jueves, 18 de abril de 2013

Imperdible: Honey Tongue - "Nude Nudes" (1992)


















Para un quinceañero, la idea de encontrar una copia del fanzine oficial de The Breeders en Lleida era de por sí estrambótica pero, ¿hacerlo cinco años después de que se publicase? Y así fue. Una tarde de esas en las que podía gastarme el dinero que había saqueado y guardado de aquí y de allí varias semanas, merodeé por la tienda de discos y no tardé en reparar en un CD de la banda que no reconocía por la portada (todas las de sus singles y EP's aparecían reproducidas en esa biografía ilustrada de Pixies publicada por la difunta editorial La Máscara, de la que ya me había empapado). Sobre el plástico que cubría el reluciente digipack de Live in Stockholm habían colocado una pegatina en catalán que informaba de que con el disco venía una chapa y un fanzine. Creo que me costó unas 2.700 pesetas.

Recogí el botín señalado en la caja. El fanzine -que se llamaba Breeders Digest, tomando como referencia (y emulando el logotipo de) la veterana revista americana Readers Digest- tenía 24 páginas, y de la mayoría de ellas se había ocupado la bajista Josephine Wiggs. Entre curiosidades -como una cándida entrevista a la madre de las gemelas Deal (Kim y Kelley, voces y guitarras en The Breeders) y secciones como "Las primeras canciones que aprendimos a tocar cada uno"- había algo de chicha, como un diario de gira sobre los conciertos que dieron durante el festival itinerante Lollapalooza en 1994 y un artículo que me fascinó particularmente, que narraba el proceso de publicación del single Head to Toe (1994) desde las sesiones de grabación hasta la prensa del vinilo en color verde pálido.

'Head to Toe' era una composición de Josephine, una de las pocas no firmadas por Kim Deal que grabaron The Breeders, pero por lo que explicaba la autora en el artículo era más bien una versión de su canción que una aportación propiamente dicha a la banda: originalmente, Wiggs la había compuesto en un compás de 6/8 y la tocaba con una cadencia lenta, pero Kim Deal sugirió hacerla en un compás de 4/4 y acelerarla hasta convertirla en ese esputo de punk campechano que parecía haber alumbrado ella misma. "Kim siempre quiere acelerar las cosas", decía Wiggs, "¡y yo siempre quiero ralentizarlas!". En esa frase tan simple se recoge gran parte de la esencia de Josephine Wiggs como artista, y seguramente como persona. Aunque en las entrevistas podía desplegar un encanto arrullador adobado con un sentido del humor típicamente inglés (nació en Letchworth y se graduó en filosofía en la Universidad de Londres) siempre me pareció prudentemente reservada al lado de sus compañeros de grupo, definitivamente más equilibrada, enigmática (su larga y pálida figura, su voz grave e imagen andrógina) y de aspecto más profesional. En las ocasiones en que publicaba música por su cuenta, uno podía adivinar cuál era su contribución a las bandas de las que era integrante: una brisa quebrada por un descosido; la elegancia y la suavidad que no descuida la convicción de que lo irregular es también bello. Daba la impresión de que Josephine Wiggs llevaba a cabo la imposible tarea de hacer remiendos al éter, dejando los nudos a la vista y los hilos colgando conscientemente. 























No puedo escribir nada menos alegórico para hablar de Nude Nudes (1992), el primer trabajo que se nutrió ampliamente de su visión y sus composiciones aunque saliera bajo el nombre de Honey Tongue, debido a que ella lo consideraba ante todo una colaboración mano a mano con el batería Jon Mattock (Spacemen 3, Spiritualized), a quien había conocido cuando fue invitado a tocar en el disco Heaven Scent (1990) de la banda en la que Josephine tocaba el bajo y que en nada se separaría, Perfect Disaster. La química entre ambos músicos propició que empezaran a tocar juntos por placer en sus ratos libres y que la cosa se perfilara cuando grabaron algunas maquetas la primavera de 1991. En aquel momento, Josephine Wiggs tenía como proyecto prioritario a The Breeders, aún paradas la mayor parte del tiempo por los compromisos de Kim Deal como bajista de Pixies, por lo que sacar adelante y a la luz su trabajo con Mattock parecía apropiado.

Grabaron y auto-produjeron Nude Nudes (junto al ingeniero Audu Obaje) en Manchester, en el espacio de dos semanas en enero de 1992, aunque la agilidad y la holgura que transpira la música hace que parezca que se trató de una fructífera sesión que no duraría ni un par de días. Hay más meollo del que se puede intuir tras una primera escucha, más allá de esa fuerte impresión de homogeneidad. El disco pasó muy desapercibido cuando se publicó y quizás fuera porque tenía que pelear en exceso por ser visible con el ruido que le rodeaba (abril de 1992: semanarios británicos alimentando páginas y páginas sobre bandas de grunge y tardío shoegaze) y porque se le asignó esa etiqueta de "proyecto paralelo" de la pareja implicada que desproveyó al álbum automáticamente de su condición de referencia importante para dejarlo en anecdótica. Craso error, pues es un eslabón tan desconocido como fundamental del árbol genealógico que parte de Pixies y Throwing Muses.

En el disco, Josephine tiene la oportunidad de demostrar sus habilidades como multi-instrumentista, dirigiéndolo desde la guitarra acústica y la voz, apuntalándolo con el bajo y haciendo rezongar el violonchelo cuando es necesario. Un disco de rock de sonoridades acústicas, que no folk. La inicial 'Driver', una de las más inmediatas, podría hacernos pensar que estamos ante la deconstrucción -desnuda, en los huesos- del rock estriado de The Breeders en Pod (1990), el retrato del periodo de búsqueda entre esas y las que grabaron el EP Safari (1992), pero enseguida se revela su condición natural más relajada y exigente con el oyente; no porque haya mil detalles a los que prestar atención, sino porque requiere su paciencia y disposición para dejarse cautivar. Se desarrolla en la temperatura febril de un mediodía de verano, entre arpegios y líneas melódicas de voz que escapan lo habitual, sugieren más que afirman y serpentean sobre la suave batería de Jon ('Some Fun', la delicada y emotiva 'True Love'), que a su vez colorea puntualmente las postales con añadidos de percusión como los bongos o el shaker. La guitarra acústica tiene el peso de un bajo en la ágil 'Big Girls Blouse', canción que junto a 'Bedtime Story' parece invocar un estado de ánimo más jubiloso, mientras 'Like a Lobster' ("Tumbada a tu lado / me siento como una langosta / que vi en Chinatown") suena desperezada pero también tan triste como anhelante (en ella escuchamos el violonchelo por primera vez).

En 'Phone-Waiting Days' suena una guitarra eléctrica distante (la única) y queda claro el gusto de Wiggs por los cambios de ritmo y los compases discontinuos, juego que repite en los puntos suspensivos de 'On Thursdays'. "Días de espera al teléfono / las horas pasan lentamente", dice en 'Phone-Waiting Days', y esa guitarra lejana y enervante podría ilustrar el tumulto de la vida diaria siguiendo su curso mientras ella está pendiente de una llamada. Quizás sea un disco de vocación arty, es cierto, pero su sencillez y cercanía la trascienden. Nunca más grabaron como Honey Tongue, pero volvieron a reunirse para un segundo asalto que salió bajo el nombre de The Josephine Wiggs Experience, publicando otro único disco (Bon Bon Lifestyle, 1996) donde continuaba la aventura de Nude Nudes y en el que, al fin, Josephine dio a conocer la canción 'Head to Toe' tal y como ella la había concebido. 




Para escuchar en Spotify:
Honey Tongue - Nude Nudes