martes, 23 de marzo de 2010

Imperdible: Maika Makovski - "Maika Makovski" (2010)

















Hace más de tres lustros, John Parish ayudó a PJ Harvey a pegar un estirón a la altura de su tercer álbum; un disco que manchado de carmín, empapado en aguas galvánicas y envuelto en suave alambre de acero marcaba un punto y aparte para el rock crudo apoyado en guitarra, bajo y batería que había limitado a Harvey hasta entonces. Una creación sorprendente y reaccionaria ante la austeridad pretérita que a pesar de ello no se perdía en el mundo de los excesos. A Maika Makovski las reiteradas referencias a Polly Jean no le hacen demasiada gracia porque la están limitando antes de que ni si quiera la conozcamos, pero a nivel objetivo algo de esa historia se repite en su caso: Parish produce, ella firma su tercer disco y éste resulta ser el del (imponente) estirón. Suben los niveles de saturación y contraste haciendo que la gama cromática sea rica, notoria y uno se pierde en los claroscuros de un laberinto lleno de gruesas cortinas de terciopelo negro pero sin marearse, curioso por retirar tímidamente la siguiente al tiempo que descubre también doseles ligeros y transparencias que no ocultan nada.

Formando equipo con Parish y con una banda sólida y estable (David Martínez a la batería, JC Luque al bajo y la percusión y Xarim Aresté a la guitarra), Maika Makovski le brinda su propio nombre a una obra de altura que es plural sin alejarse de un concepto y que tiene su mayor virtud en la mesura: mesura en el trabajo vocal de una intérprete que se mantiene firme en un terreno de seducción y sugestión; en los arreglos, abrasivos y humosos bajo una capa elástica de contención (bordados por la banda con hilo metálico de cuerda de guitarra rota); y también en la composición de los temas, incisivos y con identidad. Mi elogio a este aspecto no debería llevar al malentendido: éste es un disco carnal y apasionado, fresco; no simplemente calculado.

Quizás sea también el que muestra más facetas de la autora mallorquina, indistintamente cazadora y cazada según la ocasión, capaz de invocar a nombres ilustres sin dejar de ser ella misma. En 'Oh M Ah' (¿"Oh, Emma"?) se dirige sin compasión a la mujer de alguien con el que se ha acostado, humillándola con su confesión en un tono grave acosador, mientras los trompicones de las guitarras nos hacen pensar en la imagen de un Nick Cave que irrumpe en un bar amenazante, agitando un machete. 'Lava Love' se desliza tenebrosa y serpenteante sobre el ardor de las maracas y 'Ruled By Mars' transita sobre un bucle blues para acabar explotando a base de mazazos, los dos momentos que más pueden recordar a la PJ Harvey vestida de rojo si uno entorna los ojos. Estos momentos de dureza expresiva (añadamos la tensión de 'Game of Doses') conviven con el tono ligeramente exótico y sensual de 'Devil Tricks' (Makovski atrapada en una relación masoquista) y 'The Deadly Potion of Passion' (alguien ha mencionado a Kate Bush), las juguetonas 'Friends' y 'The Bastard and the Tramp' y el intimismo nostálgico reducido a guitarra y voz de la acústica 'Cars That Went By'. Para la concluyente 'City Life' no titubea al añadir unos arreglos de teclado y caja de ritmos que, contra todo pronóstico, no desentonan demasiado.

Maika Makovski. Un disco encendido y carnoso como la pulpa de un extraño manjar, peligroso como el deseo irrefrenable. Ineludible como una adicción.


Para escuchar en Spotify:
Maika Makovski - Maika Makovski