domingo, 9 de noviembre de 2014

Minutos: The Raveonettes - 'Love In a Trashcan' (2005)









La primavera de 2002, en uno de los viajes en coche de línea que emprendía a Barcelona exclusivamente para comprar discos, me volví a casa con Frozen Pool de Christina Rosenvinge y Ciao! The Best Of de Lush. Ambos habían salido hacía cosa de un año; el de Rosenvinge toda una sorpresa, su primera referencia publicada en los Estados Unidos e importada a España, y el de Lush una recopilación que ilustraba la tendencia del sello 4AD a reivindicar su catálogo cuando sus fichajes más jóvenes no revolvían el paisaje musical como lo hicieron los históricos. El repaso a la trayectoria de Lush empezaba con la canción que también había abierto su último disco Lovelife, un revés de pop armado con genio llamado 'Ladykillers' durante el que se sucedían tantas cosas que era imposible no querer volverla a escuchar enseguida. Era ese tipo de canción inmediata y aún así con una chispa irreconocible que te dejaba un gusanillo viral. 

En el libreto del CD la cantante y guitarrista Miki Berenyi explicaba cómo la había compuesto con toda esa intención. La prensa británica se había cargado el segundo disco de Lush y eso había repercutido en su audiencia y había hecho a Miki ganar en inseguridad, así que de cara al tercer álbum componer una canción imponente se convirtió en una especie de venganza que tardó tres semanas en refinar. "Decidí llenarla de todos los condenados trucos cursis que se me ocurriesen -armonías más simples, palmadas, parones repentinos, etc, en plan 'dales lo que quieren'". En 2004, PJ Harvey hablaba en la canción 'Cat On the Wall' de la alegría casi erótica que se siente cuando de manera inesperada suena por la radio esa canción que no puedes quitarte de la cabeza. A ella, dijo, le ocurría con 'Hey Ya' de Outkast. La verdad es que da igual el género al que pertenezca la canción; si en su genética le encontramos ese gusanillo viral, para uno se convierte instantáneamente en pop genuino: inagotable, contagioso, atractivo y sempiterno. Con 'Love In a Trashcan' de The Raveonettes me ocurre lo mismo que con el mencionado 'Ladykillers', 'Into the Groove' de Madonna, 'Carnival' de The Cardigans u 'Ocean' de Sebadoh. Temas que me resultan pegadizos y que con repetidas escuchas a lo largo de los años no parecen poder hartarme; singles que de tener yo mismo una emisora de FM comercial sonarían de manera regular.

El danés Sune Rose Wagner (que en esta canción lo hace casi todo: voz, guitarra, bajo, programaciones, sintetizador) quizás no compuso algo tan intrincado como Miki Berenyi, pero en la factura de este tema los arreglos y algunos de los trucos parecen estudiados al dedillo para asegurarse la sensación efervescente en el estómago de quien la escucha. 'Love In a Trashcan' fue la canción estrella del álbum más impoluto del dúo que completa Sharin Foo (voz, percusión), Pretty In Black (2005), donde por primera vez desde que se acomodaron bajo los focos en 2002 bajaban el volumen de un ruido peligrosamente inspirado en The Jesus and Mary Chain para dejar oír de manera más directa su fascinación por la música de los años 50 y 60, de la que tomaban testimonio melódico con buen pulso. El riff limpio y reverberante que se repite desde el principio hasta el final de esta pieza puede hacerte menear el esqueleto como un tema de Buddy Holly -su 'Rave On' bautizó al grupo-, pero no se limitan a reproducir un patrón con fidelidad retro: el latido del ritmo tiene la urgencia de una caja de ritmos, la guitarra principal dibuja ondas sonoras con pintalabios, tres pequeñas notas repetidas de teclado acentúan el apremio de una pulsión sexual y la letra se centra en la mujer fatal sin escrúpulos que la provoca ("Si tocas a esa chica no pasa nada / la gente cree que es una furcia igualmente"). Armonías excelentes entre Sune y Sharin -dos voces que fácilmente pueden confundirse- liviandad, una pizca de inmundicia (Almodóvar y McNamara ya hablaban en 1981 de un amor de basurero) y juerga. Es pop.


'Love In a Trashcan' apareció en el disco Pretty In Black
de The Raveonettes y también fue publicado como
single, en 2005


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3 comentarios:

Pereiro dijo...

Me encantan. Los descubrí tarde, y me enamoré de ellos en un festival de verano. Qué elegancia!

Estanis Solsona dijo...

Elegancia, ésa es la palabra que se me ha escapado en la reseña, sobre todo para hablar de un disco como "Pretty In Black" :)

Pereiro dijo...

Yo los vi en Caldas de Reis, un pueblo de Pontevedra que organiza cada año un festival pequeñito, al lado del río, y que siempre tiene alguna propuesta interesante.
En 2010 las estrellas eran ellos, presentaban el disco "In and Out of control" y su puesta en escena me pareció impresionante. Tienen el halo de misterio que hace tan interesante a algunos grupos. Cálidos pero con distancia, algo que pocos consiguen.
Mi favorita, por cierto, es "attack of the gohst ridders".