jueves, 21 de agosto de 2008

Imperdible: Sonic Youth - "Evol" (1986)



De adolescente, una de las maneras que tenía de descubrir a grupos de los que siempre me había inquietado el nombre o de profundizar en otros de los que solo tenía una pequeña noción era escuchar por Radio 3 la retransmisión de los festivales en verano. Preparaba un puñado de cintas más o menos vírgenes para cada grupo que me interesaba del cartel, por si tenía suerte y retransmitían lo que yo quería. A los catorce años, el concierto que dieron Sonic Youth un viernes en el glorioso Festival de Benicàssim de 1998 (PJ Harvey, Yo la Tengo y Björk en el mismo cartel) fue mi primer contacto serio con su música, y no fue el más sencillo. Venían entonces a presentar A Thousand Leaves, un disco que les devolvía a terrenos ruidistas muy angulares, sobretodo comparado con los primeros discos de su etapa multinacional, en los cuales había dominado bastante el planteamiento algo más convencional en cuanto a la composición. En todo caso, la esencia de sus trenzados de guitarras y su cualidad melódica, a pesar de centrar el repertorio de la gira en ese último disco, estaban ahí, y fueron suficientes para que empezara a coleccionar su amplia discografía a partir de ese mismo otoño.

Que Evol (1986) fuera el segundo disco que eligiera para llevarme a casa, a la altura del mes de octubre, tenía dos razones de ser: por una parte, es el disco que incluye la imprescindible 'Shadow of a Doubt' (el tema que verdaderamente me robó el corazón en directo) y por otra, la portada. La expresión de la actriz Lung Leg -tomada de la película de Richard Kern Submit to Me-, rabiosa y desquiciada, asusta y atrae al mismo tiempo y dice mucho del contenido del disco: vulnerabilidad, angustia, tensión, muerte y belleza.

Situado cronológicamente en la discografía de Sonic Youth, Evol es el primer disco en el que canalizan toda su sensibilidad en estructuras definidas, temas que no precisan de largos desarrollos ruidistas para resultar complejos y anómalos; este álbum les hace apuntar en una dirección hacia algo más elaborado y menos caótico que en entregas anteriores, y el grupo lo considera la primera parte de una hipotética trilogía que completan Sister (1987) y Daydream Nation (1988). Retrospectivamente, es sin duda uno de esos álbumes que llegó a mí en el momento oportuno y que sin mensajes explícitos podía hacerte sentir aliviado siendo un adolescente con un leve cuadro de ansiedad ante un mundo en el que no sabes encajar. Más de un sábado por la noche, escuchaba Evol de madrugada mirando por la ventana porque no podía dormir, y los pensamientos de mi mente parecían articularse a través de la música de manera perfectamente sincronizada.

"Mi violencia es un sueño / un sueño de verdad / un brazo esquelético / un enamoramiento del pecado viviente / (...) Hay algo en mi memoria / que aguarda a la buena vida / siento secretos / que golpean bajo mi pecho / mi lengua está atada / paso las noches en vela". Son algunas de las frases de la inicial 'Tom Violence', un medio tiempo en voz de Thurston Moore (guitarra, voz) en el que un vocablo tan manido como "violencia" adquiere cientos de matices y significados fuera del literal, convirtiéndose en algo sutil y más amenazante si cabe. Es una reafirmación y un mantra personal en el que uno se asegura a sí mismo que habrá una revancha y que encontrará su lugar. Pero, como decía antes, muchas más sensaciones se agolpan en los rincones de los temas de Evol: en la mencionada 'Shadow of a Doubt', Kim Gordon (bajo, voz) confiesa entre susurros -como si se tratara de un secreto- cómo debe matar a un desconocido que ha tropezado con ella en un tren. Todo está envuelto en un aire de misterio romántico, nada tétrico, agravado solo por un momento en la mitad del tema en el que parece tener remordimientos y se repite que debe haber sido un sueño. La canción es la muestra más clara de las cotas minimalistas y hermosas a las que había llegado la banda hasta entonces.

'Starpower' (Kim Gordon en su primer momento pop) y 'Green Light' son eufóricas manifestaciones de ese primer momento en el que se siente amor por alguien ("evol": "love" al revés), pero es Kim quien se guarda el momento mágico en el disco: 'Secret Girls', recitada sobre dos acordes de un inesperado piano, conmueve en su simplicidad y su urgencia fantasmal: "Mi madre solía decir / 'Eres el chico que puede hacerse invisible' / (...) Los anuncios dicen que el placer dura para siempre / Ven y tócame / Ven y tócame aquí para que sepa que no estoy allí". El disco se cierra con dos caras más de su poliédrica personalidad. Por un lado, Thurston abre con un lejano y escalofriante grito los primeros acordes de 'Marilyn Moore', pieza compuesta junto a Lydia Lunch en la que narra el estado de una mujer perturbada y llena de desórdenes. El tempo lento, arrastrado, refleja el apático pero confuso estado mental del personaje. Y como cierre, 'Expressway to Yr Skull' es un manifesto de acordes mayores que lo deja todo muy claro: "Vamos a matar a las chicas de California / (...) Y vamos a averiguar qué significa sentirse bien / y vamos a quedarnos ahí tanto tiempo como nos parezca necesario".

En su día, sumergido en el resto de sus discos y absorbido por situaciones en mi vida que sobrepasaban mi capacidad de reacción, no creo que fuera consciente de todo el bien que me hizo este álbum. Ahora lo veo muy claro. Básico.

Para escuchar en Spotify: Sonic Youth - Evol