martes, 10 de marzo de 2009

Imperdible: PJ Harvey - "To Bring You My Love" (1995)



Hay álbumes sobre los que se ha escrito tanto que puede parecer inútil intentarlo una vez más, por mucho que cada individuo perciba la música de una manera y nada sea definitivo. En mi lista mental de discos que me han marcado y que considero obras maestras desde el punto de vista conceptual, musical, lírico y estético, si hubiera tenido que elegir un álbum de PJ Harvey hasta hace poco habría optado por Is This Desire? (1998) o el reciente White Chalk (2007). Hace diez años hubiera sido Rid of Me (1993), como documentan varios top 10 perdidos en las páginas de libretas garabateadas durante mi adolescencia. Sin embargo, hace unos días me he dado cuenta de que quizás por su asumido estatus de "disco clave" estaba mirando a To Bring You My Love (1995) de refilón, negando un poco el valor histórico que de hecho tiene también para mí.

A ella la vi por primera vez en un especial sobre la ceremonia de los Brit Awards de 1994 de un programa que emitían los fines de semana en Canal +, El Gran Musical, pero apenas le presté atención al lado de una más llamativa Björk, junto a la que deconstruyó 'Satisfaction' de The Rolling Stones. Tuvo que pasar un año para que volviera a encontrarme con ella frente a la pantalla de un televisor. Lo recuerdo perfectamente: un mediodía como otro cualquiera, en casa de mis abuelos, echado encima de la colcha rosa de su habitación para ver los cuatro videoclips diarios de Los 40 Principales mientras se acababa de hacer la comida. PJ Harvey se coló entre los estrenos de la primavera de 1995 con el video de 'Down By The Water' y en mi cabeza para siempre. 

PJ Harvey empezó como un trío cobijado bajo el nombre de su líder, una banda que completaban Rob Ellis (batería) y Steven Vaughan (bajo), aunque Harvey siempre ha asegurado que nunca quiso limitarse y que precisamente el hecho de haber utilizado su nombre desde el principio significaba que era su proyecto y que todo podía variar según sus inquietudes como artista. Con esta formación grabó Dry (1992), un disco de debut lleno de piezas frescas que habitan en algún lugar entre el pop, el punk, el rock y el blues; y Rid of Me, un trabajo mucho más violento y opresivo (en tan solo un año, PJ ya no suena jovial y la textura que el productor Steve Albini consigue para su voz sabe a neumático restregado contra neumático hasta arder). Las limitaciones del formato y las crecientes fricciones entre ella y Rob Ellis hacen que Harvey rompa el grupo y se plantee algo completamente nuevo para su próximo trabajo. 

Contando con la ayuda en la producción de Flood y de John Parish (antiguo compañero de ella en el grupo Automatic Dlamini) la concepción de To Bring You My Love no dejó ni rastro de la PJ en blanco y negro y de los dolorosos golpes de Rid of Me. Ésta debía ser una obra mayor y más ambiciosa, no en balde envuelta en rojo escarlata y verde intenso, símbolos del poder atrayente y seductor de unas composiciones inauditas viniendo de su autora, así como del poder de la misma PJ, convertida en un personaje de rasgos teatrales y dramáticos acentuados por el maquillaje, los postizos y los vestidos de estrella de los sesenta en decadencia. Un concepto acertado en todos los frentes que hace del disco algo más que un trabajo musical. La riqueza en arreglos no implica necesariamente que estemos ante una obra de fácil escucha, si bien cuenta con algunos momentos claramente accesibles en forma de sonoridades acústicas, pero frente a la dinámica monocromática de guitarra-bajo-batería de sus trabajos hasta entonces resulta llamativo su triunfo a la hora de conseguir una atmósfera muy particular para cada tema y aún así dar forma a un disco coherente y fascinante.



Más allá del sentido del humor o del dolor más o menos contenido de anteriores entregas, To Bring You My Love destaca por ser sobre todo romántico y pasional de una manera arcaica y aún así vigente. Arranca con el repetitivo riff de la pieza titular, sobre el que Harvey se presenta ante el oyente con voz grave asegurando que ha cruzado el desierto, las aguas y el infierno para entregarle su amor a su amante. La cadencia lenta del tema y el leve colchón de teclado sitúan su discurso entre la declaración de amor y el reproche amenazante, explotando hacia el final a golpe de voz distorsionada, repitiendo "Para traerte mi amor, para traerte mi amor". El tema se desvanece como si la entregada protagonista siguiera su viaje. Acto seguido, un par de episodios más hedonistas: en 'Meet Ze Monsta' PJ no puede negar su entusiasmo ante un encuentro sexual ("Estoy lista para conocer al monstruo esta noche / Monzón grande y negro / Llévame contigo"), sobre un ritmo que suena como si se picara piedra con un martillo. En 'Working for the Man' la producción seca y enmudecida transmite (en la voz baja propia de un secreto confesado con aires de misterio) lo que parece ser una historia de humor negro sobre alguien que vaga por las calles en su coche, buscando presas a las que matar ("¿Aún no sabes quién soy? / Trabajo duro para el hombre / Me doy vueltas, me va bien / Saco fuerzas del Dios que está ahí arriba"). 

El concepto de la maternidad aparece varias veces y mediante distintos enfoques: 'C'mon Billy', un medio tiempo arreglado con guitarras acústicas y cuerdas, es la súplica de una mujer a la que ha abandonado su amante estando embarazada; 'I Think I'm a Mother' es quizás la canción más perturbadora de todas, un blues que suena tal y como lo oiría la criatura desde el útero de la madre, aunque sea ella la que habla de la paranoia y el agobio que le produce el embarazo; y en 'Down By The Water', en medio de una atmósfera perversa (maracas, cuerdas serpenteantes) y electrizante como el leve zumbido de la luz eléctrica, la protagonista vive una confusa y viciada historia en la que pierde a su hija bajo el agua.

Dejando al margen la contundente y vengativa 'Long Snake Moan' ("¿Está funcionando mi vudú?"), el anhelo por un amante idealizado que ya no está es el tema que ocupa a las canciones más intensas del disco. A la mitad del álbum, 'Teclo' tiñe ese aire de luto sobre un lento rasgueo de blues que bien podría ser el fatal desenlace de la historia del tema titular del álbum. Para el tramo final, la percusión medieval y las guitarras acústicas de 'Send His Love To Me' dan forma a otra canción épica ("¿Cuánto tiempo he de sufrir? / Dios, he cumplido con lo mío / este amor es mi tortura / este amor, mi único crimen"), prólogo al cierre estelar de To Bring You My Love con 'The Dancer', adornada con unos arpegios de guitarra que parecen fluir como el agua de un oscuro río, donde Harvey habla de un caballero vestido de negro que fue a verla cabalgando como un fénix salido de las llamas y que nunca regresó. Su voz acaba en un quejido roto: "Tráele paz a mi negro y vacío corazón / Ahhh....". Tras ese llanto final, después de haber sido espectador de diez historias apasionadas y apasionantes, en la imaginación solo cabe hacer bajar un telón grueso de terciopelo, cómo no, de color rojo escarlata.


Para escuchar en Spotify:
PJ Harvey - To Bring You My Love



2 comentarios:

jmhulme dijo...

Qué reseñón. Convencidísimo me he quedado de escuchar el disco.
Ale, salut!

Estanis dijo...

se me había pasado por alto este comentario, muchas gracias jmhulme!