lunes, 10 de marzo de 2014

Escenarios: Maika Makovski - Petit Palau (Barcelona), 7 de marzo de 2014






















Fotografías de Ray Molinari
(Galería completa en Flickr)

Habré escrito unas seis, siete reseñas del trabajo de Maika Makovski en los últimos cuatro años. Reconozco que dudaba sobre volver a hacerlo. Me ocurre con artistas de las que ya he dicho mis mejores y más hermosas palabras en muchas ocasiones (Kristin Hersh, Ainara LeGardon, Thalia Zedek) y que no dejan de conmoverme conforme avanzan. Me quedo mirando la página en blanco, haciendo aparecer y desaparecer palabras mientras me cuestiono si debo desistir, dudando si seré capaz de volver a hacer justicia por la vía del lenguaje a esos pellizcos de diente de león que nota uno en el estómago cuando una interpretación le arrebata el corazón. Al final siempre me dejo llevar por ese sentimiento que cuesta tanto reprimir y decido reincidir. Reincidir y con suerte no repetir.

Todas las veces que he escrito sobre Makovski han sido motivadas por ese ardor. Reviso el archivo y en marzo de 2010 fue la primera, a penas un mes después de hacerme con su disco homónimo habiendo escuchado solo un par de canciones. Lo escueto del texto revela tanto mi estupefacción como el hecho de estar ante una artista que aún desconocía pero de la que necesitaba hablar. Con su trabajo en la obra de Calixto Bieito Desaparecer y, más tarde, en un concierto memorable en la sala Apolo (que me inspiró el texto más poético que he firmado sobre ella, tan encantado estaba) supe con seguridad que mi encuentro fortuito con su música me dejaría una huella imborrable. Makovski solo ha hecho que madurar y demostrar lo bien que se desenvuelve en una gama no escasa de registros en este espacio de tiempo relativamente corto.

La velada del pasado viernes fue reminiscente de su estremecedora presencia sobre las tablas en Desaparecer. En el Petit Palau -auditorio inaugurado hace diez años dentro del Palau de la Música con un aforo de 500 personas que prácticamente llenó- Maika Makovski inició el repertorio con una canción inédita embrujada de helada melancolía (mencionaba Canadá), acariciando la guitarra eléctrica y balanceando levemente su figura envuelta en un vestido negro hasta los pies. Como en la obra de Bieito, se expuso a la audiencia sin banda durante una generosa hora y media en la que la interpretación de cada canción vino financiada por su absoluta entrega y su carne. En la convicción y la seguridad con la que despacha los temas (la crudeza y la naturalidad con la que puede pasar de un despliegue de ternura y complicidad a resultar imponente hasta hacerte contener la respiración) yace un don valioso que trasciende su incuestionable talento musical. Sientes el peso de cada nota pulsada, de cada inflexión vocal sobre el léxico y entiendes por qué. No teme mirar a la audiencia y dar. Su cancionero ya se alimenta del folk, el blues, el rock, el jazz, la canción de autor que bordea lo excéntrico o el soul y nada suena definitivo ni oportunista. Es capaz de moverse por esa ecléctica paleta con la baza de la franqueza, la desvergüenza y el gusto intrínseco para resultar en una expresión de atemporalidad.






















Frente al piano de cola tuvo los momentos más salvajes, dejándose llevar por lo primitivo de las partituras e incendiando las interpretaciones de 'Language' (primera ovación abrumadora de la noche, al tercer tema), la inédita y funky 'The Need', 'Body' y 'Iron Bells', en estas últimas utilizando el instrumento de manera violentamente percutiva y acompañando los porrazos a las teclas con fuertes golpes de tacón en el suelo, acerados por el chorreo de una cadena atada a su pierna derecha. Maika se retorció sinuosamente y dio saltos sobre la banqueta del piano con una soltura corporal que transcribió la demencia y la obsesión recogida en esas dos canciones. Era el retrato de una artista arrojada a dejarse llevar por las demandas de cada pieza musical hasta las últimas consecuencias. Después de 'Body' dijo: "Lo siento por el dueño del piano... Si lo hubieran sabido me hubieran puesto un Yamaha en vez de un Steinway. Vamos a hacer las paces...", concluyó, acariciándolo y regalándole la delicada 'Frozen Landscape'. Más tarde fue otra canción del disco Desaparecer la que dejó al auditorio tragando saliva con dificultad, 'Avoiding You', un recuerdo tan resignado como cruel a un romance fallido. Hubo lugar para la picaresca servida con sonrisas ('Friends'), la canallesca más teatral ('Cool Cat'), el rescate de 'Like I Owe You the World' (guiño sentimental a su primer disco Kradiaw durante el que uno podía oler el cabello de Sandy Denny o Joni Mitchell) y para el recuerdo a algunos temas de Forests, producción teatral basada en Shakespeare para la que compuso desde la perspectiva de personajes como Ofelia o Ariel que vio frustrado su estreno en Barcelona el año pasado tras estrenarse en Birmingham y pasearse por ciudades como Amsterdam, Londres o Madrid.

Entre las canciones nuevas destacó una que interpretó al piano hacia el final, a encajarla en la sección más oscura y magnética de su repertorio; una pieza de jazz sombrío, triste como 'Don't Explain' en voz de Nina Simone pero más tenebrosa, a la que dio una coda soberbia alternando la repetición del último verso entre notas altas y graves. Hizo bien en acompañarla de la que debe ser su canción más seductora para redondear un juego psicológico irresistible: 'Lava Love' fue reinventada sabiamente al piano; una mano ocupándose del bajo y la otra recreando fielmente las notas de la slide guitar en la versión original. 'Ruled By Mars', más mansa que de costumbre, cerró el set pero los aplausos sacaron a Maika Makovski de entre bambalinas en dos ocasiones más. El primer bis queda para el recuerdo por el lamento agudo e inalcanzable de 'Song of Distance', que inexplicablemente aún no ha sido inmortalizada en ninguno de sus discos. Para el segundo se reservó una versión de 'Time After Time' de Chet Baker que, colmada de alegría, subrayó el excelente momento presente que ya se le ve en la cara.

Setlist (con algún tema probablemente en desorden):
Canada * / The One* / Language / Body / Frozen Landscape / Friends / Cool Cat / Father* / Shoes* / Like I Owe You The World / Avoiding You / Downtown* / Iron Bells / Play* / Lava Love / The Need* / Ruled By Mars // When the Dust Clears / Song of Distance* // Stand By U* / Time After Time
(* canciones inéditas)