lunes, 2 de abril de 2012

El despiece: Scrawl

















Podríamos decir que la música cumple verdaderamente su ciclo cuando es escuchada, y más allá de eso, cuando la posibilidad de que la hayan escuchado muchas personas permite que perdure en el tiempo de manera indefinida. En ese caso, juegan un papel clave tanto el trabajo bien hecho como la suerte, y si nos situamos veinticinco años atrás, aún con la industria musical funcionando mediante las discográficas tal y como las conocíamos, las oportunidades de tener una difusión importante eran contadas y, mezcladas con una gran competencia y confusión, acababan a menudo en fracasos misteriosos.
Tomemos el caso de Scrawl, por ejemplo: un grupo que formó parte del catálogo de algunos de los sellos más conocidos del panorama alternativo americano, que publicó discos de manera regular durante más de diez años, que se movía en las mismas coordenadas de estilo que muchas bandas que fueron dando el salto a una mayor exposición, que precedió a tantas otras formaciones a las que les sonrió la fortuna enseguida, y del que hoy muchos desconocen su existencia y al que no se le otorga el más mínimo reconocimiento.

Suele pasar con las bandas precoces: no son las que recogen los mejores frutos, precisamente. Scrawl fue de las pocas formaciones íntegramente femeninas que surgieron en el entorno musical independiente de la segunda mitad de los ochenta, y gracias a ellas se entiende esa especie de transición entre la angulosidad y el descaro de los grupos de punk-rock de principios de la década (The Raincoats en Inglaterra, X en Estados Unidos) y las bandas de indie rock con chica al frente que tuvieron una rotunda presencia a mediados de los años noventa (desde las politizadas y feministas riot grrrls a productos inofensivos como Veruca Salt o That Dog). Marcy Mays (voz, guitarra), Sue Harshe (bajo, voz) y Carolyn O'Leary (batería) se juntaron en la capital de Ohio, Columbus, en 1985; ahí tuvieron la oportunidad de debutar como teloneras de los también americanos Meat Puppets.



Sus amigos las empujan a dar más conciertos y son precisamente ellos los que juntan el dinero necesario para que el trío entre al estudio en septiembre de 1986 a grabar un primer álbum que publican ellas mismas, Plus, Also, Too (1987). El disco las retrata aún verdes (incisos tontorrones como 'Loser' lo evidencian) pero desvela los puntos fuertes que desarrollarían en los años venideros, como un saludable desparpajo punk ('Slut') que funciona mejor cuando lo combinan con melodías desvergonzadamente pegadizas ('Gutterball'), gusto por las letras directas (pocas mujeres había entonces hablando tan claro de su feminidad) y tendencia a compensar el minutaje acelerado con una serie de medios tiempos reflexivos sobre angustia existencial (aquí destacan las deslavazadas 'Standing Around' y 'Afterthought'). El disco despierta el interés de la división americana del sello Rough Trade, que se encarga de sacar a la luz su segundo trabajo el invierno de 1988, He's Drunk, grabado en el estudio Paisley Park de Prince en Minneapolis, aunque a pesar de ello el sonido no mejora en exceso y eso no ayuda a reflotar un repertorio continuista pero esta vez más irregular. Llaman la atención incisiones más profundas en su lado más sensible como 'Ready' (guitarra acústica por primera vez) o 'Which One Are You?'.

El tercer disco suele considerarse el de madurez, y no sé si Smallmouth (1990) es exactamente eso, pero es el primero en el que Scrawl cuidan como deben los arreglos y las estructuras de las composiciones. Gary Smith (productor ese mismo año de Sunburn de Blake Babies, también de las primeras grabaciones de Throwing Muses y Pixies) le hace un lavado a su sonido que casa con unas canciones más accesibles, reflexivas y emocionantes que antaño ('Enough', 'Begin', o 'Rot' no cuentan con estribillos clarísimos pero apuntan alto en su vertiente pop), sin olvidarse de la furia ("He hablado a tus espaldas / he tergiversado los hechos / ¿Es hora de que me reconozca responsable?", dicen en 'Time to Come Clean') pero bordándolo en medios tiempos como 'Hymn' o el balsámico 'Out of Mind', donde por primera vez podemos oír la voz de Marcy sobre un fondo genuinamente apacible y disfrutar de esa textura puntualmente áspera, como si granos de arena bajasen rascando por papel vegetal. Se pierde algo de esa jovialidad campechana del principio, pero es para bien. Le ponen colofón con una destartalada versión de Eurythmics, un 'I Need You' ebrio de ironía ("Necesito que sientas cómo se me rompe la espalda / a alguien que escuche el éxtasis que finjo / Te necesito a ti").  






















Lamentablemente, con su mejor disco entre las manos y finalizada una exitosa gira junto a Afghan Whigs, las cosas iban a torcerse para Scrawl. El verano de 1990 graban cuatro versiones producidas por Steve Albini y Rough Trade decide no publicarlas. Los desacuerdos llevan al sello a desentenderse de la banda, y éste se declara en bancarrota a los pocos meses, con lo que las chicas se ven forzadas a pujar en subasta por los masters de sus propias grabaciones para poder recuperarlos. Por suerte, lo consiguen y no pierden el tiempo para volver al estudio con Albini y grabar cinco temas nuevos, que junto a dos de las versiones registradas el año anterior (de Paula Abdul y Cheap Trick) dan forma al mini-álbum Bloodsucker (1991; el título hace referencia a su experiencia con Rough Trade), auto-publicado en una edición limitada y luego reeditado por su nuevo hogar discográfico, Simple Machines. El señor Albini, como de costumbre en sus producciones, se dedica a capturar el sonido embrutecido del directo, y las canciones (amargas y dinamitadas respecto a las de Smallmouth) las acercan más que nunca al indie rock afilado de sus compañeros de generación: cuesta no acordarse de las Breeders de Pod cuando uno escucha 'Love's Insecticide' o 'Please Have Everything', pero no hay que olvidar que Marcy Mays ya había abierto la boca antes que Kim Deal.

















En mayo de 1992 Carolyn abandona la banda y entra por primera vez un miembro masculino a ocupar su lugar, Dana Marshall. Repiten productor y, por tanto, sonido para el siguiente disco publicado en 1993, el unánimemente aclamado Velvet Hammer (¿sería por ese momento de atención a la música alternativa que sucedió a Nirvana?), que a pesar de ahondar con pericia en el sentimiento doloroso provocado por las relaciones disfuncionales ('Disappear Without a Trace' hace daño) no deja de ser un álbum regular, plagado de medios tiempos que bordean peligrosamente la linealidad y que hace que el par de ocasiones en que aumentan las pulsaciones por minuto ('Take a Swing', 'Prize': ¿alguien más piensa en Sebadoh?) uno tiemble de entusiasmo. 
Desvinculada de Simple Machines, la banda ficha entonces por Elektra, sello referencial propiedad de Warner que en esa época distribuía en los Estados Unidos el catálogo de 4AD. Gracias a ellos entran al estudio con más presupuesto y, a pesar de que es Steve Albini el que vuelve a estar al mando, en Travel On, Rider (1996) a penas se reconoce en el sonido su marca de fábrica, que se favorece de una inyección de proteínas. El grupo cada vez suena más sólido y fornido (la tensión sin tregua de 'The Garden Path', 'Good Under Pressure'), cada vez más cómodo esculpiendo un rock sin fisuras, pero en medio entrega también un tema al piano que sorprende y descoloca ('Story Musgrave (at the Piano)').





















Su excelente canto de cisne hace que aún se les eche más de menos. Nature Film apareció en 1998 y no tuvo ningún apoyo promocional por parte de Elektra, que despidió al grupo poco después al recortar plantilla por problemas financieros. Como testamento, es el disco perfecto: de la mano de Tim O'Heir (buscad en créditos de discos de Come, Sebadoh, Buffalo Tom o Morphine) configuran el mejor repertorio posible, mezlca de canciones nuevas, una versión bastante fiel de 'Public Image' de P.I.L. y seis revisiones de temas antiguos que quisieron rescatar ya que todo lo publicado en la época de Rough Trade estaba descatalogado y no sabían cuándo aparecería alguien interesado en reeditarlo (aún no ha ocurrido). Las nuevas versiones de 'Rot', 'Charles', 'Standing Around' o la delicada '11:59 (It's January)' (aparecida únicamente en un single de 1993) dan fe de sus progresos y se benefician de lo robusto y a la vez cristalino de la producción; les insuflan, literalmente, nueva vida. Las canciones nuevas, con una garra certera ('You Make it a Crime', '100 Car Pile Up') y llenas de detalles, prueban que estaban en un momento especialmente inspirado y sensible. Aunque declararon estar trabajando en un disco nuevo en 1999, que iban a editar ellos mismos, nunca más se supo. Todos estos años, eso sí, han seguido tocando en directo de vez en cuando. 




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