jueves, 19 de agosto de 2010

Imperdible: Marianne Faithfull - "Before the Poison" (2004)



















Marianne. La voz masajeada con el polvo y las impurezas cortantes de una playa sucia, atezada como una cucharilla templada demasiadas veces. Una voz doliente y grave pero siempre un instrumento perfectamente afinado. La leyenda siempre habla de tópicos como superviviente; los desinformados la tachan de mera groupie. Leer por ejemplo su autobiografía, Faithfull, es caer rendido ante su intelecto y su corrosiva narración de las vivencias de la niña con raíces aristocráticas siempre ávida por conocer, nunca conforme, que acabó tirada en el Soho londinense en los setenta.

La voz de Faithfull puede ser un hueso duro de roer. De la misma manera que hoy puedo destacar Before the Poison como un trabajo excelente, cuando se publicó en 2004 me pareció en cierto modo impenetrable, también porque lo conocí a retales y me pasaron por alto varias de sus gemas. Fue dos años después, escuchando sus rendiciones del cancionero de Kurt Weill recogidas en el disco en directo 20th Century Blues (1997), cuando todo pareció encajarme: esa voz descosida, entonando retorcidas piezas de cabaret germánico; ahí logró emocionarme y, lo más importante, consiguió que apreciara su bruta pero ajustada expresividad.

A pesar de que Marianne Faithfull ha tenido una carrera musicalmente ecléctica, muchas veces se sigue pensando en ella como una artista de rock, probablemente porque es el género que la redimió a finales de los setenta en Broken English (1979), siempre considerada su obra maestra. Before the Poison es su segundo asalto en la década de 2000 bajo el planteamiento de colaborar con artistas contemporáneos de una generación más joven, pero al contrario del tono relajado y más juguetón de Kissin' Time (2002) donde escribió canciones con Beck, Jarvis Cocker, Dave Stewart o Billy Corgan, en este disco comparte ratos con Nick Cave, PJ Harvey, Damon Albarn y Jon Brion, con lo que redondea una obra oscura y cruda en un tono acorde con su personaje; cadencia elegante y escalofriante naturalidad.

Before the Poison viene embalado en un romanticismo sombrío y tentador que sus compañeros de alcoba saben hilar pensando en la esencia de Marianne. Quizás el ejercicio se le da un poco peor a PJ Harvey, que le cede tres canciones compuestas por su cuenta ('The Mystery of Love', que abre el disco con guitarras nítidas como las que exploró Harvey en Stories From the City...; 'My Friends Have', rock de aspecto descuidado que quizás no le sienta bien al tono grave de Marianne; y la atmosférica 'No Child of Mine'), pálidas frente a otras dos que compone junto a Faithfull, la delicada 'In the Factory' y la pieza titular del álbum, acordes menores y trompicones en el estribillo para contar la corrupción de la inocencia a base de ingerir el veneno de las adversidades.

Destacan, eso sí, por poseer una cualidad minimalista que las hace especiales, pero es el resto de autores el que consigue dotar a los temas de una riqueza melódica a la altura de los momentos más memorables de la narradora (reminiscentes incluso de las canciones que cantaba a mediados de los sesenta) y de una calidez musical sin excesos pero carnosa. Damon Albarn le proporciona a 'Last Song' un colchón pastoral y clásico de nostalgia ("Vimos como los campos verdes se convertían en casas, casas tan solitarias"), con crecientes arreglos orquestales, en la que es claramente una de las tres mejores canciones del disco, y Biron firma la pieza concluyente, una canción de cuna sostenida sobre el sonido de una cajita de música llamada 'City of Quartz'. Para el final me dejo la mención al material que firma junto a Nick Cave y que interpretan los Bad Seeds: la pasión recogida de maneras tan distintas en 'Crazy Love' (otra enorme canción de corte clásico y romántico), 'There is a Ghost' (el anhelo de versos como "Oh, amor / Nunca hubo otro / ¿A dónde se ha ido mi amante?" reforzado por la tensión de las cuerdas y la tristeza de las líneas de piano) y la sucia 'Desperanto' (ese peligro noctámbulo y caótico, ruidoso, que habla en realidad de un tumulto interior desesperante) apuntala el significado conceptual del álbum y le sienta a Marianne como un guante.