El despiece: Mourn

Carla Pérez Vas y Jazz Rodríguez Bueno: Mourn en un autorretrato de 2013.

Cuando me siento a escribir este artículo después de meses sin ser capaz de hacerlo sobre nada, pesimista al respecto de la utilidad de este humilde oficio en un mundo donde consumimos desconcentrados y como si fuese desechable hasta aquello que más nos apasiona, es porque he vuelto a rendirme al ardor que se enciende en mí cuando descubro música que enseguida me invita a cavar y a estudiar. Entiendo perfectamente a la periodista Yasi Salek cuando explica cómo se prepara para cada episodio de su podcast Bandsplain, donde repasa en profundidad las trayectorias de artistas tanto de culto como emblemáticos de una época; se empapa de la música, de las entrevistas, de la cronología, y permanece semanas dentro de ese universo asimilando la evolución artística del sujeto con la perspectiva impagable del tiempo. Yo estoy en medio de una inmersión de este tipo: he descubierto de golpe todo el catálogo de Mourn. Ya he vivido antes lo de tener a un grupo que casa con mis sensibilidades en las narices y que, sin ninguna lógica, me pase por alto, pero dios sabe por qué he tardado más de diez años en acercarme a una banda formada a un tiro de piedra de donde vivo y que no es precisamente desconocida. Suenan sus discos uno detrás de otro y me daría cabezazos pensando en la de veces que habría podido ir a sus conciertos en cada una de sus etapas. Con eso en mente, me pongo a buscar vídeos de sus actuaciones y me quedó subyugado viendo con qué autoridad se desenvolvían en una sesión en Chicago tan pronto como en 2017, pero es que en imágenes de la grabación su primer disco -tres años más atrás- ya hay algo naturalmente sólido en sus formas que sin duda mereció la atención de propios y extraños rápida y merecidamente. 

Si la precocidad es un valor que despierta la curiosidad de quienes miran y admiran el talento desde fuera, las prontas hazañas de este cuarteto catalán a los pocos meses de juntarse levantaron una polvareda. Jazz Rodríguez Bueno y Carla Pérez Vas (ambas a la voz y la guitarra) procedían de Cabrils y Argentona, respectivamente, cuando coincidieron en la capital del Maresme para estudiar el bachillerato artístico en el único instituto de la comarca que les ofrecía esa posibilidad. Acostumbradas a sentirse outisders por tener unos gustos musicales que no podían compartir con la gente de su edad, se rondaron mutuamente -observadoras, prudentes- al tiempo que empezaron a hacerse amigas y a reconocer la una en la otra afinidades cruciales. Jazz se había criado en un hogar donde los discos, los instrumentos, las salas de conciertos y las peceras de los estudios eran algo literalmente familiar; su padre es el músico Ramón Rodríguez, cuya dilatada trayectoria tiene su mayor reconocimiento en su proyecto más personal y longevo, The New Raemon, y ella ya había estudiado batería unos años. Cuando Carla lo supo, le propuso quedar alguna vez para tocar juntas y esos encuentros pronto evolucionaron una vez se subieron al escenario de la hamburguesería Ribs & Blues de Mataró -donde programaban jam sessions y conciertos- y se estrenaron con público delante tocando una versión de 'Come Together' de The Beatles. "Empezamos a hacer canciones sin freno, como locas, faltando a clase, escribiendo canciones en clase", contaba Carla en el podcast A Tres Bandas. Se acercaron a preguntar al mismo local si podrían tocar ahí y se llevaron la sorpresa de cobrar 100 euros por su primer bolo, dinero que ahorraron para grabar a principios de 2014 en los estudios Nautilus (Arenys de Mar) con Lluis Cots. Para entonces ya tendrán sección rítmica: Antonio Postius, batería que había sido compañero de clase de Jazz en Cabrils, y Leia Rodríguez Bueno, su hermana, que con solo quince años tenía una solvencia como bajista que dejaba en inútil pretender buscar a otra persona. La discográfica barcelonesa Sones (que hasta entonces había sido casa de bandas reconocidas en la escena local como Fine!, Manos de Topo, Mujeres o Le Pianc) ficha al grupo y todo empieza a rodar.

De izquierda a derecha: Antonio, Carla, Leia y Jazz. Mourn fotografiados por Kim Selfridge en 2015.

Mourn (2014) se grabó en directo, salvo un par de retoques, en un fin de semana; un planteamiento que resultó maravillosamente gracias a la destreza de los cuatro y lo bien ensayados que llegaron al estudio con esta decena de temas. 'Otitis' fue el elegido para presentarse ante el mundo y quizás sea la composición que más peso tiene, la que más podía disparar esa idea -que en su caso ya se haría indisociable- de eran muy maduros para su edad. Es una secuela diferida del indie rock americano de los '90 que mejor capturaba el inconformismo de la última fase de la adolescencia. Jazz y Carla cantan al unisono, en el mismo rango pero con tonos distinguibles (una más incisiva, la otra más carnosa), describiendo en la letra las molestias de un dolor de oído que a la vez suena como la somatización de una desconexión del mundo exterior, un malestar que concentra muy bien la temática general de sus primeras composiciones. Desde esa 'Your Brain Is Made of Candy' que con solo dos acordes va encendiéndose a cada estrofa, esta es una colección de canciones breves que encapsulan la repulsión con tanto enfado como frescura, como en las punkies 'Jack' ("Si no soy guapa no es asunto tuyo"), 'You Don't Know Me' o 'Misery Factory' ("Metiendo a la gente en un molde / si quieres sobrevivir tienes que resignarte"), una píldora que podría hablar sobre el adocenamiento al que los poderes nos conducen desde que vamos al colegio. Junto a 'Otitis', la sensual 'Dark Issues' y el retrato de un artista apesadumbrado en 'Philliphius' son otras muestras tempranas de una sensibilidad que iría mucho más allá de la inmediatez de este primer álbum, que en unos pocos meses editaría fuera de España el sello neoyorquino Captured Tracks, cuyo director tentó al grupo en cuanto su música llegó a sus oídos. 

Fichar por una de las discográficas independientes más reputadas en ese momento propició que reseñasen su trabajo medios como Pitchfork, que ocupasen un hueco de lujo en la programación del festival Primavera Sound (el día de clausura a las once de la noche) o que pudiesen girar por Europa y los Estados Unidos cuando no tenían ni la edad legal para estar en los locales donde tenían que tocar. En su trayectoria ascendiente, no obstante, sufrieron una sacudida que hicieron pública en diciembre de 2015, con su segundo disco (esta vez coproducido por Lluis Cots y Ramón Rodríguez) ya terminado: "Nuestro sello discográfico aquí en España, Sones, que también era nuestro equipo de management, nos ha dejado en una situación en la que, legalmente, no podemos seguir adelante y el LP está, de hecho, paralizado por un litigio. Como Sones se ha quedado con todos nuestros ingresos, incluidos los anticipos y los derechos de autor pagados por Captured Tracks, todos los ingresos por actuaciones en conciertos y el dinero de la venta de merchandising, hemos tenido que pagar nuestro nuevo disco de nuestro propio bolsillo". El grupo denunciaba así haber firmado un contrato con cláusulas abusivas y el sello respondía al día siguiente que "todo cuanto se nos imputa en el comunicado de Mourn es estrictamente falso". La actividad del grupo en territorio español quedó suspendida un año entero de manera cautelar mientras no se resolvía el conflicto (no volverían a dar conciertos aquí hasta enero de 2017), pero Captured Tracks acabó publicando el secuestrado Ha, Ha, He. (2016) fuera del país en mitad de ese año de parón. 

Titulado con un verso que el poeta William Blake escribió en boca de tres niñas que se rien en una escena de pura felicidad ('Laughing Song', de Songs of Innocence and Experience), el segundo álbum de Mourn se desarrolla en un contraste tan acusado con esa referencia jovial que forzosamente la deja en irónica. Ha, Ha, He. documenta cómo en un tiempo récord Jazz y Carla habían absorbido más referencias (y más intrincadas) para llevar la música de la banda a lugares más complejos, formal y emocionalmente. Si bien hay una fracción de temas que podrían parecer más ligeros -'Brother Brother', 'Gertrudis, Get Through This!' o 'President Bullshit' (pulla a un Mariano Rajoy que no dejaba de hacer el ridículo), que te atrapan con la inmediatez de su debut pero sin ceñirse al enfado y explorando texturas más enmarañadas-, la otra cara de este disco tiene un peso colosal. Son esas piezas donde suben el listón y nos encontramos con arpegios conmovedores puestos a hervir a la temperatura dolorosa del slowcore ('Fry Me', 'I'm a Chicken'), con una mezcla de melancolía y desgarro; esas donde arriesgan con los golpes de efecto y se interesan por transitar compases inusuales (nunca he escuchado una mejor secuela al primer disco de Throwing Muses que 'Second Sage' y 'Evil Dead', esa manera salvaje de liberar la angustia y hacerla sonar sonar tan triunfal como tenebrosa; o 'Storytellers', que me recuerda a bandas americanas que exploraban estas posibilidades en los '90, como Tsunami). No puedo dejar de mencionar cómo sobresale el talento de Leia al bajo, una instrumentista de las que inventa líneas melódicas imposibles de seguir con los ojos pero que ella ejecuta con una tranquilidad etérea. Con todo esto, Mourn me parecen aquí herederos aventajados de barbaridades que han hecho en nuestro país artistas como Ainara LeGardon o Lisabö. 

Foto de familia por Noemí Elias, 2018.

Justo dos años después de hacerlo público, el conflicto de Mourn con Sones quedó resuelto en un juicio y la banda fue al fin libre para avanzar en sus propósitos. En enero de 2018 empezaron a trabajar en su próximo álbum repartiendo las sesiones entre Cal Pau (Vilafranca del Penedès) y Ultramarinos (Sant Feliu de Guíxols), esta vez con Ramón Rodríguez y Santi Garcia a la producción. El litigio y toda la frustración acumulada por lo que les ocurrió alimentó inevitablemente la temática de las canciones de lo que sería Sorpresa Familia (2018), un disco donde el resquemor se siente físico y cuyos rasgos son los de un hermano de Ha, Ha, He. que suena más grande, poderoso y, sobre todo, intimidante. La profesionalidad adquirida por los cuatro a base de girar te asalta con la concisión de un puñetazo acerado, aunque a quien reparten -y de manera explícita- es a los que torpedearon su trayectoria. El mismo título, sacado de una broma interna de Antonio "cuando fuimos a Estados Unidos en septiembre, imitando a Tule (la persona que les cierra los conciertos). Él habla de una manera muy particular y se imaginó que estaba en Nueva York, esperándonos con la furgo, y que exclamaba: “Eh, ¡sorpresa, familia!”, adquiere un tono victorioso que sugiere que las adversidades hicieron de ellos una piña. 

La mayoría de piezas son abrasadoras en las formas y en un contenido lleno de recados ácidos, sarcasmo y furia. Con el post-punk acalorado de 'Barcelona City Tour' ("Te pueden dejar entrar / te pueden echar") empiezan a volar los versos que señalan las peores prácticas de la industria musical y lo veleidoso de la escena local. "A los 19 años firmamos nuestro divorcio", cantan en 'Divorce' sobre unos trenzados punzantes de guitarras; en 'Strange Ones', la contundencia inicial abre paso a un requiem electrificado con una estrofa tan directa que quisieron cantarla en catalán: "Et veig espantat del que pot ser / un agre final del teu poder / no esperaves pas motrar el secret / per què et fa tant mal ensenyar qui ets?"; en 'Doing It Right' la densidad y los hachazos afilados van de la mano mientras Carla y Jazz cantan con voces desalmadas, adoptando el papel de aquellos que se aprovecharon de su inexperiencia con promesas y acabaron con amenazas. En 'Skeleton' siguen explorando la veda más rica del post-hardcore (los compases, las velocidades, la finura de unas guitarras tan encendidas) y pone los pelos -"Muérdete los dedos hasta que veas los huesos"- de punta. Si 'Fun at the Geysers' y 'Epilogue' los muestran dado rienda suelta a una energía más positiva que resulta fresca como el preludio certero a un cambio de etapa, 'Orange' (Jazz la cantó dentro de un pozo), 'Candle Man' (esa voz blanca) o la concluyente 'Sun' (la guitarra deshaciéndose en terrones antes de soltar un llanto ansioso) quedan como momentos hasta entonces inusualmente vulnerables y te cautivan. 

Sorpresa Familia supondría un final de ciclo. En abril de 2019 el grupo anunciaba que Antonio Postius dejaba de formar parte de Mourn y pocos meses más tarde que el sello Subterfuge publicaría sus discos en España. El acuerdo fue celebrado con la edición de Mixtape (2019), una colección de versiones de algunas de sus bandas favoritas grabadas todavía con Antonio (la mitad ya habían salido en un EP para Captured Tracks) mientras ellas volvían al estudio Ultramarinos en noviembre con Víctor Pelusa a la batería, repartiéndose la producción Santi Garcia y Borja Pérez. "Cuando empezamos a pensar en nuestro cuarto disco", explicaba Jazz, "nos sentíamos un poco atascadas y no conseguíamos ponernos manos a la obra. Al cabo de un tiempo, pensamos que lo mejor sería salir de la ciudad y buscar un lugar rodeado de naturaleza donde pudiéramos estar a solas e improvisar, componer, comer, beber y divertirnos juntas mientras trabajábamos en las ideas. Encontramos una casita increíble en los Pirineos (...) y nos sentimos muy inspiradas". Teniéndolo todo listo y empezando a anunciar conciertos que auguraban la promoción de algo nuevo, la pandemia del covid-19 dejó suspendidos todos sus planes hasta que Self Worth (2020) salió finalmente en octubre. 

Si Sorpresa Familia venía informado por una pugna muy concreta, el retiro en el que se escribió el grueso de este álbum hizo reflexionar a Jazz y Carla sobre situaciones más globales en materia de denigración, faltas de respeto, ninguneo y amor propio. "Hablamos de conflictos y problemas que nos hacen sentir cabreadas, pero también es verdad que siempre ha habido muchísima ironía en todos nuestros temas. Lo que decimos en este disco es que es muy importante tener conciencia de una misma y de tu autoestima, que eso existe y está en tu poder trabajar en ello". A estas alturas ya llevan más de un lustro trabajando en una industria que trata a las artistas femeninas como una novedad cada pocos años, que las adocena y las enfrenta o se dirige a ellas con condescendencia a base de luz de gas (hay que escuchar 'Men', una de las piezas centrales, y la brutalmente combativa 'Apathy'), pero también están llegando a la mitad de la veintena en un mundo que ofrece pocas certezas para confiar en el futuro y donde el terror a no cumplir con las expectativas que crees que había puestas sobre ti puede ser paralizador, algo que enfocan con ímpetu punk-pop en 'This Feeling Is Disgusting' y arrimándose a un hardcore más perturbador y ruidoso en 'I'm in Trouble'. En 'Call You Back' (uno de los momentos más melódicos del disco) o 'House, Hold' (en la segunda parte vuelvo a escuchar la herencia de los Throwing Muses de los '80) hay gritos de auxilio y tímidas demandas de afecto para aliviar el sentimiento de sentirse una calamidad en constante conflicto con ella misma. Quizás el momento más tierno sea el rasgado limpio, a tempo de vals, de 'The Tree', la imagen de esperanza en el ecuador del disco. Dura poco; le sigue la caótica 'Stay There', una (presunta) carta de despedida a Antonio que deja claro que separaron sus caminos en un momento de alta tensión: "Dijiste «esto es un alivio para mí» / como si fuéramos nosotras con quienes tuvieras que lidiar. / Vine a ayudarte tal y como soy / Da igual lo que haya dicho, soy la persona a la que no respetas".

Oriol Font, savia nueva a la batería. Mourn en una foto promocional de 2024 sin acreditar.

Aunque la banda pudo recuperarse un poco conforme las restricciones por la pandemia fueron levantándose, la suspensión forzada de la mayoría de actividades culturales en espacios cerrados durante meses supuso un golpe para Mourn igual que para todos. Jazz explicó en Mondo Sonoro que sufrió una depresión y que estuvieron básicamente parados hasta que empezaron a trabajar en nueva música las navidades de 2022. Oriol Font, que había estado tocando con ellas en directo incluso antes de que Víctor Pelusa grabase las baterías de Self Worth, se incorporó como miembro fijo, pero todavía se fraguaron más cambios: dejaron de pertenecer a las escuderías de Subterfuge y Captured Tracks en favor de la cercanía del sello catalán Montgrí, que se define como una cooperativa, en colaboración con Cielos Estrellados (el sello fundado por el padre de Jazz y Leia); un redimensionamiento más próximo a la filosofía de la autoedición que también tenía que ver con las transformaciones de la industria desde que empezaron 10 años atrás. The Avoider (2024), producido por Santi Garcia, fue grabado a principios de 2023 pero guardado en la nevera hasta un año más tarde mientras se tomaban el resto de decisiones. En la misma entrevista con Mondo Sonoro Jazz explicó que el título "va ligado al concepto del autoaislamiento. Evito salir de casa, evito hacer ciertas cosas por muchos miedos. Al final acabas siendo la evitadora, “the avoider”. Es una posición de mucha vulnerabilidad. Tú no eres todo esto: eres otra persona que has olvidado". A pesar de abordar tal estado de ánimo, la canción es una de las más innovadoras del álbum dentro del cánon de Mourn, montada sobre una línea de sintetizador peleona y el ritmo bailable de la batería. Por primera vez, se libraron de la idea de armar las canciones en el estudio sin adornos que no pudiesen reproducir en directo después, algo que tenían como máxima hasta entonces, y a parte del sintetizador (tocado por Jazz) incorporaron detalles de percusión de Marc Clos y la trompeta de David Marin. 

The Avoider es un trabajo cuya elaboración y amplio espectro de emociones parece una reacción a la dureza de Self Worth. Repitiendo la fórmula de batería y sintetizador con un punto à la Yo La Tengo, 'Wasted Day' consigue transmitir serenidad y autocompasión a pesar de que habla de estar en el pozo y sentir ansiedad pensando en el futuro más cercano. Los contrastes agridulces entre letra y música son como una política de trabajo a lo largo de esta media hora; canciones con un brío luminoso como 'Could Be Friends', 'Endless Looping' o 'Aftertaste', más cercanas al power pop, esconden impulsos negativos y conflictos personales a flor de piel, mientras 'At Midnight' recoge la excitante sensación de lanzarse a la aventura con alguien a riesgo de desacompasarse por el camino, pero la trompeta y esas guitarras que remiten a la PJ Harvey de Stories from the City... le imprimen un subtexto inquietante. Carla presta el peso sombrío de su voz a la sentida 'Truck Driver', un tributo desnudo a su padre (que falleció durante la pandemia del covid), y junto a la dicha sugerida en 'Du Er Her' constituyen picos de solemnidad y ternura en el disco, cálidos y ricos para el oído. 'Scepter' es un final precioso; el ruego desesperado para acabar con todo si no puedes volver a ser la persona que, como decía Jazz, has olvidado consumida por tus miedos. "Expresamos que estamos cavando hacia abajo intentando huir, escapar del dolor. Cuando en realidad teníamos que cavar hacia arriba, en dirección a eso que nos asusta, para poder salir adelante". 

Bajo el agua (de Carla Pérez Vas y Toni Comino), 2025.

'Heal Hill', el verdadero remanso de paz en The Avoider donde las armonías vocales brillan sobre dos acordes de guitarra acústica y la percusión revolotea, parece en retrospectiva una especie de huevo de pascua con información sobre hacia dónde evolucionaría la música del grupo. Por un lado, planea esa sensación positiva de reconocer un problema, las necesidades propias y verbalizar lo que necesitas; por otro, en medio hay una estrofa cantada en castellano, su primera vez en ese idioma. "Jazz se puso a escribir y creyó que necesitaba conectar con su idioma para esa parte de la canción", contaban los primeros días de promoción. "En un futuro no nos cerramos a nada. Ya veremos cómo van fluyendo las cosas, pero de momento no tenemos nada decidido". Habían pasado casi dos años desde que entrasen en el estudio por última vez y Montgrí les sugirió grabar algún tema que pudiesen sacar como single. Sin demasiada premeditación, pero consciente de que finalmente estaba atravesando un momento personal más radiante que la motivaba a crear desde otra perspectiva y con energías renovadas, y también teniendo en cuenta que Mourn había concentrado la mayoría de su actividad dentro de España comparado con otras etapas, Jazz se lanzó a componer las letras en castellano. En enero de 2025 salen 'Alegre y Jovial' y 'Verdura y Sentimientos', que acaban siendo los primeros avances de Letra Ligada (2025), lanzado en noviembre. Abandonando los que habían sido sus estudios de confianza en los últimos tres discos, en esta ocasión grabaron en Casa Linda (Flaçà) de la mano del productor noruego Kenneth Ishak, con quien tuvieron tan buen entendimiento que "pudimos explorar las canciones a partir de la base que ya habíamos creado. (...) Kenneth pensaba cosas en relación a la textura musical que yo no hubiese pensado, y fue un proceso muy bonito de compartir".

En la dimensión sinestésica de las cosas si nos referimos a la música, el idioma es un estimulante en sí mismo, que inspira sus propios colores y que puede sonsacar a un compositor ideas que de otra forma no se le hubiesen ocurrido. En mi cabeza tiene sentido que en la discografía de Mourn Ha, Ha, He. sea un disco en inglés y Letra Ligada sea un disco en castellano, aunque no quiero decir con esto que no se pueda hacer cualquier tipo de música en todos los idiomas. La lengua de Cervantes fue el conducto que encontró Jazz (y Carla, que escribe la letra de 'Espejo Latente') para vehicular cómo ha llegado a ver de una manera más amable lo que la rodea, traduciéndose esto en una mayor carga de pop, en melodías melancólicas e inmediatas y en estructuras que prescinden de los giros expresionistas de antaño en favor de una cálida sensación de cobijo, ojo, no reñida con la energía. "Vente! Vente esta noche cuando acabes con tus cosas / quiero que sepas que mañana no me importa dormir tarde", dice el estribillo de 'Dormir Tarde' (que es como si hiciesen una relectura de 'Endless Looping' del disco anterior para sublimarla) y sientes que nada puede encapsular mejor la felicidad de compartir momentos con aquellos a quien quieres. 'Alegre y Jovial' ("No puedo evitar pensar / si sentirse así está mal / alegre y jovial") y 'Verdura y Sentimientos' ("Te fuiste al monte a buscarte / ya no te veo") anticiparon esta explosión de euforia tras la espantada de miedos y grises, pero la desnudez de estas letras no esquiva momentos difíciles como desencuentros sentimentales (la misma 'Letra Ligada'), ausencias aliviadas con fantasías (la delicadeza de las estrofas de 'En el Lago' es una delicia) o superadas contra todo pronóstico ('No Queda Nada'). El grupo ha dicho por ahí que su favorita es 'Burriac', la excursión a un castillo que queda entre Argentona y Cabrera de Mar convertida en una secuencia que sublima el recuerdo de la máxima que a veces cuesta no olvidar: "Todo es más simple de lo que parece". 

En palabras de Carla,“Letra Ligada recoge nuestro momento actual: conversaciones, nuestras inquietudes, nuestras fantasías y nuestra manera de mirar el día a día. Es un retrato del “aquí y ahora”, pero también una forma de despedir algunas cosas y dar espacio a lo nuevo". Si Letra Ligada ha sido el reflejo de su retorno de Saturno (este año Jazz y ella cumplen 30), es uno de los mejor encajados y aprovechados que he conocido jamás. 


Para escuchar en Spotify:

Comentarios