sábado, 26 de diciembre de 2009

Directo: Vic Chesnutt & Kristin Hersh - Old Music Hall, UW - Madison, WI (20th May 2000)



El jueves, Kristin Hersh publicó un breve tweet en el que decía que tenía la canción 'Myrtle' de Vic Chesnutt en la cabeza, y pedía que le enviásemos pensamientos positivos. Siendo uno de sus mejores amigos desde hace más de quince años y conociendo la relación cómplice y la muy especial afinidad que tenían, pensé que probablemente Kristin había hablado con él por teléfono -como muchas otras veces ha contado de manera anecdótica- y que quizás Chesnutt estaba algo desanimado. Unas horas más tarde, Hersh escribió que no había tenido ninguna llamada durante la noche, y que eso la alegraba porque si no había noticias es que eran buenas noticias. Preocupado, pregunté; y leí lo que no deseaba leer: intento de suicidio, sobredosis de relajantes musculares, coma profundo del cual si despertaba le quedarían serias lesiones cerebrales por la cantidad de horas que pasaron hasta que le encontraron. No era la primera vez que intentaba quitarse la vida, pero Kristin aseguraba que esta vez había dejado una nota, y le había pedido a su familia que la llamaran a ella.

Una de mis canciones favoritas de todos los tiempos la firma justamente Vic. 'Panic Pure'. La conocí en la voz de Hersh, precisamente, que la grabó para el disco de tributo Sweet Relief II: Gravity of the Situation - The Songs of Vic Chesnutt (1996). Este año me había comprado mi primer disco suyo, el reciente At the Cut; la primera vez que me acercaba a su trabajo sin distracciones -quién sabe por qué tardaría tanto. Me encontré con un autor extremadamente sensible y mi ropa, mis manos y mis mejillas quedaron para siempre pegadas a la resina que emana de su voz y sus historias. Llevaba dos meses comentando cuando podía el violento impacto que me había producido Vic, le tenía en lo alto de mis peticiones de artistas para el próximo Primavera Sound, estaba empezando a echar la vista atrás en su amplia discografía. Pero ayer nos íbamos a dormir con la noticia que no he querido saber. Vic ha muerto un día de Navidad, y el corazón duele un poco.

Para descargar, un emocionante concierto con un sonido excelente, perteneciente a una gira conjunta que hicieron Vic y Kristin en 2000 y en la que todas las noches se turnaban para tocar canciones de su cancionero, cerrando con interpretaciones a dúo de 'Panic Pure' y 'Your Ghost'. Para esta ocasión en particular, Chesnutt escogió un solemne y ecléctico repertorio al piano (interpretaciones sobrecogedoras y libres de metrónomo de piezas como 'Kick My Ass', 'Florida' o las todavías inéditas por aquel entonces 'Forthright' y 'I'm Through') y Hersh -con su guitarra acústica- se dividió entre la ferocidad de algunos de sus temas más complejos ('Hysterical Bending', 'Rabbits Dying', la poderosa rendición de la inédita 'Hungry') y la melancolía más afín a Vic de los temas del disco Strange Angels. Oírles bromear a la una sobre el otro ("Si habéis venido a verle por compasión, que sepáis que no tiene ninguna enfermedad que le debilite") y a la inversa ("Según el periódico, en tu música te preocupa el dolor de la maternidad"), percibir la naturalidad y la alegría que le daba a Vic estar sobre un escenario y escuchar como Kristin queda tan impresionada con las perfectas interpretaciones de él que le da apuro tomarle el relevo, es impagable -y hoy, especialmente emocionante.

Os dejo, también, la traducción del texto que me ha hecho llorar esta mañana:
"Lo que este hombre era capaz de hacer era sobrehumano. Vic era brillante, hilarante y necesario; sus canciones, mensajes desde el éter, sin censura. Desarrolló un estilo de guitarra que le permitía tocar bajo, rítmica y solista en la misma canción -con el movimiento de solo dos dedos. Su tempo fluido era inimitable, su poesía no estaba contaminada por influencias. Era mi mejor amigo.
Yo nunca veía la silla de ruedas -para mí era invisible- pero él sí. Cuando nuestro camerino estaba en lo alto de un montón de escaleras, con indiferencia me decía que nos veríamos en el bar. Cuando los dos contragimos la misma enfermedad, le dije que era el peor dolor que había sentido nunca. "Yo no siento dolor", dijo él. Por supuesto. Me había olvidado. Cuando le dije que se diera un paseo conmigo por la acera salpicada de lluvia, dijo que se le mojarían las manos. Sobre el escenario con él, le pedía una canción y me levantaba el dedo corazón, lo cual significaba "Este dedo no funciona hoy". Le veía inexpugnable -enrome y maravilloso, pero creo que Vic veía a un Vic pequeño, roto. Y triste.
No sé si seré capaz de volver a escuchar su música de nuevo, pero sé cómo es de vital que otros la oigan. Cuando me hicieron la llamada que había estado temiendo los últimos quince años, perdí mi equilibrio. Todo mi ser se volcó hacia la izquierda; no podía estar de pie sin apoyarme en la pared y estaba helada. No creo que me guste este planeta sin Vic; juré que nunca viviría aquí sin él. Pero lo que él dejó aquí es el sonido de una vida que luchó contra sus limitaciones, como deberían todas las vidas. Es el sonido de alguien ardiendo. Hace que sea un planeta mejor.
Y si soy sincera conmigo misma, admito que aún siento como si él estuviera aquí, pero libre de sus limitaciones. Quizás ahora sea realmente enorme. Entero. Y feliz."
Kristin Hersh

(Texto original y página en la que se puede hacer una donación voluntaria para ayudar a la familia de Vic a costear los gastos de su reciente hospitalización en los malditos Estados Unidos en http://kristinhersh.cashmusic.org/vic/)
En este enlace podéis leer la reseña que escribí de At the Cut -apenas quince días antes de que Vic Chesnutt falleciera- para la revista I Like, que aparecerá en el próximo número de enero.

Vic Chesnutt & Kristin Hersh - Old Music Hall, UW-Madison, WI (20th May 2000) pt 1
Vic Chesnutt & Kristin Hersh - Old Music Hall, UW-Madison, WI (20th May 2000) pt 2

Setlist: 01 Hysterical Bending / 02 Forthright / 03 Caffeine / 04 Kick My Ass / 05 Home (aborted) / 06 Heaven + Myrtle / 07 Hope / 08 Steve Willoughby / 09 Home / 10 Duty Free / 11 Hungry / 12 I'm Through / 13 Rabbits Dying / 14 Aunt Avis / 15 Delicate Cutters / 16 Florida / 17 Pearl / 18 Isadora Duncan / 19 Panic Pure + Your Ghost


miércoles, 23 de diciembre de 2009

Imperdible: Aroah - "The Last Laugh" (2004)



El sentir atracción por The Last Laugh, por el tono de Irene Tremblay, hace que me pregunte hasta que punto soy masoquista. Irene -en este disco concretamente- me remite a esa sensación que tienes cuando estás enganchado a alguien; sobre todo al final de una relación sentimental, cuando ya sabes en el fondo que esa persona ya tiene la mente en otra parte. Puedes llegar a llorar y a preguntarle por qué en busca de lo que ya no existe, pero ella no se sentirá especialmente conmovida, sino más bien incómoda o a disgusto ante la idea de demostrar esa emoción. Es una frialdad tan injusta como poco estudiada e inevitable para el que la siente. Irreverente y juvenil como suena, ya lo decía en 'X-Song', un tema del primer disco largo de Aroah, No Podemos Ser Amigos (2002): "Para ti no hay justicia, y a mí me importa un comino / Así es como soy". ¿Para qué se van a andar con rodeos cuando no nos quieren, o cuando ya no nos aguantan?

Las historias de Irene en The Last Laugh, aún así, no se limitan a situarla como una figura dominante y admirablemente descarada con los demás (incluso con ella misma); se palpa en todo el disco un resentimiento general envuelto indistintamente en entristecimiento, desapego, y seguridad e inseguridad manifiestas de manera pasivo-agresiva. Se trata de un álbum que nos muestra a una autora muy sólida y que inevitablemente deja a sus (ya excelentes) trabajos anteriores como obras más acogedoras para el corazón pero más inofensivas. Aquí, el resquemor y la sabiduría son mayores y la desenvoltura a la hora de experimentar con la guitarra y las estructuras más arriesgada. Los habituales elementos de folk-pop de raíz acústica juegan esta vez con los adornos dulcemente psicodélicos de Greg Weeks, que se ofreció como productor tras girar con Aroah en varias fechas tanto por España como por Estados Unidos en 2003, y con el que grabó el disco en Philadelphia respaldada por una banda de músicos americanos.

A la par con esa claridad tan pura de las letras, la música no tiene trucos: canciones cortas, directísimas, en las que las florituras de flauta, chelo o teclados no distraen ni rechinan. Así, uno puede perderse en el frío invernal y reflexivo de 'Vigo', en la soledad inflexible y gris de 'Madrid' (retrato mágico y sobrecogedor de la hostilidad que inspira la ciudad un domingo) o en las encrucijadas personales que plantean 'Horoscope' (una de las canciones más complejas y mejor acabadas de toda su carrera, con ese ambiente inquietante que alude a la decisión crucial a la que se refiere la letra) y 'Upside Down' ("Vives justo al lado del alma que has perdido / (...) Has estado oyendo las verdades por la noche / ¿Te ha parecido oír la palabra 'cobarde'? / ¿Qué es ser valiente, si tú no lo eres?"). Como una amiga de las que no teme a decir sus verdades aunque le duela a todos, Tremblay fascina a cada nueva revelación, ya sea mostrándose como alguien irremediablemente cruel ('Sick in the Body, Sick in the Head'), genuinamente sorprendida en pequeñas situaciones cotidianas durante una ruptura ('Y la Cinta de "los Bingueros"'), paródica ('Autobiographical Rhyming Song', 'The Lonely Drunk') o desengañada de la idea de amor idílico y abandonada al sexo sin más (el pop perezoso de 'Katherine Says').
Para el final del disco se queda esa ineludible ambivalencia entre el ser la persona que hace daño ('Too Proud To Try': "Sé que te confundo, a eso estoy acostumbrada / Cuando mis manos están atadas a las estacas de mi mente no soy ninguna santa / (...) Ojalá no fuera tan orgullosa y pudiera intentar no demostrarte que las despedidas me dan igual") y la que ha salido escaldada ("Ya he aprendido bastante / (...) No puedo ni sonreír / Pero me reiré la última", canta en 'Schooling').

Tres años después se retaría a ella misma publicando un disco diametralmente opuesto, El Día Después (2007), compuesto íntegramente en español y producido por Raül Fernandez, que supo dar el toque justo de pop más clásico a unas canciones melódicamente más pegadizas y suaves pero igual de deslenguadas. Yo siempre vuelvo a la pasivo-agresividad antes mencionada de The Last Laugh.

Soy masoquista.


Para escuchar en Spotify:



domingo, 20 de diciembre de 2009

En el trastero: Throwing Muses - Demos 1983 / 1984



¿Alguien se acuerda de cuando tenía catorce años? Séptimo, octavo curso; los juegos empiezan a quedar atrás a cambio de ese irracional mal humor adolescente, sueños sexuales diurnos, la absurda sensación de que uno es más mayor y avispado que los mayores avispados. Osadía inaplacable y, en un segundo, una inseguridad y una cobardía que hacen que la idea de vivir parezca eterna e insoportable... Y mucha, mucha energía desperdiciada. En mi caso, fue a esa edad cuando empecé a canalizarla componiendo canciones y tocándolas con un compañero de clase que no tenía tanto interés en esa catarsis como yo, supongo que porque él no sufría ninguno de los grandes problemas que pueden hundirte en ese microcosmos púber.

No me hace falta comparar mis catorce años con los de nadie para saber cuán ridículos puderon ser hasta cierto punto, pero la verdad es que al toparme hace tres años con estas primeras maquetas de Throwing Muses, grabadas en 1983 y 1984 cuando Kristin Hersh (voz, guitarra) y Tanya Donelly (guitarra, voz) tenían esa edad, estaba asombrado y muerto de envidia. Durante mi primer año componiendo nunca fui más allá de imitar de manera muy verde (risible) a Nirvana, Hole y The Breeders; y sin embargo, aquí están estas maquetas que Hersh siempre deseó que no vieran la luz, y uno no se explica cómo puede guardar tal sentimiento de vergüenza tratándose de unas grabaciones que retratan a una banda con una personalidad tan marcada, fresca y espontánea a una edad tan temprana. Aunque estas primerizas canciones tienen un toque juvenil y a veces incluso cómico que resulta inusual tratándose de los Muses, oyendo su inconformismo y su nada estereotipado acercamiento a los instrumentos es comprensible que solo un par de años después ya pudieran entregarle a 4AD un disco de debut tan maduro y desarmante. Kristin Hersh formó Throwing Muses como vehículo para articular todas esas canciones que la visitaban como visiones alrededor de 1981 en Rhode Island, tentando a una Tanya Donelly (su hermanastra) que al principio no estaba muy interesada.

"Tanya ni siquiera quiso tocar nada durante un año, pero yo era muy pesada con el tema. En retrospectiva, fue como un truco sucio; crecimos en una pequeña isla dentro de Rhode Island, así que no había mucha gente a la que le pedirías que estuviese en un grupo. Ella estaba allí, era enrollada y tenía buen gusto, así que nos metimos en ello juntas".
Kristin Hersh

La primera formación de la banda la redondearon dos amigas del instituto, Elaine Adamedes (teclado, bajo, voz) y Becca Blumen (batería, voz), y es la que grabó la maqueta de 1983. En ella ya se divisan muchos de los rasgos angulares que situarían en muy poco tiempo al grupo en un lugar muy personal, pero con un desparpajo que acerca esas líneas de guitarra codificadas en morse y la presencia del teclado Casio a algo más pop y new wave. Aún así, las estructuras que juegan al despiste y que serán marca del estilo de Kristin aparecen ya en temas como 'Nuke Your Heart' (el encuentro del crudo encanto de The Raincoats con la excentricidad de dibujo animado de Talking Heads) o 'There's No Excuse' (que inspira un sentimiento de melancolía en la estrofa para pronto oscurecer en un estribillo doliente). En '(Don't) Look at Me That Way' y 'Lizzie Sage' el tono ensoñador de los teclados dirige al combo hacia lugares deliciosamente melódicos, y 'Don't Pull Back' es un revés de pop-punk inmediato.

En 1984 graban su segunda maqueta, ya con Dave Narcizo en el lugar de batería (que ocupará hasta día de hoy) y aportando al conjunto su granito de complejidad con unos ritmos completamente libres, a causa básicamente de su inexperiencia y de no quedarle más remedio que ser ingenioso e inventivo, ya que disponía de una batería sin platillos. El grupo progresa adecuadamente al respecto de la primera grabación, y empieza a denotarse una marcada diferencia entre los temas más maduros y los más ligeros. Entre los primeros, destaca el ambiente de batalla de 'Bird Of Paradox' (de la cual Kristin aprovechó un trozo años después para redondear un tema de 1996, 'Ruthie's Knocking'), la rareza de 'Desert', los acordes con regusto fronterizo de 'Clear and Great' o la genial 'The Burrow', en la que las chicas no dudan en jadear. Sorprende encontrar una seminal versión de uno de los mayores éxitos firmados por Tanya Donelly, 'Not Too Soon', y el ver cómo se tomaban con el suficiente sentido del humor como para escribir una canción como 'Machismo', que viene a ridiculizar la actitud de los chicos adolescentes que las rodeaban con su estribillo de "Vamos nena, nena vamos" en voz de Mickey Mouse, y que llegaron a dedicar al equipo de fútbol del instituto en uno de sus primeros conciertos en una fiesta de fin de curso.

La calidad de las grabaciones dista mucho de ser excelente, pero su importancia histórica es innegable y debemos agradecer su difusión a algún generoso fan y a la época en la que vivimos. Kristin Hersh quizás no esté muy contenta con la revelación de lo que ella quería enterrar como secreto, pero para todo el que tenga un mínimo de conocimiento sobre Throwing Muses o algo de curiosidad, escuchar esto es algo que le merecerá la pena.


Inencontrables encontrables tras el click:
Throwing Muses - 1983-84 Demos



viernes, 18 de diciembre de 2009

Imperdible: Scout Niblett - "Sweet Heart Fever" (2001)



Scout Niblett saludó al mundo con una peluca rubia egañosa. No hay más que verla, con el entusiasmo de una chanteuse pop (un gesto travieso de autoparodia) en la portada de Sweet Heart Fever y contrastar esa imagen con la música que recoge el disco para entender que hemos sido víctimas de una broma. Miremos más detenidamente y veremos que en los pelos despeinados de la parte superior quizás teníamos una pista. A diez años vista desde que grabara la maqueta que llamó la atención del sello Secretly Canadian y con un quinto álbum a la vuelta de la esquina, hoy por hoy conocemos bien las filias y las fobias de Niblett: su pasión por los extremos, por la fragilidad de unos acordes blues que abruptamente se convierten en riffs de fuzz mareante, por las miniaturas de batería y voz. Es cierto que en I Am (2003) fue la primera vez que echó toda la carne en el asador sin pensárselo y asentó las bases sobre las que ha desarrollado todo su trabajo posterior, pero Sweet Heart Fever queda como una pequeña anomalía en su discografía: tuvo lugar antes de que la bestia andara suelta.

Sin salidas de tono que roben la atención del oyente por encima del sentimiento, más bien haciendo gala de un enfoque cálido y tentador, Niblett dio forma a su trabajo más homogéneo, que no lineal: los ingredientes quizás no vayan más allá de una guitarra limpia que solo escuece cuando la rasga con fuerza, una acústica puntual o una batería reducida a la mínima expresión, pero su imaginación vuela alto como lo hará en un futuro, aunque manteniéndose en unos márgenes. Sin sustos, sin fealdad, lo que brinda al disco un hilo conceptual muy sólido. Su interpretación del blues y el folk abreviado hasta el esqueleto no anda lejos en este primer trabajo de la Cat Power que grababa discos con Steve Shelley y Tim Foljahn, pero el espíritu de Emma Louise Niblett dista de la tortura y su expresión no se basa en la repetición circular de acordes y la improvisación. En cambio, se destapa como una artesana de melodías equilibradas y juguetes minimalistas: 'Ground Breaking Service' se desarrolla sobre un destartalado arpegio que gotea sin metrónomo, 'The Sun and I' sobre tres notas de un doble bajo tan grave que parece un instrumento de percusión (consiguiendo un ambiente tenso, tenebroso y solitario) y todo se reduce a un breve recitado a capella en 'Lula' y 'Brighter', sin duda piezas precursoras de sus futuras canciones a batería y voz.

Cuando coge la guitarra, firma algunas de las composiciones más pop de toda su carrera, como 'Big Bad Man', 'So Much Love To Do', 'Into' o 'Check Out the Maker' (una optimista cantinela sobre una marcha militar), dotándolas de una estructura clara, cerrando el grifo justo cuando no hace falta más; y también otras que recorren una senda más introspectiva e intrigante (la oscuridad de 'Wide Shoulders' es incluso sexy, 'Miss My Lion' es más severa y abstracta, 'Dance of Sulphur' tiene un aire decadente de entre guerras), teniendo quizás la pieza titular el momento más sobrecogedor de todo el álbum, un momento nocturno y ensoñador con el audio distorsionado como si se tratara de una vieja grabación recogida en una grabadora.

En una entrevista de 2008, le preguntaban a Niblett qué significaba para ella lo de la “dulce fiebre del corazón”, y explicaba que se inventó esa frase para describir la sensación que le produce a ella el enamoramiento, algo levemente enfermizo que (decía) no le había menguado con los años. “Dulce fiebre” es también una bonita manera de describir qué es este disco.

miércoles, 16 de diciembre de 2009

Imperdible: Retsin - "Salt Lick" (1995)



Hay algo en Salt Lick (1995). Envuelto en su intimidad y su elaboración casera, no es que uno se sienta precisamente a salvo, cálido y como en casa, sino como si espiara a Tara Jane O’neil (voz, guitarra, batería) y a Cynthia Nelson (voz, guitarra) siendo un fantasma que puede encontrarse en su mismo espacio sin alterar su comportamiento. El olor a hollín en la ropa, el crujido de la leña y el cerrojo echado. Un intruso afortunado dentro de una caseta aislada en un bosque que respira bajo un cielo que tiene, permanente, el tono de las cinco de la tarde en un día de invierno, rozando la nocturnidad. Esa hora del día cuando la idea del peligro cobra más fuerza fuera y el calor del fuego es impagable dentro.

Tara Jane y Cynthia ya habían coincidido en varias ocasiones antes de decidir juntarse, tocando con sus respectivos grupos (la primera en Rodan, emblemática formación de Louisville pionera en conciliar la violencia emocional de un rock abrasivo, con tintes de post-hardcore, con una vertiente más experimental y enmarañada; y la otra en Ruby Falls, formación artífice de un rock igualmente oblicuo donde tocaban también las hermanas que después integrarían el grupo The Rogers Sisters), pero no fue hasta 1994 cuando tuvieron oportunidad de conocerse mejor durante el rodaje de Half-Cocked, película underground en la que participaban ambas entre otras muchas figuras de la escena musical de Louisville. Durante los ratos muertos entre tomas empezaron a entablar un romance y, lo más importante, a componer juntas canciones que les animaron a formalizar el proyecto una vez trabajaron en serio en ellas. En esas colaboraciones desembocó Retsin.

La esencia de esa palpable cercanía que evoca su estilo se encuentra ya de entrada en las formas, y es que el grueso de Salt Lick lo forman grabaciones que tuvieron lugar en los sótanos de sus respectivas casas entre septiembre y noviembre de 1994 (abocadas a un simple ocho pistas) a las que se les añadió poco más en un estudio de Washington en febrero del año siguiente. Las progresiones de acordes, la contundencia intermitente de las baterías y el trabajo de las guitarras, entretejidas en ritmos libres y con los dedos en notas imprevisibles, remite sin duda a todo lo que aprendieron en sus bandas madre pero con la cuota de agresividad sensiblemente rebajada (aunque patente en la complejidad de un tema como 'Country Style Spoonin'', deudor del cambiante estilo de Rodan en esos múltiples giros dirigidos a la épica).

La música de Salt Lick y el imaginario que recoge en sus crípticas letras huele a bosque hambriento, a arañazos en la cara y las manos, lluvia turbia, clavos oxidados y manchas secas de barro en los pantalones y las mangas del abrigo. Sabe ser magnético sin armar ruido, asentándose en un folk enrarecido y ligeramente disonante en 'Pulp' o en la aventura que narra la concluyente 'Pink River' y sus juegos vocales. Es estimulante por la vía turbadora cuando atizan el fuego de las melodías amargas y los apuntes de distorsión en 'Hitched and Caught' y 'Valerium'. Incluso se permiten un ligero aire de desenfado (el paso de la inicial 'Hybrid Ice Princess' y su melodía pop) y toques no exentos de sentido del humor aquí y allá (el raro rockabilly de 'Mary B' o la absurda magnitud de 'Unsavory'). Agrestes y libres, Retsin asumen toda la matemática y la hipersensibilidad poliédrica del post-rock, la campechanía del folk y dan vida a una criatura tan indómita como una cría de lobos.

Con este debut abrieron una veda que exploraron en tres discos largos más hasta 2001. Ese año se rompió la relación sentimental entre Tara y Cynthia y se produjo la inevitable disolución de Retsin, anulando así todas nuestras ilusiones al respecto de futuras excursiones al núcleo de ese bosque tan peculiar, cálido y feroz a partes iguales.


Encontrable tras el click: