jueves, 19 de noviembre de 2009

Imperdible: The Slits - "Cut" (1979)



Ojeando ayer el extenso e interesantísimo libreto que acompaña la reedición expandida del debut de The Slits, me topé con una cita de Viv Albertine (guitarra, voz) en la que reflexionaba diciendo que, mirando hacia atrás, grupos con chicas como ellas, The Raincoats, X-Ray Spex o Siouxsie & the Banshees aportaron cosas al punk que hicieron de él un movimiento musical mucho más interesante. El factor femenino y su particular sensibilidad; ese algo que siempre me ha atraído en la música desde pequeño y que aún hoy no consigo explicar bien. Pero hay algo definitivamente especial y fértil en el enfoque creativo de las féminas y en cómo se expresan artísticamente; las cosas nunca son tan obvias. Cut (1979) es uno de los trabajos imprescindibles de la época post-punk, y uno de sus más sobresalientes exponentes en cuanto a inventiva, transgresión y creatividad. Me acerqué a él por primera vez hará ya tres años y me fascinó como solo puede hacerlo lo insólito y lo inusual.

Llegar a dar con esa fórmula que acabó por hacer de Cut -y por extensión, de The Return of the Giant Slits (1981)- algo atemporal y perpétuamente fresco no les fue fácil. El grupo trabajó duro y evolucionó a pasos agigantados en apenas tres años, desde que se juntaron en 1976 en plena eclosión del punk en Inglaterra. Basta con ver el material de la formación inicial -Ari Up (voz), Palmolive (batería), Tessa Pollitt (bajo) y Viv- filmado en directo para películas documentales de la escena como Punk: the Early Years o The Punk Rock Movie, donde se captura toda la energía y la fiereza de su naturaleza pero también queda plasmado su primitivo desorden y el poco tiempo que llevaban tocando sus instrumentos, algo que fue enseguida un blanco fácil para desacreditarlas y que se convirtió en un tópico (el de "no saben tocar") que acompañó al grupo hasta el final de sus días a pesar de la evidencia de sus progresos. De todos modos, el punk consistía precisamente en dar rienda suelta a la imaginación de uno sin importar cuán diestro fuera técnicamente: la intuición frente a la teoría, la emoción genuina frente a un plan meditado; con lo que menospreciar la valía de The Slits por su falta de práctica en la época suena más a cínica excusa para deshacerse de algo inclasificable, creado además por mujeres en tiempos en los que apenas había figuras femeninas destacables en el mundo del rock, por lo que eran observadas con lupa, con escepticismo y desdén.

Movidas por ese afán por zarandear y subvertir el panorama musical haciendo algo que las desmarcara de sus compañeros de generación, The Slits fueron desprendiéndose poco a poco de las limitaciones propias de ese punk rock de las cavernas con el que empezaron: su música no iba a beber de ritmos monolíticos y sucesiones de acordes estándar. A finales del verano de 1978, y a pesar de ser una de las principales compositoras y fundadora de la banda, Palmolive deja libre el puesto de batería a petición de las demás, primera de las decisiones que tomaran con vistas a la evolución de su música. Palmolive tenía un estilo fuertemente percusivo, casi tribal en su uso de los toms; con la entrada de Budgie (un año antes de su incorporación al que será su grupo definitivo durante muchos años, Siouxsie & the Banshees) las canciones ganan en espacio gracias a su estilo relajado, igualmente imprevisible y alejado de los convencionalismos del rock pero sin la dureza combativa de Palmolive, algo que necesitaba la banda para explorar su creciente interés por el dub y el reggae. Al poco tiempo, firman un ansiado contrato con Island Records y entra en acción Dennis Bovell, oportuno productor de Cut, que acabará de definir su sonido. Bovell -al que mucha gente prefirió creer artífice total del disco en vez de aceptar los avances de las chicas- no tocó ningún instrumento, pero su visión y su disciplina para hacerles repetir los temas hasta que sonaran redondos y se convirtieran en una banda sólida fueron fundamentales. El imaginario de los diez temas del disco original es exuberante.

Los arreglos adicionales son mínimos y la ecuación es sencilla: el bajo y la batería siguen una línea estable que no les priva de inventar; las líneas de guitarra de Viv Albertine no conocen apenas raíces y suenan libres de distorsión, delgadas como pequeños arañazos indistintamente melódicos o disonantes; y en medio, el tono siempre sardónico e irreverente de Ari Up (jovencísima por entonces, contando a penas diecisiete años). No hay ni un momento de agresividad ni fealdad deliberada, sino que su discurso transgrede ahora a través de un envoltorio sutil y trabajado, listo para perdurar más allá del arrebato.

En Cut conviven piezas de su repertorio primerizo pulidas hasta lo irreconocible (en la edición Deluxe se incluyen varias maquetas y mezclas alternativas que dan fe del cambio) y otras que encuñaron justo antes de entrar al estudio, todas ellas con estructuras inesperadas, dinámicas. Se trata de un disco lleno de diversión formal que no hay que tomarse a la ligera, y ahí radica uno de sus puntos más importantes y valiosos. En el aparente desenfado de ‘Instant Hit’ (uno se las imagina cubiertas de barro como en la portada, en plena África tropical) se oculta la historia de autodestrucción de Keith Levine, músico amigo de la banda que tocó brevemente en The Clash, y lo mismo ocurre con ‘So Tough’, donde se describe a un caricaturesco Sid Vicious. ‘Spend, Spend, Spend’ (hablando de la tendencia al consumismo ante la depresión) y 'Newtown' (sarcástico retrato generacional en el que consideran la televisión y el fútbol las drogas de su generación) se empapan del reggae de cadencia más lenta y suenan complejas. ‘Shoplifting’, más cercana a los parmetros del punk, es simplemente hilarante (“Pon el cheddar en mi bolsillo / pon el resto debajo de la chaqueta / habla con el cajero y no sospechará / y si lo hace ¡A correr! / Diez libras por el lote / Lo pagamos, ¡a tomar por culo! / los de Babilonia no perderán mucho / y nosotros tendremos cena para esta noche”) y lo mismo pasa con la acelerada y agobiante 'Love und Romance', una absoluta ridiculización del amor idílico que consigue transmitir al que escucha las ganas de huir de alguien que quiere pegársele como una lapa hasta el final de los tiempos (“Estoy tan contenta de que me pertenezcas / Oh cariño, ¿quién quiere ser libre?”).
Varias de las canciones suponen un punto de inflexión y un corte de mangas importante a los restrictivos roles impuestos a las mujeres hasta entonces, y sin caer en la propaganda feminista; simplemente haciendo uso de la ironía más o menos mordaz que deja claro con mínimos rodeos la necedad del mundo para ciertas cosas. Por eso canciones como ‘Ping Pong Affair’ o ‘Typical Girls’ (tema emblemático e inmortal donde los haya) son fácilmente vigentes hoy en día: envueltas en ritmos joviales y melodas vocales reconocibles, son perennes y nunca permanecieron ancladas a una época porque las inquietudes que manifiestan tampoco conocen un tiempo y un espacio; acompañan a todas las generaciones. Para el final del álbum, una emocionante ‘Adventures Close to Home’ por razones obvias: es una de las memorables canciones que les cedió Palmolive antes de su marcha (y que ésta volvió a grabar con The Raincoats cuando se unió a ellas), quizás la más bonita y sensible que había escrito hasta entonces.

La edición Deluxe de Cut se publicó hace tres semanas, y el álbum ha sido elegido entre los cincuenta discos más destacables del sello que lo publicó, Island Records, con motivo de su 50 aniversario. Ari Up y Tessa Pollitt volvieron a activar la banda en 2006 y el pasado mes de julio Omnibus Press publicó también el primer libro sobre ellas, Typical Girls? The Story of The Slits, con lo que podría enmendarse la injusta falta de reconocimiento que muchas veces ha tenido el grupo a la hora de hacer balance en los resúmenes de la historia del rock, algo que siempre ha lamentado Ari Up. The Slits fueron definitivamente influyentes en muchos niveles, si bien no fue de manera explícita dando lugar a un puñado de grupos de imitadores.

Probablemente porque imitarlas es, hmmm, imposible.



2 comentarios:

Isabel dijo...

Sí señor. Riot grrrls! Me pasa un poco lo que cuentas en el primer párrafo, no sé si por las voces femeninas en sí o el simbolismo de éstas en ese momento -o sus gritos, mejor sus gritos-.
Indispensable Cut, sí, aunque me gusten más The Raincoats (L).
Imagino que conozcas a Marine Girls, no sé si a las Au Pairs (http://www.youtube.com/watch?v=xjbBr1_rSD8) y algo menos punk, pero no menos bueno: http://www.youtube.com/watch?v=W60nQZrcCVs

te sigo ;)

bailarsobrearquitectura dijo...

Gran reivindicación de un gran grupo! A los que les atraiga la fructífera relación punk/reggae tal vez les interese echar una ojeada a un post que acabo de escribir sobre el tema :http://bailarsobrearquitectura.wordpress.com/2013/05/24/reggae-nuevaolero/
Saludos,
iago lópez