lunes, 5 de mayo de 2014

En el trastero: Crowsdell - "Dreamette" (1995)



















Tiempo atrás y en caliente, con el ímpetu y la precipitada determinación de la juventud, escribía en público cosas sobre artistas que me causan ahora tanto pudor como lo haría releer mensajes de texto o correos electrónicos dirigidos a antiguos amantes (cosa que no he podido hacer jamás). Se me han subido los colores rescatando mis palabras sobre la actuación de Shannon Wright (guitarra, voz) en el festival Primavera Sound de 2007, que escribí en una especie de diario que tenía entonces. Las recordaba más estudiadas, pero no; son todo arrebato, irreflexión y mucha candidez:

"me robó el aliento durante una decena de canciones. literalmente. fue uno de esos conciertos que resultan ser una catarsis (...) no todos los artistas son capaces de hacerte estremecer ante pasajes de belleza para luego alzarse furiosos en torrentes de electricidad y asustarte, y hacer evidente ese contraste despidiéndose con un último trío de temas de nuevo hipersensible e hiriente. shannon pulsó la última tecla de una extendida 'avalanche' y se levantó aturdida, siendo solo capaz de levantar levemente la mano y murmurar un "gracias" fuera de micro, perdiéndose entre la oscuridad del escenario del auditori en medio de una gran ovación. diez minutos después, (...) aún tenía ese hormigueo en el pecho, ese picor al borde de los ojos que debe ser lo que se siente cuando alguien te ha contado tragedias y anhelos de esa manera. nadie me había dejado con una sensación de angustia de ese calibre durante un concierto, ni mucho menos tanto rato después de salir de él".

Como en cualquier disciplina de la que aún no dominas las herramientas con maestría, cuando empiezas a escribir quizás no sepas expresar las sensaciones con esa palabra concisa que vaya al grano. Entonces, si no entiendo mal viendo el párrafo de arriba, tiras por la dramaturgia de los hechos en busca de convicción. Los textos así abundan en los medios musicales y leyéndolos los siento igual de embarazosos, pero lo más probable es que, como yo en 2007, quien los escriba esté intentando decir algo de verdad que sin embargo suena sospechoso por el tono elegido. Shannon Wright me dejó verdaderamente compungido aquella tarde, lo recuerdo bien. Para entonces ella ya llevaba prácticamente diez años funcionando en solitario y su evolución entre el primer disco y el quinto (el último en aquel momento) la veo así: partió del tronco de un sauce (Flightsafety, 1999) que esculpió hasta quedarse con una angulosa piedra de granito (Over the Sun, 2004; cero miedo a exponer sus pensamientos más tenebrosos de la forma más hiriente y cruda). Cuando se agotó de rayar dicha piedra contra hierro la sumergió en leche de arroz (Let In the Light, 2007). Ahí ya era maestra de sus herramientas. Ella no encontraba menos embarazoso su pasado en la materia musical.

"- ¿Puedes hablarnos un poco sobre tu anterior banda, Crowsdell?
- Hace ocho años, Crowsdell publicó dos discos y giramos por Europa."
(Wright en una entrevista para Unmute, 2004)

Las menciones o reflexiones que se ha permitido Wright sobre la temporada que estuvo al frente de Crowsdell son escasas. Lo habitual es que responda con una evasiva como en la entrevista citada. El agridulce final de la banda tiene gran parte de culpa: Paul Howell (bajo) y Laurie Ann Wall (batería) eran amigos de Shannon Wright desde que fueran juntos al instituto en Jacksonville (Florida) y por ello las diferencias concernientes al grupo se hacían mucho más dolorosas e insalvables. El sello independiente Big Cat publicó simbólicamente y de malas maneras su segundo álbum Within the Curve of an Arm (1997), dado que sus directores estaban más preocupados por las negociaciones que tenían entre manos con una compañía multinacional y que, igual que los compañeros de banda de Shannon, no estaban contentos con la dirección musical que estaban tomando las canciones de la compositora. La sección rítmica esperaba de su guitarrista un repertorio menos ecléctico; que se concentrase en las canciones ágiles y tratase de cuadrarlas en un determinado tipo de indie rock y que se olvidase de los medios tiempos y de la expresión de sus sentimientos más trémulos. La restrictiva imposición creativa y las malas caras llevaron a Wright a disolver la banda en 1998 tras seis años de desasosiego.




















Desasosiego es una buena palabra, de las que va al grano, para resumir Dreamette (1995). Basta con escuchar el nervioso rasgado de su guitarra, nada casual; nervioso como en "agitado y constante", no como en "vacilante". En el debut formal del trío -tras tentar al público con varios singles y EP's de pequeña tirada- se entrevé a esa autora que desplegaría una sensibilidad rotunda y difícil más adelante, pero son solo los rasgos tiernos en una fotografía de joven. Sus primeras hazañas son mucho más pop -adecuadamente enmarcado en la estética del indie rock americano- y poco canción de autor, incluso en piezas que perturban en clave menor y manteniendo el misterio en los acordes como 'Down' ("Mira cuánto nos cuesta discutir / (...) me vengo abajo"), 'Tease' o 'Handbook', reproches sollozantes y ligeramente destructivos. Stephen Malkmus (voz y guitarra en Pavement, compañeros de sello discográfico) se encargó de la producción de esta maravilla recóndita y descatalogada, retratando a la banda con un palpable espacio para respirar (pocos overdubs de guitarra, respetando su sonido natural) que cuidaba bien la contundencia de la interpretación. Vocalmente se insistió en comparar a Wright con Tanya Donelly (bastante acertado) o Natalie Merchant (en los primeros singles de Crowsdell sí hay algún símil), pero ella no lo llevó nada bien, como explicó a la revista CMJ en 1999: "Me comparaban con cualquier cantante femenina que se te pueda ocurrir. Desde Stevie Nicks a Edie Brickell. No me influyó ninguna. The Feelies -bandas muy rítmicas- me influyeron. Nunca me gustó Natalie Merchant. No digo que sea horrible, pero pensé 'Dios, no lo entienden'".

Bajo y batería debían estar entusiasmados con el repertorio de este disco, ya que el resto se nutre del tipo de canciones a primera vista más desenfadadas que querían sacarle a Shannon como churros. Deliciosas y paridas con la temperatura ambiental de un inmejorable día de primavera, son lo verdaderamente llamativo (y adictivo) de Dreamette: en 'Weight-Less' el bullicio secundado por el chelo de Sibel Firat se ve resuelto en un estribillo que suena libre como el planeo de un avión de papel; en 'Dee-Lovely' es al revés, la contención en las estrofas y la posterior exclamación de euforia (ahí está la mejor expresión de ese rasgado de las cuerdas); 'Spillin'' flirtea contigo y se hace la remolona hasta que desata la distorsión; 'Sad Eyes' cuenta con la música más ligera pero con un humor vil la letra habla del abuso sexual; y 'Sugar-Coated' es una pieza criminalmente olvidada que debería figurar al lado de, qué sé yo, 'Dress' de PJ Harvey, 'Stutter' de Elastica, 'Shimmer' de Throwing Muses... por poseer su misma destreza para combinar un riff irresistible y punky, una instrumentación dura y una capacidad de seducción sexual y vacile ("Uno de los mejores sitios que he visto / tus dientes son igual que una máquina / extiende la lengua, puedes mantener la cavidad cerrada, estoy segura / Estoy cubierta de azúcar") manejada con pulso firme y naturalidad.

La atención que consiguió el trío fue escasa, quedando su disco perdido entre el montón de referencias publicadas ese 1995 en el que el rock alternativo -como se había entendido hasta entonces- empezaba a bajar del caprichoso pedestal de prioridades de la MTV y el mundo mainstream en general. Cuando la indiferencia se extendió a su compañía de discos y a sus dos amigos, lo único que pudo hacer Shannon Wright fue decidirse a acertar. Grabada queda la frescura de sus comienzos, aunque a ella -como a todos- le pueda avergonzar revisar un álbum de fotos de hace veinte años.


Para escuchar en Grooveshark:



Además de eso,
de la discografía de Crowsdell




1 comentario:

Pereiro dijo...

El grupo lo apunto.
Cuánto entusiasmo!
jajaja