Caso abierto: Marianne Faithfull - "A Secret Life" (1995)

Poco podía imaginarse Marianne Faithfull cuando la vio por primera vez, colocada de ácido en 1967, que estrenaría la década de los 90 instalada en una casa de campo a media hora de Dublín llamada Shell Cottage, bautizada así porque sus muros, techos y varios recovecos están decorados casi en su totalidad por una inconcebible variedad de conchas marinas. "¿Puedes creer que, mientras el resto del país estaba muriendo de hambre, el Duque de Leinster estaba importando conchas de todo el mundo para este capricho?", le comentaba a un periodista cuando ya llevaba más de diez años allí, en 2001. Era muy distinto a cómo había empezado las dos décadas inmediatamente anteriores: la de los 70, presa de la heroína y viviendo en las calles del Soho londinense, donde era protegida por los yonquis y podía usar la lavadora de un restaurante chino; la de los 80 -con la publicación de la que se considera su obra capital, Broken English (1979), aún flamante-, también en Londres, viviendo ya en un apartamento en el barrio de Chelsea, pero estropeando la continuidad del reconocimiento musical que tanto había tardado en llegarle al reincidir en su autodestrucción por la vía de las drogas. El camino hacia la comodidad de Shell Cottage empezó a descubrirse entre la maleza alrededor de 1985: en el plano personal, ingresó en una clínica de desintoxicación de Minneapolis para romper definitivamente con sus adicciones; en el musical, el productor Hal Willner había contado con ella para interpretar 'Ballad of the Soldier's Wife' en un disco de tributo a la obra de Kurt Weill. Fue el primero que tuvo la idea de fundir su voz de hoja seca con una partitura de cabaret europeo, y la vida de Marianne cambiaría a partir de esa experiencia.

Willner se convirtió en el director musical del álbum con el que Faithfull desistió de invocar la inspiración irrepetible de Broken English y mudó en una intérprete sombría, sofisticada y con un pie en la vanguardia. Strange Weather (1987) trasladaba a esa estética de chanteuse cabaretera una decena de piezas de diverso origen -desde folk tradicional a Bob Dylan, pasando por su propio 'As Tears Go By', su debut a los 17 años- que referenciaban su vida de un modo u otro, coronada por una composición escrita expresamente para el proyecto por Kathleen Brennan y Tom Waits, que tituló la colección. Acabó la década por todo lo alto, actuando dos noches (el 25 y el 26 de noviembre de 1989) en la Catedral de Santa Ana de Brooklyn, vistiendo de largo un repaso a su carrera desde su nueva posición de leyenda creciente (lo recoge el disco Blazing Away [1990], también editado en vídeo). A los pocos días, repetía enclave para dar otros dos recitales interpretando Los Siete Pecados Capitales de Kurt Weill y Bertolt Brecht. Los fructíferos resultados artísticos en esa dirección hicieron que archivase un nuevo intento por acercarse al pop-rock que había empezado a grabar en septiembre de 1988. Ya instalada en Shell Cottage, Brecht y Weill volvían a aparecer en su camino cuando el director teatral Patrick Mason la requirió para el papel de Pirate Jenny en La Ópera de los Tres Centavos, que estrenaría en el Gate Theatre de Dublín. Era el verano de 1991 cuando empezaron las funciones. Al poco tiempo, Marianne se puso en contacto por primera vez con Angelo Badalamenti para hacerle saber de su interés por colaborar con él.

"Yo escogí a Badalamenti, y por supuesto él me escogió a mí; no es nunca cosa de uno", apuntaba a la periodista griega Mema Binopoulou en marzo de 1996. "Y fue muy difícil atraparle, fue como cazar un animal salvaje en el bosque. Costó año y medio y luego nos conocimos". No era extraño que fuese difícil. El compositor venía de firmar junto a David Lynch la banda sonora de la serie Twin Peaks (1990), su trabajo más reconocido hasta entonces y a la postre el de mayor peso iconográfico. Marianne Faithfull le esperó y con ello disfrutó del privilegio de estar entre las tres voces -las otras son la de Julee Cruise y la de Tim Booth (James)- que han logrado retener al italoamericano para concebir con él un disco de larga duración. Faithfull, que estaba escribiendo su autobiografía a la vez que empezaba a dar forma al disco con Badalamenti, calculó que todo el proceso hasta que lo acabaron duró alrededor de tres años. Explicó que él parecía haberse contagiado del método de trabajo que emplearía Lynch, devolviéndole las letras que le entregaba con la instrucción de que las fragmentase más. Muchas de ellas se imbuían en las sensaciones que estaba exhumando conforme cavaba en su memoria para redactar el libro, quedando ambos proyectos íntimamente relacionados; como si el álbum resultase en el poema codificado de las reflexiones de Marianne sobre su vida. Sin embargo y paradójicamente, la edición del libro acabó retrasando casi un año la aparición del disco, que estaba listo a principios del verano de 1994. Amy Rhodes, encargada de marketing de la editorial Little, Brown, comentaba en Billboard"Estaban planeando sacar un disco nuevo de Marianne... Tenía más sentido que hiciesen una recopilación retrospectiva y confiar en que tuviésemos el éxito esperado, y luego regresar con fuerza con un nuevo álbum la primavera de 1995". Así se hizo. En la antología Faithfull (1994), no obstante, se adelantó una de las composiciones escritas con Angelo.

A Secret Life fue lanzado finalmente el 21 de marzo de 1995. "El título no lo pensé yo, lo quería llamar otra cosa", dijo en televisión ese mismo año. "Creo que la compañía de discos lo puso como una broma, una nota irónica sobre mi autobiografía... Creo". Para ser invento de un departamento de promoción, las palabras escogidas honraban la belleza de esta colección de temas e invocaban las atmósferas intimistas que orquestó Badalamenti entre los estudios Excalibur y National/Edison de Nueva York. Se reconocía su huella; el rocío que humedece sus grabaciones lynchianas, aplicado con un difusor con el cálculo de un jardinero experto, artista, que sabe a qué hora de la madrugada tendrá la escarcha una apariencia más singular. Pero los escenarios eran distintos a los que poblaban los discos imaginados para Julee Cruise alrededor de sus interpretaciones vocales para David Lynch; en ellos, Cruise es a menudo como el vaho en holograma proyectado sobre copos de nieve, o sobre el océano. Inspirado por Marianne Faithfull, y sobre todo escuchando el material en la voz de la protagonista, las canciones tienen un peso más terrenal y dramático aunque deambulen puntualmente en el mundo de los sueños.

Objetivamente, uno diría que uniendo el carisma de Marianne con la distinción de los arreglos de él solo podría augurarse algo excelso, que formarían el equipo creativo perfecto; y en este disco eso es cierto probablemente en el 50 por ciento de los casos, no siempre. A Secret Life era el primer disco de estudio de Marianne desde la publicación de Strange Weather y, aunque los separasen ocho años, suena como su continuación natural, diluyendo la decadencia en un revelado de película de 35 milímetros. Pero hay un par de momentos donde el estilo de Badalamenti se queda en excesivamente tenue, particularmente cuando pretende acercarse a un pop-rock más estándar: pierde la magia y se queda -esa guitarra rítmica, las pistas de voz dobladas-anticuado. Ocurre en 'Bored By Dreams' y 'The Wedding', que suenan como si las hubiese tocado la banda residente en el show de David Letterman en 1992. Entorpecen la sensibilidad general del álbum. En la prometedora 'Love In the Afternoon', una historia de adulterio inspirada en la película homónima de Rohmer donde Marianne adopta el papel de la esposa que tiene una aventura secreta, uno acaba la escucha desanimado ante la falta de sangre. La tensión deseada suena fallida.

Dicho esto, el resto de A Secret Life resulta cautivador sin reservas. En 'Prologue', Faithfull recita los primeros versos de La Divina Comedia de Dante donde alude a la transformación en la madurez: "A mitad del camino de la vida / me desperté encontrándome en un bosque oscuro / con la senda derecha ya perdida", empieza, sobre un hermoso arreglo de cuerda de Badalamenti. La música da un respingo cuando narra que le parece vislumbrar una salida, pero enseguida se funde con 'Sleep', la canción más sombría de las que compusieron, para cuya letra colaboró con Frank McGuiness (el guionista que adaptó la versión de La Ópera de los Tres Centavos que representó en Dublín). El tránsito de la pieza es lento, sobre un ritmo mínimo que es al oído lo que el braile al tacto de los dedos, y tanto Marianne como la sección de cuerda suenan tranquilas como una caricia de alivio; el mismo que encuentra en el sueño: "Es seguro dormir sola / en un sitio que no conoce nadie / (...) Es mejor encontrar en el sueño los trozos que faltan y que perdiste / Mejor que te niegues a llorar / Polvo eres y polvo serás". 'She' se despliega meciéndote desde otra época -mucho hacía que Faithfull no cantaba una melodía de este calibre y sin asperezas- arropando con romanticismo parisino otra viñeta de soledad, mientras 'Losing' es un duro diálogo con ella misma ("Toda la mierda que te has estado tragando / dice que estás perdiendo") servido sin embargo sobre un fondo de lo más apacible. Angelo Badalamenti supo interpretar la tragedia mascada en las letras de 'Flaming September' y 'The Stars Line Up' aportando el tono dramático adecuado; la primera mediante un ambiente otoñal que se revuelve con desasosiego (Marianne la escribió en recuerdo de un amante que tuvo cuando estuvo en rehabilitación, maniacodepresivo además de adicto, que se tiró por la ventana del piso que compartían en 1986) y la segunda optando por dejar su voz más rota en la sola compañía de unas cuerdas sublimes. Un reprise de 'She' que suena como el final de un espectáculo musical entre aplausos le sirve para recitar unas últimas palabras, en este caso de La Tempestad de Shakespeare, donde vuelve a aludir al sueño: "Estamos hechos de la misma sustancia que los sueños / y nuestra pequeña vida termina durmiendo".

"A partir de cierta edad, todo artista trabaja con heridas", dice uno de los versos por los que más le preguntaron en las entrevistas. Es algo que le tomó prestado a la bailarina británica Antoinette Sibley (ella dijo "bailarín" en lugar de "artista"), un comentario suyo en prensa a propósito de Rudolf Nureyev cuando murió en 1993. En A Secret Life Marianne Faithfull trabajó con las heridas que ella creía curadas de algún modo, pero que revisitadas se manifestaron en color bermellón intenso, como la sangre en las puntas de las zapatillas de ballet. Badalamenti le dio contraste con tierra y éter en la que fue su única colaboración (de las mismas sesiones hay que escuchar 'Who Will Take My Dreams Away' -otra vez los sueños-, reservada para la banda sonora de La Ciudad de los Niños Perdidos de Jeunet y Caro).


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