miércoles, 28 de enero de 2009

Imperdible: Come - "Near Life Experience" (1996)




A mediados de noviembre del año pasado, el festival Tanned Tin -que ha celebrado sus últimas ediciones en Castellón- tuvo el privilegio indiscutible de acoger la única actuación que hayan dado y vayan a dar (de momento) Come, casi diez años después de su separación. Thalia Zedek (voz, guitarras) y Chris Brokaw (guitarras, voz) echaron el cierre a la banda en 1999 una vez finalizada la gira de presentación de Gently Down the Stream (1998), epílogo a un catálogo esencial, antes de iniciar cada uno sendos proyectos en solitario. La reacción de público y crítica ante el concierto de Castellón fue unánimemente positiva y desde entonces han reconocido haber recibido ofertas de varios festivales a ambos lados del charco para repetir lo que todos los asistentes consideraron una velada de magia irrepetible. Come, de momento, se niegan.

Como en el caso de muchas otras bandas que descubrí a finales de los noventa, la música del grupo de Boston me llegó perdida en medio de los samplers que acompañaban a revistas como Rockdelux, Factory o Rock Sound, queriendo el azar que me acercase a tres caras bien distintas del grupo: 'Hurricane II', dirigida por piano y acompañada puntualmente por arreglos de cuerda y slide guitar, era un blues plagado de golpes de efecto en el que lo más sucio era la voz desgarrada; 'Submerge', la pieza que abría su primer álbum, aceleraba el tempo hacia la mitad del minutaje mientras Thalia y Chris repetían "Relájate, relájate" en medio de un trotar de guitarras que invitaba más bien a lo contrario, al miedo y al ahogo; y 'Saints Around My Neck', columna vertebral del último disco que publicaron, se desarrollaba durante más de ocho minutos desde el inicial juego de guitarras de cristal hasta la combativa parte final.

No tardé mucho en salir a la búsqueda de su discografía, lo cual no fue ni mucho menos tan inmediato como podría serlo ahora en la era de internet, aunque si hablamos de discos físicos, qué diablos, no puedo evitar sentir nostalgia al recordar viajes de tren paseando por la calle con el frío y yendo a la tienda a ver si con suerte estaba el CD que me apetecía. El primero que encontré de ellos fue Don't Ask, Don't Tell (1994), su segundo álbum; una obra más monocromática si la tenemos en cuenta ahora dentro de su discografía, pero gracias a la cual -y durante una larga temporada hasta la próxima adquisición- pude profundizar y quedarme fascinado con su técnica guitarrística: un sonido abrasivo pero perfectamente conciso en el que se distingue cada nota; arpegios que huyen a menudo de los acordes convencionales, provocando con esas combinaciones pequeñas reacciones emocionales de alto voltaje.

Pero es el disco que hoy nos ocupa, Near Life Experience (1996), el que para mí es fácilmente su obra clave. Un disco conciso (ocho temas), envuelto en un diseño gráfico de tonos rojos, con contrastes acentuados, interesantes detalles de producción y un misterioso concepto subyacente que mezcla en las letras elementos meteorológicos y marinos (Thalia dijo en una entrevista que aparecen "un montón de barcas y baños") con el dolor de las heridas abiertas por los desengaños sentimentales, la soledad y las drogas. Tras el abandono de Arthur Johnson (batería) y Sean O'Brien (bajo), Thalia y Chris optaron durante un tiempo por ser el corazón de Come y contar con colaboraciones puntuales de otros músicos cuando lo necesitasen, y así se gestó y grabó este disco, quizá un hecho clave para ellos a la hora de soltarse e incluir por primera vez arreglos delicados que existían fuera del formato de guitarra-bajo-batería-voz.

















La inicial 'Hurricane' se desarrolla de manera enfermiza, mareante como el balanceo de un barco que está siendo zarandeado brutalmente por las olas del mar en una tormenta. "Soy tan valiente, estoy en el suelo del cuarto de baño / masticándome el dedo como si fuera un chicle / esperando a que venga un huracán", canta Thalia, y tras esa frase la batería y las guitarras arman tal estruendo que es como si ese barco que navegaba inestable estuviera siendo devastado; te posee el miedo y la sensación de caos y catástrofe y ya no te abandona hasta el giro de timón que se da en el último tramo, cuando un arreglo de slide guitar (que parece una metáfora de los primeros rayos de luz tras el desastre) le da al tema un final épico en el que Thalia se limita a decir "Aléjate de mi amor; cuanto más te acercas, más grande es el golpe".

Esa intensidad permanece, ya sea en los temas más densos y que remiten más a sus anteriores trabajos ('Secret Number', en voz de Chris, y 'Bitten' son dos piezas contundentes que narran historias de amigos con una conducta destructiva, presumiblemente enganchados a alguna droga) como en los más delicados, que son los que hacen de este trabajo una experiencia sonora y emocional superior. Hablo del tejido del que se nutren 'Weak as the Moon', una melancólica nana que fluye sobre un leve colchón de teclado, y que da un giro hacia la mitad esculpiendo el rencor hacia una amante que resultó ser un fraude; 'Shoot Me First', segunda aparición vocal de Chris que se construye a partir de una frágil secuencia de dos acordes sin distorsión y que va aumentando el volumen a la par que la melancolía de la historia que narra ("Siempre hay una línea más que cruzar / y siempre tengo otro regalo que enviar / dime dónde acabaste"); o 'Walk Ons', pequeña balada en el interludio de la cual aparece una acertada marimba.

Aunque para contrastes los que se crean en la secuenciación de los temas que cierran el álbum. Tras 'Walk Ons', Thalia narra su peor pesadilla en 'Half Life', la canción más opresiva y angustiante del lote. En ella se pregunta "¿Qué me diste cuando dormía anoche? ¿A quién estaba disparando anoche?" para luego deducir que debe haberse "despertado en la vida equivocada", presa del temor y del desconocimiento de sus actos. Las guitarras vuelven a ser furiosas y unos sutiles golpes de caja china suenan muy bajito en la mezcla durante todo el mal viaje, aunque lo suficientemente alto como para perturbar y acelerar el sentimiento de agobio. Para el final queda 'Sloe-Eyed', una suerte de híbrido entre canción de cuna (ese tierno refrán de las guitarras) e himno decadente, en la que es Thalia la que se despide de alguien, o quizás de una situación, por su bien: "Cuando la casa empiece a flotar / dime adiós con la mano desde un bote (...) Miro como mis amigos cierran con llave / la misma casa que me embrujó / pero no puedo volver".



Para escuchar en Spotify: