martes, 10 de noviembre de 2015

Caso abierto: Nico + The Faction - "Camera Obscura" (1985)



















Empieza a sonar una batería tenue y monolítica que, despacio, se va enfriando con el soplido discontinuo de unos sintetizadores que despiden el aliento de la noche, de la indolencia. Inusualmente tenue suena también la voz otrora rígida de Nico, doblada por esa brisa y, aunque sea mediante las palabras del compositor alemán Robert Gillbert y no las suyas, esbozando su autorretrato definitivo:

"meció su juguete tiernamente
antes de hacerlo añicos
un anhelo le llenaba el corazón
por qué, ella no lo sabía
pues estaba tan sola
y su pelo tan rubio
y su boca tan roja como el vino
y cualquiera que bebiera de ese vino
no podría volver a ser feliz"

Al final de esta composición fechada en 1952 con música de Werner R. Heymann, San Pedro se lleva a la chica al cielo para que no vuelva a sentirse sola. Entonando 'Das Lied Vom Einsamen Mädchen' ('La Canción de la Chica Solitaria') en el que acabaría siendo su último disco, Nico sellaba su leyenda de eterna calamidad -algo que, dicen, incluso le divertía- pero lo hacía con una caricia transigente. Ella siempre fue su más firme saboteadora: insatisfecha y muy inflexible, esquiva e inestable cuando más sospechaba que las cosas le podían funcionar. Insensible y embustera quizás por ser tan vulnerable y conocer bien su verdad, adicta a las drogas y romántica de la tragedia más sombría hasta que su San Pedro se le apareció travieso para llevársela (habiendo sobrevivido a tantos asaltos, una caída en bicicleta y la consecuente hemorragia cerebral resumen su fallecimiento en Ibiza, en 1988).

"Para mí, el tiempo está quieto. No se mueve y no quiero que se mueva, así que no lo hace". Lo decía una Nico de buen humor, entrevistada en Barcelona para el imprescindible especial que le dedicó en 1985 el programa Arsenal de TV3. En las entrevistas parecía siempre ensimismada; un periodista creía que no iba a obtener más que un monosílabo hecho un islote entre silencios y sonrisas, pero Nico acababa respondiéndole cuando ya le había lanzado un par de preguntas distintas. Tenía su propio tempo, también en la música; no en balde su instrumento era un pequeño órgano indio "que suena como el viento". John Cale, productor de la trilogía que retrató su singularidad sin fisuras (The Marble Index, 1968; Desertshore, 1970; y The End..., 1974), explicó que siempre empezaba por grabarla tocando todo el repertorio acompañada del órgano y a partir de ahí estudiaba qué podía añadir para conservar la libertad intuitiva de sus compases. Un bajo y una batería convencionales eran impensables, así que los arreglos heterodoxos de percusión e instrumentos como el clavicordio definieron la personalidad arcaica de su música. 



















Nico había empezado la década de los 80 cuadrada sin mucha convicción en el metrónomo de una banda de rock. Preocupada por tener ingresos para sus malos hábitos por encima de todas las cosas, algo que cada vez le era más difícil costearse con los conciertos que iba dando allí donde tenía fieles seguidores, aceptó la proposición de una pareja que conoció en Paris a finales de los 70 para grabar un disco financiado por ellos. Nadett Duget se convirtió en una especie de manager y Philippe Quilichini -mitad artística de los interesados- produjo, hizo los arreglos y dirigió un grupo de músicos que amistarían la música de Nico con la facción más gótica del post-punk. Consiguieron un trato con el sello Aura y se pasaron de listos: el ingeniero del estudio avisó a la compañía de que los amiguitos de Nico pretendían llevarse las cintas de las sesiones para venderlas a otra compañía, sin reembolsar a Aura por los costes, porque aún no habían firmado ningún contrato. El sello entonces las secuestró primero y publicó rápidamente Drama of Exile (1981) en Holanda y Suecia, por cuestiones legales. Quilichini y compañía acabaron grabando el mismo disco dos veces en tres meses, sin que se publicasen las segundas sesiones hasta 1983 (con el mismo título, para acabarlo de liar) porque Aura tenía los derechos de publicación de los temas repetidos.

El sainete en que se convirtió todo lo que rodeó Drama of Exile malogró el lanzamiento de esa Nico transformada, y es sin duda el rincón más omitido de su carrera. Si bien las disputadas primeras sesiones guardan momentos terribles (un rock rígido y decadente de forma nada romántica), su retorno al estudio para la repetición fue un affair mucho más inspirado, dándole al conjunto un suave toque sintético y un mejor enfoque instrumental. No se puede desestimar la etapa Quilichini como un experimento fallido, porque momentos como el soberbio single Saeta (1981) y canciones como 'The Sphinx' y 'One More Chance' son las semillas que recogen las filias de la artista en ese momento, prendada absolutamente de las músicas étnicas a la vez que de Phillip Glass y Steve Reich. Esa mezcla de lo racial con las repeticiones minimalistas de los vanguardistas constituye la esencia del que sería su último trabajo de estudio: Camera Obscura (1985).



















Su relación con la pareja francesa tuvo un dramático final cuando en 1983 Phillipe Quilichini falleció en un accidente de coche que dejó a Nadett Duget en coma profundo hasta morir tres años más tarde. Para 1984, con la ayuda de varias personas que aún se preocupaban por ella, Nico había empezado un tratamiento de metadona para desengancharse de todo, se había establecido en Manchester (le encantaba el campo: "un paisaje precioso -muy sombrío, como el desierto") y estaba ofreciendo recitales mejor resueltos secundada por James Young (piano, teclados) y Graham Dids (percusiones), aunque su predisposición para actuar variaba cada noche. Su amigo y ahora manager Alan Wise le consiguió un contrato con la compañía Beggars Banquet y para su próximo disco regresaba como director artístico John Cale, que volvió a demostrar que nadie la contemplaba como él sin reincidir en lo que ya habían creado anteriormente. Fue una grabación de tres semanas repartidas entre marzo y abril de 1985, en Londres, marcada por la irascibilidad de un Cale en su peor fase de adicción a la cocaína y el alcohol y por el hecho de que ella, a pesar de programas de desintoxicación, seguía flirteando con la heroína. La música la cimentaron Young y Dids, leales a pesar de que Nico les saqueaba el sueldo de los conciertos siempre que podía. Ellos presionaron para que se les reconociera en la portada como The Faction, aunque a sus espaldas. "Tienes la cara muy dura -en MI disco", le dijo a Young al ver la portada final.

"La música de Camera Obscura era complicada e ilógica. Había estructuras, pero no eran fáciles de recordar: sobre todo desafiaban la despiadada lógica de la canción pop tradicional", decía James Young en su libro sobre Nico Songs They Never Play on the Radio. Es un disco que dividió a la crítica y que no convenció a muchos de quienes adoraban a la Nico del armonio. La música fue creada sobre la marcha en el estudio, sin más esqueleto que el de un puñado de temas que aún no habían sido inmortalizados (algunos asomando en sus conciertos desde 1975) pero que fueron remozados completamente. Allí donde los recitales tenían un necesario aire de free-jazz que permitiera a Nico descontarse con los compases si era preciso, el tono del disco era bien distinto. John Cale intentó darle réplica a las cumbres vanguardistas que alcanzaron juntos en la trilogía intocable pero desde otro punto de vista, con la visión glacial y erudita de los experimentos casi electrónicos de los 80.

Los temas se construyen a partir de patrones repetitivos de percusión y ponen la tilde unas figuras de sintetizador funky-deforme, a veces de forma violenta (mordiscos en 'Into the Arena', zarpazos en 'Win a Few' o 'Tananore'). Otro colchón de teclados más leve, en tándem con el sonido insistente de tablas y tam-tams, brinda a las composiciones un aire de misterio arábigo. Ahí, entre dunas que podrían engullirte a traición, se alza la voz de Nico pasando del susurro a la autoridad en 'Tananore'; paseando con desafecto en el ambiente enrarecido de 'Fearfully in Danger'; rumiando doliente en 'Win a Few', donde entona: "Cuando estás ciego / cuando eres amable / el futuro y las razones, / ¿cambiarán las estaciones?". En 'My Heart Is Empty', el ritmo pétreo parece perseguirla hasta la épica final de sintetizadores.

Se escapaba necesariamente de esa fórmula una versión dirigida por el piano del clásico 'My Funny Valentine', espeluznante y abandonada, donde la chanteuse alcanza su registro más grave con dolor, precediendo a la sensible revisión ya mencionada de 'Das Lied Vom Einsamen Mädchen'. 'König', cerrando el álbum en alemán, también. Aparecida originalmente en la película de Phillipe Garrel La Cicatrice Interieur (1970) pero nunca publicada, queda en Camera Obscura como la única (y última) oportunidad de escuchar a Nico en la penumbra con su instrumento, entre los muros de un cuarto oscuro que nada tienen reflejado, pues no entra el mínimo rayo de luz.



Para escuchar en Spotify:

y ademas:

Nico - Saeta / Vegas (el single de 1981)

(selecciones en directo de temas del álbum)