lunes, 5 de agosto de 2013

El despiece: Sleeper















El otro día volví a revisar el documental Live Foverer: the Rise and Fall of Brit Pop, dirigido por John Dower y estrenado en 2003. A escasos cinco años de la defunción certificada del último movimiento musical verdaderamente relevante y trascendente surgido del Reino Unido, el osado director se entrevistaba con varios personajes clave en ese momento de celebración de la música pop británica que a lo mejor todavía no tenían las ganas o la suficiente perspectiva como para hablar de ello y explicar cómo pasó de ser algo excitante a ser una pantomima de la que todo el mundo se quería desvincular. La contracultura, una vez asociada y utilizada por la política, pierde su identidad y el valor inicial de sus intenciones rebeldes. En España ocurrió que la rama socialista se apropió de los grupos surgidos en plena Transición para utilizarlos como símbolo del país moderno que íbamos a ser y en cuanto ganaron las elecciones todo careció de mala uva y quedó diluido en un explicativo adocenamiento. El Partido Laborista de Tony Blair hizo por acercarse a los músicos que ironizaban sobre la Gran Bretaña de la que estaban cansados para llegar al poder, cosa que logró el año en que ya nadie quería saber nada de britpop, 1997. 

El metraje está integrado sobre todo por entrevistas con Damon Albarn (Blur) o los hermanos Gallagher (Oasis), plagadas de silencios incómodos que quizás quieran suponerse reveladores pero que en muchos momentos son llanamente el reflejo del cierre en banda a analizar una etapa de sus vidas por entonces todavía caliente y más desagradable de lo que podían pensar los compradores de discos en 1996. Jarvis Cocker (Pulp) parece el más articulado y reflexivo de los músicos entrevistados, pero también era mayor que todos ellos. Solo aparece una chica opinando entre todos los testimonios: Louise Wener, voz y guitarra en Sleeper. Su papel en el documental es muy distinto al que tienen los otros: sentada a la mesa de un bar vacío, sus declaraciones se ven reducidas a muy pequeños apuntes sobre las historias de los demás. Que ella misma formara parte una banda en esa misma época resulta irrelevante; su opinión podría ser la de un periodista, la de una persona de a pie que lo vivió desde la barrera. Su grupo no entra en el cuestionario. Cierto es que yo mismo me pregunté, cuando vi el documental por primera vez hace cuatro años, por qué Louise Wener; me parecía más lógico y enriquecedor que hubieran abordado a Justine Frischmann o a Sonya-Aurora Madan, pero es que en España Sleeper no fueron tan populares como Elastica o Echobelly, las respectivas bandas de las antes mencionadas (a las que Wener confesó que soñaba con asesinar: nada de camadería de género). En su territorio, en cambio, tuvieron una mayor relevancia: gozaron de varias portadas en la culebronesca prensa musical, sus tres álbumes entraron en el top 10 de la lista oficial de ventas y colaron un total de 8 singles en el top 40 durante su andadura, unos méritos similares a los de las bandas relegadas a esa imaginaria segunda división del movimiento (por detrás de la innegable alineación estelar formada por Blur, Oasis, Pulp y Suede; hablar de clasificaciones según popularidad parece inevitable en una escena famosa por las rivalidades y las antipatías entre sus integrantes). 

Testarudos en su interés por afianzar una legión lo más grande posible de seguidores, o quizás a causa de un miedo atroz a que su éxito menguase, en cuanto las cosas empezaron a despegar Sleeper no bajaron el ritmo hasta que se separaron: en cuatro años encadenaron discos y singles sin respiro en una exhibición impúdica de paranoico temor al olvido, algo expresivo de la importancia que tenía la fama y la notoriedad dentro de la competitividad intrínseca de las bandas, nivel de auto-exigencia artística a parte. La verdad es que Louise Wener nunca ocultó su ambición por el poder y el dinero (en su fanzine oficial se congratulaban de venderla según lo popular que se estaba haciendo por encima de todo lo demás). En el libro que recoge sus memorias de esa época, Different for Girls: My True Life Adventures in Pop (2010), admitió haber tomado decisiones dirigidas por la avaricia, estudiadas exclusivamente para intentar catapultar a Sleeper a la primera división de las super-estrellas que van desde esforzarse en escribir estribillos especialmente fáciles de digerir y llevar a las entrevistas frases preparadas en casa que le asegurasen un titular polémico, a pasar por el aro y grabar una réplica del 'Atomic' de Blondie para la banda sonora de la que se convertiría en la película-retrato de la Cool BritanniaTrainspotting (1996), hazaña de la que se les reprochó una falta absoluta de originalidad cuando en realidad acometieron la tarea según el encargo: Blondie no cedieron los derechos para utilizar el original y los productores querían una fiel imitación. Paradójicamente, si por algo se les recuerda fuera de sus tierras es por esta concesión desangelada, una más en la lista de "cualquier cosa con tal de estar".















La verdad es que a Sleeper se les trata con desdén cuando se revisa esa época, se disfruta ridiculizando el descarado hambre que tenía su líder y remarcando cuándo y dónde acabaron, con un '¡ja!' resabido. Gran parte de culpa la tiene la imagen mediática de Louise Wener que ella solita puso en bandeja: siempre dispuesta a criticar a una banda y a vestir de largo cierta prepotencia, Wener acaparó toda la atención (otro de sus gimmicks fue empezar a llevar una camiseta con el lema "Otra banda liderada por una mujer") y los artículos se centraban en lo deslenguada y sexy que era dejando de lado la música, hasta el punto que se acuñó el término "sleeperbloke" ('tío durmiente' o 'tío de Sleeper') para burlarse de la situación de anonimato a la que estaban sometidos sus compañeros de grupo (y que se utilizó con sorna para hablar del mismo cuadro en otros grupos con líder chupa-cámaras). Ah, la música. Con esta actitud, sobre el papel uno puede imaginarse que Sleeper moldearon su sonido y su estilo según lo que el ojo vampiresco de Louise creía que iba a entrar mejor en el mercado previo estudio de lo que iban haciendo sus contemporáneos. Se dijo que eran excesivamente derivativos, genéricos, que la fórmula era idéntica en todos sus discos, pero en cuanto a lo último, ¿cómo iban a evolucionar, publicando tres LP's en tres años? Teniendo en cuenta el ímpetu y las prisas con las que lo hicieron todo, yo creo que no les salió tan mal: tienen un buen puñado de canciones memorables. Pero por tomar un ejemplo de odio, en un foro diez años más tarde de que Sleeper se separasen, dice un oyente de a pie sobre la canción 'Statuesque': "este tema lo escribió un autómata programable de britpop mal programado, probablemente aún activo en un microchip que lleva implantado un 'sleeperbloke' o Louise Wener". A muchos se les hizo la vida imposible restregándoles lo evidente de sus referencias de partida (The Who, The Jam, The Smiths, Wire, The Stranglers... todos tenían su reflejo en una u otra banda surgida allí a principios de los noventa) pero se hacía una lectura con un extra de suspicacia y animadversión en el caso de Sleeper. 

Cuando Louise y Jon Stewart (guitarra) se conocieron en la Universidad de Manchester a finales de los ochenta no tardaron en iniciar un idilio romántico y se mudaron a Londres en cuanto se graduaron, donde se juntaron con el bajista Diid Osman y el batería Andy Maclure (futura pareja de Louise finiquitada la relación con Jon) mediante un anuncio en el periódico Melody Maker. Les fichó BMG en 1993 pero desde la subsidiaria Indolent, un movimiento muy habitual entre las multinacionales durante esos años para que pareciera que la banda salía de un sello independiente y así ganar en credibilidad, cuando la realidad era bien distinta. Aún así, BMG les tomó bien el pelo y aceptaron un contrato de seis discos por un total de 12,000 libras. Si bien ellos mismos describieron el sonido de sus inicios como no muy alejado de The Sundays, pronto empezaron a mancharlo con tizón de corte americano: punteos a lo Pixies, dejadez vocal con un mínimo de socarronería a lo slacker, canciones pelín enfadadas... Son los grandes rasgos que definen los tres temas de su primer EP Alice (1993), pero no tardaron mucho en inyectarle vitaminas al repertorio, haciendo de Swallow (1994) y Delicious (1994) dos artefactos mucho más refrescantes y apetecibles que empiezan a perfilar una etapa en la que se defienden muy bien como grupo de noise-power-pop: los temas titulares de dichos singles tienen otro brío, un peso melódico ineludible e infeccioso en los estribillos, mientras en 'Bedside Manners' recuerdan a los Lush más pop-punkies y en 'Tatty', cantando sobre un amor problemático y ligeramente obsesivo, Louise suena tan intimidante como su odiada Justine Frischmann. Aparece ya, en las letras, su primera incursión clara en la crítica sarcástica a la atontada juventud inglesa: "Señorita, ama a tu naturaleza rural / tus autopistas son muy bonitas / coge tus aerosoles / y ayúdame a pintar un paraíso (...) ven a engullir carne conmigo / hasta que estés febril"; 'Lady Love Your Countryside'.






















El 13 de febrero de 1995 se publica su primer álbum, Smart; lo produce el ingeniero Paul Corkett y la mitad del repertorio lo forman canciones publicadas anteriormente. Un mes antes, el single Inbetweener (respaldado por las notables e inéditas 'Little Annie' y 'Disco Duncan') ya había encerado la pista por la que resbalarían hasta el éxito que tanto anhelaban. Como narradora objetiva de un amor resignado en los suburbios entre dos personas que no tienen nada que ver, describiendo toda clase de detalles cotidianos, Louise se ganó finalmente al público con ese impecable 'Inbetweener' que tomaba nota del eficiente patrón narrativo de Damon Albarn en Parklife para encajar en el hervidero del britpop. La misma fórmula se repite en 'Vegas', una canción más discreta que no obstante regrabaron para publicar como segundo single del disco, añadiéndole unos arreglos de viento muy propios del revisionismo sesentas de la escena (que tocó Graham Coxon de Blur bajo pseudónimo). En 1995 visitan Europa como teloneros de The Boo Radleys y giran exitosamente por Japón, y antes de que acabe el año ya adelantan un tema que aparecería en su segundo disco, 'What Do I Do Now?', un medio tiempo melancólico sobre una relación a la deriva que Elvis Costello versionó meses más tarde. En la cara B del single se encontraba la canción 'Paint Me', juguetona y nuevaolera, en la que con sus inflexiones vocales Louise Wener invoca con gracia a la Debbie Harry de 1976.

El LP The It Girl se publica en mayo de 1996 y es en retrospectiva menos memorable de lo que pudiera parecer en su día (fue su disco más vendido), por abusar de esa fijación por lo inglés desde ese enfoque descarado, cínico, retro y sardónico, una fórmula tan bien aprendida como manoseada (sonroja, a esas alturas de la jugada, escuchar algo como: "Lunes por la mañana, ficción en la tele y luego a hojear el Daily Mail / costumbre repugnante"; 'Feeling Peaky'). Sí, siguen teniendo atino para las melodías pegadizas pero lo contagioso no tiene la garantía de sobresaliente, y se manejan aquí entre la excesiva linealidad del sonido (y eso que produce Stephen Street) y una crítica impersonalidad: suenan 'Feeling Peaky' o 'Sale of the Century' y uno se pregunta por qué esa obstinación en componer y sonar como Blur; florecen los estribillos de 'Lie Detector' o 'Nice Guy Eddie' y uno entiende perfectamente que estaban intentando imitar la magia que solo Jarvis Cocker podría darle a ese tipo de intención en una partitura. Es en esta época cuando parece más claro que estaban dispuestos a hacer lo que fuera por comerse un trozo de la tarta. Atención a la delicada 'Click... Off... Gone', presagio de su próximo paso.

A penas un año después ya tienen listo un nuevo disco, Pleased to Meet You. Es otoño de 1997 en un mundo en el que las listas vuelven a estar dominadas por el pop blando con Spice Girls a la cabeza. El tercer disco de Oasis ha decepcionado, Pulp no han vuelto a asomar la cabeza desde que acabaron la gira de presentación de Different Class (1995), Blur abandonaron por completo los postulados del britpop by numbers en un ejercicio de inteligencia suprema, Elastica no consiguen dar continuidad a su aclamado disco de debut y malgastan el tiempo y el dinero en droga... El tercer álbum de Sleeper brota en el peor de los climas para un grupo que había apostado todo al mismo número y color. Su compañía discográfica en Estados Unidos no tiene ni intención de publicarlo allí; creen que no hay interés. En Inglaterra tuvieron que suspender varias fechas de conciertos. Para el público, había pasado su momentum, daba igual cuál fuera el contenido del álbum; y en cuanto al mismo cabe destacar que es -al menos en apariencia- un movimiento más sincero por parte de la banda, que ya no cuenta con Diid Osman al bajo, despedido por Louise en abril antes de empezar a grabar (por considerarle demasiado chapucero para el nuevo material) y sustituido por Chris Giammalvo (Madder Rose) para tal cometido. Repitieron con Stephen Street a los mandos y dieron al repertorio un toque más cálido y acústico en el que los medios tiempos románticos o amargos ('Rollercoaster', 'Please Please Please', pero también los de las caras B de los singles extraídos, entre las que se encuentran las destacables 'What Do I Get?' y 'When Will You Smile?') salvan los momentos en los que quieren retener su vertiente más amañada ('Firecracker'). Las letras (el mismo título del álbum) parecen versar sobre los prejuicios y las conclusiones precipitadas que sacan unas personas sobre las otras; a Louise ya no le divertía alimentar y corregir continuamente su personaje público como en los años inmediatamente anteriores.






















'Romeo Me', una canción grácil y atemporal entre las mejores de todo su repertorio, resulta ser su último single antes de decidir separarse. El destino fue tan mordaz con ellos como ellos lo fueron en sus letras: su última canción publicada, cara B en la edición limitada de dicho sencillo en siete pulgadas, es 'Cunt London', una carta enfadada de Louise -que ya a nadie le importaba leer- a la ciudad por la que sentía tanto rencor ("Señor Londres ¿por qué te escondes? / Sabía que ese hedor era tuyo / No mandes a nadie a buscarme / esta vez vengo yo a por ti / (...) Más te vale no morirte antes de que te encuentre"). Se aferraron crédulamente al cliché hasta el final.



Para el que tenga interés por los inecontrables singles y EP's
de su catálogo, encontrables aquí.

Selecciones en Spotify:





1 comentario:

jn dijo...

Me alegra ver que este blog continua, y de que forma, muy buena entrada!

No conozco la discografia de Sleeper, pero me enganché bastante en su día a su Greatest Hits. Sale Of The Century me da buen rollo.

Un saludo!