Imperdible: Sonic Youth - "Evol" (1986)

De adolescente, una de las maneras que tenía de descubrir a grupos de los que siempre me había inquietado el nombre o de profundizar en otros de quienes solo tenía una pequeña noción era escuchar la retransmisión de los festivales de verano por Radio 3. Preparaba un puñado de cintas que casi nunca eran vírgenes para cada grupo que me interesaba del cartel, por si tenía suerte y retransmitían lo que yo esperaba. A los catorce años, el concierto que dieron Sonic Youth un viernes en el glorioso Festival de Benicàssim de 1998 (PJ Harvey, Yo la Tengo y ellos en una misma noche) fue mi primer contacto serio con su música, y no fue el más sencillo. Venían entonces a presentar A Thousand Leaves (1998), un disco que afianzaba con fiereza su regreso a los terrenos experimentales más angulares de tres años antes, sobre todo en comparación a los primeros discos que publicaron cuando ficharon por la compañía multinacional Geffen, donde había dominado el planteamiento más convencional y melódico en la composición de las canciones. En cualquier caso, la esencia de sus trenzados de guitarras y su peculiar cualidad armónica, a pesar de centrar el repertorio de la gira en ese difícil último disco, estaban ahí, y fueron suficientes para que empezara a coleccionar su amplia discografía a partir de ese mismo otoño. Que EVOL (1986) fuera el segundo disco que eligiera para llevarme a casa, a la altura del mes de octubre, tenía dos razones de ser: por una parte, es el disco que incluye la imprescindible 'Shadow of a Doubt' (el tema que ese verano el grupo recuperó regularmente en sus setlists después de muchos años, y que verdaderamente me robó el corazón) y por otra, la portada. La expresión rabiosa y desquiciada de la actriz Lung Leg -sacada de la película Submit to Me (1985), dirigida por Richard Kern-, asusta y atrae al mismo tiempo y lo dice todo sobre el contenido de este disco: represión, vulnerabilidad, angustia, tensión, muerte y belleza.

Situado cronológicamente en la discografía de Sonic Youth después del exigente Bad Moon Rising (1985), EVOL es el primer disco donde canalizan toda su sensibilidad en estructuras más definidas, temas que no precisan de largos desarrollos con ruido para resultar complejos y anómalos. Habían incorporado a Steve Shelley a la batería y apuntaban en una dirección hacia algo más elaborado y menos caótico que en entregas anteriores, aunque Kim Gordon (bajo, voz) explicaba en 1998 que los resultados también fueron fruto de las circunstancias: "Cuando escribimos EVOL, estábamos ensayando en una habitación de cemento que medía menos de medio metro cuadrado, muy ruidosa y viva. Cuando tocábamos ahí dentro, la única manera que teníamos de oírnos entre nosotros era quizás tocar cosas que fuesen más melódicas. Y las canciones salieron muy melódicas". El grupo lo considera la primera parte de una trilogía que completaron los también cruciales Sister (1987) y Daydream Nation (1988). Es uno de esos álbumes que llegó a mí en el momento oportuno, que podía hacerte sentir aliviado siendo un adolescente con un leve cuadro de ansiedad ante un mundo en el que no sabes encajar. No había clichés ni mensajes explícitos en las letras, solo un fortísimo poder de sugestión que lo dejaba todo en tus manos. Más de un sábado por la noche, escuchaba EVOL de madrugada mirando por la ventana porque no podía dormir, y los pensamientos de mi mente parecían articularse a través de la música de manera perfectamente sincronizada.

"Mi violencia es un sueño / un sueño de verdad / un brazo esquelético / un enamoramiento del pecado viviente / (...) Hay algo en mi memoria / que aguarda a la buena vida / siento secretos / que golpean bajo mi pecho / mi lengua está atada / paso las noches en vela". Son algunas de las frases de la inicial 'Tom Violence', un medio tiempo cantado por Thurston Moore (guitarra, voz) donde un vocablo tan manido como "violencia" adquiere numerosos matices y significados fuera del literal, convirtiéndose en una sutileza más subversiva si cabe. La canción (cuyo título provisional era 'Dear Life') parece un mantra diseñado para tener fe en que algún día habrá una revancha y encontrarás tu lugar siendo fiel a tus principios. En junio de 1986 Kim Gordon se explicaba: "La música es tal y como vemos América. No es tanto la violencia como las emociones reprimidas lo que hacen que este país sea como es". Pero, como decía antes, muchas más sensaciones de alto voltaje emocional se agolpan en los rincones de los temas de este álbum: en la mencionada 'Shadow of a Doubt', inspirada en la película Extraños en un Tren de Hitchcock, Kim confiesa entre susurros un pacto que sella con un desconocido que se encuentra en un tren, según el cual matará a alguien por él. Todo está envuelto en un aire de misterio más romántico que tétrico, agravado solo por un momento donde parece darse cuenta de lo que ha hecho y se repite que debe haber sido un sueño. El productor, Martin Bisi, dijo que ese segmento es "uno de mis momentos esenciales, el descontrol en ese puente caótico a media canción, donde se desata la locura después de un arreglo tranquilo y calmado. Tanto al grupo como a mí nos chocó que arreglar ese puente nos costase un día entero, con todas las voces caóticas". La canción es la muestra más clara de las altas cotas de hermosura y minimalismo a las que había llegado la banda. 

'Starpower' ("Trata sobre estar colado por un cantante, Madonna o quien sea. Por supuesto no es siempre saludable", dijo Kim en la misma entrevista de 1986) y 'Green Light' son eufóricas manifestaciones de ese primer momento en el que se siente algún tipo de amor ("evol": "love" al revés). El momento más mágico en el disco, no obstante, tiene que ser 'Secret Girl', recitada sobre dos acordes de un inesperado piano, conmoviendo con su simplicidad y su urgencia fantasmal: "Mi madre solía decir / 'Eres el chico que puede hacerse invisible' / (...) Los anuncios dicen que el placer dura para siempre / Ven y tócame / Ven y tócame aquí para que sepa que no estoy allí". Lee Ranaldo (guitarra, voz) se reserva el momento más arty del disco, recitando el espeluznante relato de un accidente de coche titulado 'In the Kingdom #19'. Las dos últimas piezas aún brindan más contrastes. Thurston abre con un grito lejano y escalofriante los primeros acordes de 'Marilyn Moore', pieza compuesta junto a Lydia Lunch donde narra el estado de una mujer perturbada y llena de desórdenes. El tempo lento, arrastrado, refleja la apatía del personaje y su confuso estado mental. Y como cierre, 'Expressway to Yr Skull' es un manifiesto de acordes mayores que lo deja todo muy claro: "Vamos a matar a las chicas de California / (...) Y vamos a averiguar qué significa sentirse bien / y vamos a quedarnos ahí tanto tiempo como nos parezca necesario". El título que aparece en la contraportada en lugar del verdadero es 'Madonna, Sean and Me', mientras que en las notas interiores la titulan 'The Crucifixion of Sean Penn', y es que el matrimonio más controvertido de la industria del entretenimiento en 1985 les fascinaba. Si 'Death Valley 69' cerraba Bad Moon Rising con una catarsis sangrienta, esta es su reverso estrictamente victorioso sobre la superficialidad californiana. 

En su día, sumergido en el resto de sus discos y absorbido por situaciones en mi vida que sobrepasaban mi capacidad de reacción, no creo que fuera consciente de todo el bien que me hizo este álbum. Ahora lo veo clarísimo. 

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