Imperdible: Yoko Ono - "Walking On Thin Ice" (1992)

Si la línea que separaba tu infancia de la adolescencia yacía justo en la mitad de la década de los 90; si The Beatles no habían sonado nunca en el tocadiscos de tu casa y la primera vez que habías escuchado 'Come Together' había sido en voz de Michael Jackson -que la grabó para HIStory (1995)-... No saber mucho sobre Yoko Ono no debía ser muy extraño. Que la primera vez que leyeses algo sobre ella fuese en un libro o un artículo acerca de Nirvana tampoco lo era. Por supuesto, nadie te explicaba que Yoko había sido una respetada artista conceptual desde mediados de los años 50 y que también hacía música, ni tan siquiera que Kurt Cobain se había referido a ella como "la primera punk-rocker femenina". Su nombre era despojado de cualquier hecho factual relacionado con su oficio o su relevancia para reducirla una vez más a una figura maligna y manipuladora que había roto la armonía en The Beatles al juntarse con John Lennon, y así trazar el ignorante paralelismo entre su historia y la de Courtney Love con Cobain.

Cuando te acabas enterando de que hace música, te encuentras con que los cortapisas para que no se conozca la profundidad de su obra no son muy distintos de los que rebajan su importancia en el campo Beatle. "Yoko Ono está loca; hace ruidos de gaviota; no es música; es una oportunista sin talento". Yo podía haber sabido muy pronto qué tipo de música hacía: en el número de enero de 1998 de la revista Factory había un sofisticado informe sobre su trabajo firmado por Juan Vitoria que nunca leí, quizás tan acostumbrado a ver su nombre como un añadido que ni me di cuenta de que se hablaba de discos, de respeto. Cuesta creer que alguien con una identidad tan sólida, convencida de la importancia de ser uno mismo y pionera de tantas cosas mediante el arte -particularmente de muchas que abrieron puertas a las mujeres para que se expresasen de una manera más libre y conectada con su verdadera idiosincrasia- fuese ninguneada de esa manera por la historia al asociarse con su compañero, por muy John Lennon que fuese. Él la admiraba, la adoraba y la alentaba, que su visión transgresora pudiese contagiar a su trabajo le entusiasmaba, pero a pesar de su insistencia para convencer al mundo de que ésa era una unión entre iguales, a Ono se le asignaba el rol de servicial acompañante: Ono, fiel y muda, abriendo las ventanas en el vídeo de 'Imagine'; Ono, sentada en 1969 junto a Lennon ante un entrevistador de televisión que a penas le dirige a ella tres miradas durante quince minutos. 

Quizás nadie pueda desestimar prejuicios y machismo como la propia Yoko Ono, al principio de su texto Feeling the Space: "Se me acercó un hombre y dijo, '¿Puedo darle un apretón a la mano que se lo ha dado a John Lennon?'. Dije, 'Bueno, hemos hecho muchas cosas juntos pero todavía no hemos llegado a hacer eso... ¿Qué vas a hacer?'. Simplemente balbuceó, más o menos, y me dio la mano igualmente. ¡Eh, yoke, yoki, yoho, yoyo! I de Ira, B de Bruta, A de astuta, M de Muerte. De hecho, soy un Lenny Bruce casado con Greta Garbo, si tanto te interesa. Dos personas enamoradas nunca se dan un apretón de manos". Lo escribió en 1973 y fue reproducido en el libreto que acompaña a este Walking On Thin Ice, que es la síntesis asequible de una caja con 6 CD's que la discográfica Rhino publicó en 1992, una extensa colección de la obra fonográfica de Yoko editada por primera vez en ese formato y, más que eso, una de las primeras ocasiones en que se reivindicaba seriamente su trabajo. No suelo destacar una recopilación por encima de un álbum, pero a mí esta selección me ha servido de adecuada y cautivadora introducción a la música -a la mente- de Yoko Ono, dejándome con ganas de más. Así suelen sonar los eslóganes que publicitan compilaciones como esta, y en este caso decirlo no es mera charlatanería.

La misma artista se encargó de elegir el repertorio y se nota una intención conciliadora, que funciona, porque mediante algunas de sus piezas más melódicas y accesibles, y sin traicionar su excepcionalidad, hace por acercarse al oyente prejuicioso o desinformado. Aquí no hay lugar para el terrorismo vocal de las primitivas tomas registradas con John Lennon en Unfinished Music No.1: Two Virgins (1968) -un verdadero desafío expresivo que podría causar demasiado repelús en una primera impresión- ni tampoco para el horror extático de 'Why' -el tema que abría Yoko Ono / Plastic Ono Band (1970). Puede ser cierto que sus experimentos más temerarios no tengan a penas representación (solo la neurosis de 'No, No, No', paradójicamente producida por Phil Spector, rompe la conseguida armonía) pero a cambio se nos entrega una panorámica del eclecticismo musical abarcado en su carrera, su intención poética, su cuestionada fragilidad y la evidencia de que tiene en su catálogo un puñado de canciones-canciones, no solo ensayos arties

La colección sí retrocede hasta Fly (1971) con la inclusión de 'Midsummer New York', un blues-rock de doce compases pegajoso de sudor, donde su nervioso ahogo ("Nueva York a mitad del verano, grito ante el espejo / (...) todo lo que ves duele, tiembla, tiembla...") es al final una liberación sobre todo cómica. 'Yangyang', single de 1973, parece el prototipo de la clase de canción bailable que no despuntaría en las pistas hasta años más tarde, con su fraseo monolítico y frío, mientras que 'Death of Samantha', del mismo año, serpentea sensualmente en forma de soul sedoso; el retrato del triste saber estar que se le requiere a una mujer mientras ella está secretamente rota y ha perdido la inocencia: "Cuando estoy al teléfono, gracias a Dios, mi voz suena suave y clara sin rastro de una lágrima / (...) Cuando estoy con gente, gracias a Dios, puedo estar en el ajo mientras lloro por dentro / ¿Qué vas a hacerle?". Otra más de 1973, para rematar el despliegue de versatilidad: 'Woman Power', un cántico explícitamente feminista con un ritmo casi hip-hop antes del hip-hop y toda la excitación de una posible revolución imprimida en un riff de guitarra sucio, urbano, y los potentes coros femeninos de soul. Cibo Matto, fans declaradas de Yoko, tendrían aquí una receta valiosa con la que cocinar el estilo que les hizo destacar en los años 90.

'O'Oh', rescatada de un disco que permaneció inédito desde 1974 hasta que apareció íntegro en Onobox, toma prestado el ritmo de la batería con escobillas de 'Walk On the Wild Side' de Lou Reed para hacer un retrato de Nueva York muy distinto al de esa canción, lanzando Polaroids de los festejos de un 4 de julio y registrando a Yoko con una ingenuidad reminiscente del convencimiento con el que ella y John Lennon realizaron happenings por la paz y el amor durante tantos años. Lo mismo se respira en 'Don't Be Scared', un reggae procedente de un disco que se quedó a medias en el estudio cuando Lennon fue asesinado en diciembre de 1980 (publicado póstumamente en 1984). Las selecciones de Double Fantasy (1980), el álbum conjunto que les devolvió triunfantes a la actualidad musical después de no grabar durante cinco años, recogen la frescura y la emoción del retorno en un clima que, con los sonidos de la entonces incipiente new wave, John creía especialmente propicio para su música, basta escuchar la juguetona 'Kiss, Kiss, Kiss', que incorpora sus emblemáticos sonidos vocales de piraña y acaba con dos orgasmos simultáneos, uno por cada canal de audio.

La añoranza por Lennon se convirtió en una poderosa musa para Yoko Ono. El álbum Season of Glass (1981) aparecía a penas seis meses después del asesinato y estaba lleno de melancólicas canciones sobre su ausencia, entre las que destaca la elegía con toque hispánico 'Mindweaver' y especialmente 'Even When You're Far Away', ejemplos de cómo, en los temas más delicados y melódicos, esa voz que por sus raíces orientales siempre tuvo un punto más antiguo del que aseguraba su edad oficial, tiene un poder evocador que informa muchísimo del sentimiento. En 'Spec of Dust', del disco It's Alright (I See Rainbows) (1982), se pregunta acompañada de un sintetizador fantasmagórico: "¿Por qué te echo de menos si eres solo una mota de polvo / flotando infinitamente entre un billón de estrellas?".

'Walking On Thin Ice' da título a la recopilación. John estaba convencido de que con este tema Yoko llegaría a un público mayoritario que ya estaba recibiendo acaloradamente cosas como 'Rock Lobster' de The B-52's. Una canción de disco-rock una vez más vanguardista en la que habían estado trabajando con el productor Jack Douglas la misma tarde que le dispararon y de la que, de hecho, llevaba una copia bajo el brazo al bajar del coche y encontrarse con su agresor. Lo último que grabó John en un estudio fue la guitarra trémula que recorre los segmentos instrumentales. La letra resume la perseverancia de Yoko durante toda su vida por ser fiel a sí misma y a sus inquietudes a pesar de ser vilipendiada: "Caminando por terreno pantanoso / estoy pagando el precio / por lanzar los dados al aire". La publicó como single en febrero de 1981 y se quedó muy lejos del número 1 que vaticinó un Lennon entusiasmado, pero con el tiempo se ha convertido en una canción legendaria que, remezclada, acabó en lo alto de las lista de éxitos bailables de América en 2003. 

Esta canción cerró el festival Meltdown de 2013, del cual Yoko Ono dirigió la programación, con una encendida interpretación a cargo de la Plastic Ono Band acompañada de Siouxsie Sioux sobre las tablas del Royal Albert Hall de Londres. A más de veinte años de esta recopilación, reivindicada por colegas músicos, artistas plásticos y feministas, Yoko Ono ya no es (solo) una bruja para nadie. Dijo Bowie: "El trabajo de Yoko es muy peligroso. Si no tiene uno cuidado, podría hacerle pensar y que tuviese una opinión propia. Una noción subversiva, si alguna vez ha habido alguna"


Para escuchar en Youtube:
(vídeo con el disco entero y enlaces al minuto de
inicio de cada tema en la descripción del vídeo;
no disponible en Spotify)



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