues estaban ansiosos por hacerse con un hueco definitivo en el mainstream americano. Clichés de fondo y forma: para bien y para mal, la banda se formó en Berkeley (California) y respiró sobre todo en Los Ángeles, así que en su música está la arenilla residual (y las semillas) de una escena musical tan vasta y ecléctica como de gusto cuestionable. Dejando la escena punk y hardcore a parte, no importa de qué momento en el tiempo y de qué ciudad de California provengan Van Halen, The Go-Go's (con las que compartieron local de ensayo: "Sabías cuándo habían estado porque el micrófono estaba lleno de pintalabios fluorescente", dijo Davis), Missing Persons, Guns'n'Roses, No Doubt o Red Hot Chili Peppers, por poner ejemplos dispares; hay algo intrínsecamente californiano en su lenguaje musical, una pretensión de lujo y sofisticación que no puede ocultar una sensibilidad frívola, masculina y barata. Ésos parámetros resuenan también en la música de The Motels y se traduce en ocasiones en riffs de guitarra muy feos (Blondie también tenían algunos) y en una falta de espontaneidad suplida por el tipo de cálculo que deja a la música en ese lugar que no puede ofender a nadie pero que no hace nada por transgredir. Martha Davis dijo que rompió la primera encarnación del grupo en 1976 porque le interesaban cosas más experimentales como Brian Eno y Roxy Music mientras el resto de músicos preferían hacer un rock duro más llano (y típicamente californiano), pero nunca se pudo alinear su trabajo con el de los grupos mínimamente vanguardistas surgidos a caballo entre los años setenta y ochenta. Su liga era otra, más cercana al rock-hecho-por-mujeres-con-la-pauta-macho de Joan Jett (otra paisana) y Suzi Quatro aunque flirteando oportunamente (gracias a Dios) con la imperante new-wave.



The Motels no lo tuvieron fácil como The Go-Go's (nadando en la abundancia en cuanto se publicó su debut) y no fue hasta que publicaron su tercer álbum All Four One (1982), encabezado por el single 'Only the Lonely' (una balada que se convirtió en su primer e inesperado éxito en Estados Unidos), que vieron los resultados que esperaban tanto ellos como su discográfica Capitol. Sus primeros discos (The Motels, 1979; y Careful, 1980) habían sido particularmente bien recibidos en Australia, Francia y el Reino Unido pero no tenían notoriedad alguna en América. El sello puso especial empeño en remodelar el sonido de la banda y eso no pasaba justamente por acentuar las aristas y el riesgo como pretendían The Motels: con el nuevo guitarrista (y novio de Martha) Tim McGovern a bordo y entusiasmados con su visión, grabaron el que debía ser su tercer álbum Apocalypso en 1981, pero cuando lo escucharon los directivos de Capitol se negaron a publicarlo por considerarlo excesivamente extraño y difícil de promocionar (treinta años después podemos juzgarlo gracias a la edición que hizo de él finalmente la compañía Omnivore Recordings). Val Garay, que había ejercido más bien de ingeniero a las órdenes del guitarrista, fue contratado como productor para empezar de cero y no en balde. Era idóneo para satisfacer el objetivo de Capitol tras haber colado en en número 1 de las listas de medio mundo el single 'Bette Davis Eyes' de Kim Carnes el mismo 1981, ganando dos premios Grammy (mejor disco del año y mejor canción), con lo que la industria musical se lo disputaba para repetir la hazaña. Se rescató parte del repertorio inédito de Apocalypso y se le dio esa pátina de comercialidad de FM ochentera que acercó a The Motels a las masas tal y como se esperaba. Antes de que se publicara All Four One, Davis ya había roto con Tim McGovern -aprovechando la tensión generada por la reacción del sello ante Apocalypso- y se había liado con Val Garay, que también se convirtió en el manager del combo.

Dados los resultados y su posición, Garay volvió a encargarse de las grabaciones del siguiente álbum, que tuvieron lugar entre enero y agosto de 1983. A las caras habituales del grupo (Marty Jourard al saxo y los teclados, Michael Goodroe al bajo y Brian Glascock a la batería) se añadieron las de Guy Perry (guitarrista) y Scott Thurston (teclados). Little Robbers tiene otro aire, menos forzado que su predecesor, más cálido y no tan corrompido. Es un disco romántico que luce orgulloso una ambiciosa vocación, la de conformar una colección de temas de pop-rock clásico que les consolidara (a la Parallel Lines de Blondie), buscando que cada una de las canciones fuera elegante y pudiera resultar pegadiza y memorable por su cuenta, algo que casi (casi) consiguen. Para el single principal, 'Suddenly Last Summer', Martha Davis exprimió una vez más esa melancolía que interpretaba con la misma fogosidad que mostraba en las fotos promocionales: entonando la sensación que tuvo un atardecer de verano en su Berkeley natal al saber que sería el último que pasaría allí resulta especialmente creíble. Se nota la mano de Val Garay en esa caja de ritmos discreta y comprimida, el detalle más electrónico del repertorio aparte del funk convenientemente aderezado (la ineludible influencia de Giorgio Moroder) en la divertida pataleta de 'Monday Shutdown', una gema olvidada en la categoría de canciones pop que hablan sobre los lunes y el hastío de la rutina en el trabajo ("No sé quién son, ni ellos me conocen / camino por los pasillos de esta gran compañía / ¿En serio que voy al centro de la ciudad / solo para enfrentarme al encierro del lunes?").

Cuando se acercan a ese rock más estandarizado lo hacen con más y menos gracia: 'Where Do We Go From Here (Nothing Sacred)' es urgente sin sobre-esfuerzos y logra mantener un ambiente de angustia y misterio, pero 'Trust Me' se regodea en el peor rock duro de Los Ángeles. 'Into the Heartland' está entre las dos, consiguiendo salir a flote por poco. Un par de incursiones en el reggae por la vía del pop ('Isle of You' y 'Footsteps', la segunda imaginable en manos de la Cyndi Lauper de la época), algo habitual entre las bandas de new-wave, que como el resto del cancionero parecen estar inspiradas por la ruptura de Martha Davis con Tim McGovern; otra balada conmovedora sobre despedidas ('Tables Turned') pero de fórmula reconocible; y las dos canciones mejor acabadas del disco, 'Little Robbers' (que con una sección de viento a lo Stax fluye grácil como ninguna) y 'Remember the Nights' (la manera en que la melodía se construye y desemboca en el estribillo, evocando los recuerdos que la persiguen, es redonda; el arreglo de saxo lo dejaremos aparte) completan un total de diez piezas que quizás sean irregulares por momentos pero que pueden sorprender gratamente al ser revisadas.


Little Robbers lleva varios años descatalogado por Capitol 
junto al resto del catálogo de The Motels; 
inencontrable encontrable aquí.

Para escuchar, cortesía de Grooveshark,
The Motels - Little Robbers